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             Ayer 13 de octubre, se inició un nuevo tiempo en la Iglesia melillense, con la toma de posesión del nuevo Vicario episcopal, don Eduardo Resa Huerta. Curiosamente, un viernes 13 de octubre de 1307, fue disuelta la Orden más poderosa de la Iglesia, la del Templo de Jerusalén, o Caballeros Templarios, con su arresto en Francia. En 1312, la Bula Pontificia Vox in excelso, los declaraba formalmente disueltos y extinguidos.

      Un mismo 13 de octubre, pero 711 años después, el obispo de la Diócesis de Malaga y Melilla monseñor Jesús Catalá Ibáñez, regresó de nuevo a la ciudad para dar un nuevo impulso a la Iglesia melillense. Un nuevo Vicario abre siempre un tiempo nuevo, aunque todo parezca una sucesión ordinaria y mecánica, porque nadie sabe a que situaciones habrá de enfrentarse.

        La toma de posesión se llevó a cabo en la iglesia arciprestal del Sagrado Corazón, que celebró en mayo su centenario, también con la presencia del Obispo. De aquella efeméride a esta hay dos notas significativas. La primera es que el templo se encuentra en obras, ya que quedó bastante afectado por el terremoto; y la segunda es la mayor presencia de feligreses. Esto pone de manifiesto el silencioso boicot del que fue objeto el anterior Vicario Roberto Rojo (2011-2018), que ha sido muy bien recibido en la parroquia del Rosario de Fuengirola.

        En Melilla todo suele ir muy bien, hasta que se toca alguno de los palos santos del lugar. Muchos vicarios han pasado sin mayores problemas, dejando hacer, con la benevolencia del padre que finge no ver. Sin embargo, como dijo monseñor Catalá en su homilía, los Mandamientos no solo son una tabla escrita y guardada en un rincón. Son algo activo y vivo, y uno de ellos dice: “No levantarás falso testimonio”. A Roberto Rojo se lo levantaron en abudancia, incluso con un foro público en las redes sociales, por gentes que desde el primer momento manifestaban su condición cristiana y se declaraban cumplidores sin tacha de esos Mandamientos. La advertencia de monseñor Catalá fue clara.

         Ahora es el tiempo y el momento de Eduardo Resa Huerta, sacerdote procedente de Vélez- Málaga, la afamada ciudad de la costa Este de Málaga.

          Todo el clero de la ciudad acompañaba a su obispo, y aquí recordamos que la iglesia es jerárquica. Se impone siempre el principio de obediencia, que exige a sus ministros o sacerdotes. La voluntad del Obispo se expresa a través del Vicario o delegado episcopal. En todos los años de los que hay constancia, jamás se vio una campaña contra un vicario, como la vivida y vista en Melilla. Sin embargo y haciendo bueno el dicho de que “Dios castiga sin piedra ni palo “, pudo comprobar en los últimos días de su mandato, como la voluntad del Padre le asistía y ratificaba en la posición que mantuvo.

              El obispo de Málaga, monseñor Jesús Catalá, tenía previsto también oficiar misa en la parroquia castrense de la Inmaculada Concepción, anunciándose como la primera ocasión en que esto sucedía. El hecho es cierto, pero solo en la parte de “obispo ejerciente”, o con báculo y mitra. Hace 4 años, y sustituyendo en ocasiones al párroco titular de esta parroquia, que depende del Arzobispado General Castrense, ofició allí misa el obispo emérito de Málaga monseñor Ramón Buxarrais. En aquellas ocasiones el padre Buxarrais me avisaba, y pude fotografiar e inmortalizar esa circunstancia.

            Junto a monseñor Catalá Ibáñez se encontraban los altos cargos de la Diócesis que suelen acompañarle, como José Antonio Sánchez Herrera, Vicario General. También podía verse al que fuera el último vicario Melillense, Juan Manuel Barreiros, que fue relevado en 2011 por Roberto Rojo, y que fue destinado a Venezuela. Se encontraba entre los sacerdotes oficiantes con casulla blanca y aspecto algo desmejorado.