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                     Siempre hay que buscar un lugar en el que permanecer y al que retornar, en el que mantenerse. Hoy es lunes de final de año, y también un nuevo lunes de san Nicolás. Un anciano sacerdote me dijo, hace ya tiempo, mientras cambiaba las pilas de las velas eléctricas de los santos que se conservan en esta capilla: “Cuida de los santos y ellos cuidarán de ti”, y así ha sido. Su máxima se ha cumplido.

                     En esta capilla ya no hay culto continuo desde hace un año. Las luces de los santos y santas se apagaron hace ya tiempo. El templo ya solo se abre los lunes unas pocas horas al día. Las imágenes permanecen ya oscuras el resto del tiempo, sin embargo el vínculo permanece. Los santos siempre esperan.

                      A este lugar ha llegado el olvido, e incluso la profanación y las imágenes han sido testigos de todo eso. Algunas de ellas llevan aquí un siglo, el resto un poco menos. persiste el misterio sobre el Cristo sin nombre, al que hemos bautizado ya como del “amparo”, porque acoge y atiende las peticiones de cuentos se acercan hasta él. Es muy milagroso, eso también me lo dijo el anciano sacerdote, y aunque pasa casi desapercibido, siempre está ahí atento y a la escucha. Reina en la penumbra, pero es fuente de luz, y de amparo.

                     Hoy, día 31 de diciembre, la mañana era agradable y soleada. No había aire. Aquí  solo reina el silencio y la tranquilidad. San Nicolas, san José de la Montaña, el Sagrado Corazón, san Vicente de Paúl, santa Luisa de Marillac, la Virgen de los Desamparados y el propio Crucificado esperan en silencio y pacientemente la llegada de los fieles, ya pocos, que se acercan hasta el lugar. Sin embargo, y en todo este tiempo, la luz permanecido siempre encendida. El anónimo  guardián de la torre me lo ha contado.