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                  El 28 de marzo de 2019 han desaparecido bajo las palas excavadoras los últimos restos de la antigua iglesia y convento de Adoratrices. Todo ha sido inusualmente rápido para los usos y costumbres melillenses. En tan solo 48 horas, un edificio histórico ha quedado reducido al estado de solar.

                         Las religiosas Adoratrices, la orden fundada por Sta. Mª Micaela para la redención de las mujeres obligadas a prostituirse, llegaron a la ciudad el 14 de enero de 1938. Porque si algo había en Melilla en “los años dorados del Protectorado” eran mujeres prostituidas. El delegado gubernativo Marqués de Valdecañas, pedía ayuda a la población para amueblar y adecentar el convento e iglesia de las Adoratrices, erigido en la antigua Casa del Reloj. Su labor era “amparar a las pobres pecadoras y acoger a las que pudieran llegar a pecar”, decía el Marqués de Valdecañas. Los hombre no pecaban en esta funesta actividad

                      Esta fue la intención de la madrileña María Micaela Desmaissiéres y López de Dicastillo: “No puede negarse que las mujeres llamadas públicas, son la clase más despreciada de la sociedad… ¿y no habrá quien se compadezca de tal desgracia y las alargue una mano bienhechora para salir de ella? Esto, ha dado margen a la fundación de esta sociedad de señoras adoratrices, esclavas del Santísimo y de la Caridad”. La Congregación de Adoratrices  fue fundada por Santa María Micaela en Madrid en el año 1856 y aprobada por el Papa Pío IX en 1860, como Instituto Religioso de Derecho Pontificio. El Pontífice del Syllabus de los errores del mundo moderno.

                           Las religiosas Adoratrices estuvieron en esta iglesia convento desde 1938 hasta 1955, cuando fue inaugurado su nuevo convento situado en la frontera de Beni-Enzar, en el que estuvieron hasta su marcha total de la ciudad en 1974. En total fueron 36 años de historia en Melilla, de la que quedó muy poco rastro, pues eran y son religiosas de clausura, cuyas rígidas normas solo fueron suavizadas tras el Concilio Vaticano II de 1959.

                    La iglesia antigua de santa Mª Micaela era muy bonita, a decir de todos los que la conocieron. Su colegio no solo acogía a las jóvenes en riesgo social, sino también a niñas melillenses de buenas familias, dado el prestigio de las religiosas. Mientras estuvieron en esta pequeña iglesia, sufrieron robos y también actos sacrílegos. Este fue el motivo por el que en 1953 se edificara el nuevo convento, construido por el Protectorado español.

                    El edificio quedó cubierto y oculto por posteriores construcciones, y había que internarse en el interior para ver sus contornos. Hoy, en el día en el que se completaba la demolición completa del histórico inmueble, la silueta de la antigua iglesia emergía por última vez, para desaparecer ya completamente.