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 Gabriele Amorth, l‘ultimo esorcista

 “Si se abre una puerta al diablo, entrará”.  Padre Gabriele Amorth

  Creo firmemente en el diablo y en sus constantes asechanzas. Creo en el mal, y en el espíritu del mal, veo a diario a personas que solo buscan el mal de sus semejantes. Veo también a buenas personas sin defensas frente a las asechanzas del espíritu del mal. Creo también, como san Agustín, que: “si Dios le dejara las manos libres a Satanás, ninguno de nosotros permanecería con vida”. El mal puede contenerse, pero es preciso hacerle frente. No creo en aquellos que solo dicen creer en Dios, y que el demonio es un cuento para asustar a niños y ancianos/as. Por ahí empieza su triunfo.

    El primer libro del padre Gabriele Amorth, editado por Planeta, cuya edición compré en 2005; me ha servido de mucho, sobre todo para conocer a un enemigo al que no siempre tenemos en cuenta. La única manera de reconocer las obras del diablo, muy parecidas a veces a las de Dios, es por la presencia de tres sentimientos humanos: la vanidad, la soberbia y el orgullo. Solo la humildad y la modestia alejan las obras buenas de las que están inspiradas por el mal. Errar, equivocarse, es propio de cualquier ser humano. Reconocer los errores, enmendarlos y si es posible, no volver a caer en ellos ya es algo más difícil.

       Los dos siguientes libros del Padre Gabriele Amorth, El diablo y Mi batalla contra Satanás, fueron editados por la editorial San Pablo. Ambos son también muy útiles y hacen referencia tanto a sus experiencias personales, como a las características del ángel caído. Desde el año referido, compro cualquier nuevo libro sobre los tratados demonológicos del ya fallecido Padre Gabriele.

       La noticia de su fallecimiento me llegó de inmediato, como se supone a los tiempos actuales. Me llenó de consternación por un lado, pero también de gratitud hacia una larga vida, 91 años, y al poder haber compartido su sabiduría y sus experiencias. Otros/as recogerán su testigo, y nunca estaremos solo en esta batalla, que durará hasta el último día del mundo, frente al mal y su espíritu.

        Me pareció también muy significativa la fecha, el 16 de septiembre, el día del eclipse de Luna llena. Ahora ya sí tengo todas las cuentas en paz.

           Riposa in pace e aiutaci,con Dio,a distruggere Il nemico di tutti. Amen