El oficio de la fe

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                     En una respuesta al escritor José Mª Zavala en el libro Alto y Claro, conversaciones con Antonio Mª Rouco Varela, el cardenal español dice: “el oficio marca o debe marcar a la persona. Y si hay un oficio en la vida de un hombre español nacido en el seno de una cultura y de una familia cristiana, es la de sacerdote u obispo. Si eso no es así, mala cosa. Puede haber cierta dicotomía entre vida privada y pública n otras profesiones, pero en la profesión de obispo no es posible, y en la de sacerdote tampoco debería serlo. Cuando me nombraron obispo siendo aún joven, me di cuenta enseguida de que si en mi vida sacerdotal y de profesor quedaba algún tiempo para modelarlo privadamente, lo había perdido para siempre”.

      Este es el oficio de la fe, que es a la vez sustantivo y verbo. A cualquiera le gustaría ir al monte y encontrarse una zarza ardiendo que habla, o que la Panagia María Teotokos nos dirija la palabra desde lo alto de una encina, o que en un camino perdido, alguien nos llame la atención y al preguntarle ¿Adónde vas?, resulte ser el mismísimo Jesucristo. Pero esas cosas no suceden.

    Lo normal es profesar el oficio de la fe en medio del mundo, sin grandes acontecimientos, en medio del ensordecedor ruido del mundo, y sin demasiados atractivos, en comparación con lo que ofrece cualquier otra profesión.

    El cardenal Rouco Varela ha marcado toda una época en la historia de la iglesia española, que ha presidido durante 9 años, aunque en dos etapas diferentes, la primera bajo la presidencia de José Mª Aznar, y la segunda con José Luis Rodríguez Zapatero. En Democracia, los tiempos con mayores roces entre Iglesia y Estado se producen con gobiernos de derechas. En sus reflexiones valora como “muy positivas las relaciones con el gobierno socialista de Felipe González”, tiempo durante el cual Juan Pablo II visitó hasta tres veces España. Continuistas sin mayores precisiones con los gobiernos de Aznar, y más fructíferas con el gobierno de Zapatero en materia económica, salvo por el escollo de la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”. La Educación sigue siendo el gran caballo de batalla en España.

      El cardenal trae a colación una cita muy aclaratoria de Lenin en la que decía: “Si queréis que domine a un pueblo, no me deis el Ministerio de la Guerra, dadme el de Educación”. Esta precisión, muy oportuna, vale para todos, y con ella se entiende la feroz lucha en el campo de la educación. Sin embargo, el cardenal Rouco afirma que “no debe imponerse nada, ni siquiera la religión”

     Para Rouco Varela “la Iglesia debe solo mirarse a sí misma” y mostró su independencia cuando no firmó el “pacto antiterrorista” propiciado por PSOE y PP en 2001, en una de las etapas más duras de azote terrorista en España, y con él mismo al frente de la Conferencia Episcopal (1999-2005). El cardenal Rouco rechaza la división entre conservadores y progresistas dentro de la Iglesia, porque no son parámetros válidos para describir su vida interna. Ha conseguido vivir y manifestarse solo en clave de iglesia, y eso que responde a cualquier pregunta que se le plantea. Como en muchas otras personalidades de primera línea, hay una gran distancia entre la imagen que se transmite y la realidad de la persona. Como él mismo dice: “es muy difícil conocer a todas las personas que nos rodean, incluida la propia familia”.   

        Joseph Ratzinger, Antonio Mª Rouco y el Papa español

    Nunca podrá decirse la última palabra de nada, escribía Ludwig Wittgenstein y estaremos siempre lejos de tener todas las claves de algún acontecimiento, aunque seamos testigos del mismo. Solo cuando se profundiza en un tema, empieza a entenderse algo. Hay una anomalía en el mundo católico romano, y es la ausencia de un Papa español, pese a ser la 2ª nación más católica del mundo, hasta hace pocas décadas.

     El cardenal Rouco estudió Teología en la universidad de Munich entre 1966-1969. Por aquellos años, Joseph Ratzinger era profesor en Tubinga. Quizá en aquel momento o posteriormente pudieron iniciar la amistad que mantienen. Poder entenderse con el Papa alemán en su propia lengua, es una gran ventaja.

    Hay una frase de Benedicto XVI, al ser preguntado por el periodista Seewald, que me intrigó cuando la leí. Hacía referencia acerca de a quién esperaba como su sucesor: “No esperaba a alguien en concreto, pero sí a otra persona. No pensaba que Bergoglio se encontrara entre los principales candidatos. Ya no se oía hablar de él”.

     Solo ahora creo intuir a quién podía referirse esa frase. Al menos a uno de los nombres a los que esperaba Benedicto XVI. Antonio Mª Rouco Varela es cardenal elector, pero ya no es elegible. El Papa Juan Pablo II le dispensó una especial atención y consagró en 1993 la catedral madrileña de La Almudena. Con Benedicto XVI sucedió otro tanto, despidiendo casi su pontificado en la Jordana Mundial de la Juventud en 2011 en Madrid, con el cardenal Rouco al frente de la Iglesia española. Sin embargo, poco se puede hacer frente a la presencia del elector invisible.

     “Todos somos pecadores. El hecho de que uno trate de afirmar a Dios en su vida no significa necesariamente que se crea en Él. Si una persona es consecuente no hará daño al prójimo”. Esta es su gran frase, que escogemos para acabar temporalmente esta serie de artículos. Vivimos regidos por las letras Alfa y Omega, principio y final. Han sido 10 semanas consecutivas de las que extraigo una consecuencia clara: las reticencias para los cambios y la intolerancia se encuentra más del lado de los clericales, que de la propia Iglesia.

La rebelión del inquisidor

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        Krzysztof Charamsa, sacerdote polaco, oficial de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (Santo Oficio), inquisidor, teólogo y gay según su propia confesión. En la línea 4 de su libro La Primera Piedra escribe: “Narciso es al amigo secreto de todos los gais, como yo”. Maneja la acusación con precisión y contundencia de inquisidor. Su formación teológica se nota por cualquier parte del libro. Dirige la escritura hacia donde él quiere y lapida a La Iglesia, de la que formaba parte, sin descanso.

       A veces resulta algo disperso porque el frente de ataque es demasiado amplio, y también ingenuo, porque después de las 95 tesis de Martín Lutero (de las que se cumplen ahora 500 años), resulta imposible decir algo sorprendente y nuevo en contra de La Iglesia. Sin embargo, el ex inquisidor Kryzsztof Charamsa lo consigue, lanzando dos finos dardos teológicos.

      El primero se dirige hacia Pablo, al centro mismo de la teología paulina y su extraña frase de la 2ª epístola de Corintios: “Y para que no me llene de soberbia, fueme dado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, que me abofetea”. Aluda a lo que aluda la frase de Pablo, no restaría valor a su obra teológica una supuesta condición homosexual. Aunque en esos tiempos, como reconoce el propio ex oficial de la Doctrina de la Fe, las relaciones sexuales entre hombres ni siquiera eran consideradas como homosexualidad.

       El segundo dardo alcanza de lleno a una de las frases más conocidas de la Liturgia romana: “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. La lectura, en clave homosexual del pasaje de Lucas, en el que narra la relación del centurión romano y el siervo por el que sentía un espacial afecto, resulta sorprendente. El que esto fuese así, tampoco desmerecería a ninguno de los intervinientes, ni a la acción del propio Jesucristo, que cura al sirviente, y afirma del centurión que es el mayor ejemplo de fe que ha conocido hasta ese momento. El ex inquisidor habla abiertamente pero también en clave.

              El libro es una justificación personal de principio a fin, y una auto exculpación no necesaria, porque nadie es mejor o peor por su condición sexual. Para ello recurre a un método algo pueril y naif, en sus propias palabras, que es extender la condición homosexual de la Curia romana y de todo el clero hasta un 50%, en una hipérbole indemostrable, por parte de quien afirma no preocuparse por la orientación sexual de los demás.

      Por lo que cuenta y deja entrever, ha sido un buen sacerdote, y también una buena persona en sus tiempos de clérigo y profesor católico, independientemente de su condición sexual, que no necesita ser justificada, aunque él lo hace de modo constante. La fe, la creencia y la calidad humana no se ven afectadas, ni positiva ni negativamente, ni tienen nada que ver con eso.  Su expulsión del Santo Oficio, solo se relaciona con su ruptura pública del celibato, al manifestar al Prefecto de Doctrina de la Fe que estaba enamorado y que tenía pareja. El resultado hubiese sido igual de haber presentado a una mujer como su pareja, ante las autoridades vaticanas. 

                           Entre el lobby gay y la heterodictadura

              Benedicto XVI afirmó en una ocasión haberse sentido acosado por el lobby gay del Vaticano y Krzysztof Charamsa denuncia la heterodictadura homófoba de la Santa Sede, en cuya cúspide sitúa a su otrora admirado cardenal y Papa Joseph Ratzinger. Ambas afirmaciones, diametralmente opuestas, se anulan o se confirman la una a la otra. Por otra parte, el ex inquisidor afirma en hipérbole que el 50% de la Curia romana, así como el clero, es de condición homosexual. Esto tampoco supondría problema moral alguno, porque rige la obligación del celibato, no observado con demasiado rigor en la sede apostólica según el ex oficial de la Doctrina de la Fe, porque él mismo confiesa haber mantenido una relación sexual con otro sacerdote, al que reprochó “no haber disfrutado del pecado mortal, por sus prejuicios eclesiásticos”. También escribe que un cardenal curial afirma “ser un padre feliz”.

           Más que piedra, el libro es la honda de David contra La Iglesia, de la que formaba parte y a la que ahora califica de falsa, hipócrita, homófoba e incluso gay. Las antítesis son constantes y el relato viene y va de forma constante. La precisión en el apedreamiento del ex oficial del Santo Oficio es rigurosa, y si descubre algún lugar no suficientemente lapidado, vuelve sobre él.

          En su desvinculación con La Iglesia llega al extremo de visitar la tumba de Santo Tomás de Aquino en Tolosa, al que considera: “el principal responsable del biologismo que ciega la concepción e interpretación del sexo en la Iglesia Católica”, para separarse definitivamente de su teología. También compara la Congregación a la que pertenecía con el KGB soviético (está muy condicionado por sus vivencias en la Polonia comunista y posterior estado clerical católico)., pidiendo al Papa la desaparición total de esta Congregación, a la que pertenecía.

                      Las verdades del inquisidor

           Krzysztof Charamsa cuenta muchas verdades, pero ocurre que muchas ya las sabíamos los que nos encontramos en este lado. La sociedad patriarcal y machista es homófoba, pero sobre todo es misógina. La Iglesia recoge el pensamiento político y social imperante y evoluciona con él, no todo lo deseable, eso también es cierto. La Iglesia ha sido muy hipócrita, por utilizar sus palabras, pero todo esto y muchísimo más, fue escrito y denunciado por Martín Lutero en sus 95 Tesis hace ya 500 años.

       Qué el celibato eclesiástico es una etiqueta, que la Congregación para la Doctrina de la Fe se dedica a cotilleos, o a debatir si un médico surafricano puede o no masturbarse para una prueba de infertilidad, no lo sabíamos, pero sí lo intuíamos. Qué en la Sagrada Congregación tiemblan hasta las vigas cuando el Papa Francisco lanza alguna de sus afirmaciones doctrinales también es conocido. Lo leemos todos los días en las mil páginas dedicadas a llamarle hereje.

        Es absolutamente cierta la persecución de los homosexuales, pero sobre todo en el mundo anglosajón y protestante caso de Alan Turing, el padre de la informática, que se suicidó en 1954 tras ser procesado por su homosexualidad. Alemania derogó la Ley contra la homosexualidad en 1969 y legisla ahora la anulación de las condenas. Los peores episodios de violencia homófoba se han dado en Estados Unidos. La inquisición fue más brutal en territorio protestante. El mundo católico romano ha sido hipócrita, de doble moral en este sentido, pero está avanzando más rápido con la promulgación de leyes que equiparan a todas las parejas, sean de la condición que sea.  Lo que es seguro, es que el mundo dejará de ser antes homófobo que misógino.

Sobre el Espíritu Santo en Oriente

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                Procesión y envío del Espíritu Santo en la tradición ortodoxa

          La Iglesia Ortodoxa dice en que Occidente se ha dejado de lado al Espíritu Santo, sobre todo cuando fue relegado en el Credo Niceno-Constantinopolitano a un lugar que no le correspondía: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo”. Esto, que parece algo poco importante, es conocido como el Filioque, y es en realidad la principal causa de separación y división teológica entre las Iglesias Católica y Ortodoxa. No es algo sencillo de entender, por eso hemos recurrido a los ortodoxos griegos, al padre Teodoro Zisis, teólogo de la Universidad de Tesalónica para que lo explique:

       “La diferencia no solo está en los términos proceder y enviar, sino en el lugar en donde suceden la procesión y el envío. Así cuando los ortodoxos decimos que el Espíritu Santo procede del Padre, entendemos dentro de La Santísima Trinidad. La eterna procesión del Espíritu Santo. La procedencia; el principio del Espíritu Santo dentro de la Santísima Trinidad. Así pues, algunos no entienden que cuando decimos que el Espíritu Santo procede del Padre, nos referimos a la procesión intra-trinitaria del Espíritu Santo del Padre, a la procesión ontológica, existencial del Espíritu Santo; así como el Hijo nace del Padre, el Espíritu Santo procede del Él. Por esto el Espíritu Santo procede del Padre; es decir, nos referimos a la procedencia de las personas de la Santísima Trinidad. El Padre es ingénito, no tiene origen. El Hijo es nacido, nace del Padre. El Espíritu Santo es procedido, procede de Él. En algunos pasajes de las Santas Escrituras se habla del envío del Espíritu Santo, y algunos también dicen que procede del Hijo. En esos pasajes no se trata de la procesión en el interior de la Santísima Trinidad, sino del envío de la Gracia y de la energía del Espíritu Santo a la Iglesia. Es decir, algunos se confunden gravemente, cuando afirman que el Espíritu también procede del Hijo. Sin duda el Hijo participa en el envío, pero el Espíritu Santo solo procede del Padre”.

          Un milenio de desarrollo teológico a partir de esta diferencia de concepto, crean un abismo muy difícil de salvar. Quien quiere o afirma pretender unirse, debe conocer las diferencias, lo que separa, para poder iniciar ese camino. La verdadera diferencia y la verdadera unión, solo pueden producirse con la Iglesia Ortodoxa, que todas son independientes y autocéfalas. Ninguna prevalece sobre la otra.

       Hay otras diferencias más, pero la del Espíritu Santo condiciona todo el desarrollo teológico. ¿Cuál es el objetivo de relegar a un segundo escalón al Espíritu y poner al Hijo junto al Padre? Esta es la respuesta del padre Teodoro Zisis: “La diferencia les sirve de mucho, sobre todo para mantener la primacía del Papa. En la eclesiología papista, Pedro es el sucesor de Cristo y el Papa el sucesor de Pedro. La Escritura dice que Cristo envió al Espíritu Santo al mundo, no a Pedro. El sucesor del Espíritu Santo (paráclito) no es solo Pedro, sino todos los apóstoles, es decir, el Sínodo. Así pues, como querían fortalecer a Pedro quisieron darle más importancia a la persona del Hijo, disminuyendo la del Espíritu Santo y reforzando la institución Papal”.

    Como explicación es magnífica y hay que decir que la teología y liturgia ortodoxas, herederas de la bizantina, son muy atractivas y cautivadoras. Su fuerza descriptiva es inmensa.

    Dijo el Papa Francisco en mayo de 2005: “Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé. Pero hay alguien que ‘sabe’ que, pese a las diferencias, somos uno. El que nos unge con el martirio, sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le interesa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos, apostólicos”.  Una gran respuesta, pero sigue habiendo problemas muy serios para caminar en esa dirección.

     No solo es la cuestión del “Filioque”, es también el dogma de la “infalibilidad pontificia”, gravísimo error desde la visión ortodoxa, la comunión con pan ácimo y no entero, o las cuestiones de “la dormición”, que no “asunción” de la Panagia María Teótokos (La todasanta Madre de Dios), en la espléndida denominación única ortodoxa. Ellos no creen que Lourdes o Fátima sean apariciones de La Teótokos. Ante el exceso de apariciones Francisco I ha dicho que: “La Virgen no es un cartero, que trae mensajes todas las semanas”, en referencia a Medjugorje o Garabandal.

      Pero entre todos, destaca la sencillez del duhovnic Arsenie Papacioc: “Dios no se deja engañar. Tenemos un soberano viviente que es Cristo y está vivo. ¿Por qué necesitamos un vicario? Vivimos por la fe, no por la vista. ¡Qué la Madre de Dios nació sin pecado es un grave error!  ¿Por qué compararla con Dios y hacerla igual a Él?  Ella es la Madre de Dios, pero es su sierva y todas las naciones la llaman bienaventurada”.

     A estas dos últimas cuestiones ya ha renunciado Benedicto XVI, quien ha dicho que no se considera el Vicario de Cristo, solo el sucesor de Pedro. En cuanto a la Virgen, el Papa Benedicto XVI,  insiste en la necesidad de conocer y comprender que es una sola, llámese Guadalupe, Rocío, Fátima, Lourdes o como sea.

Jaculatorias del Espíritu Santo

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        Al principio creó Dios los cielos y las tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo; pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Génesis 1, 1-2. Y el Espíritu era Dios.

       Hace ya tiempo, casi todas las semanas, se leían en los periódicos jaculatorias y oraciones al Espíritu Santo. El espíritu es la energía que nos permite movernos. Si él muere o se adormece, todo se acaba. Es la llama que alumbra en el interior. Sin esa luz todo es tiniebla. “Yo os mostraré a quién debéis temer”, dice Lucas. Mateo precisa más: “temed más bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la gehenna”. Sin embargo todo eso ha desaparecido, pese a su alta importancia.

              “A quien dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. Cuando os conduzcan ante los magistrados y autoridades, no os preocupéis de cómo o qué habéis de responder o decir, porque el Espiritu Santo os enseñará en aquella hora lo que habéis de decir”, dice Lucas 12, 10-12

                                                     Jaculatorias

    1- Espíritu Santo, dulce huésped del alama, permaneced conmigo y haced que yo permanezca siempre con vos.

        2- Espíritu Santo, Dios, Tened compasión de nosotros.

        3- La gracia del Espíritu Santo ilumine nuestros sentidos y nuestros corazones.

        4- Venid, Espíritu Santo, llenad los corazones de vuestros fieles y encended en ellos el fuego de vuestro amor.

        Rezadas todos los días durante un mes, conceden indulgencias de 300, 500, 500 y 5 años.

La fe, entre Oriente y Occidente

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       En Viareggio (Italia) se celebra uno de los carnavales más lúdicos, críticos e imaginativos del mundo. A lo largo de un mes entero se recrea en papel maché cualquier acontecimiento político, religioso o cultural del Planeta. Este año ha sido objeto de la sátira el Papa Francisco I, al que todos llaman Bergoglio. No hay manera de contener la avalancha de páginas críticas, e incluso de disidencia manifiesta contra el “especial magisterio” del primer Papa sudamericano de la historia, al que representan con una hoz y martillo en vez de báculo, y rodeado de los demonios del comunismo: Lenin, Mao, Castro y Marx.

          La censura mundial impide conocer qué está ocurriendo en torno al papado de Francisco I, que ha sido excomulgado y declarado apóstata por el Patriarca Elías, cabeza del Patriarcado Católico Bizantino. El hecho ocurrió el 2 de agosto de 2013, festividad del profeta Elías. El anatema se fundamenta en la 1ª carta de Gálatas, versículos 8 y 9: “Pues mirad, incluso si nosotros mismos o un ángel bajado del cielo os anunciara una buena nueva distinta de la que os hemos anunciado”, ¡Fuera con él!

        Se podría decir que este patriarcado es pequeño y poco extenso, pero uno de los más afamados metropolitanos (obispos) de la Iglesia Ortodoxa Griega, Metropólita Serafín del Pireo, emitió en abril de 2012 un durísimo anatema (excomunión) contra el “ecumenismo” o unión de las iglesias, predicado y pretendido desde la herética Roma, a la que condena en todas su formas, empezando por el primer Papa, al que se refiere como Pedro el cobarde y a todos los que siguieron al “lobo Pedro”, les otorga su anatema. El Metropólita Serafín declara excomulgados a los que promuevan “la panherejía del ecumenismo y del sincretismo religioso”, al protestantismo y todas sus versiones, a los herejes Lutero y Calvino, y al que considera responsable de esta deriva ecuménica, el heresiarca Benedicto XVI; al que también excomulga el Patriarca Elías, por su insensata beatificación de Juan Pablo II.

       Tanto el Patriarcado Católico Bizantino, como la Iglesia Ortodoxa de Grecia, ofrecen la posibilidad de apostatar de lo que ellos consideran como desviación romana, y cargan contra el ecumenismo sin ningún tipo de contemplaciones. Sin embargo, el que explica mejor en qué se sustentan esas diferencias es el ya fallecido Padre Arsenie Papacioc, considerado como un padre Espiritual de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía.

         Arsenie Papacioc sigue sosteniendo que a la Iglesia de Roma le sigue sobrando soberbia, y que su pretensión es seguir prevaleciendo sobre las demás, cuando en origen, todas eran iguales. Los concilios eran ecuménicos desde el primero, celebrado en Nicea en 325, hasta el V de Constantinopla, celebrado entre 1341 y 1351. Desde entonces está vigente la división y la fractura, por lo que no tiene sentido ese pretendido “ecumenismo”, que tantos problemas le está causando a Francisco I y anteriormente a Benedicto XVI, según el duhovnic Arnesie Papacioc. Las diferencias doctrinales y litúrgicas son profundas y cimentadas desde hace mil años. ¿Qué es lo que quieres reconciliar ahora, lo haces desde la humildad o desde la arrogancia?, preguntaba el padre Arsenie.

                                Francisco I y el mundo católico

         Pudiera pensarse que todos esto que hemos mencionado procede de iglesias minoritarias o incluso pequeñas en comparación con Roma, pero al menos los ortodoxos fundamentan y sostienen sus afirmaciones, por muy exageradas que puedan parecer. Sin embargo, los problemas del Papa Francisco no vienen de Oriente, sino de su propia y santa iglesia, la católica romana.

          El  lunes 13 de marzo, los obispos españoles celebran su 109º Asamblea Plenaria para elegir al nuevo representante de la Conferencia Episcopal Española y que contará con 80 electores, aunque más de 150 presentes. Salvo sorpresas, Ricardo Blázquez, nombrado recientemente como cardenal, repetirá en el cargo. Los problemas están en Roma. En España el cardenal Sistach de Barcelona también ha defendido Amoris Laetitia (la exhortación de la discordia) y su aplicación. Otro claro defensor del Papa es Carlos Osoro, Cardenal arzobispo de Madrid. En la iglesia actual hay un silencio extendido, porque algunas de las afirmaciones de Francisco I se sitúan casi al límite del abismo doctrinal.

             Benedicto XVI, futuro santo y Padre de la Iglesia, pese a las excomuniones, intentó una aproximación al sector más tradicional de la Iglesia: “Siempre he dicho y sigo diciendo que es importante que cuanto en la Iglesia antes era lo más sagrado para las personas, no se convierta de repente en algo prohibido. Es importante que La Iglesia esté en armonía consigo misma, que no se considere erróneo lo que antes era sagrado. El rito debe evolucionar constantemente, pero la esencia permanecer”.

           El mismo lunes 13 de marzo, se permitirá también un rito litúrgico anglicano en la Basílica de San Pedro, dentro de una misa católica, lo que significa un avance ecuménico para algunos, y piedra de escándalo para los tradicionalistas. Un estancamiento en la liturgia y doctrina preconciliar, como la de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X, promovida por el obispo cismático, o un avance rápido hacia terrenos desconocidos, pueden llevar a la Iglesia a un cisma claro y abierto. Es insólito que existan dos Papas y no haya cisma. Podría darse hasta una renuncia de Francisco I si la presión aumenta, y coexistir tres Papas a la vez. En estos tiempos puede verse cualquier cosa.

 

Muerte y resurrección en Ratzinger

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                         La escatología de Joseph Ratzinger        

      Todo lo que sucede después de la muerte, en uno u otro sentido es lo que se denomina como escatología, doctrina con la que ningún teólogo se había enfrentado abiertamente, hasta la llegada de Joseph Ratzinger en 1950, y lo hace con una radicalidad en doble sentido, se sumerge en el problema hasta la raíz misma y lo hace con contundencia: “La escatología ha ocupado el último lugar en los tratados teológicos. Durante siglos ha estado durmiendo el sueño de los justos. Hace unos años Von Balthasar la calificó como frente meteorológico”. La alternativa a la propuesta de la resurrección es “la pura nada, la destrucción completa y para siempre de la persona”. Con todo, observa Ratzinger, no hay una sola doctrina, sea del tipo que sea, que ofrezca de modo abierta esa “pura nada”, siempre se adereza con algo. Todo lo relacionado con la muerte se enmascara bajo diversas formas, desde el ocultamiento hasta la banalización, Porque es algo que no se atreve a afrontar claramente, “porque la muerte es una amenaza directa a la integridad de la persona”.

       Cristo fue crucificado en el Gólgota junto a dos personas más, los evangelistas Mateo y Marcos dicen que ambos le increpan, incluida la gente que presenciaba la ejecución. Solo Lucas varía el relato y afirma que uno de ellos le dice: “acuérdate de mí cuando estés en el paraíso. Esto indica que su fama era ya notoria y que los aspectos más importantes de su novedosa predicación se habían extendido, como el de la resurrección, el de la vida más allá de la muerte. Para Ratzinger “la resurrección de Jesús es un hecho que experimentaron y transmitieron los testigos”.

     La respuesta de Jesucristo es suficientemente conocida: “En verdad te digo, que esta noche estarás conmigo en el paraíso”. Hay una solución en tres direcciones en este pasaje; Cristo resucitó, según la creencia al tercer día. El buen ladrón todavía la espera y del otro no sabemos nada.

                         El final del tiempo fijado

    Había abierto la puerta a la esperanza a los gentiles, tras una vida probablemente dura, la que debieron llevar sus compañeros de crucifixión, y una muerte espantosa. Si la vida concluye con la completa destrucción de la persona, entonces hay preguntas a las que no se puede encontrar sentido ni explicación.  A lo largo de 2000 años, son muchas las formas que ha tomado la doctrina y la creencia de la resurrección, que algunos sitúan en el mismo momento de la muerte, sin embargo, Ratzinger trae a colación un texto de un rabino judío del siglo III que dice que Dios dijo a los israelitas: “Pues para el final he fijado un plazo concreto en el cual ha de llegar, hagan penitencia o no, el final del tiempo fijado”. Nada puede adelantarse, pese a que el propio Cristo y muchos de los cristianos del siglo I pensaron que la llegada del fin de los tiempos y del mundo era cosa de aquella generación. Incluso para el Hijo, eran desconocidos los tiempos del Padre.  Muchos conceptos científicos han avanzado, y nuestro conocimiento del mundo y del Universo hacen inviables antiguas creencias y nociones., como la resurrección física de la corporeidad, descrita en la resurrección de Lázaro (mencionada en un anterior escrito) y que Lutero, citado por Ratzinger, calificaba como “porquería”.

                            La nueva oración   

          Cristo, el rabbí Jeshua, Jesucristo, propone una nueva oración, el Padre Nuestro, en el que según Ratzinger, se concentra toda la radicalidad y novedad del mensaje de Jesús, desde el mismo “venga a nosotros tu reino, petición que se fijaría en el hundimiento del mundo y la irrupción de lo que únicamente Dios puede hacer”, para añadir que “la última petición del Padre Nuestro sobrepasa a la segunda petición y a la primera, que es la que resume y culmina toda la oración, el <líbranos del mal>, sin que signifique solo el maligno, es una súplica a que nos libre de la muerte, el último y definitivo enemigo”. “Las letanías de los santos explican la postura de la fe cristiana frente a la muerte en esta petición: Ad subitánea morte, libera nos Domine. El que a uno se le arrebate súbitamente, sin poder prepararse, sin estar dispuesto, aparece como el peligro del hombre, del cual quiere ser salvado”.

        Muerte y resurrección, presentes a lo largo de todo el tiempo cuaresmal que se abre con el miércoles de Ceniza, supone la gran novedad de la propuesta de Jesús, en el análisis de Ratzinger: “la resurrección se sitúa en el centro del Credo, ya no es uno de los muchos enunciados de la fe, sino que se identifica con el concepto de Dios. La fe en la resurrección se identifica con el concepto de Dios. Lo nuevo que Él ofrece no consiste tanto en ideas desconocidas sino en la plenitud del poder que caracteriza su misión, poder con el que separa el trigo de la paja”.

       La característica esencial de Cristo es su atemporalidad, Él siempre habla en presente y por eso hace afirmaciones tan sorprendentes como “Antes de que existiera Abraham, yo soy”. Frente a la magnitud del acontecimiento que supone la muerte, solo queda la esperanza de la linealidad de la propuesta Cristo, que es Dios de vivos. Traspasada la frontera de la vida física, del final del tiempo, ya siempre será ahora, en una atemporalidad en la que solo hay presente, eso sí, como dice Ratzinger, los tres días que separaron su propia muerte de Cristo, de la resurrección, quieren indicar que hay un necesario tiempo de espera, antes de la llegada del reino de Dios. La gran advertencia de Ratzinger es: “La postura que escojamos frente a la muerte, determina también nuestra postura frente a la vida”.

 

          

 

La liturgia de la Ceniza

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     “Si el Adviento es, por excelencia, el tiempo que nos invita a esperar en el Dios que viene, la Cuaresma nos renueva en la esperanza en aquel que nos hace pasar de la muerte a la vida. Ambos son tiempos de purificación -lo manifiesta también el color litúrgico que tienen en común-“Año litúrgico  de Joseph Ratzinger, de Pablo Cervera.

       Cada año tiene sus marcas, bien religiosas, bien laborales, bien institucionales. El año Litúrgico tiene dos tiempos importantes, los ya mencionados. El miércoles de Ceniza, que este año ha coincidido con el 1 de marzo, se ha celebrado más profusamente que otros. Había más posibilidades que otros años para ser impregnado con la ceniza ritual. La Iglesia Arciprestal del Sagrado Corazón incorporaba por primera vez en varios años, la misa matinal especial, que hasta ahora venía celebrando en solitario el obispo emérito de Málaga Monseñor Buxarrais. Por la tarde, eso sí, todas la iglesias en uso de la ciudad, celebraron el rito litúrgico que abre y da paso a la Cuaresma. Este año, lo comentaban los asistentes, las iglesias han estado más llenas que en ocasiones anteriores.

      El Vicario Episcopal Roberto Rojo celebró una liturgia matinal  orientada hacia todos los creyentes, y también y en especial hacia los/las melillenses de la Residencia de Mayores. El oficio litúrgico de monseñor Buxarrais atendía a los residentes del Centro Asistencial y a todos los fieles residentes en las inmediaciones. No se puede estar en todos los lugares, pero deben estar abiertos la mayor cantidad de lugares de culto posibles. Lo que debe predicarse es el evangelio, da igual quién lo haga y ante cuantos.

                                    Liturgia de la Ceniza  en el ciclo A

            El año litúrgico del ciclo A, empezó en Adviento. Ahora solo estamos frente al 2º tiempo más importante del año litúrgico. Roberto Rojo celebra una liturgia armoniosa en los tiempos, enérgica y a veces rápida, salvo en la homilía, en la que se detiene más. Explicó la evolución de la liturgia cuaresmal a lo largo de los siglos, porque no siempre se ha prestado la misma atención a todo. “la Cuaresma, dijo el Vicario, es tiempo de ayuno, caridad y oración. Es tiempo de una oración constante, profunda e íntima, tiempo de diálogo con Dios. Es tiempo también de caridad, pero no la de dar dos euros a la salida de la iglesia, sino de la caridad con el prójimo.  Es tiempo de ayuno, pero no el de dejar de comer tal o cual cosa y sustituirla por otra, sino el de privarse de aquello que nos gusta y apetece, pero de un modo ostensible, de pequeños sacrificios, pero que se hagan notar, pero no para que los demás lo sepan, sino para que lo sepa Dios”. La reflexión u homilía está siempre relacionada con las lecturas del día, en este caso la del evangelio de Mateo, que aconseja no practicar la justicia, ni la caridad, ni la oración, delante de los hombres, sino solo delante del Padre, que está en lo escondido, en lo secreto.

       Su última exhortación hacía referencia a la necesidad de evitar la dureza de corazón, a la necesidad de transformarse y cambiar de modo constante. La irritabilidad, la falta de tolerancia es una tendencia según se avanza en la edad. Hay que animarse a querer a los demás y a dejarse querer y apreciar por ellos, aunque nos lo pongan difícil, aunque cueste. Concluyó su homilía diciendo que “hay que ser siempre sensible a cumplir la voluntad de Dios, nunca la nuestra”, tras la cual impuso la ceniza a todos los presentes, bajo la fórmula ritual de: “Conviértete y cree en el evangelio”.

Los raíles de la fe

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                 Reflexiones,  de Joseph Ratzinger a Benedicto XVI

       ¿En qué cree un Papa, le otorga alguna ventaja su posición con respecto a la creencia? Joseph Ratzinger es tan solo un hombre, antes que el Papa Benedicto XVI, o el Vicario de Cristo, título que rechaza, por el de sucesor de Pedro, nada más. Según las condiciones en las que se halle uno inmerso, sostener la fe puede ser una tarea más o menos ardua. Recuerda unas palabras de Romano Guardini, quien en una visita a una parroquia evangélica vecina afirmó: “con la edad, la fe no resulta más fácil, sino más difícil”.

      Su obra teológica es enorme, y consiguió convertir su Introducción al Cristianismo en un éxito de ventas que ha alcanzado 16 ediciones en España, algo impensable en una obra teológica. En su libro de conversaciones con Peter Seewald, único periodista al que se las concede, afirma: “Por otra parte, uno percibe con más fuerza la gravedad de las preguntas, la presión de la impiedad actual, la ausencia de fe, incluso muy dentro de la Iglesia, pero también la grandeza de las palabras de Jesucristo”.

     La exégesis bíblica analiza cada palabra de los evangelios, detecta errores, incongruencias, añadidos posteriores y esto supone un gran peligro, en opinión de Ratzinger, un teólogo muy sutil y potente: “Así sucede que si no conocemos ya a Jesús, la iglesia está acabada. Y el peligro de que determinados tipos de exégesis nos lo destruyan y desgasten sin más de tanto hablar de él es inmenso. Aquí no basta con interpretar espiritualmente el dogma. Hay que implicarse en esa disputa, sin perderse en los detalles, pero sí hasta el punto de hacer ver que el método histórico no nos prohíbe la fe”.

       La Iglesia en opinión de Benedicto XVI “no debe alejarse de los hombres, ni de la caridad cristiana, ni del compromiso social político, pero debe alejarse del poder, del dinero, de las falsas apariencias, del engaño y de autoengaño”. Es un camino ya indicado, marcado teológicamente, que está siguiendo su sucesor, Francisco I, aunque con más energía y de un modo más directo, lo que está levantando críticas y rechazo en los sectores más tradicionalistas, más acomodados.

       Joseph Ratzinger es un teólogo católico, muy profundo, muy riguroso y atento a los detalles. La fe católica se asemeja a los raíles de la vía de un tren clásico, en la que hay que seguir una senda delimitada, pero de la que es fácil salirse o descarrilar. Esto es algo que le pasó a su amigo y compañero Hans Küng, principal responsable de la mala fama de Ratzinger, al que acabó acusando de casi todos los males de la Iglesia. “La teología sin iglesia se convierte en un discurso hecho en nombre propio y entonces deja de tener relevancia”, afirma Ratzinger. La amistad y la colaboración teológica con Küng se resquebrajó: “cuando vi que la teología no era ya una interpretación de la iglesia católica, sino que reflexionaba sobre sí misma. Como teólogo católico, para mí aquello ya no era conciliable con la teología. Desconozco las razones por las que luego me singularizó como adversario”.

     Su otra faceta, la que le hizo universalmente conocido, la de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, discurrió entre 1982 y 2005, o lo que es lo mismo, durante todo el pontificado de Juan Pablo II. Constituyó una etapa demasiado larga, que le costó dos ictus cerebrales y la pérdida de la visión en un ojo. Con todo ese cansancio y desgate físico a cuestas, en 2005, con 78 años, sobrepasada la edad en la que se retira un obispo, fue nombrado como Pontífice Máximo de la Iglesia Católica, en una situación de gran crisis, cuando empezaban a aflorar los escándalos de los casos de pederastia y el caos de los escándalos económicos de las finanzas vaticanas. Ahora se intenta hacer un presupuesto al modo europeo, que centralice el ingreso y el gasto y evite la dispersión y los escándalos.

      El 27 de febrero de 2013 fue el último día de Benedicto XVI como Papa de la Iglesia católica, ahora, entre los muros del convento Matter Eclesiae, quiere dejar como legado: “el sentido de proseguir mi servicio en la oración”.

    Sus reflexiones abarcan todo, hasta el futuro, que vaticina muy distinto: “Es posible que el evangelio desaparezca de algunos continentes, también puede desaparecer en ámbitos en los que tenía gran presencia. Pero nunca puede dejar de ser anunciado y nunca devendrá irrelevante. Europa ya no constituye el centro de la Iglesia universal, aunque conserva su responsabilidad y tareas específicas El cristianismo ya no es sinónimo de cultura moderna, y la forma fundamental cristiana ha dejado de ser determinante. En este sentido, la sociedad occidental, ya no será sin más una sociedad cristiana”.

       ¿Ha decaído la fe de Ratzinger? En absoluto, es más, confiesa no haber sufrido “las noches oscuras”. Para Benedicto XVI el pensamiento debe estar en renovación constante, en la búsqueda de “otro modo de ver las cosas”. Hay que desprenderse de nociones antiguas, porque la fe debe ser dinámica y recomienda: “Sacar agua una y otra vez de las profundidades de las fuentes, que a veces descubrirán sus significados más ocultos”.

 

Sobre la incineración

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Ad resurgendum cum Christo

           La Sacra Romana e Universal Inquisición, vulgarmente Santo Oficio, se extinguió en el siglo XV, como consecuencia de la desaparición de las grandes herejías, bien por propia decadencia o por que fueron ayudadas a extinguirse. La evolución histórica impuso un cambio de nombres e incluso de mentalidades. Hoy ya no es posible afirmar lo que el Papa Urbano II: “el buen cristiano matará a su hermano hereje, con las entrañas abrasadas de amor a la Santa Madre Iglesia”. Esto es un error enorme, aunque previsto ya por Juan en su evangelio: “Llegará la hora en que aquél que os de muerte crea hacerlo en nombre de Dios, pero esto es así porque no han conocido ni al Padre, ni a mí”. Hoy ya no se mata, pero sí se persigue y señala.

             Hay una auténtica rebelión interna y externa contra el Papa Francisco I, desde grupos potentes, por su intento de mirar a la sociedad con los ojos del siglo XXI. Una mujer que ha abortado, un divorciado, una persona o pareja de condición homosexual, no pueden encontrarse la iglesia cerrada, ni ser objeto de condenas, marginaciones o persecuciones legales. Quien recomienda un tratamiento médico a un homosexual o lesbiana, tiene una mentalidad enfermiza. Esto es lo que pretende hacer ver Francisco I, un anciano, a un círculo eclesiástico enraizado en el medievalismo. Esto es lo que pretende, pero no puede, constreñido por los estrechos raíles de la doctrina y de la tradición. Diariamente es ridiculizado en viñetas, vídeos musicales, o escarnecido en artículos demoledores. La antigua inquisición sigue presente.

         El nombre de Santo Oficio también desapareció con la gran reforma de La Curia, iniciada en 1908 por Pío X y continuada a partir de él. El nombre estaba demasiado vinculado al recuerdo de rigores antiguos, excesivos y mal vistos, en propias palabras vaticanas; y fue sustituido por el de Congregación para la Doctrina de la Fe.

          En la actualidad vigila muchas cuestiones, tanto doctrinales, como personales (denuncias por casos de pederastia), y de la vida de las congregaciones religiosas, en sus facetas económicas, morales e individuales. Como las meigas, sigue habiendo herejías y prácticas no conciliables con la creencia y normativa católica romana. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos en nada que, salvo en los aspectos esenciales, la creencia del siglo I no era la  misma que la del  siglo X, y que la religiosidad decimonónica, en la que gran parte de la masa creyente y eclesiástica pretende seguir instalada, no es la misma que la actual, ni ésta será igual a la del siglo XXV.  Chiesa aperta (iglesia abierta), implica que no solo se abran los templos, sino también las mentalidades y el espíritu a situaciones de toda índole.

                           Ad resurgendum cum Christo                 

       La Congregación para la Doctrina de la Fe emitió en el mes de octubre una carta, en la que establecía límites a la práctica cada vez más generalizada de la cremación. “Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo”, dice en su primera línea. La iglesia sigue recomendando la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos, pero también indica que la práctica de la incineración no es contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural. Pone coto eso sí, al aventamiento y reparto de las cenizas del difunto entre familiares, o en lugares que le fueron queridos en vida. Esto ya no se podrá hacer más, salvo que se reniegue abiertamente de la fe.

      En los últimos tiempos me veo obligado a responder constantemente sobre mi presunta conversión, por el mero hecho de escribir sobre La iglesia. A todos les respondo por igual: No puedo convertirme a la religión en la que estoy bautizado.

      Finalizando con el tema de la conservación de los restos mortales, el pasado verano pude ver en la Catedral Primada de España, la sepultura del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, el llamado cardenal rojo y al que se recibía en sus visitas apostólicas con el lema de: “Tarancón al paredón”. A este Papa también se le está calificando, entre lindezas varias, como rojo. Me sigue sorprendiendo que en España, todavía, rojo se siga usando como adjetivo descalificativo.

       En cuanto a la resurrección, además de materia de fe, plantea problemas. Es claro que no volveremos a ver a nuestros seres queridos en la misma forma en que los conocimos. El cuerpo resucitado no se identifica como tal, esto es lo que les ocurrió a los apóstoles, cuando caminaron junto al “Resucitado” y no le conocieron.

      Resulta tremendo el episodio narrado por Juan, cuando Jesucristo ordena abrir la sepultura de Lázaro, fallecido 4 días antes. Otros ejemplos similares narrados podrían referirse a estados comatosos o a reanimaciones. La creencia era y es que se resucitará en el último día, no antes, como pretenden algunas creencias erróneas que incluso celebran la muerte.

     Mientras tanto y habida cuenta de que nadie, en 2000 años, ha vuelto desde el más allá, toca pensar que “la sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados favorece el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, y la veneración de los mártires y santos”. Es esto o la muerte para siempre.

 

La lucha en las alturas

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       La Iglesia católica es la comunidad de los creyentes bautizados, y también es un Estado, con un Jefe a la cabeza, que lleva a cabo una acción política mundial. Tiene esas dos vertientes o aspectos, y desde aquí nos ocupamos del último aspecto. El Estado del Vaticano, con dos milenios de historia a sus espaldas tiene su lugar en la política del mundo, y su propio peso específico en las opiniones públicas que emite.

     Gonzalo Puente Ojea, brillante intelectual y ateo convencido, que fue embajador de España ante la Santa Sede entre 1985 y 1987, falleció el pasado 17 de enero. Pese a su firmeza atea, mantuvo una cordial amistad con el Papa Juan Pablo II, del que él mismo dijo: “Deseo expresar desde estas columnas (diario El País) la forma cordial y humana con que el Pontífice me concedió, ya con un pie en el estribo para su actual viaje, una audiencia privada en Castelgandolfo, de la que guardaré imborrable recuerdo”. En Roma, un ateo no asusta a nadie.

    Como intelectual, que lo era y en gran altura, se pasó su vida detrás de Dios, aunque negándolo, sin embargo, en su libro El Mito de Cristo afirmó: “sobre la acción del visionario conocido como Jesús de Nazaret, me inclino por varias razones por una respuesta positiva sobre su existencia, si se concibe como un simple humano”.  Afirma esto es mucho, porque son muy pocos los datos históricos sobre el propio Jesús recogidos por los evangelistas. Ni siquiera Joseph Ratzinger, en su trilogía sobre la vida del Nazareno aportó otros datos que los ya conocidos sobre la existencia de Jesús. El paso del Jeshua histórico al Cristo de la fe es lo que distingue a los creyentes de los que no lo son. La creencia no necesita evidencias porque no puede haberlas, aunque tampoco hay certezas de signo contrario.

   Los creyentes del siglo I, o los del año 1000 se enfrentaban a situaciones que no son siquiera comparables a las que la gente se vive y ve en el siglo XXI. Esta es la adaptación que pretende el Papa Francisco I para la supervivencia de la Iglesia, despojándola de todo aquello que es clericalismo, pero no evangelio.  El Vaticano no solo está lleno de corrupción, como dice el propio Papa, sino de intereses muy oscuros, asentados allí desde hace décadas y siglos, que solo defienden su propia supervivencia, y no la de La Iglesia ni de la fe.

   El clericalismo es a la iglesia lo que las nomenclaturas a las revoluciones socialistas, y la burguesía al capitalismo. Solo pretenden la supervivencia del sistema para seguir ellos existiendo, o sea, la clase dominante. Dice el Papa Francisco I: “Cuando tengo delante a un clerical me vuelvo anticlerical de golpe. El clericalismo no debería tener nada que ver con el cristianismo”.

   Benedicto XVI, del que se acaba cumplir el 4º aniversario de su renuncia fue el primero que habló de la “suciedad” en el seno de la Iglesia y afirmó: “Como responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, uno tiene conocimiento de tantas y tantas cosas, que se necesita un alma bien templada para soportar todo eso. Siempre se ha sabido que hay suciedad en La Iglesia, pero es mucho la que ha que digerir, porque todos los días llegan escándalos hasta allí”.

     El santo Benedicto XVI, está protegido por el propio Francisco en el monasterio Mater Ecclesiae, dentro de los muros del Vaticano, estas fueron sus palabras en un acto reciente: “La bondad del Santo Padre Francisco se manifiesta en el lugar en donde vivo, y en el que me siento protegido, es por eso por lo que su bondad me llega hasta lo más profundo”.

        A lo largo de todos estos decenios, siglos y milenios, son muchas tradiciones, normas y rituales que se han ido adhiriendo a la piel de La Iglesia, creando un denso y tupido matorral que impide ver la creencia y el sentido original. El clerical ya solo defiende su posición e influencia, bien dentro de la misma iglesia o en sus aledaños. Son muchas las canonjías, beneficios e influencias que se reparten y alimentan a su alrededor. Algunos ya hemos podido probar en nuestras carnes, que clase de lobos merodean sus los alrededores.

      El Papa Francisco I en uno de sus últimos viajes dijo que llevaba dos cosas en el bolsillo, un rosario y un pequeño Vía Crucis de bolsillo: “que representa la historia de un fracaso, humanamente hablando. Porque Jesús fue sufriendo hasta morir en la cruz”. Y añadió: “con estas dos cosas me arreglo como puedo, pero gracias a estas dos cosas no pierdo la esperanza”.

     Ese es el punto exacto, señalado por el Papa, que está escandalizando al catolicismo tradicional y a los clericales, que por primera vez se sienten amenazados. Donde fracasa el humano, empieza la Fe. La lucha en las alturas es a vida o muerte. Con Pablo, Dios ya demostró que a veces no solo necesita de no creyentes, o de ateos, sino de una persona que se dedicaba a perseguir a los cristianos, para salvar su obra.