Los fieles en la Iglesia de Cristo

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            La constitución de la Iglesia es el Código de Derecho Canónico, y es por tanto una obligación canónica: “el que en cada parroquia exista un consejo de asuntos económicos (CDC 537), regido por las normas que haya establecido el obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según estas normas, prestan su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia”.

 

     La aplicación de este artículo, promovido por el Concilio Vaticano II, que recomienda la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, hubiese impedido o al menos limitado la tormenta iconoclasta que devastó las iglesias de la ciudad durante el periodo comprendido entre 1974 y 1989, y que conocemos como “iconoclastia”.

 

     El artículo 536 del CDC prevé otro instrumento más de participación de los laicos en la vida parroquial y eclesial, que es el consejo pastoral, previsto en principio para las Diócesis, pero que mediante una petición fundamentada al Ordinario del lugar, el obispo en este caso, puede autorizar la creación del citado consejo. Llegados aquí debemos puntualizar que el primero es obligatorio, y el segundo potestativo, pero que ambos son instrumentos de ayuda al párroco, y su carácter es solo consultivo, pues siempre es el titular de la parroquia al que le corresponde decidir y actuar.

 

     Sin embargo, no es lo mismo decidir asesorado, por fieles que conocen la vida e historia de su territorio, que tomar una decisión en soledad sin ninguna referencia orientativa. Los sacerdotes, los párrocos, no deben temer la existencia de estos consejos, entre otras cosas porque son ellos mismos quienes nombran sus componentes, que pueden ser ratificados o no por el siguiente titular de la parroquia.

 

    Estos órganos asesores sirven de enlace y orientación entre un párroco y el que le sustituye, por lo que se evitaría la sensación de “vuelta a empezar” tras la renovación en la parroquia o en el arciprestazgo de la ciudad. También evitaría la sensación de “terreno desconocido” que siente un sacerdote al llegar a un nuevo territorio bajo su administración apostólica, sin nada que le oriente. Así mismo se evitarían la formación de camarillas clericales, o a que participación de los laicos quede reducida a las agrupaciones religiosas o cofradías, y esto sucede solo una semana al año.

 

   La sensación de soledad del sacerdote, del párroco, del arcipreste quedaría eliminada, tanto en los aciertos como en los errores, y se evitarían situaciones de acoso al titular de una parroquia, a un arcipreste, o a fieles concretos. Mejoraría la comunicación entre la Iglesia como institución, y los laicos y fieles como comunidad, que no puede existir luna sin la otra. Nunca hay que olvidar que la serpiente permanece siempre enroscada en el árbol, buscando siempre su momento.

 

    El consejo pastoral está integrado tanto por sacerdotes como por laicos, mientras que el económico lo forman solo laicos. El CDC es muy claro en cuanto al perfil de los integrantes de los consejos parroquiales, artículos 512 y sucesivos: “fieles que estén en plena comunión con la Iglesia Católica, que destaquen por una fe segura, buenas costumbres y prudencia”, para el caso del consejo pastoral, y con conocimientos económicos en materia de administración de bienes eclesiásticos, para el caso del consejo económico parroquial.

 

                       La oportunidad del Vicario Roberto Rojo

 

      El Vicario episcopal tiene mucha gente que le apoya, y que podrían ser muchos más, incluidos los sacerdotes del arciprestazgo, si se decidiese por crear estos órganos consultivos de gobierno, y que ya resultan necesarios. Estamos en la época de la revolución de las comunicaciones, en las que cualquier noticia llega al punto más lejano en un solo instante. Es también un vicario muy apoyado por el obispo diocesano, por lo que podría poner en marcha estos consejos, y sería un legado que dejaría a la iglesia del futuro próximo.

 

      Según los documentos conciliares: “compete a los laicos las tareas y el dinamismo seculares, acometiendo nuevas iniciativas y llevándolas a buen término, …pero no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es esta su misión”. Y para que nadie, en su altivez y orgullo se sienta por encima de otro o de otros, la iglesia es una comunidad, el documento conciliar advierte: “Entiendan todos que en tales casos a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia”.

 

      El lobo, al igual que la serpiente, acechará siempre, por tanto, es obligación del pastor guarecer a su rebaño, en el presente y en el futuro. Hay instrumentos y hay que ponerlos en práctica.

 

La Hermandad de la Divina Pastora

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                     Primer centenario de la celebración del culto en Melilla 

          En una fecha indeterminada, pero comprendida entre 1914 y 1919, la imagen de la Divina Pastora, culto que tiene su origen entre los frailes capuchinos, llegó a la ciudad de Melilla. Al parecer su primera localización se produce en la capilla de las religiosas del Buen Consejo, ya presentes en Melilla. El primer Triduo o celebración litúrgica de tres días, se produjo en el mes de junio de 1917, por lo que no sería arriesgado afirmar que esa podría ser la llegada de la primera imagen a la ciudad. Esto quiere decir, que este año su cumple el primer centenario de su conmemoración litúrgica.

          En la procesión de este año se producía otra novedad, y es que se trata del primer desfile procesional tras su refundación como hermandad, en lo que puede considerarse como su segunda época. Según el historiador religioso José Luis Blasco, la primera hermandad se constituyó en la Iglesia de La Purísima en 1921, y desapareció como tal en el periodo conocido como “iconoclastia” (1974-1989). Pasados esos años, la procesión fue reflotada y mantenida por José Ruiz Vacca, pero como asociación, pero sin rango de hermandad. En esa etapa, la procesión se llevaba a cabo en el mes de junio, siempre en el domingo siguiente al Corpus. Desde el año 2007, y tras el fallecimiento del que fuera su anterior Hermano Mayor, la tradicional procesión de la Divina Pastora por las calles de Melilla La Vieja se ha adelantado al mes de mayo. Es la única procesión que se ha mantenido en la calles de la ciudad antigua de Melilla.

           La imagen primitiva u original es de gran peso, 450 kgs y ya no es procesionada, por lo que se encargó otra de menor tamaño y más ligera, que es portada en trono y transportada solo por mujeres. La imagen de la procesión en la calle de San Miguel, la más antigua de Melilla, resulta incomparable con la luz del atardecer.                                   

                                                       El buen Pastor

       La figura del Buen Pastor surge con fuerza en el evangelio de Juan: “Pero quien entra  por la puerta, es pastor de las ovejas. A este le abre el portero y las ovejas escuchan su voz; llama a las ovejas propias por su nombre y las saca fuera….El asalariado, el que no es pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa…..Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco. A estas es preciso que yo también las guíe, y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor”. Juan 10, 1-16

       Como advocación y culto, el de la Divina Pastora de las almas, surge a finales del siglo XVII en Sevilla, de la mano de Fray Isidoro, que beberá el culto de otras fuentes, como el dominico fray Pedro de Santa María, y fray Pablo de Cádiz. De la católica y siempre excesiva Sevilla, saltará a la también católica pero más templada Málaga. La primera procesión de la Divina Pastora se celebró en Sevilla en 1703*.

Sentido y uso de las indulgencias

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              ¿Qué son las indulgencias? ¿Cree todavía alguien en ellas? Un fraile agustino, Martín Lutero, se dio a conocer al mundo en 1517 con sus 95 tesis sobre las indulgencias, que no suponían una negación de las mismas, sino una reforma de ellas y una denuncia de su abuso.

        Para entender lo que son hemos tenido que recurrir a libros antiguos, uno de ellos de 1863, titulado El Cristiano Instruido en el Uso y Naturaleza de las Indulgencias, del jesuita A. Maurel. El otro es un compendio o enquiridión de las principales indulgencias concedidas por el Papa, único que puede autorizarlas, de 1961, y editado por la editorial Balmes en Barcelona. También hemos consultado el Camino Recto y Seguro para ir al Cielo, de San Antonio Mª Claret, editado en 1882.

     El Enquiridión recoge un total de 800 oraciones y prácticas piadosas que han recibido la catalogación de indulgencia, y cuya práctica y recitación redime parte de las penas temporales que ocasionan los pecados o las faltas humanas. En realidad las indulgencias, podrían constituir un reglamento penitenciario tanto del pecado, como del propio purgatorio, que existe, según Ratzinger y la propia definición de catecismo católico romano.

      Aquí si difieren la Iglesia Ortodoxa, que no entiende de dónde sacó Roma el concepto de purgatorio, y la Protestante y sus derivadas, ya que el propio Lutero afirmó claramente que el hecho de la muerte, alivia y exonera de la jurisdicción del Papa, según explica en su tesis nº 13: “A los muertos no les es aplicable el Código de Derecho Canónico”. Lutero, Obras. Edición de Teófananes Egido, ediciones Sígueme.

       Según el libro del padre Maurel: “En el sentido teológico, expresa igualmente la palabra Indulgencia un acto de clemencia y de misericordia, una remisión, una condonación, un perdón concedido por la Iglesia. Cuando el pecado es mortal, la pena en la que se incurre es eterna y debe sufrirse en el infierno, sin alivio y sin esperanza de perdón. In inferno nulla est redemptio”. Salvo que, y esto lo decimos nosotros, la Misericordia del Padre disponga otra cosa. Sin embargo, esto es algo que no puede vislumbrarse desde este lado de las cosas.

       Sin embargo, afirma Maurel: “Si le pecado es venial, y no merece la eternidad ni los tormentos”, entonces entran en acción las indulgencias. La absolución sacramental recibida mediante la confesión, con el correspondiente acto de contrición, perdona la culpa en la parte humana, pero no lo referida a la parte divina de la culpa, que solo puede redimirse mediante la penitencia. Todo esto lo resolvió Lutero eliminando la confesión, la absolución, el culto a los santos, a los difuntos, a las reliquias y remitiendo todo a la instancia divina, eso sí, ya inapelable.

         En las iglesias evangélicas, derivadas de la acción de Lutero y que constituyen un modo de iglesia libre (free church), ya no existe nada de esto, por lo que los católicos-romanos y greco-ortodoxos nos enfrentamos casi en soledad, a la disyuntiva entre salvación o condenación eterna. Bien es cierto, que la mediación de La Iglesia y su teorización sobre el purgatorio, crea un espacio para redimir una parte de esa culpa final, mediante la práctica de las indulgencias. Los justos no deben preocuparnos, porque como decía Lutero, solo habrá cuatro o cinco. En su tesis 23 afirma: “Si a alguno se le pueden redimir todas las penas, es seguro que solo puede ser a los muy perfectos, es decir, a poquísimos”. Lutero ahonda en este aspecto en su tesis 31: “El ganar de verdad las indulgencias es tan raro, es decir, tan rarísimo, como dar con una persona realmente arrepentida”. Tras publicar sus indulgencias en 1517, Lutero no había roto con Roma ni con el Papado, como si sucedería tras su excomunión en 1521. Según el reformador alemán, ni siquiera el Papa puede estar seguro de verse libre de los padecimientos del purgatorio o incluso del infierno.

      Según el padre Claret “indulgencia es lo mismo que remisión de la pena temporal de los pecados perdonados, que puede dar tiempo a satisfacerse en esta vida, o en su continuación, esto es, el purgatorio”. Incluso “un pecado mortal, si está debidamente confesado, y detestado con perfecta contrición, puede derivar de la pena eterna, a otra temporal”; por ejemplo de 800, ó 5000 años de purgatorio, que en términos eternos, resultan cantidades inapreciables.

    Hay indulgencias aprobadas, como la de la práctica de la Hora Santa, que redime 15 años de una sola vez. Hay otras, como las letanías de los santos que reducen hasta en 7 años las penas infernales. Lo más común, y tratándose de pecados comunes, rebajan entre 200 y 500 días las penas más comunes, las de hasta 100 años de purgatorio.

     La cuestión es: ¿Cree ya alguien en esto?. Todo ha caído, pero no por la acción de Lutero.  como decía Benedicto XVI en una homilía de 2008:” Actualmente, se suele pensar que como Dios es tan grande y nos conoce, todo será perdonado. Pero también existe la justicia y la verdadera culpa. Quienes han hecho daño no pueden sentarse de inmediato a la Mesa del Señor, junto con las víctimas. Dios crea justicia, debemos tenerlo muy presente”.

       

Abba: orar frente al Padre

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       Abba es una palabra aramea que significa padre. Es una lengua semítica, la hablada por el propio Jesucristo. Hay muchas voces similares, procedentes de la misma familia de lenguas, como abun en árabe, abi o buya. Sabemos pues cómo hablaba Jesucristo, pero es más difícil saber qué cosas decía, no lo aquello que dicen que decía.

         Para acercarnos a sus propias palabras contamos con varios elementos como pueden ser la exégesis y el análisis de texto. También contamos con grandes exégetas, como Joseph Ratzinger, un pontífice cristiano, nacido en el Alemania, el país de Lutero. Su ventaja es enorme porque puede leer a Lutero en su propia lengua y confrontar los dos modelos. Del lado luterano existe otro portentoso exégeta Joachim Jeremias (1900-1979) casi contemporáneo de Benedicto XVI, y que también se formó en la universidad de Tubinga.

         Para Ratzinger en Informe sobre la Fe, BAC- 1985, pag-181. ”La Escritura vive en una comunidad y tiene necesidad de un lenguaje. Toda traducción es al mismo tiempo una interpretación. Hay pasajes en donde dice más el traductor que la Biblia”. Esto quiere decir que hay que tener mucho cuidado con las traducciones bíblicas, si se pretende una aproximación cercana a lo que se conoce como “ipssisima verba Iesu” o las propias palabras de Jesús.

                                       La oración frente al Padre

     En Abba; Ediciones Sígueme, Salamanca-2015, Jeremías nos ofrece una aproximación a la oración conocida como Padrenuestro, según pudo salir de los propios labios de Jesús:

           “Padre bienamado, santificado sea tu nombre. Venga tu Reino. Nuestro pan para mañana dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros, al decir estas palabras, perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación”.

            Esta es la oración original, ofrecida en respuesta a un desconocido discípulo que le dijo: ¡Señor, enséñanos a orar!  El episodio está contenido en Lucas 11. Solo éste evangelista y Mateo refieren esta oración.  La oración de Mateo es más larga, muy aproximada a la forma en la que la conocemos. ¿Cuál de las dos es la original?, se pregunta Jeremías en Abba, pág. 221: “Según todo lo que sabemos sobre las leyes que rigen en materia de textos litúrgicos, cuando se presenta un caso como éste donde la redacción más breve se halla íntegramente contenida en la redacción más larga, debe considerarse la corta como redacción original. Por lo que puede considerarse el texto de Mateo una ampliación o desarrollo”. La oración contenida en Lucas, en la traducción del original griego realizada por Nacar y Colunga es muy aproximada a la propuesta por Jeremías. Sin embargo, la exégesis es también interpretación y explicación.

     Los dos modelos de oración difieren en la longitud y en la traducción de algunas palabras, por lo que se hace necesaria otra pregunta, ¿Cuál de los dos modelos propuestos se acerca más al significado original, la de Mateo que está en pretérito o la de Lucas que está en presente?, pregunta de nuevo Jeremías, para aclarar de modo inmediato, ob., pág-223: “Quien ofrece una traducción más difícil es Mateo, quien probablemente está en contacto con una base aramea, utilizando un  perfectum praesens del arameo. Lucas actúa eligiendo el presente para los cristianos que hablaban en griego. Lucas asimila algunos de los usos idiomáticos griegos”.   

    Joachim Jeremias concluye su investigación de esta manera: “La redacción de Lucas conservó la forma más antigua por lo que respecta a la longitud; pero el texto de Mateo está más próximo al original en cuanto a la formulación del contenido común a ambas redacciones”.

      Jeremías se formó como estudiante en Jerusalén entre 1910 y 1918, ya que su padre Friedrich Jeremias fue rector de la iglesia luterana del Redentor en Jerusalén durante esos años. Para él, la radical diferencia de la predicación de Jesús es que es el primer y único profeta, que se dirige a Dios como Padre, Abba, de modo directo y sin ningún otro aditamento litúrgico. Definiendo así esta peculiar oración: “El padrenuestro es la suma más clara y rica, pese a su brevedad, que tenemos del mensaje de Cristo. Con el don que hizo del padrenuestro a los discípulos, comienza el rezar en nombre de Jesús”.

 

Misa Crismal en Almería

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               La defensa de la Liturgia romana ha sido y es uno de los grandes empeños del Papa y teólogo Benedicto XVI, quien la califica como una riqueza que hay que proteger y cuidar, pues se trata de algo que se ha ido conformando a lo largo de los siglos. Informe sobre la Fe es un libro de conversaciones con el cardenal Ratzinger de 1985, elaborado por el periodista italiano Vittorio Messori.

           El entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe hablaba de dos tendencias y polos opuestos; la enfermedad nostálgica de los lefebvrianos y la excesiva simplificación postconciliar: “Incluso con la simplificación y la formulación más comprensible de la liturgia, es claro que debe salvaguardarse el misterio de la acción de Dios en la Iglesia; de aquí proviene l afijación de la sustancia litúrgica intangible para los sacerdotes y la comunidad.  Es preciso oponerse m, más decididamente a lo que se ha hecho hasta el presente, a la vulgaridad racionalista, a los discursos aproximativos, al infantilismo pastoral, que degradan la liturgia católica a un rango de tertulia de café y la rebajan a un nivel de tebeo”. Quien pueda o quiera buscar vídeos de ceremonias litúrgicas en la Iglesia ortodoxa, podrá comprobar el aspecto poderoso de su rito, el uso del incienso, los cantos litúrgicos, el uso de las velas. La solemnidad del griego como idioma ceremonial. Según recordaba Ratzinger en aquellos momentos, y no se ha desdicho: “debería procurarse que los fieles fuesen capaces de recitar en latín algunas partes del ordinario de la misa”. Renovarse y conservar, es una expresión última suya.

                                  Misa crismal en Almería

             El crisma es un santo óleo consagrado que se utiliza en ocasiones y celebraciones especiales, como las de Semana Santa. La Misa Crismal de Almeria se celebra cada Miércoles Santo y a ellas acuden todos los sacerdotes de la provincia diocesana, y todas las religiosas de la capital. La misa es oficiada por el obispo Adolfo González Montes (el pastor tranquilo) y concelebrada con todos los presbíteros diocesanos. Tras la ceremonia litúrgica se ungen a los nuevos bautizados, a los que esperan la confirmación, a los enfermos y a los catecúmenos.

          La Liturgia romana, tal y como refería el cardenal Ratzinger, es muy potente y llena de contenidos, que se han ido añadiendo a lo largo de los siglos. Cada ritual tiene su porqué, su razón y justificación. La celebración empieza con una procesión presidida por el obispo, pero detrás del Evangelio, que es portado sobre unas cubiertas de pan de oro, y que rodea todo el altar, al son de cantos litúrgicos y de los acordes del órgano. Las lecturas se proclaman desde los púlpitos y a ambos lados del altar. Todo inundado por el humo y el aroma del incienso, cuya densidad llena el vacío existente, y expulsa los malos espíritus e influencias.

                            El año de Lutero

           La misa como tal, fue negada por Lutero desde su principio hasta su final, y calificada como invento de Roma. Este año, con ocasión del V escrito de la publicación de las 95 Tesis Contra las Indulgencias de Martín Lutero, lo que supuso el mayor cisma triunfante en la Iglesia Católica, se intenta una rehabilitación de su figura e incluso un posible levantamiento de la excomunión promulgada por el Papa León X, la bula Decet Romanum Pontificem, promulgada en 1521. La aproximación a Lutero es difícil, porque su carga contra el Papado fue absoluta y sin posible retroceso. Se puede ser reformador desde la iglesia o contra ella y Martín Lutero, el más grande hereje para algunos e incluso para gran parte de la Iglesia católica, entra de lleno en la segunda categoría. Hereje es el derrotado y reformador el que triunfa. Martín Lutero y su reforma triunfaron, y no hay que olvidar que en su inicio fue un monje agustino. Entre sus méritos destaca la traducción de la Biblia a la lengua vernácula. Él fue el que puso el texto bíblico en manos de los fieles, de la comunidad. Al final cayó en muchos de los errores que condenaba en Roma, pero este año se va a escribir y hablar mucho de él. La exégesis e interpretación de  los texto evangélicos, por teólogos luteranos, alcanzan un nivel elevadísimo, entre los que destaca Joachim Jeremias y su obra Abba, de ediciones Sígueme.

 

El oficio de la fe

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                     En una respuesta al escritor José Mª Zavala en el libro Alto y Claro, conversaciones con Antonio Mª Rouco Varela, el cardenal español dice: “el oficio marca o debe marcar a la persona. Y si hay un oficio en la vida de un hombre español nacido en el seno de una cultura y de una familia cristiana, es la de sacerdote u obispo. Si eso no es así, mala cosa. Puede haber cierta dicotomía entre vida privada y pública n otras profesiones, pero en la profesión de obispo no es posible, y en la de sacerdote tampoco debería serlo. Cuando me nombraron obispo siendo aún joven, me di cuenta enseguida de que si en mi vida sacerdotal y de profesor quedaba algún tiempo para modelarlo privadamente, lo había perdido para siempre”.

      Este es el oficio de la fe, que es a la vez sustantivo y verbo. A cualquiera le gustaría ir al monte y encontrarse una zarza ardiendo que habla, o que la Panagia María Teotokos nos dirija la palabra desde lo alto de una encina, o que en un camino perdido, alguien nos llame la atención y al preguntarle ¿Adónde vas?, resulte ser el mismísimo Jesucristo. Pero esas cosas no suceden.

    Lo normal es profesar el oficio de la fe en medio del mundo, sin grandes acontecimientos, en medio del ensordecedor ruido del mundo, y sin demasiados atractivos, en comparación con lo que ofrece cualquier otra profesión.

    El cardenal Rouco Varela ha marcado toda una época en la historia de la iglesia española, que ha presidido durante 9 años, aunque en dos etapas diferentes, la primera bajo la presidencia de José Mª Aznar, y la segunda con José Luis Rodríguez Zapatero. En Democracia, los tiempos con mayores roces entre Iglesia y Estado se producen con gobiernos de derechas. En sus reflexiones valora como “muy positivas las relaciones con el gobierno socialista de Felipe González”, tiempo durante el cual Juan Pablo II visitó hasta tres veces España. Continuistas sin mayores precisiones con los gobiernos de Aznar, y más fructíferas con el gobierno de Zapatero en materia económica, salvo por el escollo de la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”. La Educación sigue siendo el gran caballo de batalla en España.

      El cardenal trae a colación una cita muy aclaratoria de Lenin en la que decía: “Si queréis que domine a un pueblo, no me deis el Ministerio de la Guerra, dadme el de Educación”. Esta precisión, muy oportuna, vale para todos, y con ella se entiende la feroz lucha en el campo de la educación. Sin embargo, el cardenal Rouco afirma que “no debe imponerse nada, ni siquiera la religión”

     Para Rouco Varela “la Iglesia debe solo mirarse a sí misma” y mostró su independencia cuando no firmó el “pacto antiterrorista” propiciado por PSOE y PP en 2001, en una de las etapas más duras de azote terrorista en España, y con él mismo al frente de la Conferencia Episcopal (1999-2005). El cardenal Rouco rechaza la división entre conservadores y progresistas dentro de la Iglesia, porque no son parámetros válidos para describir su vida interna. Ha conseguido vivir y manifestarse solo en clave de iglesia, y eso que responde a cualquier pregunta que se le plantea. Como en muchas otras personalidades de primera línea, hay una gran distancia entre la imagen que se transmite y la realidad de la persona. Como él mismo dice: “es muy difícil conocer a todas las personas que nos rodean, incluida la propia familia”.   

        Joseph Ratzinger, Antonio Mª Rouco y el Papa español

    Nunca podrá decirse la última palabra de nada, escribía Ludwig Wittgenstein y estaremos siempre lejos de tener todas las claves de algún acontecimiento, aunque seamos testigos del mismo. Solo cuando se profundiza en un tema, empieza a entenderse algo. Hay una anomalía en el mundo católico romano, y es la ausencia de un Papa español, pese a ser la 2ª nación más católica del mundo, hasta hace pocas décadas.

     El cardenal Rouco estudió Teología en la universidad de Munich entre 1966-1969. Por aquellos años, Joseph Ratzinger era profesor en Tubinga. Quizá en aquel momento o posteriormente pudieron iniciar la amistad que mantienen. Poder entenderse con el Papa alemán en su propia lengua, es una gran ventaja.

    Hay una frase de Benedicto XVI, al ser preguntado por el periodista Seewald, que me intrigó cuando la leí. Hacía referencia acerca de a quién esperaba como su sucesor: “No esperaba a alguien en concreto, pero sí a otra persona. No pensaba que Bergoglio se encontrara entre los principales candidatos. Ya no se oía hablar de él”.

     Solo ahora creo intuir a quién podía referirse esa frase. Al menos a uno de los nombres a los que esperaba Benedicto XVI. Antonio Mª Rouco Varela es cardenal elector, pero ya no es elegible. El Papa Juan Pablo II le dispensó una especial atención y consagró en 1993 la catedral madrileña de La Almudena. Con Benedicto XVI sucedió otro tanto, despidiendo casi su pontificado en la Jordana Mundial de la Juventud en 2011 en Madrid, con el cardenal Rouco al frente de la Iglesia española. Sin embargo, poco se puede hacer frente a la presencia del elector invisible.

     “Todos somos pecadores. El hecho de que uno trate de afirmar a Dios en su vida no significa necesariamente que se crea en Él. Si una persona es consecuente no hará daño al prójimo”. Esta es su gran frase, que escogemos para acabar temporalmente esta serie de artículos. Vivimos regidos por las letras Alfa y Omega, principio y final. Han sido 10 semanas consecutivas de las que extraigo una consecuencia clara: las reticencias para los cambios y la intolerancia se encuentra más del lado de los clericales, que de la propia Iglesia.

La rebelión del inquisidor

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        Krzysztof Charamsa, sacerdote polaco, oficial de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (Santo Oficio), inquisidor, teólogo y gay según su propia confesión. En la línea 4 de su libro La Primera Piedra escribe: “Narciso es al amigo secreto de todos los gais, como yo”. Maneja la acusación con precisión y contundencia de inquisidor. Su formación teológica se nota por cualquier parte del libro. Dirige la escritura hacia donde él quiere y lapida a La Iglesia, de la que formaba parte, sin descanso.

       A veces resulta algo disperso porque el frente de ataque es demasiado amplio, y también ingenuo, porque después de las 95 tesis de Martín Lutero (de las que se cumplen ahora 500 años), resulta imposible decir algo sorprendente y nuevo en contra de La Iglesia. Sin embargo, el ex inquisidor Kryzsztof Charamsa lo consigue, lanzando dos finos dardos teológicos.

      El primero se dirige hacia Pablo, al centro mismo de la teología paulina y su extraña frase de la 2ª epístola de Corintios: “Y para que no me llene de soberbia, fueme dado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, que me abofetea”. Aluda a lo que aluda la frase de Pablo, no restaría valor a su obra teológica una supuesta condición homosexual. Aunque en esos tiempos, como reconoce el propio ex oficial de la Doctrina de la Fe, las relaciones sexuales entre hombres ni siquiera eran consideradas como homosexualidad.

       El segundo dardo alcanza de lleno a una de las frases más conocidas de la Liturgia romana: “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. La lectura, en clave homosexual del pasaje de Lucas, en el que narra la relación del centurión romano y el siervo por el que sentía un espacial afecto, resulta sorprendente. El que esto fuese así, tampoco desmerecería a ninguno de los intervinientes, ni a la acción del propio Jesucristo, que cura al sirviente, y afirma del centurión que es el mayor ejemplo de fe que ha conocido hasta ese momento. El ex inquisidor habla abiertamente pero también en clave.

              El libro es una justificación personal de principio a fin, y una auto exculpación no necesaria, porque nadie es mejor o peor por su condición sexual. Para ello recurre a un método algo pueril y naif, en sus propias palabras, que es extender la condición homosexual de la Curia romana y de todo el clero hasta un 50%, en una hipérbole indemostrable, por parte de quien afirma no preocuparse por la orientación sexual de los demás.

      Por lo que cuenta y deja entrever, ha sido un buen sacerdote, y también una buena persona en sus tiempos de clérigo y profesor católico, independientemente de su condición sexual, que no necesita ser justificada, aunque él lo hace de modo constante. La fe, la creencia y la calidad humana no se ven afectadas, ni positiva ni negativamente, ni tienen nada que ver con eso.  Su expulsión del Santo Oficio, solo se relaciona con su ruptura pública del celibato, al manifestar al Prefecto de Doctrina de la Fe que estaba enamorado y que tenía pareja. El resultado hubiese sido igual de haber presentado a una mujer como su pareja, ante las autoridades vaticanas. 

                           Entre el lobby gay y la heterodictadura

              Benedicto XVI afirmó en una ocasión haberse sentido acosado por el lobby gay del Vaticano y Krzysztof Charamsa denuncia la heterodictadura homófoba de la Santa Sede, en cuya cúspide sitúa a su otrora admirado cardenal y Papa Joseph Ratzinger. Ambas afirmaciones, diametralmente opuestas, se anulan o se confirman la una a la otra. Por otra parte, el ex inquisidor afirma en hipérbole que el 50% de la Curia romana, así como el clero, es de condición homosexual. Esto tampoco supondría problema moral alguno, porque rige la obligación del celibato, no observado con demasiado rigor en la sede apostólica según el ex oficial de la Doctrina de la Fe, porque él mismo confiesa haber mantenido una relación sexual con otro sacerdote, al que reprochó “no haber disfrutado del pecado mortal, por sus prejuicios eclesiásticos”. También escribe que un cardenal curial afirma “ser un padre feliz”.

           Más que piedra, el libro es la honda de David contra La Iglesia, de la que formaba parte y a la que ahora califica de falsa, hipócrita, homófoba e incluso gay. Las antítesis son constantes y el relato viene y va de forma constante. La precisión en el apedreamiento del ex oficial del Santo Oficio es rigurosa, y si descubre algún lugar no suficientemente lapidado, vuelve sobre él.

          En su desvinculación con La Iglesia llega al extremo de visitar la tumba de Santo Tomás de Aquino en Tolosa, al que considera: “el principal responsable del biologismo que ciega la concepción e interpretación del sexo en la Iglesia Católica”, para separarse definitivamente de su teología. También compara la Congregación a la que pertenecía con el KGB soviético (está muy condicionado por sus vivencias en la Polonia comunista y posterior estado clerical católico)., pidiendo al Papa la desaparición total de esta Congregación, a la que pertenecía.

                      Las verdades del inquisidor

           Krzysztof Charamsa cuenta muchas verdades, pero ocurre que muchas ya las sabíamos los que nos encontramos en este lado. La sociedad patriarcal y machista es homófoba, pero sobre todo es misógina. La Iglesia recoge el pensamiento político y social imperante y evoluciona con él, no todo lo deseable, eso también es cierto. La Iglesia ha sido muy hipócrita, por utilizar sus palabras, pero todo esto y muchísimo más, fue escrito y denunciado por Martín Lutero en sus 95 Tesis hace ya 500 años.

       Qué el celibato eclesiástico es una etiqueta, que la Congregación para la Doctrina de la Fe se dedica a cotilleos, o a debatir si un médico surafricano puede o no masturbarse para una prueba de infertilidad, no lo sabíamos, pero sí lo intuíamos. Qué en la Sagrada Congregación tiemblan hasta las vigas cuando el Papa Francisco lanza alguna de sus afirmaciones doctrinales también es conocido. Lo leemos todos los días en las mil páginas dedicadas a llamarle hereje.

        Es absolutamente cierta la persecución de los homosexuales, pero sobre todo en el mundo anglosajón y protestante caso de Alan Turing, el padre de la informática, que se suicidó en 1954 tras ser procesado por su homosexualidad. Alemania derogó la Ley contra la homosexualidad en 1969 y legisla ahora la anulación de las condenas. Los peores episodios de violencia homófoba se han dado en Estados Unidos. La inquisición fue más brutal en territorio protestante. El mundo católico romano ha sido hipócrita, de doble moral en este sentido, pero está avanzando más rápido con la promulgación de leyes que equiparan a todas las parejas, sean de la condición que sea.  Lo que es seguro, es que el mundo dejará de ser antes homófobo que misógino.

Sobre el Espíritu Santo en Oriente

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                Procesión y envío del Espíritu Santo en la tradición ortodoxa

          La Iglesia Ortodoxa dice en que Occidente se ha dejado de lado al Espíritu Santo, sobre todo cuando fue relegado en el Credo Niceno-Constantinopolitano a un lugar que no le correspondía: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo”. Esto, que parece algo poco importante, es conocido como el Filioque, y es en realidad la principal causa de separación y división teológica entre las Iglesias Católica y Ortodoxa. No es algo sencillo de entender, por eso hemos recurrido a los ortodoxos griegos, al padre Teodoro Zisis, teólogo de la Universidad de Tesalónica para que lo explique:

       “La diferencia no solo está en los términos proceder y enviar, sino en el lugar en donde suceden la procesión y el envío. Así cuando los ortodoxos decimos que el Espíritu Santo procede del Padre, entendemos dentro de La Santísima Trinidad. La eterna procesión del Espíritu Santo. La procedencia; el principio del Espíritu Santo dentro de la Santísima Trinidad. Así pues, algunos no entienden que cuando decimos que el Espíritu Santo procede del Padre, nos referimos a la procesión intra-trinitaria del Espíritu Santo del Padre, a la procesión ontológica, existencial del Espíritu Santo; así como el Hijo nace del Padre, el Espíritu Santo procede del Él. Por esto el Espíritu Santo procede del Padre; es decir, nos referimos a la procedencia de las personas de la Santísima Trinidad. El Padre es ingénito, no tiene origen. El Hijo es nacido, nace del Padre. El Espíritu Santo es procedido, procede de Él. En algunos pasajes de las Santas Escrituras se habla del envío del Espíritu Santo, y algunos también dicen que procede del Hijo. En esos pasajes no se trata de la procesión en el interior de la Santísima Trinidad, sino del envío de la Gracia y de la energía del Espíritu Santo a la Iglesia. Es decir, algunos se confunden gravemente, cuando afirman que el Espíritu también procede del Hijo. Sin duda el Hijo participa en el envío, pero el Espíritu Santo solo procede del Padre”.

          Un milenio de desarrollo teológico a partir de esta diferencia de concepto, crean un abismo muy difícil de salvar. Quien quiere o afirma pretender unirse, debe conocer las diferencias, lo que separa, para poder iniciar ese camino. La verdadera diferencia y la verdadera unión, solo pueden producirse con la Iglesia Ortodoxa, que todas son independientes y autocéfalas. Ninguna prevalece sobre la otra.

       Hay otras diferencias más, pero la del Espíritu Santo condiciona todo el desarrollo teológico. ¿Cuál es el objetivo de relegar a un segundo escalón al Espíritu y poner al Hijo junto al Padre? Esta es la respuesta del padre Teodoro Zisis: “La diferencia les sirve de mucho, sobre todo para mantener la primacía del Papa. En la eclesiología papista, Pedro es el sucesor de Cristo y el Papa el sucesor de Pedro. La Escritura dice que Cristo envió al Espíritu Santo al mundo, no a Pedro. El sucesor del Espíritu Santo (paráclito) no es solo Pedro, sino todos los apóstoles, es decir, el Sínodo. Así pues, como querían fortalecer a Pedro quisieron darle más importancia a la persona del Hijo, disminuyendo la del Espíritu Santo y reforzando la institución Papal”.

    Como explicación es magnífica y hay que decir que la teología y liturgia ortodoxas, herederas de la bizantina, son muy atractivas y cautivadoras. Su fuerza descriptiva es inmensa.

    Dijo el Papa Francisco en mayo de 2005: “Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé. Pero hay alguien que ‘sabe’ que, pese a las diferencias, somos uno. El que nos unge con el martirio, sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le interesa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos, apostólicos”.  Una gran respuesta, pero sigue habiendo problemas muy serios para caminar en esa dirección.

     No solo es la cuestión del “Filioque”, es también el dogma de la “infalibilidad pontificia”, gravísimo error desde la visión ortodoxa, la comunión con pan ácimo y no entero, o las cuestiones de “la dormición”, que no “asunción” de la Panagia María Teótokos (La todasanta Madre de Dios), en la espléndida denominación única ortodoxa. Ellos no creen que Lourdes o Fátima sean apariciones de La Teótokos. Ante el exceso de apariciones Francisco I ha dicho que: “La Virgen no es un cartero, que trae mensajes todas las semanas”, en referencia a Medjugorje o Garabandal.

      Pero entre todos, destaca la sencillez del duhovnic Arsenie Papacioc: “Dios no se deja engañar. Tenemos un soberano viviente que es Cristo y está vivo. ¿Por qué necesitamos un vicario? Vivimos por la fe, no por la vista. ¡Qué la Madre de Dios nació sin pecado es un grave error!  ¿Por qué compararla con Dios y hacerla igual a Él?  Ella es la Madre de Dios, pero es su sierva y todas las naciones la llaman bienaventurada”.

     A estas dos últimas cuestiones ya ha renunciado Benedicto XVI, quien ha dicho que no se considera el Vicario de Cristo, solo el sucesor de Pedro. En cuanto a la Virgen, el Papa Benedicto XVI,  insiste en la necesidad de conocer y comprender que es una sola, llámese Guadalupe, Rocío, Fátima, Lourdes o como sea.

Jaculatorias del Espíritu Santo

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        Al principio creó Dios los cielos y las tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo; pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Génesis 1, 1-2. Y el Espíritu era Dios.

       Hace ya tiempo, casi todas las semanas, se leían en los periódicos jaculatorias y oraciones al Espíritu Santo. El espíritu es la energía que nos permite movernos. Si él muere o se adormece, todo se acaba. Es la llama que alumbra en el interior. Sin esa luz todo es tiniebla. “Yo os mostraré a quién debéis temer”, dice Lucas. Mateo precisa más: “temed más bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la gehenna”. Sin embargo todo eso ha desaparecido, pese a su alta importancia.

              “A quien dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. Cuando os conduzcan ante los magistrados y autoridades, no os preocupéis de cómo o qué habéis de responder o decir, porque el Espiritu Santo os enseñará en aquella hora lo que habéis de decir”, dice Lucas 12, 10-12

                                                     Jaculatorias

    1- Espíritu Santo, dulce huésped del alama, permaneced conmigo y haced que yo permanezca siempre con vos.

        2- Espíritu Santo, Dios, Tened compasión de nosotros.

        3- La gracia del Espíritu Santo ilumine nuestros sentidos y nuestros corazones.

        4- Venid, Espíritu Santo, llenad los corazones de vuestros fieles y encended en ellos el fuego de vuestro amor.

        Rezadas todos los días durante un mes, conceden indulgencias de 300, 500, 500 y 5 años.

La fe, entre Oriente y Occidente

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       En Viareggio (Italia) se celebra uno de los carnavales más lúdicos, críticos e imaginativos del mundo. A lo largo de un mes entero se recrea en papel maché cualquier acontecimiento político, religioso o cultural del Planeta. Este año ha sido objeto de la sátira el Papa Francisco I, al que todos llaman Bergoglio. No hay manera de contener la avalancha de páginas críticas, e incluso de disidencia manifiesta contra el “especial magisterio” del primer Papa sudamericano de la historia, al que representan con una hoz y martillo en vez de báculo, y rodeado de los demonios del comunismo: Lenin, Mao, Castro y Marx.

          La censura mundial impide conocer qué está ocurriendo en torno al papado de Francisco I, que ha sido excomulgado y declarado apóstata por el Patriarca Elías, cabeza del Patriarcado Católico Bizantino. El hecho ocurrió el 2 de agosto de 2013, festividad del profeta Elías. El anatema se fundamenta en la 1ª carta de Gálatas, versículos 8 y 9: “Pues mirad, incluso si nosotros mismos o un ángel bajado del cielo os anunciara una buena nueva distinta de la que os hemos anunciado”, ¡Fuera con él!

        Se podría decir que este patriarcado es pequeño y poco extenso, pero uno de los más afamados metropolitanos (obispos) de la Iglesia Ortodoxa Griega, Metropólita Serafín del Pireo, emitió en abril de 2012 un durísimo anatema (excomunión) contra el “ecumenismo” o unión de las iglesias, predicado y pretendido desde la herética Roma, a la que condena en todas su formas, empezando por el primer Papa, al que se refiere como Pedro el cobarde y a todos los que siguieron al “lobo Pedro”, les otorga su anatema. El Metropólita Serafín declara excomulgados a los que promuevan “la panherejía del ecumenismo y del sincretismo religioso”, al protestantismo y todas sus versiones, a los herejes Lutero y Calvino, y al que considera responsable de esta deriva ecuménica, el heresiarca Benedicto XVI; al que también excomulga el Patriarca Elías, por su insensata beatificación de Juan Pablo II.

       Tanto el Patriarcado Católico Bizantino, como la Iglesia Ortodoxa de Grecia, ofrecen la posibilidad de apostatar de lo que ellos consideran como desviación romana, y cargan contra el ecumenismo sin ningún tipo de contemplaciones. Sin embargo, el que explica mejor en qué se sustentan esas diferencias es el ya fallecido Padre Arsenie Papacioc, considerado como un padre Espiritual de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía.

         Arsenie Papacioc sigue sosteniendo que a la Iglesia de Roma le sigue sobrando soberbia, y que su pretensión es seguir prevaleciendo sobre las demás, cuando en origen, todas eran iguales. Los concilios eran ecuménicos desde el primero, celebrado en Nicea en 325, hasta el V de Constantinopla, celebrado entre 1341 y 1351. Desde entonces está vigente la división y la fractura, por lo que no tiene sentido ese pretendido “ecumenismo”, que tantos problemas le está causando a Francisco I y anteriormente a Benedicto XVI, según el duhovnic Arnesie Papacioc. Las diferencias doctrinales y litúrgicas son profundas y cimentadas desde hace mil años. ¿Qué es lo que quieres reconciliar ahora, lo haces desde la humildad o desde la arrogancia?, preguntaba el padre Arsenie.

                                Francisco I y el mundo católico

         Pudiera pensarse que todos esto que hemos mencionado procede de iglesias minoritarias o incluso pequeñas en comparación con Roma, pero al menos los ortodoxos fundamentan y sostienen sus afirmaciones, por muy exageradas que puedan parecer. Sin embargo, los problemas del Papa Francisco no vienen de Oriente, sino de su propia y santa iglesia, la católica romana.

          El  lunes 13 de marzo, los obispos españoles celebran su 109º Asamblea Plenaria para elegir al nuevo representante de la Conferencia Episcopal Española y que contará con 80 electores, aunque más de 150 presentes. Salvo sorpresas, Ricardo Blázquez, nombrado recientemente como cardenal, repetirá en el cargo. Los problemas están en Roma. En España el cardenal Sistach de Barcelona también ha defendido Amoris Laetitia (la exhortación de la discordia) y su aplicación. Otro claro defensor del Papa es Carlos Osoro, Cardenal arzobispo de Madrid. En la iglesia actual hay un silencio extendido, porque algunas de las afirmaciones de Francisco I se sitúan casi al límite del abismo doctrinal.

             Benedicto XVI, futuro santo y Padre de la Iglesia, pese a las excomuniones, intentó una aproximación al sector más tradicional de la Iglesia: “Siempre he dicho y sigo diciendo que es importante que cuanto en la Iglesia antes era lo más sagrado para las personas, no se convierta de repente en algo prohibido. Es importante que La Iglesia esté en armonía consigo misma, que no se considere erróneo lo que antes era sagrado. El rito debe evolucionar constantemente, pero la esencia permanecer”.

           El mismo lunes 13 de marzo, se permitirá también un rito litúrgico anglicano en la Basílica de San Pedro, dentro de una misa católica, lo que significa un avance ecuménico para algunos, y piedra de escándalo para los tradicionalistas. Un estancamiento en la liturgia y doctrina preconciliar, como la de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X, promovida por el obispo cismático, o un avance rápido hacia terrenos desconocidos, pueden llevar a la Iglesia a un cisma claro y abierto. Es insólito que existan dos Papas y no haya cisma. Podría darse hasta una renuncia de Francisco I si la presión aumenta, y coexistir tres Papas a la vez. En estos tiempos puede verse cualquier cosa.