Santo Domingo de Guzmán, Málaga

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                           Parroquia pobre, cofradías ricas

          Esta es la impresión que se tiene al visitar la parroquia de Sto. Domingo de Guzmán en Málaga, antiguo convento de los dominicos. Sin embargo hay algo que sobrecoge en esa nave grande y carente de ornamentos. Comparada con otras iglesias de Málaga la sensación de vacío es muy grande. Málaga es muy barroca y llena sus iglesias con profusión. Sin embargo hay que recordar algo, y es el pavoroso incendio al que fueron sometidas la práctica totalidad de las iglesias y conventos de Málaga en las trágicas jornadas del 11 y 12 de mayo de 1931. Ardieron los edificios, los exornos, las imágenes, y cualquier clase de ornamentos y arte sagrado. No quedó nada de valor. Todo lo existente en la actualidad es posterior a 1940.

          La parroquia de Sto. Domingo fue erigida como tal en 1841,  y se  encuentra enclavada en lo que fue el popular y humilde  barrio del Perchel, del que ya apenas queda nada. Hoy es una zona lujosa de la capital malacitana junto al río Guadalmedina. Su historia arranca con la reconquista de Málaga en 1487. Allí se instalaron los dominicos en 1493 y la primitiva iglesia se retrotrae hasta 1515, con sus sucesivas ampliaciones y nuevas capillas. Algunas de las más potentes y esplendorosas cofradías de Málaga se encuentran allí radicadas, como Paso y Esperanza, Soledad, Cabrillas o Rescate. Sin embargo hay un nombre que atravesó el mundo religioso español en su momento y que hoy sigue siendo emblemático, y es el de Mena y su prodigioso y primoroso crucificado, desparecido entre las llamas que asolaron la parroquia el 12 de mayo de 1931. El actual es una esplendida talla de Francisco Palma Burgos, la última persona que vio e intentó rescatar al crucificado del imaginero Pedro de Mena. En ese año tenía el nombre de san Carlos y Santo Domingo.

             Todo está reconstituido, aunque todavía quedan algunos vestigios al descubierto de los primitivos suelos, muros, altares y columnas. No es mucho, pero se mantiene el vínculo con el primitivo e histórico templo. Hay una capilla exterior, la de la virgen de los Dolores y otra capilla igualmente atractivas, pero es imposible resistirse al sordo rumor de la capilla del Cristo de Mena o de Palma Burgos. Hay algo que te dirige hacia ella, incluso desde el exterior del templo. La posición del actual crucificado es casi idéntica a la del desaparecido, pero la placidez que representaba la talla de Mena ya no está. La talla de Palma Burgos refleja el dolor del artista por el trágico final de aquella a la que tuvo que sustituir. Las hechuras y contornos evocan a la efigie de Mena, pero no pueden evitar reflejar el sufrimiento interior del artista, que vio desvanecerse en el fuego al crucificado al que dedicó parte de su vida cofrade. El fuego que consumió la imagen de Mena retuerce casi imperceptiblemente, el rostro y la figura de la talla de Palma Burgos. Sin embargo,  el conjunto conserva y evoca el espíritu de la desaparecida. Sin aclarar más, Palma Burgos dijo que el crucificado de Mena está en esta talla. ¿Qué quiso decir con esa enigmática frase?. 

        Alojada en lo más profundo de su capilla, alejada del público por las rejas, transmite una sensación apacible, distinta de la del bullicio y esplendor procesional de la Semana Santa. Allí pasa 50 semanas al año. Personalmente me gusta más así, alejada de todo aquello que convirtió a la efigie de Mena en objeto de una atención excesiva, y de una ira infinita.

    Nota: La quema de conventos en Málaga, José Jiménez Guerrero. Edit. Arguval, 2006

Las últimas luces de San Nicolás

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        Las Hijas de la Caridad se fueron de Melilla y del Centro Asistencial el 27 de noviembre de 2011. el obispo emérito de Málaga y capellán del centro, Ramón Buxarrais,  partió de la ciudad el pasado 22 de septiembre de 2017. No hay coincidencias en las fechas ni en las causas.

          Desde su llegada al Centro Asistencial en 1991, monseñor Buxarrais recuperó la tradición de las visitas de San Nicolás, que deben realizarse al menos 3 lunes de cada mes, descansando uno. Yo conocí ese lugar en 2007 y lo he visto transformarse y cambiar, siempre en torno al vínculo de San Nicolás primero, y del obispo Buxarrais después. Al principio y hasta su marcha de Melilla, fueron las monjas de La Caridad las que se encargaban de abrir la capilla, y de recoger los cientos de velas que las personas que la visitaban dejaban en el suelo, debajo de sus imágenes preferidas o a las que tenían mayor devoción. Nada hay comparable al calor que proporcionan las velas y al olor de la cera caliente.  La rehabilitación del templo en 2012 acabó con las velas de cera, que fueron sustituidas por los lampararios eléctricos. El ambiente se tornó más frío, pero continuó la tradición, mantenida ya en solitario por el obispo Buxarrais y algunos de sus colaboradores. Esos 5 años (2011-2016) fueron años duros y solitarios. Con la eliminación de los cirios y velones, fueron abandonando la capilla muchas personas que la visitaban cada lunes.

           Hay cosas que desaparecen de golpe, y otras que lo hacen poco a poco. en este caso y en este lugar se han combinado ambas. En primer lugar la brusca desaparición de las Hijas de la Caridad, y finalmente la marcha definitiva, por enfermedad de monseñor Buxarrais. Por primera vez en décadas, el Belén ya no se ha instalado en la capilla, ya no ha sido necesario cubrir con las cortinas  “el milagroso” Cristo del lado de la epístola. Fue el propio padre Buxarrais el que me advirtió de la condición milagrosa e intercesora de la imagen.

         En 2016 se produjo allí un hecho curioso, y es que el lunes de San Nicolás coincidió con el 29 de febrero, algo que solo volverá a suceder dentro de 28 años. No podemos saber qué ocurrirá con ese lugar dentro de ese tiempo. A lo largo de estos diez años hemos sido testigos de muchos sucesos,  de los cuales hemos compartido gran parte. Todo esto será solo historia muda dentro de poco. Nos vamos a asegurar de que los santos tenga sus luces encendidas a lo lago de todas las navidades. Luego ya no sabremos qué pasará. Probablemente las imágenes se quedarán solas, como tantas otras, como en otros muchos lugares. Es el signo de los tiempos. Hoy compartiremos una imagen inédita, la de monseñor Buxarrais cerrando la capilla, como cada lunes, ya entrada la noche de un día de invierno de 2015.

 

La causa de las santas

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                       Sor Bárbara de Santo Domingo  y Sor Patrocinio

       En su doble sentido, toda santa tiene su causa, y toda causa necesita quien la defienda. Sor Bárbara de Santo Domingo nació en el campanario de La Giralda un 7 de febrero de 1842. Era la hija del 2º campanero del espectacular alminar almohade incorporado a la Catedral de Sevilla. Su vida fue muy corta, pues falleció el 18 de noviembre de 1872.  Bárbara Jurado Antúnez dio claras muestras de sus inclinaciones religiosas desde muy pequeña.

        Sor Patrocinio nació en la Venta del Pinar el 27 de abril de 1811, en plena invasión francesa y murió casi cerrando el siglo, el 27 de enero de 1891. Sor Bárbara está vinculada al convento de las Madres Dominicas de Sevilla y Sor Patrocinio al de las Concepcionistas Franciscanas de Guadalajara. La primera de las madres o sores dejó una intensa aportación espiritual y mística, plasmada en relatos escritos y visiones. Su recuerdo sigue vivo y cuenta con un grupo de feligresas y feligreses sevillanos que defienden su causa de beatificación, y que luchan contra el feroz zarpazo del olvido y contra el espeso muro del tiempo.

       El caso de Sor Patrocinio o Mª de los Dolores Quiroga y Capopardo es distinto, porque vivió en uno de los siglos más violentos de la historia de España, y numerosos testimonios y referencias han dejado testimonios de ella. En su larga vida sufrió todo tipo de persecuciones y acosos, y no cabe duda alguna de que vivió sus virtudes religiosas de modo heroico, una de las condiciones necesarias para que la Congregación para la Causa de los Santos estime su causa, y la declare venerable.

         Las turbulencias de “los espadones militares” contra la Reina Isabel II alcanzaron a la ciudad de Sevilla y a Sor Bárbara en 1854, en lo que se denominó como la Vicalvarada. Un grupo de exaltados penetró en la catedral de Sevilla dispuestos a cometer sacrilegios y también en la torre de La Giralda, en donde llegaron a encañonar a la pequeña Bárbara. Al parecer las campanas de la torre almohade sonaron solas, alertando a la ciudad y provocando la huida de los exaltados.

        En lo que respecta a Sor Patrocinio es ya reconocido que fue objeto de la inquina del general Narváez, uno de los principales espadones de la España del siglo XIX, el de las guerra de Marruecos. La Reina Isabel II y Sevilla, en donde residía el principal enemigo de la Reina, su cuñado el duque de Montpensier, casado con su hermana Luisa Fernanda, es el nexo de unión entre ambas religiosas, entre ambas mujeres.

        En las fotografías, estampas y reliquias que se conservan de ambas, destacan la arrebatadora mirada mística de sor Bárbara y la intensa profundidad de la de Sor Patrocinio. Ambas causas luchan contra el injusto olvido y ambas tienen quién las defienda. Sin embargo, a veces las fuerzas de las tinieblas luchan especialmente para apagar ciertas llamas, aunque estas sean débiles.

 

 

 

Las imágenes en su mundo

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                     Por débil y tenue que sea, la conexión debe mantenerse. Una vez que el ser humano descubrió el fuego, el trabajo más difícil y casi taumatúrgico era mantenerlo, pues entonces no se sabia producir. Mantener las velas encendidas, aun cuando ya no haya nadie allí. ¿Qué ocurre con los santos y sus imágenes cuando ya nadie los visita, cuando ya nadie les solicita favores o intervenciones?. Si se deja de vigilar el fuego, la sintonía desaparece. Mantener el lugar y su taumaturgia aunque sea para unos pocos debe ser un objetivo. La lámpara, aunque sea pequeña y su luz débil, debe estar siempre encendida. Cuando el templo se cierra y las imágenes queda en soledad, no podemos saber lo que pasa. ¿Flotan en el ambiente las peticiones, las oraciones, los favores solicitados, o desaparecen de modo irremediable?.  Quizá no podamos evitar nada de eso. Las imágenes viven en su mundo, el del templo, ajenas al paso del tiempo y de las personas, ya sean muchas o pocas.

      El catedrático Fernando R. de la Flor lo describe perfectamente en De Cristo, dos fantasías iconológicas (Abada editores): “Lo cierto es que estas representaciones han perdido la intensa fascinación que provocaban, y, en todo caso, ya no reciben una atención que no sea propiamente sacrílega y rebajadora del ideal al que dan forma.

      Y pese a ello ahí están todavía; como si fuesen capaces de dar testimonio, mostrándose en ese su antiguo aspecto y forma de emergencia, a pesar de los despojos y menoscabos que han sufrido en lo que, en rigor, es ya, a todos los efectos, su posthistoria”.

    Hay un momento en que ya no se puede ir más allá, y la puerta que un día fue de entrada a un mundo lleno, hoy puede serlo hacia un mundo vacío, aunque se trate del mismo lugar; o incluso mostrar la salida.

En la marcha de monseñor Buxarrais

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                               Monseñor Buxarrais culmina su etapa en Melilla

            De ninguna historia puede decirse que el final esté escrito, pero la larga etapa de monseñor Ramón Buxarrais Ventura en Melilla (1991-2017) parece haber llegado a su fin este 22 de septiembre, día de san Emérito. Han pasado 26 largos años desde su llegada a la ciudad, superando los 20 años que ejerció como obispo en Málaga (1971-1991). De no haber sido por su inesperada dimisión, en unos tiempos en los que eso era impensable, lo más probable es que hubiese alcanzado la púrpura cardenalicia. Él quiso dejarlo todo y venir a Melilla con los pobres, con los necesitados. Era una ciudad que conocía bien, pues la había visitado frecuentemente en sus visitas pastorales como obispo de la Diócesis.

          No podemos saber lo que pasa por la cabeza de una persona, ni qué la lleva a tomar una decisión tan irrevocable, y sobre todo tan firme. Desde el primer momento afirmó: “vengo a Melilla para quedarme”, y su intención era morir y ser enterrado en la ciudad.  Aquí podemos ver claramente que los planes personales son los que son, pero los de Dios pueden ser distintos y tener otros tiempos y momentos. El infarto agudo de miocardio que sufrió el día 13 de septiembre, a sus 87 años, pusieron a monseñor Buxarrais en una situación crítica de salud.  Tan solo 10 días después del accidente vascular, el padre Ramón Buxarrais ha abandonado la ciudad en la que decidió residir hasta su postrer día, camino de Málaga, en donde tomará el descanso que aquí se había negado a sí mismo.

          El Centro Asistencial de Melilla ha cambiando mucho desde su llegada hace casi tres décadas, mucho más todavía desde que la Hijas de la Caridad lo abandonaron en 2011. Ya no era la “isla de fe” que el había imaginado, y que también contribuyó a consolidar y dar forma. Aunque ahora repose y se reponga en Málaga, en la residencia del Buen Samaritano, de alguna manera queda aquí para siempre. Esa parte de lo que afirmó se ha cumplido. En la ciudad queda la memoria y parte de su legado.

                                   El hombre que quiso evitar la soledad

                En sus muchos libros y publicaciones ofrece abundantes claves y datos personales, eso sí, muy repartidos. Cuando fue nombrado obispo de Málaga es abandonar el Palacio Episcopal y trasladarse a una residencia de monja, esquema que repitió en Melilla. No quería estar solo, pero siempre la soledad le acababa alcanzando, pese a sus muchos contactos y amistades. Eso es lo que ha ocurrido en el Centro Asistencial. Al abandonar las monjas el Centro en noviembre de 2011, ideó la misa diaria de las 10 de la mañana, para sentirse más acompañado. Me acuerdo cuando me abordó en el jardín de la capilla y me comunicó su decisión. Durante muchos días, semanas, meses y años le acompañé en algunas de esas misas (dos veces por semana) a las que apenas acudían cuatro o cinco internas residentes. En ocasiones solo una mujer atravesaba el patio para acudir al oficio religioso. La misa de los domingos era distinta y se nutría de los vecinos del barrio. A ese pequeño grupo le llamábamos “la comunidad del padre Buxarrais”.  En los dos últimos años se consolidó una asistencia estable diaria de entre 10 y 20 personas. Todo cambió mucho a lo largo de estos 7 años. Al principio solo había mujeres, y en la última etapa era una mayoría de hombres, sobre todo a partir de 2015.

       Su actividad no se limitaba solo al oficio de la misa, sino que también acudía a procesiones, a otros actos litúrgicos, o sustituía a otros sacerdotes en otras parroquias de la ciudad, como la Castrense o la Arciprestal, a la que acudía un jueves de cada mes, para adorar al Santísimo. Sin embargo, su acción más emblemática era la fundación de una escuela de niñas en Cabo de Agua (Marruecos), a través de la Ong INSONA (Iniciativa Solidaria de Nador), en la que le ayudada una mecenas, cuyo nombre nunca desveló. Mucha actividad para una persona de su edad.

                                  Los últimos meses en Melilla

        Nunca faltó a su misa, salvo en sus dos breves periodos vacacionales en los que siempre se trasladaba a Barcelona. En los últimos meses se le veía muy cansado, casi sufriendo, y se evidenció cierto deterioro físico. Todas las mañanas, de modo invariable, meditaba en soledad antes de iniciar la misa. Algunas veces casi se hundía en la meditación. En ocasiones perdía el hilo litúrgico, pero daba igual porque se encontraba en familia. Había trabado una solidad y sincera amistad con el Vicario Episcopal Roberto Rojo Aguado, con el que desayunaba cada mañana. Deja en la ciudad un rastro imborrable. Solo cabe esperar que en el próximo tiempo se recupere bien y lo pase en paz y compañía. Siempre con sus célebres frases, siempre acompañado de su fiel Afou, inmigrante llegado a Melilla en 1992 desde Senegal, y que era su ayudante.

 

La Cámara Santa de Oviedo

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            La catedral de San Salvador en Oviedo fue inmortalizada por Leopoldo Alas Clarín en La Regenta. Esto es conocido por casi todos. También es muy conocida la Cruz de la Victoria, que portara don Pelayo en la célebre batalla de Covadonga, y que es el símbolo de Asturias. Menos conocidos y vistos son los tesoros y reliquias que alberga la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador, porque este es su nombre. En un principio, lo que llamamos la España cristiana, era solo el espacio comprendido entre Cangas de Onís y Oviedo, y que el empeño del rey Alfonso II el casto, logró extender hasta Santiago, pero eso fue más de un siglo después de la invasión musulmana de la península. Durante más de cien años, lo que hoy es mundialmente conocido como Camino de Santiago acababa en Oviedo, frente a la imponente imagen de Jesucristo, El Salvador. Hoy se intenta recuperar ese itinerario y toda esa historia como “el camino original”, el de San Salvador de Oviedo.

      El turismo religioso y el histórico se dan la mano en la bella catedral de Oviedo, en el inigualable claustro de varios estilos arquitectónicos, en la capilla original bajo el suelo de la catedral, en la Cámara Santa, en el antiquísimo cementerio que puede ser considerado como el primer cementerio cristiano de la península. Todo en es Oviedo es la letra alfa, el origen de una historia que se desarrolló y compuso a lo largo de muchos siglos.

       A lo largo del tiempo, a Oviedo fueron llegando reliquias de otras iglesias cristianas del Sur, o de desconocidas procedencias. De la Diócesis de Mérida llegó el arca de los restos de Santa Eulalia, que no deben ser confundidos con los de Santa Eulalia de Barcelona, que también se conservan en su catedral. Se desconoce la procedencia del Santo Sudario de Oviedo, reliquia que no siempre está expuesta al público, y que pudimos conocer gracias a los guías de Peregrinando Oviedo, que muestran y dan a conocer los lugares más emblemáticos de la capital Astur.

          El turismo de reliquias cristianas es muy interesante, y poco conocido y divulgado, salvo las más emblemáticas y representativas. La Cruz de la Victoria y la de los Ángeles son dos magníficas joyas de orfebrería, además del simbolismo que llevan consigo. Muy bella es también el Arca Santa y particularmente extraño el Sudario de Oviedo, datado en el siglo I, y que al parecer, estuvo en contacto con la Sábana Santa de Turín. La Cámara Santa de Oviedo. También es muy vistosa la tinaja de las bodas de Caná, que se muestra en la nave de la catedral.

          La presencia ante la imagen del Salvador en la catedral de Oviedo, ofrece indulgencias plenarias a lo largo de todo el año y todos los años, y no solo en años Jubilares como en Santiago de Compostela. Es un dato a tener en cuenta y a destacar.

       Nota:http://www.peregrinandoviedo.com/

En la gruta de Lourdes

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                    El Vicario de Melilla peregrina hasta Lourdes

     El pasado 5 de julio el Vicario episcopal de Melilla Roberto Rojo cumplió 65 años. En principio estaba destinado a ser uno más en la larga cadena iniciada por Sebastián Carrasco en 1939. Sin embargo y tal como está previsto en los Evangelios, Dios Padre escoge a los suyos entre los muchos que le siguen y son le son fieles. Los últimos serán los primeros y al que se humilla será enaltecido. Dios crea Justicia, dijo el Papa Benedicto XVI, y con el Vicario melillense Roberto Rojo la ha hecho.
La Iglesia vive un tiempo feroz entre el catolicismo tradicionalista y las reformas modernizadoras del Papa Francisco. Para sobrevivir hay que adaptarse a algunas de las exigencias de los nuevos tiempos, siempre presentes, sin perder la identidad. El siglo XXI exige respuestas que no pueden darse con arreglo a normas y costumbres del siglo XI. La Fe es la misma pero se ha renovado, y lo mismo ocurre con las devociones y prácticas religiosas. Ya nada es lo mismo que en el pasado. Lo único que no pueden cambiarse son los dogmas principales.
El Vicario Roberto Rojo se ha renovado a lo largo de los seis años que ya lleva en la ciudad, sin dejar de ser él mismo, y cuenta cada vez más, con una creciente corriente de apoyo. Son muchos los feligreses que le buscan para recibir su orientación, guía y amparo. “Por sus hechos le conoceréis”, afirma también el Evangelio, y esos mismos hechos le confieren la imagen de “un buen pastor”, sin estridencias, sin efectismos, con defectos y errores, con aciertos y virtudes, pero en definitiva cumple con todas las normas canónicas exigidas a un pastor de la Iglesia.
En los últimos días del mes de junio una familia melillense le buscó para realizar una peregrinación a la gruta de Lourdes. Habían realizado una promesa en la que su parte principal la constituía la visita a uno de los más importantes santuarios de apariciones Marianas junto con Fátima. Querían ir acompañados por la guía espiritual del Vicario y contaron con ella.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, María, la Teotokos (madre de Dios), llevó a cabo sus dos más importantes apariciones, con mensajes y advertencias emitidos por ella misma. No se habían producido con anterioridad y no han vuelto a producirse después. Medjugorje, Garabandal y El Escorial parecen excesos de fe de los propios videntes, y una incontinencia reveladora que no parece propia de la PanAgia (Todasanta). Un análisis sucinto de los evangelios ofrece la imagen de una mujer que habla e interviene pocas veces, y con mensajes claros y cortos.
“La vivencia de Lourdes, dice el Vicario Roberto Rojo, es que siempre te llenas de esperanza, ya que es un sitio donde te encuentras a gente sencilla colaborando en algo para hacer agradable la visita a otros enfermos. No solo es un encuentro con Cristo en los Sacramentos, sino también en el ambiente. El mayor milagro de Lourdes es ver a otros cristianos dispuestos a hacer la vida agradable a cualquier otra persona que allí acude.
Esa es la alegría de la familia cristiana, por eso Cristo dijo que mi familia son todos, no solo los parientes. Lo más bonito es la sencillez con la que se va a ese lugar, y el encuentro con la fe y el evangelio”.

Indulgencias de san Juan

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                Se trata del único santo del que se celebra su nacimiento. Todo en él es extraño., primo carnal de Cristo, venerado en muchos lugares. Es el anunciador. Sus formas son siempre abruptas. Se encontraba frente a la ira de Herodes, al que condenaba sin descanso. Sus frases siempre resultan lacónicas y parece tener cierta impaciencia. Le seguían muchos.

                Así recibe el Bautista a Jesús en el Jordán: “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿ y tú acudes a mí?. A lo que le responde Jesús: “Déjalo ahora, conviene que así cumplamos toda justicia” . Evangelio de Mateo

 

La victoria de un extraño profeta

               A los fieles que rezan devotamente algunas preces en honor de San Juan Bautista, con el propósito de repetir el mismo piadoso obsequio durante nueve días consecutivos se les concede: Indulgencias de cinco años, una vez, cualquiera de los días.

                                                     Oración

            Oh, glorioso san Juan Bautista, el más grande entre los nacidos de mujer, vos, aunque santificado en el seno de vuestra madre, y de vida inocentísima, quisisteis todavía retiraros al desierto para practicar allí la austeridad y la penitencia. ¡Ah!, alcanzadnos la gracia de que, desasidos, a lo menos con el corazón, de todos los bienes terrenos practiquemos la cristiana mortificación, con el recogimiento interior y con el espíritu de santa oración. Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

Los fieles en la Iglesia de Cristo

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            La constitución de la Iglesia es el Código de Derecho Canónico, y es por tanto una obligación canónica: “el que en cada parroquia exista un consejo de asuntos económicos (CDC 537), regido por las normas que haya establecido el obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según estas normas, prestan su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia”.

     La aplicación de este artículo, promovido por el Concilio Vaticano II, que recomienda la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, hubiese impedido o al menos limitado la tormenta iconoclasta que devastó las iglesias de la ciudad durante el periodo comprendido entre 1974 y 1989, y que conocemos como “iconoclastia”.

     El artículo 536 del CDC prevé otro instrumento más de participación de los laicos en la vida parroquial y eclesial, que es el consejo pastoral, previsto en principio para las Diócesis, pero que mediante una petición fundamentada al Ordinario del lugar, el obispo en este caso, puede autorizar la creación del citado consejo. Llegados aquí debemos puntualizar que el primero es obligatorio, y el segundo potestativo, pero que ambos son instrumentos de ayuda al párroco, y su carácter es solo consultivo, pues siempre es el titular de la parroquia al que le corresponde decidir y actuar.

     Sin embargo, no es lo mismo decidir asesorado, por fieles que conocen la vida e historia de su territorio, que tomar una decisión en soledad sin ninguna referencia orientativa. Los sacerdotes, los párrocos, no deben temer la existencia de estos consejos, entre otras cosas porque son ellos mismos quienes nombran sus componentes, que pueden ser ratificados o no por el siguiente titular de la parroquia.

    Estos órganos asesores sirven de enlace y orientación entre un párroco y el que le sustituye, por lo que se evitaría la sensación de “vuelta a empezar” tras la renovación en la parroquia o en el arciprestazgo de la ciudad. También evitaría la sensación de “terreno desconocido” que siente un sacerdote al llegar a un nuevo territorio bajo su administración apostólica, sin nada que le oriente. Así mismo se evitarían la formación de camarillas clericales, o a que participación de los laicos quede reducida a las agrupaciones religiosas o cofradías, y esto sucede solo una semana al año.

   La sensación de soledad del sacerdote, del párroco, del arcipreste quedaría eliminada, tanto en los aciertos como en los errores, y se evitarían situaciones de acoso al titular de una parroquia, a un arcipreste, o a fieles concretos. Mejoraría la comunicación entre la Iglesia como institución, y los laicos y fieles como comunidad, que no puede existir luna sin la otra. Nunca hay que olvidar que la serpiente permanece siempre enroscada en el árbol, buscando siempre su momento.

    El consejo pastoral está integrado tanto por sacerdotes como por laicos, mientras que el económico lo forman solo laicos. El CDC es muy claro en cuanto al perfil de los integrantes de los consejos parroquiales, artículos 512 y sucesivos: “fieles que estén en plena comunión con la Iglesia Católica, que destaquen por una fe segura, buenas costumbres y prudencia”, para el caso del consejo pastoral, y con conocimientos económicos en materia de administración de bienes eclesiásticos, para el caso del consejo económico parroquial.

                       La oportunidad del Vicario Roberto Rojo

      El Vicario episcopal tiene mucha gente que le apoya, y que podrían ser muchos más, incluidos los sacerdotes del arciprestazgo, si se decidiese por crear estos órganos consultivos de gobierno, y que ya resultan necesarios. Estamos en la época de la revolución de las comunicaciones, en las que cualquier noticia llega al punto más lejano en un solo instante. Es también un vicario muy apoyado por el obispo diocesano, por lo que podría poner en marcha estos consejos, y sería un legado que dejaría a la iglesia del futuro próximo.

      Según los documentos conciliares: “compete a los laicos las tareas y el dinamismo seculares, acometiendo nuevas iniciativas y llevándolas a buen término, …pero no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es esta su misión”. Y para que nadie, en su altivez y orgullo se sienta por encima de otro o de otros, la iglesia es una comunidad, el documento conciliar advierte: “Entiendan todos que en tales casos a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia”.

      El lobo, al igual que la serpiente, acechará siempre, por tanto, es obligación del pastor guarecer a su rebaño, en el presente y en el futuro. Hay instrumentos y hay que ponerlos en práctica.

La Hermandad de la Divina Pastora

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                     Primer centenario de la celebración del culto en Melilla 

          En una fecha indeterminada, pero comprendida entre 1914 y 1919, la imagen de la Divina Pastora, culto que tiene su origen entre los frailes capuchinos, llegó a la ciudad de Melilla. Al parecer su primera localización se produce en la capilla de las religiosas del Buen Consejo, ya presentes en Melilla. El primer Triduo o celebración litúrgica de tres días, se produjo en el mes de junio de 1917, por lo que no sería arriesgado afirmar que esa podría ser la llegada de la primera imagen a la ciudad. Esto quiere decir, que este año su cumple el primer centenario de su conmemoración litúrgica.

          En la procesión de este año se producía otra novedad, y es que se trata del primer desfile procesional tras su refundación como hermandad, en lo que puede considerarse como su segunda época. Según el historiador religioso José Luis Blasco, la primera hermandad se constituyó en la Iglesia de La Purísima en 1921, y desapareció como tal en el periodo conocido como “iconoclastia” (1974-1989). Pasados esos años, la procesión fue reflotada y mantenida por José Ruiz Vacca, pero como asociación, pero sin rango de hermandad. En esa etapa, la procesión se llevaba a cabo en el mes de junio, siempre en el domingo siguiente al Corpus. Desde el año 2007, y tras el fallecimiento del que fuera su anterior Hermano Mayor, la tradicional procesión de la Divina Pastora por las calles de Melilla La Vieja se ha adelantado al mes de mayo. Es la única procesión que se ha mantenido en la calles de la ciudad antigua de Melilla.

           La imagen primitiva u original es de gran peso, 450 kgs y ya no es procesionada, por lo que se encargó otra de menor tamaño y más ligera, que es portada en trono y transportada solo por mujeres. La imagen de la procesión en la calle de San Miguel, la más antigua de Melilla, resulta incomparable con la luz del atardecer.                                   

                                                       El buen Pastor

       La figura del Buen Pastor surge con fuerza en el evangelio de Juan: “Pero quien entra  por la puerta, es pastor de las ovejas. A este le abre el portero y las ovejas escuchan su voz; llama a las ovejas propias por su nombre y las saca fuera….El asalariado, el que no es pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa…..Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco. A estas es preciso que yo también las guíe, y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor”. Juan 10, 1-16

       Como advocación y culto, el de la Divina Pastora de las almas, surge a finales del siglo XVII en Sevilla, de la mano de Fray Isidoro, que beberá el culto de otras fuentes, como el dominico fray Pedro de Santa María, y fray Pablo de Cádiz. De la católica y siempre excesiva Sevilla, saltará a la también católica pero más templada Málaga. La primera procesión de la Divina Pastora se celebró en Sevilla en 1703*.