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Cantoria, congregación de la divina infantita, divina infantita en melilla, México, monseñor Satué Huerto



El obispo José Antonio Satué, oficia una ceremonia de conmemoración litúrgica
A día de hoy, en el momento de esta escritura, nadie sabe en qué fecha o instante, llegó el primer representante de la nueva advocación mariana, netamente mexicana y original, a la ciudad de Melilla. Los propios diarios manuscritos de la Residencia en Melilla, hablan de año 1921, pero sin concretar más. Se sabe que fue su hermano Francisco, el que realizó la primera visita a la ciudad de Melilla, por indicaciones de Federico Salvador Ramón, cofundador junto con la madre creadora María del Rosario Arrevillaga, de tan novedoso culto. Su periplo personal extendió su línea desde la localidad almeriense de Cantoria, hasta la mismísima capital de la República de México. Allí conoció a la madre fundadora, el culto de la Divina Infantita, y a la alta jerarquía eclesiástica de mexicana.
De allí trajeron hasta España, con los permisos correspondientes y las también las habituales resistencias de Roma, un inédito culto a la Virgen María, en su tiempo de niñez. Este culto se extendió por el sur de España, en las localidades de Dalías, Instinción, Cantoria, Granada, Guadix, Cádiz, Madrid, y El Ejido, en la que es patrona de la ciudad. También llegó a las ciudad norteafricanas de Nador, Asilah y Alhucemas, con Melilla como núcleo irradiador. Aunque no haya claridad o precisión con respecto a la fecha de llegada, se establece la de 1921 como consensuada. Es el año en el que Melilla se dio a conocer al mundo, con la celebérrima catástrofe de Annual. Nunca hasta esa fecha, España había perdido un ejército de manera completa.
En 1996, con ocasión del 75º aniversario, el obispo Ramón Buxarrais, ya retirado en Melilla, escribió un pequeño cuaderno conmemorativo sobre las principales efemérides de la Congregación de Esclavas de la Inmaculada Niña, en nuestra ciudad. Está escrito en modo «verso libre», y su interés radica en la personalidad del autor. Treinta años después, será otro obispo de Málaga, José Antonio Satué Huerto, el que conmemore, con una misa de acción de gracias, el 105 aniversario de presencia en nuestra ciudad. La llegada a España de las primeras representantes de la Congregación se produce el 18 de mayo de 1908, a solo un año del suceso del Barranco del Lobo. Muchos aspectos de la historia de esta singular devoción son todavía desconocidos, bien porque no se ha indagado lo suficiente, o porque no se sabe en dónde mirar. Por el camino trillado y común, pasan todos.
El pasado 27 de mayo acudimos, previo soplo, a la misa de acción de gracias en la capilla de la Residencia de la Divina Infantita, a la ceremonia concelebrada por Monseñor Satué, y el todavía vicario melillense Eduardo Resa, que sería relevado al cabo de un mes, sin que sean circunstancias ligadas. Se trata de un hecho más del azar, siempre caprichoso. En la residencia de Melilla se custodia una imagen de la Inmaculada niña, que estuvo en la localidad de Villa Sanjurjo. La de la capilla es la imagen melillense.









































