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Roma tiene muchas cosas atractivas y una de ellas son sus iglesias, ricas en arte, en historia, en leyendas, pese a los saqueos sufridos por la ciudad a lo largo del tiempo. El más metódico y extenso fue el realizado por los Vándalos de Genserico en 455, que se apropió del tesoro imperial de Roma.

Santa María en Vallicella se erige sobre las anteriores existentes. Fue fundada por San Felipe Neri, cuyo cuerpo se encuentra expuesto a los fieles en una de las capilla. Felipe Neri fundó en 1561 la Congregación de los Padres oradores. Es uno de los santos más populares , y en muchas iglesias españolas existen capillas dedicadas a su culto.

Felipe Neri recibió la ayuda del Papa Gregorio XIII, para funda una nueva iglesia y convento sobre la ya existente. Por ello también se la denomina en Roma como la “Iglesia nueva”. El culto a las reliquias de los santos se inició en la iglesia de Oriente, bajo los auspicios de Constantinopla. Muchas de ellas fueron pasado a Europa Occidental, conforme el Imperio Bizantino iba perdiendo terreno frente al Imperio Otomano, como fue el caso de San Nicolás, cuyos restos se conservan en la iglesia de Bari, pese a ser un santo oriental.

En aquel tiempo Roma era muy poderosa, y ya regía en soledad sobre la cristiandad. Las obras se iniciaron en 1575, y estaban acabadas en 1606. Algo que sorprende en Roma son las dimensiones de sus iglesias, algunas casi del tamaño de catedrales europeas. Por ello, al edificar san Pedro del Vaticano, se diseñó con las mayores dimensiones posibles, que son espectaculares.

El otro gran impulsor del nuevo templo fue el cardenal Pier Donato Cesi, el viejo, cuya heráldica sigue presente y muy visible en el edificio

Oración a San Felipe Neri

Este popular santo y el templo de Santa María in Vallicella están fundidos por la misma voluntad, la de Felipe Neri, que falleció en 1595, sin ver su nueva iglesia terminada. El Papa Pablo V, lo elevó al santoral cristiano en 1615, tan solo 20 años después de su muerte.

Humilde San Felipe, rogad por mí a la inmaculada Virgen y Madre de Dios (Indulgencia de 100 días, y plenaria si se repite esta invocación cada día, durante un mes).

Oh, san Felipe, que tuvisteis siempre un corazón tan sereno en las adversidades y un espíritu tan amante en los padecimientos, que perseguido por vuestros émulos, calumniado por los impíos, que pretendían desacreditaros, y probado por el señor con muchas, largas y penosas enfermedades. Alcanzadme la perfecta paciencia y una prontitud semejante a la vuestra en soportar las cruces que cada día el señor me da a llevar. Padrenuestro, avemaría y gloria.