“Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga (de la iglesia); más aún, llegará incluso una hora, cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho”. Juan 16, 1-5

El evangelista Juan es impactante, incluso a veces inquietante. En cualquier caso hechiza. Narra desde muy cerca y a la vez con profundidad. Conoce más de lo que puede expresar, porque estamos limitados por el uso del lenguaje. Es muy difícil de interpretar, pese a contar una edición oficial de la Conferencia Episcopal. Hay cosas que incluso los propios analistas dejan en suspenso, u ofrecen una explicación que no llena, que no satisface, que está lejos de ser una explicación satisfactoria.
Juan, el evangelista, el discípulo amado, tanto que sus representaciones son más parecidas a la de una mujer. De aquí parte el hecho de que se piense, que en realidad fuese una mujer, la Magdalena. Siempre hay una gran mujer cerca de un gran hombre, y un hombre será tanto más grande, cuando más se parezca a una mujer, cuanto más cerca esté del espíritu de las mujeres, de su fina sensibilidad. Jesucristo siempre estuvo rodeado de mujeres, muy próximas a él, tanto o más que cualquiera de sus discípulos, tanto como Juan, fuese quien fuese.
Esta es la capilla de Juan el Bautista, es el lugar de reposo del Alminar. Apenas entra nadie aquí, solo aquellos o aquellas que quiere hacerlo. Esa era la intención desde el principio, y se ha cumplido. Este es un lugar en penumbra, de luces tenues, del titilar de las velas. A veces es muy duro lo que hay fuera. Las pruebas son muy duras, la batalla real y apenas hay tregua o descanso para pasar y detenerse aquí un rato. La vida es así, muy dura con algunos, aunque aporte momentos que valgan por todo. Sin embargo, todo debe ser renovado de modo constante.
Y aprende que el relajamiento, la abundancia y la vanagloria, hacen perder sus frutos al monje. Isaías de Gaza (siglo V dC)