Etiquetas

 

         Miguel, el arcángel, San Miguel para los cristianos, el que dirigió a la milicia celeste contra los ángeles rebelados contra la autoridad de Dios Padre; es el encargado de pesar las almas para decidir cuál es su destino. Dicen que le basta solo una mirada para saber si aquél al que tiene enfrente, es merecedor de las penas del infierno o de la salvación. También dicen que nadie puede mirarle directamente a los ojos. Es curioso que separados por 700 kilómetros de distancia, me haya encontrado en dos iglesias erigidas bajo la advocación de San Miguel, el vencedor del diablo y de sus milicias, aunque no de modo total ni completo. Su protección ampara a la ciudad de Torremolinos y también a una iglesia de Segovia, pero no de una cualquiera, sino de aquella en que Isabel fue proclamada Reina de Castilla en 1474.
¿Cuál es la amenaza física, real o espiritual por la cual se decide que sea el propio arcángel Miguel, y no cualquier otro santo, el elegido para la titularidad de una iglesia determinada o de una localidad?. Algunos creen o piensan que tanto el Mal, como el Bien, son realidades humanas, sin que haya nada por encima; mientras que otros piensan que amabas entidades existen como realidades inmateriales, a las que siguen unos u otros. Hay quienes deciden servir o intentar hacer el Bien, y quienes se entregan justamente a la labor contraria, al Mal, y ambos existen en estado puro, aunque es muy difícil encontrarse con ellos, aunque sí pueden verse sus efectos.
Decía San Jerónimo que: “hace más daño la lengua del adulador, que la espada del enemigo”, y la adulación es la principal arma de la que se sirve el diablo. Por las grietas que crea, incluso dentro del más firme de los espíritus, el humo de Satanás se abre paso de modo inexorable. Cualquier error, cualquier falta de atención, cualquier adormecimiento ante la adulación, nos desprotege ante los duros golpes del diablo, que son especialmente dañinos, porque los asesta en el costado, justo en el lugar en el que la defensa es más débil. Siempre se está inerme frente a los golpes más cercanos.
San Miguel, el arcángel, no suele esperar a nadie, pero si lo hace, como ha sucedido este verano, no se le debe hacer esperar a él. El día 6 de agosto, la iglesia de San Miguel, patrón de Torremolinos, estuvo abierta un poco más de tiempo del habitual. Esos escasos diez minutos en el templo, pude fotografiar por primera vez la imagen del arcángel, y eso que era mi tercera visita a la localidad.
La coincidencia en la iglesia de San Miguel en Segovia, fue todavía más extraña. En primer lugar porque he vivido 9 años allí, y segundo porque visito la ciudad desde hace 25 años. No es fácil que las visitas coincidan con la iglesia abierta, o fuera de la horas de culto. Hacía 30 años desde que entré por última vez entre sus muros. La iglesia estaba a punto de cerrar, estaba en penumbra y con las luces de los altares apagadas. Gracias a dos seminaristas o ayudantes del párroco, pude pasear y fotografiar a placer parte de la iglesia y la imagen de San Miguel. En esta ocasión, el arcángel estuvo a punto de no esperar mas, sin embargo, allí estaba, en medio de su milenaria e histórica iglesia, casi vacía. Estaba solo frente a él, como se suele estar siempre.
Y así el viaje concluyó en el mismo modo en que se inició, en una iglesia bajo la advocación del arcángel. Alfa y Omega de nuevo. La entrada será completa con otras fotos extraordinarias y más precisas. No quería hacer esperar al arcángel.