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          Todo lo que no se pueda compartir, escribir o dar testimonio de ello está destinado a perderse, sin embargo, no todo puede ser dicho o escrito. Desde hace años, un amigo me está proveyendo de muy interesantes libros sobre teología. No digo el nombre, porque en este mundo la envidia es un alimento para muchas almas. Hay cosas que no pueden ser compartidas. En los pasillos de La Iglesia, reinan sombras que devoran cualquier luz, y en ellos el chisme y el rumor suelen ser constantes. No hay nada más receloso que “un capillita” ni aguas más oscuras que las de los que medran en los aledaños de La IglesiaSi se quiere sobrevivir y proponer algo nuevo, que realmente sirva e ilumine, no se debe entrar nunca en esos pasillos, porque solo se conoce la puerta de entrada. De una de mis mejores frases, publicada en un artículo escrito, se ha apropiado alguien y ha obtenido con ella grandes elogios y parabienes.

          Esos libros me sirven para dar con ideas nuevas y a veces proporcionan interesantes reflexiones. No creo en la teología doctrinal o académica, por eso exploro en otros libros, que pueden considerarse claramente contrarios, como el del teólogo ateo, para descubrir la verdad de las cosas, sobre todo porque ayudan a identificar las mentiras, con las que nos han inundado durante siglos. Estos libros ofrecen un análisis muy detallado del texto evangélico y neotestamentario, realizado desde los escritos originales y enseñan a distinguir el trigo de la cizaña. Se trata de Alfredo Fierro y su “Después de Cristo”. Si se lee con atención, hay que partir de cero. Queda en pie muy poco. También he leído el “Jesús de Nazaret” de Joseph Ratzinger, que pese a ser un muy buen texto, no consigue disipar las sombras de los principales exégetas críticos con la doctrina y la interpretación oficial. Son ya aguas muy profundas y oscuras, en donde lo que resplandece es muy poco.

           Hay siempre que estar atento a la llegada del cuervo para que no se coma el grano. La magnitud del engaño sobrecoge, sobre todo cuando se accede a estos análisis rigurosos, sin otra pretensión que la de mostrar aquello que es cierto.

            Entre la luz y la tiniebla debemos escoger nosotros solos, sin que medie la posibilidad de ayuda alguna.