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En todos los oficios litúrgicos se reza el Padrenuestro, pero en las iglesias y templos no suele haber un lugar específico para rezar al Padre, al que de modo constante se refería Jesucristo. En la Sagradas Escrituras Dios mismo ofrece algunas indicaciones sobre cómo dirigirse a Él, y el modo de nombrarle: Yo Soy.

En Mateo 6, se alude al modo de buscarle, alejado de las vistas de todos y en el lugar más recóndito posible: “Mas tú, cuando ores, entra en tu alcoba, y cerrada tu puerta ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará”. Constantemente se alude a esa necesidad de no hacer nada, dar limosna, o practicar la justicia delante de las personas. Hay que buscar siempre la puerta angosta, la más escondida. ¡Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá!.

No hace falta tampoco extenderse en las peticiones o en los detalles, porque el Padre ya sabe todos eso: Y cuando ores, no uses vanas repeticiones, como hacen los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No seáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

El Padre es el Dios de las Escrituras, a las que Jesucristo ha venido a dar cumplimiento, Mateo es muy meticuloso en esto: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido.

¿Dónde está el lugar del Padre?

Resulta difícil buscarlo en las iglesias, si acaso bajo la forma de La Trinidad, pero nosotros debemos buscar el lugar del Padre, que tampoco es el Sagrario. Entre imágenes y exornos debemos encontrar un lugar apartado, en penumbra, en donde poder hablar y rezar con el Padre.

En la iglesia de Santa Mª del Rosario (1740-1752) del Real Sitio de San Ildefonso, en Segovia, en la misma de la que fue párroco San Antonio María Claret, en algunas de las capillas, sí está representada la figura del Padre, en cuyo nombre y por su voluntad, se hace todo.