José María Bocabella y Verdaguer, librero y fundador de la Asociación Josefina, propagador de la Devoción a san José, concibe la idea de hacer un monumental templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia, en el tramo final del siglo XIX, para contener las ideas revolucionarias, y en especial las del anarquismo, que eran consideradas como diabólicas. En 1881 adquirió la parcela bajo la que se asienta el templo de la Sagrada Familia, y que en principio quiere ser un remedo de la basílica de Loreto. La ideas anarquistas ya habían sido conjuradas por el gran escritor ruso Fiodor Dostoyevski.

Barcelona es una ciudad muy batida por la violencia revolucionaria, alentada también por las enormes diferencias sociales de la época. El capital se concentraba en la burguesía catalana, la más rica de España, mientras las condiciones de trabajo y vida de las clases populares eran durísimas. Aunque Barcelona había relanzado su imagen en la Exposición Universal de 1988, en la ciudad, sus clases más populares, estaban afectadas constantemente por epidemias, como el cólera. La prostitución era una gran plaga.

El primer gran estallido de violencia se producirá en julio de 1909, durante los acontecimientos conocidos como La Semana Trágica, provocados por una nueva leva de reclutas tras el suceso del Barranco del Lobo, en las proximidades de Melilla, en donde fue abatido el Regimiento de Madrid, al mando del General Pintos. La burguesía catalana estaba muy implicada en los beneficios económicos de la explotación del norte de Marruecos. En solo unos días, junto con media ciudad, arderían 23 iglesias y conventos. Sin embargo, la ira anarquista no se acercó ni siquiera a las inmediaciones de la Sagrada Familia, que estaban alejadas del centro de la ciudad.

La excavación, sobre una planta de 97 x 44 metros, se inicia por la cripta, en 1882, la misma fecha en las que Antoni Gaudí se hace cargo de las obras. La primera misa se celebró allí el 19 de marzo de 1885, y la cripta quedó completamente terminada en 1891. Gaudí estaba obsesionado con la búsqueda de la luz. La gigantesca elevaciones de sus columnas, y sus nuevas formas constructivas buscaban aligerar las cargas en lo posible, y hacer entrar la luz a raudales en su templo. Tras acabar la casa Milá en 1910, se dedicará con exclusividad a la Sagrada Familia. Le quedaba solo 16 años de vida, pero influirá de manera decisiva en la morfología y arquitectura de su templo.

Antoni Gaudí creó una comunidad para los obreros y constructores de su templo, con escuelas, huertos y viviendas sociales en sus inmediaciones. En 1925 trasladó su estudio y residencia, a los sótanos del Templo, del que ya no volvería a salir. Falleció el 10 de junio de 1926 y fue enterrado en la cripta, junto a la familia de Bocabella, el fundador del templo expiatorio. Sin embargo, todo este conjunto no escaparía a la violencia revolucionaria de 1936, tras la quiebra del Estado republican a consecuencia del golpe militar de julio, y la sublevación del Ejército de Marruecos. Los sótanos, los talleres, la cripta, las escuelas, las vivienda, e incluso las propias obras del templo, arderán y serán casi demolidas. Las tumbas profanadas. Se perdería un material importantísimo para el estudio y evolución de la obra, y de la propia vida de Antoni Gaudí. Hoy está todo reconstruido, pero el material original se perdió para siempre.

Nota: La Sagrada Familia, César Martinell. Antoni Gaudí, Gijs Van Hensbergen