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En principio parecía un objetivo modesto, escribir al menos una vez al mes en la capilla virtual, pero que también es física, porque tiene un lugar que se le corresponde. La intención es no dejar huecos entre los meses. Sin embargo no fácil, porque para llegar hasta aquí es necesario detenerse y recuperar el silencio. La Capilla de Juan el Bautista es muy exigente, incluso para su propio creador. Cuando este reflexión se publique, habremos cumplido dos años completos de permanencia, algo que hasta ahora no había ocurrido. Solo en el origen, desde julio de 2012 hasta mayo de 2014, conseguimos estar presentes durante 22 meses, casi los dos años alcanzados ahora.

Mantener encendida la lámpara, algo aparentemente sencillo, pero que exige dedicación. Al menos uno o dos días de aislamiento del ruido del mundo. Volver a sintonizar con ese silencio, con esa soledad que guía, con esa débil luz de la lámpara de cera que alumbra en la oscuridad y que sirve como punto de referencia porque está en el mismo lugar, porque se mantiene allí.

La luz nos alcanza de modo directo y también es reflejada. Crea sus zonas de sombra y de penumbra. Eso lo sabían muy bien los constructores de templos, desde la antigüedad, porque la luz eléctrica es algo muy reciente, apenas lleva con nosotros siglo y medio, desde 1879. La iglesias, los templos se construyen pensando en la entrada de la luz solar, que crea diferentes visiones según la hora del día o el mes del año. Siempre es el mismo lugar pero no el mismo momento.

El pasado 28 de mayo, el vicario Arciprestal de Melilla, Eduardo Resa, supervisaba el rezo del Rosario en el templo del Sagrado Corazón. Los días se van haciendo cada vez más largos. la luz entraba a raudales por los altos ventanales de la iglesia, creando un reflejo en el lado opuesto. Siempre es así. El tiempo pasa y también las personas, quedan solo los templos y el eco de aquellos que los construyeron. También está presente en el silencio, el recuerdo de todos los que estuvieron allí en algún momento de sus 100 años de historia. Los templos están saliendo del tiempo de pandemia, en el que han llegado a estar completamente cerrados y en silencio obligado durante meses.

En esa tarde el rezo lo dirigía la todavía Hermana Mayor de La Congregación de La Victoria, Mª Piedad Castellanos, a punto de salir del cargo, por agotar el periodo máximo de 8 años, que prescribe el Código de Derecho Canónico, para las cofradías y hermandades vinculadas a la Iglesia. Fue nombrada para el cargo en 2012, pero las circunstancias excepcionales de la pandemia de la Covid-19, ha hecho que su mandato se prolongue mas allá del tiempo máximo previsto.