



A veces un solo día es suficiente, para ver lo que no se ha visto en un año, o en más tiempo. A veces se abren templos y se ven imágenes que están fuera del rango de las más visitadas o seguidas por feligreses y buscadores culturales. La pregunta sin respuesta es: ¿Qué ocurre con las imágenes cuando se cierran los templos, o con aquellas que ya están fuera de la atención pública? No podemos resolverlo, pero parecen cobrar vida con cada nueva y curiosa mirada, para luego perderse en ese limbo del que nada podemos saber.
En los días previos a la Semana Santa, se abren todas las iglesias y templos prácticamente en horario completo, lo que facilita el mirar sin ser visto, y el fijarse en esas otras imágenes, que de otro modo no pueden verse, o que no captan nuestra atención, porque todo está centrado en esas imágenes estrella. El barroco granadino es espectacular, entre otras cosas porque a pesar de la Invasión Francesa y de la iconoclastia de la Guerra Civil, al menos en la capital, se preservó la mayor parte de ese patrimonio religioso y en definitiva cultural. El obispo de Badajoz, monseñor Antonio Moreno Montero, publicó en 1961 lo que puede considerarse el vademécum de la quema de edificios religiosos y sus enseres e imágenes, durante el periodo republicano, o el de la propia guerra (1936-1939), aunque algunos quieran descubrirlo ahora. En Granada se destruyeron 8 iglesias de modo completo y 43 de modo parcial, lo que no es bueno, pero tampoco catastrófico, desde el aspecto artístico. En la antigua capital nazarí hay mucho antiguo y también mucho moderno. Tampoco hay que olvidarse de la Desamortización de Mendizábal, muy lesiva para el patrimonio artístico religioso. El robo y destrucción de arte es una constante de la historia humana.
En esta ocasión, pudimos entrar en iglesias muy conocidas, pero que permanecen casi siempre cerradas, salvo en horarios de culto, como las de San Pedro, y la Santa Ana, y otra menos conocida por el gran público, la del Corpus Christi (Hospitalicos) en donde observamos algunas tallas de aspecto hipnótico, de esas que parecen mirar. Una «Dolorosa» y unos bustos en la entrada llamaban poderosamente la atención, además del aspecto diáfano de la nave central. Un espacio reducido, que parece más grande por su diseño. En realidad es una antigua capilla de un hospital, de ahí su sobrenombre. Esa «dolorosa», protegida por una urna de cristal, tiene una expresión tensa y notable de dolor, pero sin llegar a la carga expresiva del Barroco. Resulta llamativa, al igual que el resto de la nave. Se trata de una figura muy estilizada, con rasgos de hieratismo y aflicción contenida.
La iglesia del Corpus Christi está vinculada a las «llamadas guerra de Granada», o sea, a los levantamientos de la población morisca hispana, tras el progresivo endurecimiento de las capitulaciones para la entrega de la ciudad en 1492, y que acabaron con la supresión total de las mismas, y con la expulsión de todos los moriscos granadinos, excepto los que se convirtieron. La iglesia pertenece a los «Agustinos Recoletos». La conmemoración del Corpus es una de las más arraigada, en la que fuera la antigua capital del Reino Nazarí de Granada.
La orden agustiniana cuenta con una gran presencia e implantación en la ciudad, en la que destaca el Cristo de San Agustín, designado como el Protector de Granada.