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La renovación eclesial en Melilla, se completa en Stª Mª Micaela

Hoy, 20 de septiembre, el obispo de Málaga José Antonio Satué ha completado su anunciada renovación en el territorio melillense, con erre de revolución, aunque no le guste esa palabra. Ha sorprendido la profundidad, la amplitud, y la agilidad del cambio, que apreciamos en su parte visible. En el ritual litúrgico celebrado en la parroquia de santa Mª Micaela, se ha concelebrado un oficio religioso, «lleno de mensajes y señales». Todo el mundo estaba en su puesto, representando la función asignada.

El obispo José Antonio Satué ha presidido en persona y bajo las normas de la iglesia (in facie ecclesiae), las tomas de posesión de todos y cada uno de los nuevos cargos eclesiásticos, con la lectura del decreto episcopal, y luego la profesión de fe individual. Esto ha sido muy llamativo., porque se ha revestido todo de gran solemnidad. Acorde con la lectura evangélica, el obispo Satué ha dejada caer varias reflexiones y pensamientos, y ha dejado para el último lugar, el más visible, y en domingo, a la parroquia de Sta. Mª Micaela, en la que habitó «el párroco de las tinieblas». Y los últimos serán los primeros, rezaba el evangelio del día.

En la homilía, a cargo del titular de la Diócesis, monseñor Satué agradeció a los sacerdotes su rápida aceptación de la misión en Melilla, ya que algunos llegan desde destinos eclesiales muy atractivos. Es una conciencia superior y el deber de obediencia, el que les envía a nuestra tierra: «¿Cuánto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes», decía el texto de Isaías.

«El sacerdote no debe conformarse con atender a los que vienen a la iglesia, hay que salir a buscar fuera, a los laicos, y no desdeñar a nadie», afirmó Monseñor Satué «y darles el mismo trato que a los que viene y colaboran», añadió, tal y como se dice en la parábola del propietario de la viña. Hay que dar a todos el mismo salario, y empezar a pagar por los últimos. Todos sabemos que en la iglesias se crean grupos y camarillas, que se van haciendo con todos los resortes. También conocemos que pese a las exigencias canónicas, grupos familiares permanecen décadas al frente de las cofradías, traspasándose los cargos entre ellos, o recurriendo a periodos alternativos, para evitar los ochos años máximo de permanencia. No es admisible, desde el aspecto eclesial, que un mismo grupo familiar, lleve 16 años al frente de la cofradía más importante y representativa de la ciudad.

A poco más de un año de su nombramiento como obispo de Málaga, Satué Huerto ya ha estado 4 veces en Melilla. Esto manda un signo claro, aparte de constituir un hecho muy novedoso, y es que el nuevo obispo va a seguir al día todo lo que aquí ocurra. Ha enviado a sacerdotes de su máxima confianza, que han jurado sus cargos ante él mismo, y de los que han hecho profesión de fe, delante de toda la feligresía. Visualmente, ha sido una toma de posesión de gran calado, con muchos mensajes, y muy solemne. El arciprestazgo de Melilla se había convertido en una taifa, y algunos sacerdotes han salido de aquí más airosos que otros. Cuando un obispo dice que «va a implantar en Melilla una estructura diocesana», es que no la había. No existía cadena de mando, y probablemente tampoco se transmitía toda la información hacia arriba. Esto no va a pasar más.

Cuando el obispo llama a la «colaboración entre parroquias, y a la acción unitaria de las mismas», no está aludiendo a nada concreto, pero está mostrando una realidad, más visible para todos de lo que se piensan. Hay parroquias muy pujantes, y otras «dejadas de la mano de Dios». Existe un dicho que alude a esta situación: «cofradía rica, iglesia pobre«, o sea, que navegan en su propia barca, que no es la de Pedro.

Monseñor José Antonio Satué va a estar encima de toda su diócesis, pero solo existe una duda sobre él, y es que se trata de un obispo muy joven, 58 años, muy bien implantado en el organigrama eclesial, y que podría ascender a dignidades más altas en un tiempo no excesivamente largo. Quizá la renovación que ha impuesto en Melilla, tan rápida, tenga que ver con que no tendrá dispondrá de demasiado tiempo para llevar a cabo sus reformas. Fue extraordinaria la lectura y canto por parte de una joven invidente, en un momento de la ceremonia litúrgica.