Etiquetas
destino, fatalidad, nombres de Adamuz, tragedia, trenes de Adamuz




A priori, nadie conoce cuando se va a activar la tragedia o la fatalidad. Luego podrán conocerse las causas, el cómo, e incluso quiénes son sus víctimas, también los responsables, en el caso de que los haya. En este accidente y tragedia de Adamuz, conocemos la cifra de fallecidos, 46, y los nombres: Jesús Saldaña, Eduardo Domínguez, José María Martín, Andrés Gallardo, Miriam del Rosario Alberico Larios, José Zamorano, Cristina Álvarez, José Zamorano Álvarez, Félix Zamorano, Rafael Millán Albert, Rocío Díaz, Antonia Garrido Chávez, Ricardo Chamorro, Oscar Toro, Marías Clauss, David Cordón, Natividad de la Torre, Víctor Luis Terán Mita; Manuela Barba, Esther Matito, José Serrano Fernández, Josefa Sosa Casado, Ana Martín Sosa, Mario Jara, Mª del Carmen Abril, Samuel Ramos, Agustín Fadón, Mª Luisa Eugui, María Eugenia Gallego; José Mª Fernández, Julio Rodríguez Gómez, Pablo Barrio Seco, Álvaro García Jiménez, Luis Rubio, Osiris Sevilla, Tamara Valdés, José Luis Bartolomé, María José Durán, Teresa del Vall, Carlos Arroyo Martín, María Isabel Revuelta, Yamina Lamssiah, Patricia García Sauci.
No son todos los fallecidos en los trenes de Adamuz, solo los que hemos podido recopilar de los diferentes listados existentes (43 hasta el momento). A todos ellos los recordamos aquí, y les dedicamos este espacio, para que permanezcan siempre en la memoria. No es usual que en esta capilla entres noticias y sucesos de este tipo, porque desgraciadamente, la existencia humana está plagada de tragedias, que llenarían el calendario. Sin embargo, recién iniciado el año, este trágico accidente, ha conmocionado a todo el país. Concurrieron una serie de circunstancias fatales, que lo convertían en algo distinto, en un ejemplo de la fatalidad que puede acecharnos en cualquier circunstancia. Como dice la leyenda del Panteón de Margallo en Melilla: La religión y la Paz, guardan su memoria.
Los viajeros del tren que ascendía hacia Madrid, apenas habían iniciado el trayecto. Los del tren Alvia con destino Huelva se encontraban casi en la mitad del recorrido. En la vía del tren Iryo la fatalidad había quedado activada con el paso del tren anterior. el tramo de vía fractura estaba en un estado irreversible, a punto de golpear de modo fatal al siguiente convoy. En la vía de descenso desde Madrid no sucedía nada, todo estaba en orden. Solo con que hubiesen llegado un minuto antes a ese punto kilométrico, no les hubiese alcanzado el descarrilamiento del tren contiguo, el ascendente. Pero la fatalidad es así. Lo imprevisto, lo inevitable, lo que acecha, pero no a todos, porque eso es la tragedia, el destino que alcanza solo a algunos y libera a otros.
Oraciones y recuerdos
«Desde ahora, dice el Espíritu Santo, descansen de sus trabajos, porque sus obras les acompañarán. Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor«. «Réquiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis».
Nunca existirá una explicación suficiente o satisfactoria, porque no sabemos el porqué suceden las cosas. Cada uno hallará su propio consuelo, pero no se debe rechazar a nadie, porque a menudo, quien acude a consolar, quizá también lo necesite. Los trenes estaban ahí, en ese instante fatal.
Un gobierno debe hacer aquello que le corresponde y también lo que quiera la gente. Las víctimas, tanto en esta, como en otras tragedias recientes, no es algo que deba echarse en cara a nadie. Las responsabilidades son otra cosa.
No es momento de toda controversia. Solo importan ellos y su ya eterno descanso y memoria.

































