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Los evangelios son textos que se repiten constantemente en las iglesias, en los ritos litúrgicos. No solo hay cuatro evangelios, hay muchos más, ocurre que La Iglesia, después de  luchas internas que duraron siglos, declararon 4 como oficiales y les dieron la categoría de canónicos. Evangelios, o dichos y relatos de la actividad de Jesús, el Cristo, se redactaron cientos, la mayoría de ellos desaparecidos. La discrepancia humana surge hasta por la más mínima cuestión, por eso La Iglesia cristiana se fracturó en dos mitades grandes (católica romana y ortodoxa griega) y en otras menores, casi una pléyade. El problema raíz es la interpretación de los textos, en la posición sobre los dogmas y en la aceptación o no, de la primacía de una iglesias sobre otras.

Mi curiosidad sobre el evangelio de Marcos, sobre los evangelios, se inicia en un libro esclarecedor: “Jesús y Yahvé, los nombre divinos”, de Harold Bloom. Es un judío estadounidense, y como buen judío, es una gran conocedor e interpretador, de los textos bíblicos. Su posición heterodoxa es fundamental para que pueda interpretar los textos desde fuera, sin posiciones dogmáticas. Bloom se declara admirador del texto de Marcos, el evangelista, el primero de los evangelios, el más cercano a los acontecimientos narrados. Lucas y Mateo beben de la fuente de Marcos y Juan es distinto a todos. Mi interés por el evangelista Marcos y por su evangelio se inicia en ese momento, con ese libro.

Este verano aprareció otro libro, de caracter exahustivo y casi monumental: “El evangelio de Marcos”, del teólogo Xabier Picaza. son más de mil páginas de análisis sobre un texto mágico y enigmático, el evangelio de Marcos, probablemente el único evangelio. Los evangelios originales, y las colecciones de dichos de Jesús, el Cristo, llamados evangelios apócrifos, están escritos en griego, que era el idioma evangélico.

A partir del siglo III se consolidan los textos canónicos y se suprimen y declaran heréticos todos los demás. En el siglo IV, tras la batalla de Puente Milvio, el emperador Constantino declara el cristianismo como religión oficial del Imperio romano y el latín se consolida como idioma oficial de La Iglesia. Los evangelios se traducen al latín y se inician los problemas de interpretación, porque palabras clave no tienen el mismo significado en ambos idiomas. Las diferencias entre la iglesia romana y griega se ahondarán hasta la división absoluta e irreparable.

El evangelio de Marcos

En el libro de Xabier Picaza, que leo poco a poco y del que espero hablar en más ocasiones, se echa en falta la inclusión del original griego. Al no hacerlo, hay que confiar en su traducción y en su interpretación del texto, algo de lo que no se duda, pues su análisis resulta muy solvente, pero que serviría y sería útil, para todos aquellos que sí manejen el griego clásico. Uno de “los vicios” de La Iglesia ha sido el de servir los textos demasiado cocinados, sin margen para la interpretación o el debate libre. En este libro, el teólogo Picaza quiere ser lo menos subjetivo posible, sin embargo, llama a Pedro por el apodo de “Roca”, por una frase que únicamente aparece en el evangelio de Mateo: “tu est petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam”, y que es sospechosa de ser espúrea, un añadido posterior, para justificar la primacía de la Iglesia de Roma, hecho que causó, entre otros, la ruptura definitiva entre la iglesia cristiana de Oriente y la de Occidente.

Es solo una primera impresión. A lo largo de la lectura corroboraré o no, la sutileza de la condimentación.