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La Hora Santa rememora el momento más amargo de “la pasión” de Jesús, el Cristo. Se celebra en las iglesias entre las 9 de la tarde y la media noche. Se organiza, en una de las capillas de los templos, o en un lateral, en un lugar distinto de rezo del habitual, que es frente al altar. Se prepara un sagrario distinto, se renueva las sagradas formas, se cubren las imágenes con una tela de color rojo y todo se ilumina con velas encendidas, o cirios pascuales. En ese tiempo, quien quiera, se acerca hasta allí y está la hora completa, un rato o incluso más tiempo. Nadie dirige el rezo, aunque la hora santa se divide en cuatro cuartos.

La Hora Santa se origina mediante una revelación del propio Cristo a Sta. Margarita María de Alacoque (1647-1690), quien le refirió que: “velase durante una hora todas las noches del Jueves al Viernes santos, y que postrada en devota oración, le acompañase en la agonía de Getsemaní a fin de desagraviarle en algún modo, de la amargura que sintió por el desamparo de los Apóstoles”.

Es la hora del desamparo, de las que hay decenas a lo largo de casi cualquier vida. La hora en la que aceptar cualquier revés del destino, por muy amargo que éste sea. Siempre habrá gente sufriendo, siempre hay instantes y momentos felices. La vida es a veces cáliz amargo y también jugoso néctar. No nos libraremos de lo primero si el destino nos lo tiene decretado y por eso hay que intentar aprovechar lo segundo, o también, combinar y sobrellevar las dos cosas, porque a veces también suelen mezclarse y alternarse.

Nota: http://www.corazones.org/santos/margarita_maria_alacoque.htm