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            En medio del temporal, del marasmo y de la tormenta, surge un claro. Las aguas se aquietan y el vendaval cesa. Entonces la señal se oye clara y la luz se hace nítida. En ese breve lapso de tiempo podemos volver a gobernar la nave y pasar andando entre las aguas abiertas.

           “Si quieres resistir provechosamente a las tentaciones del diablo y frustrar sus malvados planes del infierno, permanezca en paz tu espíritu. Como el enemigo sabe que mientras el alma se conservare en paz, vale poco contra ella, se empeña en perturbarla en mil maneras. Cuando algo de esto te aconteciere, no te turbes ni pierdas el sosiego. Mientras permanezcas en paz, todo estará seguro, pues si empiezas a turbarte, todo empezará a peligrar, pues el enemigo se contenta solo con obtener la perturbación que desea. Porque no espera el poder derribarte de la primera acometida, sino poco a poco turbar primero tu corazón, cansarte luego, desequilibrarte después , y a la postre perderte.

              Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre las turbulencias y a permanecer tranquilo ante el estrépito del mundo. Con todo, siempre queda en tu poder el conservar la paz, pues dispones del libre albedrío. Ni la malicia del infierno, ni la perversidad de las personas, ni contrariedad alguna vale para perturbar tu corazón, si tú te empeñas en lo contrario”. *

   Nota: * Imitación del Corazón de Jesús,