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          Siempre estuvo ahí, escondida pero a la vista de todos. Se había perdido el rastro de su historia y de su leyenda. Durante un tiempo difícil de precisar recibió miles de oraciones y de súplicas. No sabemos cuántas atendió, o quiénes encontraron consuelo frente a su siempre silenciosa presencia. No es fácil fotografiarlo, pues está dentro de una urna de cristal y lo reflejos provocan extraños efectos. Cuando las cosas son objeto de una atención desmedida, acaban transformándose en algo distinto y casi siempre, mentira. Lo más oculto, lo que permanece en silencio, suelo ser lo más veraz, y reciben la atención más sincera. Haca casi 100 años la historia “milagrosa” de esta imagen dio la vuelta al mundo, pero entonces nadie podía verla, porque los medios de comunicación de la época no solían publicar fotografías. Se conoció la historia, pero la imagen siguió permaneciendo en secreto, ajena a todo lo que creía en torno a ella.

        ¿Buscan algo de nosotros estas imágenes, por qué llaman nuestra atención, que hace que fijemos nuestros ojos en ella?. Las historias se pierden entre el espacio vacío de los templos y la verdad se cubre de polvo. Queda apenas un pequeño resto de atención sobre ellos, en ocasiones muy contadas y apenas sobreviven con la atención de una escasa parte de la población. Lo que vemos, principalmente en Semana Santa, es muy llamativo, pero con un recorrido muy corto. Nos queda apenas un rastro del hechizo ante lo inexplicable. Los templos han dejado de ser el centro de la vida para la mayor parte de las personas. El año es largo y el vació lo llena todo. Ya no hay calor, se han prohibido hasta las velas de cera.

        Cuando apenas ha pasado un año del descubrimiento de la historia perdida del Cristo de la cana o Cristo milagroso de Melilla, todavía pienso en la extraña manera en que todo se compuso ante mis ojos, para poder recomponer esta leyenda olvidada, en una fría pero soleada mañana del mes de febrero. No he dejado de volver allí, pero había estado a punto de volver al estante del olvido.