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    Los templos de Melilla, salvo uno, son relativamente nuevos, ninguno llega al siglo. Solo la Iglesia de Melilla la Vieja rebasa los 300 años. En la península, como se llama a España desde aquí, hay templos que casi alcanzas los mil años de antigüedad. Son testigos silenciosos de todo lo que acontece y de todo lo que ha sucedido. No nos dirán nada, salvo que nosotros queramos descubrirlo y pongamos nuestra atención sobre las imágenes mudas, pero que nos observan con atención. Paseo con cierta frecuencia por las capillas vacías, antes las imágenes colocadas sobre los altares. Algunas tienen velas colocadas bajo ellas y parecen agradecerlo, sentirse reconfortadas. Otras ya no reciben atención alguna y otras tienen junto a ellas los lampararios eléctricos, que no dan calor alguno. La vela de cera, llega hasta su final, es constante,  se consume y arde hasta el último momento, guardando el testimonio de la plegaria de quién la puso en ese lugar. Por eso a veces me pregunto sobre qué sucede en los templos cuanto todo se cierra, cuando ya no queda nada ni nadie que vigile el recinto. ¿Cómo arden las velas que todavía permanecen encendidas, qué juegos de luces y de sombras producen?.

     Las santas y los santos son en definitiva personas que ya vivieron sus vidas. Nadie reemplazarnos en nuestra vida, nosotros no podemos vivir la de ellos. Sin embargo, nos iluminan y ayudan con su ejemplo, con sus libros o frases. Precisan de nuestras luces y atención para ser recordados, para que su recuerdo no se extinga. Las imágenes de alguna manera ayudan, aunque solo sea porque nos obligan a detenernos un instante, a pensar, a escuchar a nuestra conciencia y a reflexionar. Al estar solos en un templo, sin distracción posible, olvidamos el ruido del mundo, pensamos con claridad, sin distorsión posible y deshacemos un rizo vital, o nos encontramos con el estado de ánimo adecuado para afrontar un reto. No puede ocurrir lo que dice el refrán: “Pasado el tranco, olvidado el santo”.

       Una rutina, una labor constante, aunque  sea pequeña ayuda. La tarea de iluminar a los santos ayuda, los santos/as ayudan, como me dijo el capellán, pero también obligan y exigen. Aportan luz en la noche, aunque de esa luz seamos nosotros los que se encargan  de mantenerla encendida.