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     La lámpara permanece encendida. El otoño se nos ha echado encima una vez más, de modo inexorable. La hegemonía de la luz solar irá remitiendo hasta el próximo 21 de diciembre. La penumbra nos ocultará algunas cosas, pero también nos permitirá fijarnos en otros detalles. No es posible estar expuestos de modo permanente a la luz. Es necesario el recogimiento y la meditación. Encontrar ese instante puede llevar días.

          Hay varios textos que queremos resaltar, el primero de  Juan 10, y la parábola del Buen pastor: “Y otras ovejas tengo que no son de este aprisco; esas también tengo yo que recoger, y oirán mi voz, y vendrán a ser un solo rebaño”. El Buen pastor no descuida ni se olvida de ninguna de las ovejas, aunque  no se encuentren entre las suyas. Es muy común oír hoy lo de: yo me preocupo de los míos, pero eso no es un mérito sino una obligación.

          Sobre la necesidad y forma  de la oración, recogemos este texto de Mateo 6: “Más tú, cuando ores, entra en tu recámara, echa la llave a la puerta y reza a tu Padre que está en lo secreto. Y al orar, no charléis neciamente, que bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad, antes de que se lo pidáis”.

         El último texto es también de Mateo 25, se trata de la parábola de las diez vírgenes: “Entonces se asemejará el reino de los cielos a  diez vírgenes, las cuales tomaron las lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes, porque las necias, tomadas sus lámparas no llevaron aceite consigo, mas las prudentes tomaron aceite en las alcuzas, junto con las lámparas”.

          La noche se echa encima pronto y hay que tener las lámparas llenas de aceite, y también aceite para proveerlas, porque no sabemos cuando durará la noche, ni siempre habrá luz suficiente para orientarnos. Todavía la oscuridad no es completa, pero lo será pronto y habrá que estar prevenidos.