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   ¿Por qué aparecen las cosas en los momentos más inesperados?, ¿por qué fotografié unas páginas del Telegrama de Melilla de las que ya no tenía recuerdo?, ¿para qué y por qué motivo decidí que esa crónica de la última visita de monseñor Ángel Suquía como obispo de Málaga a Melilla tenía importancia?, ¿por qué aparece todo eso ahora?. Las fotografías las realicé en el año 2011.

         Monseñor Suquía en la iglesia de San Agustín del Real

  Todo siempre tiene un precedente. La misa oficiada por Monseñor Catalá Ibañez el pasado 3 de noviembre de 2015 en la iglesia de San Agustín, tuvo un precedente, la oficiada en su despedida como obispo de la diócesis por monseñor Suquía (1969.1973) el día 20 de febrero de 1973. El oficio religioso se inició a las ocho de la tarde, y estuvo acompañado por el entonces Vicario Episcopal Salvador Guirado, el párroco de San Agustín Teófilo Ordoñez y los padres paúles Narciso González y José María Perez.

     Monseñor Suquía Goicoechea visitó todas las dependencias eclesiales de la ciudad y ofreció consejos pastorales en todos los centros que visitó, sin embargo, destaca la  advertencia realizada en San Agustín del Real, ahora que sabemos todo lo que iba a ocurrir allí, a partir de 1974, año en el que se suspendió la semana santa en Melilla.

                   Las palabras proféticas de Monseñor Suquía

        “Al igual que San Pablo advirtió a los Corintios, os digo que nos os dejéis engañar por las falsas doctrinas de aquellos que dicen ser discípulos de Jesucristo y no lo son. No os dejéis engañar, porque todo cristiano ha de ser mensajero de la verdad y de Jesucristo”.

          “Aunque la jerarquía de la Iglesia no tiene competencias para resolver los problemas del mundo, no por ello pueden desentenderse los sacerdotes, ni los obispos, de los acuciantes problemas que nos rodean, ni de la justicia o de la injusticia que se practica en el mundo”.

         Sobrecoge pensar que Monseñor Suquía estuvo en el mismo lugar y frente al Cristo de Limpias, 42 años antes de lo hiciera otro obispo de Málaga, Catála Ibáñez, pero para reponer un culto, abatido por una desviación doctrinal, profetizada por un gran prelado de la iglesia católica. Uno advirtió en 1973, y el otro repuso en 2015. Ambos en el mismo lugar