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          Cuenta una leyenda melillense, que un hombre de poca fe, sin espíritu de misericordia, y sin muchas otras virtudes, exclamó en los aledaños de esta iglesia que:  para cuatro o cinco viejas que acudían a ella, mejor era cerrarla. Lo peor no es que dijera esto, sino que quienes deberían haber defendido a esas ancianas, enfrentándose al increpante y afearle su conducta, no lo hicieron. Suele ocurrir que quien frecuenta la compañía de los poderosos, olvida que a quien debe servir es a los humildes. Se les pedirá cuenta por ello. Hay dos iglesias, por no decir que hay muchas, pero yo prefiero a la del Jesús que defiende la fe de la viuda pobre: “en verdad os digo que esa viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie, porque no ha echado de lo que le sobra, sino de lo que tenía necesidad para vivir”.  Hay más fe en este lugar, entre la escasa docena de personas que acudieron a la tradición del Cristo de Medinaceli en la iglesia de la ciudad vieja de Melilla, que entre los ¡1000! que se congregaron en donde todos podían verles y salir en las fotografías. El lugar que debe ser defendido es este.

                   “Tú en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará”. Quien ora en la plaza, de pie y delante de todos, para ser visto por los hombres y mujeres, ya ha recibido su recompensa.

                   En las meditaciones del padre Arroniz puede leerse esto: ¡ Cuanto cristianismo oficial, cuántas almas que sirven a dos señores. Almas que se comen los santos por la mañana y al mundo por la tarde !. Dice también el propio Papa Francisco: La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en ligar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal *.

                          “Una Iglesia en salida es también una iglesia con las puertas abiertas. Quien se acerca buscando a Dios no puede encontrarse con la frialdad de unas puertas cerradas”, dice el Papa Francisco en su Exhortación apostólica. Muchas veces se cierran no solo puertas físicas, sino también interiores, e incluso personales y espirituales. Esa actitud no es ni siquiera cristiana. Es contraria al evangelio y a lo que dice el propio Papa.

           Nota: Exhortación apostólica  Evangelii Gaudium