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             La noche de Cristo Nazareno

  “Humillad vuestras cabezas ante Dios. Vuestra misericordia, oh Dios, nos purifique de todos los pecados, y nos haga capaces de vida nueva y santa”.

              A partir del miércoles, en el ecuador de la semana santa de Melilla, empiezan a procesionar las imágenes más antiguas y emblemáticas de la ciudad, como la de Jesús Nazareno, talla muy antigua, perteneciente a ese pequeño grupo de imágenes que mantuvieron en solitario la fe de Cristo en el agreste peñón rocoso, ese primer recinto defensivo que dio origen a la actual ciudad.
El origen de la cofradía del Nazareno se sitúa en 1660, según los datos encontrados por el coronel Gabriel de Morales (1921†), y es una devoción que hunde sus raíces en la larga noche melillense, junto con la otra y más antigua virgen, la de la Soledad, actualmente Dolores, con esos cambios que imponen las cofradías.

             Jesús Nazareno y la Virgen de las Lágrimas, procedente de la capilla  de Alhucemas, está presente en la ciudad desde 1931. Las otras, las que proceden de la iglesia de Melilla la Vieja, no han estado en otro lugar que no sea entre los muros centenarios de la ciudad española. Todo esto es moderno, solo a partir de 1940 bajaron las imágenes al llano, a hacerse con un territorio nuevo.

                                   Jesús Nazareno y Lágrimas

               Varios siglos después, procesionan ante nuevos ojos. Son dos procesiones bien compuestas, con escasos pero vistosos nazarenos y ante poco más de 1000 personas. Esa es la cifra que se convertirá en leyenda. No aumenta, pero tampoco mengua. Hoy es el primer día en el que atraviesan la avenida dos imágenes. Aunque hubiese más, daría igual, porque siempre hay que fijarse y seguir a una. Nada es igual nunca. Nada puede predecirse. Este momento que tenemos y que observamos, es todo lo que podemos retener, aunque solo sea por un instante. Ninguno es igual a otro. Nada se repetirá.