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                         “Oh Dios, con la Pasión de vuestro Cristo, Señor nuestro, habéis vencido la muerte que heredamos”.                        

            La tarde y noche del Viernes Santo son largas. La misa del viernes se adelanta a las 18h 30, hora aproximada de la muerte de Jesucristo. Las iglesias permanecen abiertas y se celebran también Vía Crucis con los fieles que a ella acuden. Ya no habrá más misas hasta el domingo. Con las procesiones del viernes se cierran las conmemoraciones de los sucesos acaecido en Palestina en el año 30. El Domingo de Resurrección pertenece al Cristo de la fe, no al de la historia. Los teólogos cristianos llevan siglos debatiendo esta cuestión.

              El viernes santo es un día de vacío total. La actividad comercial y laboral se paraliza como en ningún otro día del año, en las ciudades del mundo occidental católico, salvo, claro está, en las zonas turísticas, pero esa es otra cuestión. Melilla estaba vacía el viernes, con la actividad ciudadana reducida al mínimo. El la iglesia arciprestal, antes del oficio del viernes, se llevó a cabo un Vía Crucis. Los jueves, en la última hora del día se celebra la “hora santa”.

                       La virgen de Los Dolores en la noche de Melilla

             Más de dos mil personas esperaban en la plaza de toros, la salida procesional de los tres pasos de la Cofradía del Nazareno y de la virgen de los Dolores, o Soledad, como siempre ha sido, desde hace tres 4 siglos, hasta su cambio de denominación. Salió primero el Cristo del Socorro, portado solo por mujeres, luego el Santo Entierro y todas las autoridades civiles y militares de la ciudad, y finalmente, la más esperada en la noche melillense, la virgen de los Dolores, la Soledad del Pueblo, la de Melilla la Vieja. Siempre es así, desde la refundación de la Semana Santa de Melilla en 1984, tras un década de suspensión de los desfiles.

              Hay otros pasos, como el de La Piedad, de la cofradía Castrense, y también la otra Soledad, la del llano, que inicia su salida desde la iglesia arciprestal, y que está presente en la semana santa melillense desde 1950. Cuando hay mucho, se debe escoger. No siempre se puede seguir todo, ni estar en todos lado. Cada persona escoge su propia semana de pasión, que siempre será distinta. Siempre sucederá algo no previsto, que altere los planes. Lo importante siempre es empezar y acabar.