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Carlos V, El Escorial, Felipe II, monasterio de El Escorial, Real Basílica de San Lorenzo, Reyes del Mundo






La Real basílica de San Lorenzo de El Escorial, tiene acceso propio. Desde este monasterio, palacios y edificios adyacentes, se gobernó el mayor imperio del Mundo durante casi 4 siglos. Esta era su Real Basílica, su iglesia con bula Pontificia, porque en realidad era la parroquia de los Reyes del Mundo. La plebe oía misa en la capillas laterales, lo que hoy se denomina como iglesia vieja.
El proyecto inicial era de Juan de Toledo (probable familia conversa), pero la obra final fue de Juan de Herrera y su inmortal estilo herreriano. Los nuevos «señores del mundo» precisaban de un nuevo estilo arquitectónico. Por eso el Monasterio del Escorial es distinto a todo lo construido, aunque parezca tener reminiscencias de todo lo anterior. La cúpula central parece pequeña, pero es que está a 92 metros de altura. Hoy hemos podido fotografiarla bien.
En verano las cosas son como son, y hay que aprovechar las oportunidades que se presentan, aunque sea raspando el minutero. A las horas de culto se dan por finalizadas las visitas. Pese a la angostura temporal, hemos podido encender velas de cera y disfrutar del inicio de los oficios en la que fue, sin lugar a dudas, la iglesia en la que rezaban los Reyes del Mundo.
También es un extraordinario monumento funerario de Felipe II, a su padre, el Emperador Carlos V. La construcción de esta Basílica arrebato a la catedral de Granada el lugar en el que reposarían los Reyes españoles. Pese al deseo del emperador Carlos V, de ser enterrado junto a su madre (Juana de Castilla), en Granada, el Descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, alteró los planes de la Monarquía española. Los dueños y señores del Mundo, necesitaban de un monumento funerario de estas características.
El equivalente francés de San Lorenzo de El Escorial era la basílica de Saint Denis, pero los revolucionarios franceses saquearon y profanaron todas las tumbas de los Reyes de Francia. La Invasión francesa de 1808, sus incendios y expolios, supuso un momento crítico para el Real Monasterio, pero mal que bien, aguantó la embestida. Aunque lo robado fue mucho.
Felipe II era un apasionado coleccionista de reliquias de santos y santas, y el Monasterio del Escorial es el mayor relicario del mundo. Se cuenta que los soldados de Napoleón venían con una lista de objetos artísticos que había que llevarse a Francia.