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        Vivimos en un mundo dominado por la prisa y por la inmediatez, Nadie quiere esperar. Todos deseamos las cosas al instante, sin embargo, cualquier cosa lleva su tiempo. Las redes sociales han impuesto la norma de lo inmediato. No es posible luchar contra eso. Nadie compone un mosaico en un instante, y eso es la vida, un mosaico. El día que estuve en la iglesia almeriense de Santiago, en la que se venera una imagen de San Expedito, ni siquiera tuve tiempo de hacerle una fotografía. Iba dominado por la prisa, pero cualquier santo requiere algo de atención. Aun así, recogí una edición de una novena con las normas de peticiones al santo, acompañada de una estampa. Al día siguiente tuve que hacer un viaje relámpago.

       Es verdad también que un minuto puede salvar una vida, eso lo saben los trabajadores de los servicios de urgencias médicas, y que los tiempos de demora son muy dañinos en los asuntos de salud. Una vida puede cambiar por completo en un instante imprevisto. Necesitamos protección y amparo en muchas situaciones, de las que quizá, se encargue San Expedito, que aún así es un santo muy olvidado. Pocos/as buscan su auxilio o intermediación. En medio de la prisa mundana, yo me encontré con él. Pese a todo, el santo rápido, exige o demanda una atención durante al menos nueve días, lo que se llama novena. Si se puede esperar, vale la pena concederle una oportunidad, aunque parezca una contradicción.

      ¿Quién era San Expedito?. No se sabe nada de él, salvo que parece haber sido un soldado armenio encuadrado en el ejército de Roma. Quizá se convirtió al cristianismo y fue ejecutado, probablemente en “un juicio rápido”. No conozco o no he visto imágenes de San Expedito en las iglesias de Melilla, pero prometo buscarlas sin prisa, caso de existir alguna. Se le representa vestido de soldado romano, por eso se le confunde con San Pancracio. Quizá tuviesen alguna relación desconocida.