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   “La homilía constituye el principal acto de comunicación de la novedad cristiana, escuchada cada domingo por millones de fieles en todo el mundo”. Quien así se expresa es Benedicto XVI, cuyas homilías se está recogiendo en diversos libros editados estas Navidades. La cita está extraída de una edición de Pablo Blanco, publicada en Ediciones Cristiandad.  La homilía es pues un acto de anuncio y de comunicación.

        Las homilías del Vicario Roberto Rojo no son efectistas, buscan transmitir el ejemplo que dicta la palabra, como los párrocos antiguos. Insiste siempre en que Dios busca lo sencillo y se aleja de lo suntuoso. “El misterio de la Navidad está lleno de elementos de sencillez, para con quien escogió como hijo. Dios buscaba hacerse igual al hombre y no quedar por encima, por eso decidió encarnarse en un ser humano, a través de una mujer sencilla, igualando así la naturaleza humana a la divina”, explicó el Vicario episcopal. Todo esto es también el misterio de la creencia, porque como decía San Agustín: “pierde el tiempo predicando la palabra de Dios, quien no es oyente de ella en su interior”. Esto también es válido para quien proclamándose creyente, no escucha otra palabra que no se a la suya.

         El Vicario Roberto Rojo siempre está ayudado en las lecturas por fieles de la iglesia del Sagrado Corazón, en este caso, el principal lector de los textos previos al evangelio y de las preces,  fue Salvador Cardona, quien fuera delegado del INE hasta 2006, y que ahora dedica su tiempo libre a La Iglesia.

          Con esta misa ha regresado el tiempo ordinario, que es el más amplio en la Liturgia. Ahora, lejos de acontecimientos de gran solemnidad,”es cuando le corresponde al cristiano poner en práctica, y dentro de su vida, todo lo escuchado y los textos de La Navidad”, añadió el Vicario.

            Jesús se somete al bautismo en la edad adulta, pese a que Juan le advierte: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿Y tú vienes a mí?. A lo que Jesús respondió: “Déjame hacer ahora, porque así nos cumple realizar toda justicia”. El texto recogido en Mateo, es trascendental. Incluso el Hijo debe aceptar y someterse a la voluntad del Padre, por eso, tras el acto bautismal, se escuchó la voz: “Éste es mi Hijo amado en quien me complazco”.

          “Éste es el regalo de Dios, el regalo que significa el bautismo, modo de regeneración y de la presencia del Espíritu Santo a través de él. Es el regalo del Reino de Dios que se abre al ser humano, el regalo de la vida eterna”, concluyó el Vicario episcopal, en la misa que significa el regreso al tiempo ordinario, que es “el tiempo en el que se relatan la vida y los acontecimientos de Jesús”.