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          El culto a las reliquias se inicia con la llegada de los bizantinos al territorio de Palestina. Será la emperatriz Helena, la primera esposa de Constancio Cloro, la que rebuscó en la derruida Jerusalén, las pruebas de la crucifixión de Jesucristo, encontrando un trozo de madera, que se identificó con la cruz del Gólgota. Además de santa, es considerada la patrona de la arqueología. Ella edificó la primera basílica del Santo Sepulcro, en los primeros años del siglo IV, y  que luego fue derruida por Cosroes II en 614, que se apoderó de la reliquia de la Santa Cruz.

           Un documento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, perteneciente a la Curia Romana, del año 2002, establece los principios y orientaciones que deben regir La piedad popular y la Liturgia. No debe pensarse que el culto a las reliquias es exclusivo de las clases populares, pues en España, el mayor coleccionista de reliquias fue el rey Felipe II, que convirtió el monasterio de San Lorenzo del Escorial en el mayor relicario del mundo.

          Las reliquias las hay de muchas clases y categorías, siendo las principales las pertenecientes a Jesucristo, la virgen María y sus apóstoles. El mayor relicario del mundo fue la catedral de Santa Sofía en Estambul, y muchas de las más importantes reliquias de la cristiandad se perdieron en la conquista de Bizancio por los turcos en 1553.

              Las reliquias más importantes son los fragmentos óseos y objetos personales de los santos y beatos, y se encuentran en las principales iglesias y catedrales del mundo católico romano, porque en las iglesias protestantes no quedó nada. El culto a las reliquias y a los santos fue abatido en la Reforma de Lutero. La realidad histórica es que donde hay culto, hay también tráfico y comercio, y como en cualquier otra actividad humana, hubo también corrupción.

              Entre los fieles católicos existe un comercio lícito de pequeñas reliquias de los santos y santas, declarados como tales por la Iglesia. Las grandes reliquias no están al alcance de cualquiera. Hace unos años, localicé un relicario con un dedo de Santa Beatriz de Silva, desaparecido en el saqueo e incendio de las iglesias de Toledo en 1936, que se vendía por el precio de 9000€.

             El comercio actual se circunscribe a pequeños fragmentos de los hábitos, ropa  y sotanas usadas por las personas que son declaradas beatas/os  y santas/os; así como pequeños trozos de sus féretros, o de sus objetos de uso, como la paja del colchón. Las reliquias de Tierra Santa consisten en flores, hojas del huerto de Getsemaní, flores y arena de Tierra Santa. Las reliquias pueden ir ensartadas en estampas, librillos, medallas o incluso dentro de crucifijos. Ahora ya escasean las reliquias reales, y casi todas son “telas tocadas al féretro”, “telas pasadas por sus reliquias”. Esta categoría sería la menos calidad, aunque es la más abundante. En muchas estampas no se determina la pertenencia del trocito de tela.

            Todas las reliquias tienen un poder de intercesión por medio del Espíritu Santo, y sirven para según qué cosas. Cada fiel tiene sus preferencias o se recomienda un uso determinado, según de qué santo o beata se trate.

      Nota:https://santuariodejuanelbautista.com/2016/05/20/el-misterio-de-las-reliquias-de-beatriz-de-silva/