Etiquetas

, ,

        El año jubilar de Santa Teresa ha acabado en Melilla y en el resto del mundo católico romano. La intención última es que a lo largo del año, uno/a consiga detener su propio tiempo y dedicar un día a reflexionar sobre sus propios actos, y ver qué de bueno y malo hay en ellos, y si todo conduce a algún fin. Todo esto se puede hacer, evidentemente, sin mediación de La Iglesia, ni de ninguna otra fe. De hecho se hace, hay mucha gente agnóstica, o incluso atea, que vive de acuerdo con normas éticas y que ayudan a otras personas y que son igualmente buenas.

           La constitución de La Iglesia romana es el Código de Derecho Canónico, unas normas con las que se rige a sí misma y a la parte del mundo que la sigue. Este año fue declarado Año Jubilar Teresiano por parte del Pontífice romano, que de acuerdo con el canon 995 y como autoridad suprema de La Iglesia, puede conceder indulgencias parciales o plenarias, siempre y cuando, obviamente, se acepte su autoridad, por motivos extraordinarios. Todo debe hacerse de acuerdo con algunas normas generales y particulares. Éste es un medio, pero también hay otros válidos. Las dos iglesias melillenses a las que se le concedió el derecho a otorgar el jubileo han sido la Arciprestal y la parroquia Castrense.

                 Resaltamos el caso de Teresa de Jesús, entre otras cosas porque es la primera mujer declarada como doctora de La Iglesia, y porque antes que santa fue considerada cuasi hereje, y sospechosa para la también santa, Inquisición. Vivimos inmersos en la parte del mundo que nos toca en suerte, eso no lo podemos escoger; es fruto del azar. En casi todo lo demás decidimos nosotros, y nuestros actos deparan consecuencias, bien sobre nosotros mismos o sobre los que nos rodean. De algunos hay que arrepentirse, tomar nota y rectificar, y esos son los afectados por “el año jubilar”.

                     Santa Teresa es un personaje con entidad propia, enormemente divulgado y conocido. No podemos añadir nada nuevo o desconocido acerca de ella, pero sí recomendar, que dentro de ese mundo al que somos arrojados, hay que atreverse a reformar, a crear espacios nuevos, que no solo nos sirvan a nosotros, sino que también sean útiles para los que nos rodean, aún a riesgo de ser considerados como herejes o heterodoxos.

           En la noche, las imágenes se quedan solas en la oscuridad, algunas con la tenue luz de las lamparas que alguien deja encendidas, algunas ni siquiera con eso. Nuestra labor aquí es que las lámparas permanezcan siempre encendidas. tanto en el día como en la noche.