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    Hay que estar siempre vigilantes, siempre preparados, porque el enemigo puede saltar sobre nosotros en cualquier momento. También una contrariedad de la vida, o cualquier otra circunstancia personal. No es lo mismo que un acontecimiento desbaratador sorprenda nuestro ritmo de vida en un momento de desequilibrio, que nos alcance en plena preparación. Nada es seguro en lo que nos rodea. Todo lo que vemos puede caer en un solo momento, en una sola circunstancia adversa. La única manera de hacernos fuertes, es saber y aceptar que todo es mudable, que nada permanece por más que nos empeñemos en ello. Lo deseable es que no ocurra nada que nos altere gravemente, que nuestra fe no sea sometida a pruebas de fractura, pero hay que prepararse, de modo continuo, como si un acontecimiento así fuese a ocurrir en el día venidero. Esa es la razón de la exhortación “Vigilad y orad”, que es algo más activa que la también válida de ” Velad y orad” de la Adoración Nocturna. La Vigilancia y la oración deben ser constantes, a lo largo de todo el día. No hay ninguna hora libre de la amenaza.

                        La oración individual y comunitaria

       Es tan necesaria una como la otra. en algún momento del día y de la noche. “La oración es un coloquio con Dios. Cunado lees, es el Señor el que te habla; cuando oras, eres tú el que hablas a Dios”, decía San Agustín. “Ora en voz alta, si alguno debe escuchar lo que dices: hazlo en silencio, cunado nadie te escucha; nunca faltará un oyente para tus afectos internos. La oración vocal -en comunidad-, tendrá sus tiempos según la oportunidad; pero la plegaria interior debe ser continua.

     Dice el Oracional: si bien la oración hecha en oculto y cerrada la puerta; que es necesaria y debe recomendarse siempre, la realizan los miembros de la Iglesia por medio de Cristo y en el Espíritu Santo, la oración comunitaria encierra una especial dignidad, conforme a lo que Cristo manifestó:“Donde dos o tres están reunidos orando en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad. El ejemplo y mandato de Cristo y de los apóstoles de orar siempre e insistentemente no debe ser solo tenido como un precepto legal, sino que manifiesta la propia naturaleza y esencia de la comunidad -ecclesia-.

         Es el único modo de mantenerse en contacto con el Espíritu, con la luz interior. Cuando deja de existir esa comunicación, se apaga esa luz, y ya no somos capaces de encenderla, se sigue viviendo, pero nada más.

              Procura no perder jamás la serenidad de ánimo; en las cosas prósperas bendice la misericordia; en las adversas bendice la justicia. San Agustín