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                 Han pasado más de 11 años desde que descubriera este lugar, bajo las indicaciones de Pepe Ruíz Vacca. Esto da una cifra aproximada de 600 lunes posibles y sus 600 semanas. La capilla ha estado abierta de modo permanente cada lunes a lo largo de 30 años. Y podemos dar testimonio de una tercera parte de esa historia.

                            Entre 2011 y 2017, monseñor Ramón Buxarrais celebró una misa diaria, que descontando solo sus ausencias por vacaciones (tres semanas al año) alcanza la cifra de más de 2000 oficios religiosos, con la compañía tan solo unas pocas mujeres, casi todas internas del Centro Asistencial, entre los años 2012 y 2015. Hemos sido testigo de como celebraba misa tan solo para una o dos personas, y de como, según su testimonio, la seguía oficiando incluso aunque no asistiera nadie, aunque casi siempre llegaba alguien. Esos 5 años fueron los mejores, los que tenían más esencia y en aquel lugar habitada el Espíritu y se posaba en paz. Resplandecía solo para unos pocos, y de eso también podemos dar cuenta, pero tendrá su momento. No hay prisa y tenemos más de 1000 fotografías de todo ese tiempo.

                          Nada era igual. Con cada estación, con cada hora del día, todo se transformaba. No había las mismas personas por la mañana que por la tarde, cada lunes se acercaban fieles diferentes, según sus necesidades y su tiempo. Cada día traía sus propios asistentes, mayoritariamente mujeres. Ese tiempo fue único, no se repetirá, y tiene su propio nombre, que ya se revelará, pero aquí está recogido. No se perderá y se dará testimonio de él. Se cumplió el mandato: “Allí en donde haya dos personas congregadas en mi nombre, estaré yo en medio de ellas”. Durante aquel tiempo suficiente, que no fue corto, recuperamos al Padre.

                    Ahora es otro momento, hay otras personas, pero los santos siguen allí, sus imágenes, y el Espíritu sigue allí asentado. Se mantienen las velas encendidas, y las visitas. No es momento de desvelar todo.

                                                 Oración de San Nicolás

                       Glorioso San Nicolás, especial protector mío, desde aquella sede de luz en la cual gozáis de la divina presencia, volved hacia mí vuestras miradas y alcanzadme del Señor la  gracia y vuestros auxilios oportunos en mis necesidades actuales, así espirituales como temporales. Asistid también, oh glorioso Santo obispo, a todo el pueblo cristiano. Consolad a los afligidos, proveed a los necesitados, amparad a las mujeres y niños, asistid a los enfermos y haced que todos sientan los efectos de vuestro poderoso abrazo de padre, ante el supremo Dador de todo bien.

                     Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Rogad por nosotros, bienaventurado Nicolas