Fin del Jubileo de La Misericordia

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   Una celebración litúrgica de Acción de Gracias, en la que participa todo el clero melillense, una comunidad de cada parroquia, y los integrantes de todas las congregaciones religiosas de la ciudad, pondrá fin al Jubileo especial de La Misericordia, el jueves día 10 de noviembre a las 20h 00, en el templo Arciprestal del Sagrado Corazón. El oficio religioso, o misa de Acción de Gracias, será presidida por el Vicario episcopal Roberto Rojo, en la solemnidad de San león Magno.

   “No he venido en busca de los justos, sino de los pecadores a penitencia”, se escribe en el evangelio de Lucas. Si fuera por los justos, ya no cabría uno más en el Reino de Los Cielos, por eso la misión de Cristo queda así de clara en Lucas. ¿Quién es un pecador, qué es y cómo se recibe la Misericordia?. Lo primero y principal es reconocerse pecador, y admitir las propias faltas. Quién se proclama justo, misericordioso y libre de pecados, no necesita nada. Eso sí, por muchas veces que comulgue, jamás entrará la Misericordia en él. Esto es algo que ha dicho el Papa Francisco, y esa fue su intención al proclamar, es la única persona que puede hacerlo, el Jubileo especial de La Misericordia. Además del propio reconocimiento de las faltas personales, debe confesarse ante un sacerdote, y oír misa con posterioridad, y hasta el domingo día 13 de noviembre como último día, que es la fecha en la que finaliza este Jubileo.

   ¿Quién es pecador/a?. La propia Iglesia la primera aunque también sea santa; porque el reconocerse como tal, es una condición indispensable para poder reconocer las faltas o pecados de los demás. Lo que vale para la Institución, compuesta por personas, vale igualmente para las personas. Debe existir pues, una labor de purificación constante. Confiesa el feligrés, confiesa el Papa, el Obispo y hasta el último de los sacerdotes.

  ¿Quién peca, quién comete una falta?. Nadie, porque el mundo está lleno de justos. Esto es verdad aunque el mal reine y se extienda. El culpable de algo siempre es el otro. Son los que nos rodean quienes nos incitan a obrar mal, luego son ellos los que deben responder de nuestras faltas. Si se va al confesionario, es por cumplir un requisito previo a la comunión, y no porque nuestro espíritu esté lleno de las ramas de la vanidad, de la soberbia, de la envidia o de la falsedad. Siempre es el vecino el que provoca nuestra ira, porque nosotros no la tenemos. Podemos dar lecciones a todos y no recibirlas. Jamás inclinaremos la cabeza ante nadie. Somos humildes por naturaleza y en esencia.

      Albino Luciani, al ser nombrado como Arzobispo de Vencia y preguntado sobre su significado respondió: Me han nombrado a mí, porque Dios Padre prefiere escribir alguna de sus obras en polvo, y no en bronce o en mármol. El Papa emérito Benedicto XVI afirmó: “perder la conciencia del pecado, comporta entender superficialmente el amor de Dios”.

     La puerta mística del Perdón, aunque Melilla carece de ella al no tener catedral, permanecerá abierta hasta el domingo, aunque la misa conmemorativa se celebre este jueves. La Iglesia del Sagrado Corazón es la única en la que se puede alcanzar este Jubileo, tras recibir la comunión de manos del Vicario Roberto Rojo, o de algunos de los sacerdotes concelebrantes en esa misma tarde. La misericordia debe ser una actitud y una disposición diaria y constante.  En caso contrario, todo esto será solo un rito físico.      

Nunc dimittis

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                             Ahora puedes dejar marchar

          Nunc dimittis servum tuum, Domine, secundum verbum tuum in pace: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra.

       La renuncia es uno de las decisiones más difíciles a los que puede enfrentarse una persona. Hablamos de la renuncia real, no la táctica. Reconocer que las fuerzas propias están extinguidas, o que la labor encomendada está ya concluida y llevada a buen término. No hacerlo antes de tiempo, porque equivaldría a un abandono. No hacerlo demasiado tarde, porque marchitaría el fruto de lo logrado.

         El mundo es como es, y sucede como sucede. No hay margen para alterar los acontecimientos, ni tampoco su curso. Sin embargo, en ocasiones se produce la posibilidad de cambiar algo que parece ya destinado a suceder, interrumpir el curso de una amenaza dirigida contra una persona, o variar su destino. Hacerlo equivale a interferir en la órbita de un planeta o de un satélite natural. La acción modifica de modo invariable a todas las fuerzas que participa en ella. La energía generada es tan grande, que a veces funde por completo a todos los elementos intervinientes. Sin embargo, a veces sale bien, y se modifica el curso de lo que ya parecía inevitable.

                 Entonces surge la posibilidad de algo nuevo. Son muy pocos los que consiguen arañar la historia. El resultado puede empezar a verse de inmediato, o aparecer claro mucho después, así como su significado.

                    Alejado del exceso de afectividad, tan al gusto de las gentes, Benedicto XVI aparece como el padre profundo y entrañable, que vigila atento lo que sucede, pero que no interviene de modo directo en los acontecimientos. Renunció en el momento exacto, cuando nadie lo esperaba, un 11 de febrero de 2013. Han pasado casi cuatro años, su papado duró ocho, y ahora puede empezar a intuirse el valor de su acción. Su renuncia cambiará la evolución del Ministerio Petrino. Lo dejó todo para recogerse en los brazos protectores del Padre.

               Dejará una huella profunda, pues su producción teológica ha sido muy grande, y también profunda. Tardará en ser comprendido en su totalidad, pero permanecerá para siempre.

      Nota:https://youtu.be/wir3DA9D74s

Vigilad y Orad

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    Hay que estar siempre vigilantes, siempre preparados, porque el enemigo puede saltar sobre nosotros en cualquier momento. También una contrariedad de la vida, o cualquier otra circunstancia personal. No es lo mismo que un acontecimiento desbaratador sorprenda nuestro ritmo de vida en un momento de desequilibrio, que nos alcance en plena preparación. Nada es seguro en lo que nos rodea. Todo lo que vemos puede caer en un solo momento, en una sola circunstancia adversa. La única manera de hacernos fuertes, es saber y aceptar que todo es mudable, que nada permanece por más que nos empeñemos en ello. Lo deseable es que no ocurra nada que nos altere gravemente, que nuestra fe no sea sometida a pruebas de fractura, pero hay que prepararse, de modo continuo, como si un acontecimiento así fuese a ocurrir en el día venidero. Esa es la razón de la exhortación «Vigilad y orad», que es algo más activa que la también válida de » Velad y orad» de la Adoración Nocturna. La Vigilancia y la oración deben ser constantes, a lo largo de todo el día. No hay ninguna hora libre de la amenaza.

                        La oración individual y comunitaria

       Es tan necesaria una como la otra. en algún momento del día y de la noche. «La oración es un coloquio con Dios. Cunado lees, es el Señor el que te habla; cuando oras, eres tú el que hablas a Dios», decía San Agustín. «Ora en voz alta, si alguno debe escuchar lo que dices: hazlo en silencio, cunado nadie te escucha; nunca faltará un oyente para tus afectos internos. La oración vocal -en comunidad-, tendrá sus tiempos según la oportunidad; pero la plegaria interior debe ser continua.

     Dice el Oracional: si bien la oración hecha en oculto y cerrada la puerta; que es necesaria y debe recomendarse siempre, la realizan los miembros de la Iglesia por medio de Cristo y en el Espíritu Santo, la oración comunitaria encierra una especial dignidad, conforme a lo que Cristo manifestó:«Donde dos o tres están reunidos orando en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad. El ejemplo y mandato de Cristo y de los apóstoles de orar siempre e insistentemente no debe ser solo tenido como un precepto legal, sino que manifiesta la propia naturaleza y esencia de la comunidad -ecclesia-.

         Es el único modo de mantenerse en contacto con el Espíritu, con la luz interior. Cuando deja de existir esa comunicación, se apaga esa luz, y ya no somos capaces de encenderla, se sigue viviendo, pero nada más.

              Procura no perder jamás la serenidad de ánimo; en las cosas prósperas bendice la misericordia; en las adversas bendice la justicia. San Agustín

Hermana Manuela Amaro Cueto

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         Superiora Congregación Esclavas Inmaculada Niña

      La congregación de la Inmaculada Niña llegó a la ciudad en la primera mitad de 1921, y se instalaron desde el principio en el Barrio del Industrial. Se ha escrito muy poco sobre ellas, aunque tampoco buscar ser conocidas en exceso. Se trata de una Congregación dedicada a ayudar a las niñas sin hogar, en algo se distinguen del campo de acción de Las Religiosas Adoratrices. Las hermanas de La Divina Infantita es una congregación de origen mexicano, surgida en un convento de concepcionistas, tras las visiones de una lega, Magdalena de San José. Es una historia paralela entre España y México, entre el sacerdote almeriense Federico Salvador Ramón y la madre mexicana Rosario Arrevillga. Ambos se conocieron durante la estancia en México del padre Federico Salvador, dando lugar a esta novedosa y singular Congregación. La Divina Infantita es la patrona de la localidad de El Ejido. La conexión entre Melilla y México ha sido siempre muy estrecha. En 1948 falleció en nuestra ciudad una superiora de la Congregación Rosario de La Pureza Cataño Flores, y en 2008 una hermana mexicana Consolación Orona, a la edad de 102 años, y que había llegado a la ciudad con la Madre Superiora antes mencionada.

        En esta tradición se enmarca  la vida de la madre Manuela Amaro Cueto, fallecida el 21 de octubre a la edad de 84 años, siendo los 30 últimos en nuestra ciudad, al servicio de esta Congregación, en la que llevaba casi 60 años, con el nombre de Madre Infancia.Manuela Amaro fue superiora de la Congregación hasta el año 2008. Su simpatía y buen talante, ganaba rápidamente el afecto de cualquier persona que se acercara hasta ella. Nunca le faltaba una sonrisa, ni su disposición a satisfacer cualquier demanda que estuviera a sus alcance. Mi último encuentro con ella fue en el mes de septiembre, todavía en plenas obras de rehabilitación de la capilla del Colegio y Residencia de la Divina Infantita, facilitándome las llaves de la azotea, para que pudiera fotografiar las campanas de la antigua espadaña, no resultando una labor rápida ni fácil.

       Poco o nada se sabe de su vida anterior a su profesión religiosa, algo que hizo a los 24 años de edad, desde entonces y ya para siempre, será la Madre Manuela. Era una mujer menuda, y una gran religiosa y persona. Se enfrentó a un asunto muy serio, la rectificación de la herencia del notario Juan Castelló, y salvó milagrosamente la propiedad del Colegio y Residencia, por lo que se la puede considerar como su salvadora. Esa es sobre todo, su herencia física para este mundo. La espiritual permanecerá entre sus muros.

Una canonización en Roma

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                  Canonización del obispo de Málaga, Manuel González

        En su larga trayectoria como sacerdote y obispo, Manuel González, fue también obispo de Huelva y de Palencia. Ambos destinos son el Alfa y el Omega de quien es conocido, sobre todo, por ser obispo de Málaga, ciudad a la que llegó como obispo auxiliar en 1915, con el nombramiento de Obispo de Olimpo.  En la Diócesis de Málaga se mantuvo hasta que una revuelta social en mayo de 1931, le expulsó de palacio Episcopal. Siguió haciendo efectiva su dirección de la Diócesis malacitana hasta 1935, pero desde Gibraltar y finalmente Madrid. También ejerció el cargo de senador en 1918.

     Su nombre está vinculado a Melilla por diversas razones, la principal por la inauguración del templo del Sagrado Corazón en mayo de 1918. Con ocasión del episodio histórico conocido como Desastre de Annual, se desplazó hasta nuestra ciudad en el mes de agosto, y se mantuvo en Melilla por largo tiempo. La Navidad de 1921 también la pasó en Melilla, ciudad que visitó en muchas ocasiones, en su largo pontificado.

    El Vicario Roberto Rojo en Roma

        Málaga lo considera su obispo por diversas razones, aunque esté enterrado en la catedral de Palencia, destino que ejerció desde 1935, hasta 1940, fecha de su fallecimiento. Este es el motivo por el cual la Diócesis de Málaga ha enviado una amplia delegación a Roma, ciudad en la que confluyen todos los caminos, en lo que a santidad, gloria y perdón se refiere.

   El Vicario Episcopal de Melilla, Roberto Rojo, ha acompañado a la delegación de la Diócesis de Málaga, en la que está incardinado desde 1989, por decisión del Obispo Jesús Catalá. La Iglesia de Roma ha decidido otorgar la categoría de santo a un obispo de amplia obra fundacional, entre las que destacan las Hermanas Eucarísticas de Nazaret; y teológica, pero de claro compromiso con el alzamiento franquista en 1936. Su etapa final en la ciudad palentina presenta su perfil más cuestionado. Nunca habrá nadie a salvo de controversias.

   La Iglesia ha preferido la santificación de Manuel González, antes que la de los obispos mártires de Guadix y Almería, Manuel Medina Olmos y Diego Ventaja Milán. Ambos fueron asesinados en el Barraco del Chisme, en la localidad almeriense de Vicar. Málaga tiene otro obispo y cardenal en la lista de espera de la santidad, que es Herrera Oria, que también viajó en numerosas ocasiones a nuestra ciudad. Ángel Herrera Oria fue periodista, jurista y político español, antes que sacerdote, obispo y cardenal de la Iglesia Católica.

   En cada momento, en cada persona que se envía a los altares, La Iglesia busca un perfil determinado, que no siempre puede coincidir con el parecer de los tiempos. En cualquier caso, para Málaga es una gran jornada, y algunas iglesias de la capital cambiarán en breve su advocación, que pasará a ser la de San Manuel González. En la catedral de Palencia le espera la bendición de una estatua de bronce.

  Para el Vicario episcopal también ha sido una gran jornada, en la que apenas ha estado a unos metros del Papa Francisco I, junto con el resto de expedición malacitana. Después de las tribulaciones de los últimos meses, es una gran recompensa asistir a una canonización en Roma, y dejar reposar el espíritu en la contemplación de los monumentos, plazas y bellísimos templos de la inmortal capital de Italia.

  Nota: Entrada nº 200

Misa de octubre en la Arciprestal

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                         La democracia de los fieles

          En una iglesia jerárquica, la única democracia posible es la de los fieles, que acuden a una iglesia u otra, según les guste más o menos el párroco, o según su comodidad y conveniencia.El desplazamiento de la población también ha provocado el vacío en algunas parroquias, como Bateria Jota, Tesorillo e incluso el templo Patronal. Debe existir una sintonía entre el prelado y su feligresía, porque una iglesia sin fieles se hunde, desaparece.       El Vicario Arciprestal de Melilla, Roberto Rojo Aguado, un sacerdote de vocación tardía pero firme, ha vuelto a llenar su parroquia. Es un sacerdote de verbo fácil y abundante, que declama en voz baja, casi en estado de oración, pero que lleva a cabo homilías pegadas a la realidad de la calle. No es un sacerdote de beatería fácil y efectista. Es más bien muy directo  y habla de temas actuales, con ejemplos próximos a la realidad, que le ocasionan más de una mala e interesada interpretación

       Ha soportado una rebelión organizada y potente dirigida contra su persona, con el objetivo de hacerle caer como Vicario, y en el valor personal ante los fieles. La traición proviene siempre del amigo, del círculo más íntimo, que es el que conoce los detalles más sensibles, y en dónde golear con más eficacia y precisión. El enemigo nunca traiciona. Todo empezó el día del Corpus, domingo 29 de mayo, con un pseudo altar callejero, en el que se pretendió que se detuviera la procesión. Él ya avisó que no detendría la procesión, salvo en los tres alteres oficiales, con sus correspondientes sagrarios. Siguieron luego una serie de revelaciones encadenadas sobre comportamientos personales, que le situaron frente a un vendaval que afrontó sin apoyos posible, con la pretensión de deteriorar su imagen. Todo acabó el pasado lunes 3 de octubre, tras 5 meses de acoso.

            Los fieles son pues los que vacían o llena una iglesia, y alzan las donaciones o las dejan caer. Es tiempo de iglesia casi vacías y hay que adaptarse a ellos. El Vicario Roberto Rojo, una vez conocido el calvario que ha soportado, ha visto como los fieles le refrendaban, casi llenando el templo arciprestal melillense, en la última misa del domingo. Tiene muchos apoyos, pero Melilla es una ciudad en la que se teme tanto manifestarse a favor como en contra, sobre todo cuando no se sabe de donde han partido los hilos que querían hacer zozobrar al Vicario. Los apoyos suelen ser silenciosos y los enemigos declarados, aunque los principales no han aparecido. Le han faltado muchos apoyos que debieron hacerse explícitos y que no debieron quedar solo en los pasillos. No puede haber más precisión que en este texto de San Agustín: ¿Hay abismo más profundo que el corazón humano?: De aquí es de donde  desencadenan frecuentemente los vientos que levantan las tempestades de sediciones y discordias que, a su vez, ponen en peligro la estabilidad de la nave (la iglesia).

           Nos quedamos con la democracia de los fieles, con su apoyo al Vicario en la misa, y con la penumbra de esta capilla, en la que podemos hablar más claro. Han sido muchos los vicarios que han pasado por la ciudad desde 1938. ¿Que queda?, en muchos casos apenas solo el nombre. Así ocurrirá con todos los que hemos visto y los que vendrán. ¿Qué quedará?, tan solo la Iglesia y la majestad inaprensible de Dios Padre. Así es y así debe ser.

    Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/05/29/la-custodia-del-corpus-en-melilla/

Meditaciones de San Agustín VIII

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       «En cada tentación de las que padecemos en esta vida luchan dos dos amores opuestos: el del mundo y el de Dios. 

       Lucha con valor, porque la corona de la victoria se ha prometido únicamente a aquellos que combaten. Mira pues, de frente a tu enemigo y ten presente que si sales vencedor, serás coronado. La lucha está dentro de ti mismo; no temas a enemigos venidos de fuera; véncete a ti mismo y tendrás vencido al mundo. ¿Qué te podrá hacer cualquier enemigo exterior, sea el diablo o alguno de sus ministros?. Lucha pues, y lucha con esfuerzo. El mismo que te regeneró, es el juez de la lucha; y el mismo que te ha hecho descender a la arena; está dispuesto para coronarte si consigues la victoria.

      Una cosa es, sin combatir, disfrutar de una paz verdadera, otra, combatir y cnseguir victoria; otra combatir y ser vencido; y otra, sin pelear, ser vencido. Para vencer, coloca tu esperanza en aquel que te ha mandado combatir, y con el auxilio del que te ha ordenado que combatas, conseguirás el triunfo sobre tus enemigos».

          Kempis agustiniano

La Patrona en Estudios Melillenses

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      Recuerdo bien esa época, es una de las que recuerdo con más agrado. Subía muchas tardes de los años 1989, 1990 y 1991 a Melilla La Vieja. José Luis Blasco todavía ejercía como archivero voluntario  en la iglesia de La Purísima. Allí estaba y conocí a fray Jesús Cortejosa. La iglesia solía estar vacía todas las tardes, salvo por la presencia de ellos dos. De vez en cuando aparecía alguna mujer del Pueblo o alguna visita. Fray Jesús oficiaba misa para dos, tres o cuatro personas como máximo y eso nos incluía, a veces; en algunas de las capillas laterales, solía preferir la del nazareno, que contaba con un pequeño altar.

       El archivo consistía entonces en una pequeña habitación llena de cajas. José Luis lo dejó todo clasificado, y se fue a Estudios Melillenses. Alternaba los días en uno y otro lugar. Allí no subía casi nadie, salvo el día 8 de septiembre. Recuerdo bien la soledad de la imagen de la Patrona. Las tardes de invierno eran duras y oscuras en Melilla La Vieja. Entonces no se hacían fotos. No existía el mundo digital y todo era muy caro.

       Luego llegó el traslado de la Virgen, de la Patrona de Melilla al histórico almacén de San Juan, un 27 de marzo y aquí inserto el relato de Imparcial: «Esa capilla se instaló con todo el respeto del mundo. En unas horas, despojamos la Sala de Juntas de la AEM de mesas, sillas, vitrinas, fotografías, planos, mapas, etc. Todo, absolutamente todo, se sacó de esa sala, para dar posesión de ella al Santísimo Sacramento, a la Virgen de la Victoria, a los Hermanos Capuchinos, y a los fieles de esa querida parroquia. Fui testigo de excepción.
Aquella tarde, 27 de marzo de 1991, Fray Jesús Cortejosa Gómez, se puso en contacto con el Presidente de la Asociación de Estudios Melillenses Juan Díez Sánchez, que inmediatamente acudió al Convento de Capuchinos, y desde allí fue llamando a todos y cada uno de los miembros de su Junta Directiva. Los mismos que, POR UNANIMIDAD, le confirmaron que siguiera adelante en lo que le proponía Fray Jesús.
     Esa misma tarde, Fray Lázaro de Málaga, con Luis Cortés, y otros vecinos más, trasladaron a la Patrona de Melilla a la sede de la AEM. El arquitecto encargado de las obras de restauración declaró “la ruina inminente del edificio.” Quedando clausurada la iglesia parroquial y todas sus dependencias. Sólo unos cuántos se atrevieron a llegar hasta el camarín y rescatar la sagrada imagen».

        Pasamos allí muchas tardes, con la Patrona a la misma altura, lo que jamás podrán decir muchos/as. También subieron hasta allí algunas mujeres (como Adela y muchas otras) que se preocupaban por la supuesta «falta de seguridad», aunque nunca pasó nada. Casi nadie transitaba por allí en aquellos años. Ni un solo artículo se escribió reclamando la presencia de la Virgen de la Victoria en un templo sagrado, aunque puedo decir que la Asociación de Estudios Melillenses es uno de los lugares en los que mejor ha estado.

         Nadie nos va a contar ahora mentira alguna o historias de devociones sobrevenidas.

San Cosme y San Damián en Roma

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           La basílica de los santos Cosme y Damián fue la primera edificada sobre el antiguo Foro romano, por ello incorpora muchos elementos anteriores en su construcción. La basílica fue erigida por el Papa Félix en la mitad del siglo VI. Es difícil en Roma decir cual iglesia o basílica es más hermosa o atractiva, pues todas lo son. Así pues, el criterio de regirse por algún acontecimiento externo que se produzca en el mismo momento de la visita. En este caso, la basílica de los santos Cosme y Damián fue la primera que visitamos en nuestra estancia en Roma.

         Cosme y Damián eran hermanos mellizos procedentes de la península arábiga, y se establecieron en Siria en donde ejercieron como médicos, pero sin cobrar a sus pacientes por sus servicios. Fueron martirizados en 303, bajo la gran persecución de Diocleciano. En Constantinopla existió una basílica en su honor, que obviamente ya no existe. Sus nombre figuran junto a los grandes santos, en el conocido como Canon romano, honor reservado a muy pocos santos. Su festividad se celebra cada 26 de septiembre.

        Nota: http://www.romaincamper.it/approfondimenti/chiese/cosmaS.html

En el nombre del vicario

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                          El último sacerdote de monseñor Ramón Buxarrais

        Roberto Rojo está agarrado a la cruz del sacerdocio desde 1989, cuando fue ordenado como presbítero por el entonces obispo de Málaga monseñor Buxarrais, a la edad de 38 años. Hasta 1986 era un ingeniero informático de éxito en Torremolinos, la ciudad de los 3 enemigos del alma (mundo, demonio y la carne). Su salario en aquel momento quintuplicaba al de un sacerdote. Al igual que Saulo de Tarso, una visión, una llamada, una voz interior, le hizo dejar todo e iniciar sus estudios como sacerdote: «de qué te sirve ganar el mundo si pierdes el alma». El ingeniero informático decidió, en la cima laboral y de contactos sociales, salvar su alma, y ayudar a que otros no perdieran la suya.

         Tres años después, recién ordenado como sacerdote por el obispo Ramón Buxarrais (la espada flamígera del lujo y de la jet-set), es enviado a Villanueva de Algaidas, un pueblo de poco más de 4000 habitanttes, y a un mundo de distancia de Torremolinos. En los primeros años del tercer milenio volverá a la capital del lujo y de la vanidad, a la Babilonia marbellí, a la parroquia del Carmen, pero ya convertido en un defensor del evangelio, de la pobreza y de la caridad. Roberto Rojo escuchó la advertencia del Maestro al rico ostentoso: «deja todo lo que tienes y sígueme». Una año antes de llegar a Melilla era capellán del hospital de la Costa del Sol en Marbella. Desde el inicio de su vida consagrada desdeña el lujo y vive con  modestia.

          El Vicario episcopal es un hombre que mira a la cara. No es fácil de engañar. Sabe distinguir la falsa afectación piadosa, de la verdadera fe, aquella que acompaña hechos y obras. Dicen de él «que se sale siempre con la suya». No es esa la sensación que trasmite, sino la de una persona a la que debe convencerse de que la propia propuesta es mejor que la suya, en cuyo caso no tiene inconveniente para aceptarla o rectificar. Una año antes de llegar a Melilla era capellán del hospital de la Costa del Sol en Marbella. Quizá sea que alguien hace una propuesta personal o para un grupo, y él defiende el interés de la Iglesia, de la colectividad. La actividad de cofradías y congregaciones es una fuente de quebraderos de cabeza para párrocos, vicarios, arciprestes, e incluso obispos.

              Desde el mes de mayo vive una situación de rebelión de una parte de la feligresía en su contra. Está soportando todos los embates, descalificaciones, e insidias. como el maestro Jesús atado a la columna; en silencio, sin replicar a nadie; pese a que algunas de esas críticas son públicas y escritas. Su propuesta de llevar a cabo anualmente la novena de La Patrona de Melilla en la iglesia arciprestal del Sagrado Corazón, ha desatado vendavales y furias en la ciudad, creándose incluso  un grupo de presión en oposición a su persona y a su propuesta.

        Decía San Agustín que no es posible decir que se ama a la Iglesia y a Dios, a la vez que se desprecia a algunos de sus sacerdotes. Sobre si es o no un buen sacerdote debe juzgarlo Aquel a quien sirve; si es o no un buen vicario debe valorarlo el obispo que lo nombró para este cargo. Queda solo en nuestras manos decidir si es una buena persona. Por lo que conozco de él, por lo que he visto en los últimos meses, y sobre todo, por algunas de las acciones movidas en su contra, debo decir que sí lo es. Sabe reconocer sus errores, los dice claramente y sobre todo, escucha y actúa siempre de frente.