Jaculatorias del Espíritu Santo

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        Al principio creó Dios los cielos y las tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo; pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Génesis 1, 1-2. Y el Espíritu era Dios.

       Hace ya tiempo, casi todas las semanas, se leían en los periódicos jaculatorias y oraciones al Espíritu Santo. El espíritu es la energía que nos permite movernos. Si él muere o se adormece, todo se acaba. Es la llama que alumbra en el interior. Sin esa luz todo es tiniebla. «Yo os mostraré a quién debéis temer», dice Lucas. Mateo precisa más: «temed más bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la gehenna». Sin embargo todo eso ha desaparecido, pese a su alta importancia.

              «A quien dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. Cuando os conduzcan ante los magistrados y autoridades, no os preocupéis de cómo o qué habéis de responder o decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquella hora lo que habéis de decir», dice Lucas 12, 10-12

                                                     Jaculatorias

        1- Espíritu Santo, dulce huésped del alma, permaneced conmigo y haced que yo permanezca siempre con vos.

        2- Espíritu Santo, Dios, Tened compasión de nosotros.

        3- La gracia del Espíritu Santo ilumine nuestros sentidos y nuestros corazones.

        4- Venid, Espíritu Santo, llenad los corazones de vuestros fieles y encended en ellos el fuego de vuestro amor.

        Rezadas todos los días durante un mes, conceden indulgencias de 300, 500, días y 5 años.

La fe, entre Oriente y Occidente

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       En Viareggio (Italia) se celebra uno de los carnavales más lúdicos, críticos e imaginativos del mundo. A lo largo de un mes entero se recrea en papel maché cualquier acontecimiento político, religioso o cultural del Planeta. Este año ha sido objeto de la sátira el Papa Francisco I, al que todos llaman Bergoglio. No hay manera de contener la avalancha de páginas críticas, e incluso de disidencia manifiesta contra el “especial magisterio” del primer Papa sudamericano de la historia, al que representan con una hoz y martillo en vez de báculo, y rodeado de los demonios del comunismo: Lenin, Mao, Castro y Marx.

          La censura mundial impide conocer qué está ocurriendo en torno al papado de Francisco I, que ha sido excomulgado y declarado apóstata por el Patriarca Elías, cabeza del Patriarcado Católico Bizantino. El hecho ocurrió el 2 de agosto de 2013, festividad del profeta Elías. El anatema se fundamenta en la 1ª carta de Gálatas, versículos 8 y 9: “Pues mirad, incluso si nosotros mismos o un ángel bajado del cielo os anunciara una buena nueva distinta de la que os hemos anunciado”, ¡Fuera con él!

        Se podría decir que este patriarcado es pequeño y poco extenso, pero uno de los más afamados metropolitanos (obispos) de la Iglesia Ortodoxa Griega, Metropólita Serafín del Pireo, emitió en abril de 2012 un durísimo anatema (excomunión) contra el “ecumenismo” o unión de las iglesias, predicado y pretendido desde la herética Roma, a la que condena en todas su formas, empezando por el primer Papa, al que se refiere como Pedro el cobarde y a todos los que siguieron al “lobo Pedro”, les otorga su anatema. El Metropólita Serafín declara excomulgados a los que promuevan “la panherejía del ecumenismo y del sincretismo religioso”, al protestantismo y todas sus versiones, a los herejes Lutero y Calvino, y al que considera responsable de esta deriva ecuménica, el heresiarca Benedicto XVI; al que también excomulga el Patriarca Elías, por su insensata beatificación de Juan Pablo II.

       Tanto el Patriarcado Católico Bizantino, como la Iglesia Ortodoxa de Grecia, ofrecen la posibilidad de apostatar de lo que ellos consideran como desviación romana, y cargan contra el ecumenismo sin ningún tipo de contemplaciones. Sin embargo, el que explica mejor en qué se sustentan esas diferencias es el ya fallecido Padre Arsenie Papacioc, considerado como un padre Espiritual de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía.

         Arsenie Papacioc sigue sosteniendo que a la Iglesia de Roma le sigue sobrando soberbia, y que su pretensión es seguir prevaleciendo sobre las demás, cuando en origen, todas eran iguales. Los concilios eran ecuménicos desde el primero, celebrado en Nicea en 325, hasta el V de Constantinopla, celebrado entre 1341 y 1351. Desde entonces está vigente la división y la fractura, por lo que no tiene sentido ese pretendido “ecumenismo”, que tantos problemas le está causando a Francisco I y anteriormente a Benedicto XVI, según el duhovnic Arnesie Papacioc. Las diferencias doctrinales y litúrgicas son profundas y cimentadas desde hace mil años. ¿Qué es lo que quieres reconciliar ahora, lo haces desde la humildad o desde la arrogancia?, preguntaba el padre Arsenie.

                                Francisco I y el mundo católico

         Pudiera pensarse que todos esto que hemos mencionado procede de iglesias minoritarias o incluso pequeñas en comparación con Roma, pero al menos los ortodoxos fundamentan y sostienen sus afirmaciones, por muy exageradas que puedan parecer. Sin embargo, los problemas del Papa Francisco no vienen de Oriente, sino de su propia y santa iglesia, la católica romana.

          El  lunes 13 de marzo, los obispos españoles celebran su 109º Asamblea Plenaria para elegir al nuevo representante de la Conferencia Episcopal Española y que contará con 80 electores, aunque más de 150 presentes. Salvo sorpresas, Ricardo Blázquez, nombrado recientemente como cardenal, repetirá en el cargo. Los problemas están en Roma. En España el cardenal Sistach de Barcelona también ha defendido Amoris Laetitia (la exhortación de la discordia) y su aplicación. Otro claro defensor del Papa es Carlos Osoro, Cardenal arzobispo de Madrid. En la iglesia actual hay un silencio extendido, porque algunas de las afirmaciones de Francisco I se sitúan casi al límite del abismo doctrinal.

             Benedicto XVI, futuro santo y Padre de la Iglesia, pese a las excomuniones, intentó una aproximación al sector más tradicional de la Iglesia: “Siempre he dicho y sigo diciendo que es importante que cuanto en la Iglesia antes era lo más sagrado para las personas, no se convierta de repente en algo prohibido. Es importante que La Iglesia esté en armonía consigo misma, que no se considere erróneo lo que antes era sagrado. El rito debe evolucionar constantemente, pero la esencia permanecer”.

           El mismo lunes 13 de marzo, se permitirá también un rito litúrgico anglicano en la Basílica de San Pedro, dentro de una misa católica, lo que significa un avance ecuménico para algunos, y piedra de escándalo para los tradicionalistas. Un estancamiento en la liturgia y doctrina preconciliar, como la de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X, promovida por el obispo cismático, o un avance rápido hacia terrenos desconocidos, pueden llevar a la Iglesia a un cisma claro y abierto. Es insólito que existan dos Papas y no haya cisma. Podría darse hasta una renuncia de Francisco I si la presión aumenta, y coexistir tres Papas a la vez. En estos tiempos puede verse cualquier cosa.

 

Muerte y resurrección en Ratzinger

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                         La escatología de Joseph Ratzinger        

      Todo lo que sucede después de la muerte, en uno u otro sentido es lo que se denomina como escatología, doctrina con la que ningún teólogo se había enfrentado abiertamente, hasta la llegada de Joseph Ratzinger en 1950, y lo hace con una radicalidad en doble sentido, se sumerge en el problema hasta la raíz misma y lo hace con contundencia: “La escatología ha ocupado el último lugar en los tratados teológicos. Durante siglos ha estado durmiendo el sueño de los justos. Hace unos años Von Balthasar la calificó como frente meteorológico”. La alternativa a la propuesta de la resurrección es “la pura nada, la destrucción completa y para siempre de la persona”. Con todo, observa Ratzinger, no hay una sola doctrina, sea del tipo que sea, que ofrezca de modo abierta esa “pura nada”, siempre se adereza con algo. Todo lo relacionado con la muerte se enmascara bajo diversas formas, desde el ocultamiento hasta la banalización, Porque es algo que no se atreve a afrontar claramente, “porque la muerte es una amenaza directa a la integridad de la persona”.

       Cristo fue crucificado en el Gólgota junto a dos personas más, los evangelistas Mateo y Marcos dicen que ambos le increpan, incluida la gente que presenciaba la ejecución. Solo Lucas varía el relato y afirma que uno de ellos le dice: “acuérdate de mí cuando estés en el paraíso. Esto indica que su fama era ya notoria y que los aspectos más importantes de su novedosa predicación se habían extendido, como el de la resurrección, el de la vida más allá de la muerte. Para Ratzinger “la resurrección de Jesús es un hecho que experimentaron y transmitieron los testigos”.

     La respuesta de Jesucristo es suficientemente conocida: “En verdad te digo, que esta noche estarás conmigo en el paraíso”. Hay una solución en tres direcciones en este pasaje; Cristo resucitó, según la creencia al tercer día. El buen ladrón todavía la espera y del otro no sabemos nada.

                         El final del tiempo fijado

    Había abierto la puerta a la esperanza a los gentiles, tras una vida probablemente dura, la que debieron llevar sus compañeros de crucifixión, y una muerte espantosa. Si la vida concluye con la completa destrucción de la persona, entonces hay preguntas a las que no se puede encontrar sentido ni explicación.  A lo largo de 2000 años, son muchas las formas que ha tomado la doctrina y la creencia de la resurrección, que algunos sitúan en el mismo momento de la muerte, sin embargo, Ratzinger trae a colación un texto de un rabino judío del siglo III que dice que Dios dijo a los israelitas: “Pues para el final he fijado un plazo concreto en el cual ha de llegar, hagan penitencia o no, el final del tiempo fijado”. Nada puede adelantarse, pese a que el propio Cristo y muchos de los cristianos del siglo I pensaron que la llegada del fin de los tiempos y del mundo era cosa de aquella generación. Incluso para el Hijo, eran desconocidos los tiempos del Padre.  Muchos conceptos científicos han avanzado, y nuestro conocimiento del mundo y del Universo hacen inviables antiguas creencias y nociones., como la resurrección física de la corporeidad, descrita en la resurrección de Lázaro (mencionada en un anterior escrito) y que Lutero, citado por Ratzinger, calificaba como “porquería”.

                            La nueva oración   

          Cristo, el rabbí Jeshua, Jesucristo, propone una nueva oración, el Padre Nuestro, en el que según Ratzinger, se concentra toda la radicalidad y novedad del mensaje de Jesús, desde el mismo “venga a nosotros tu reino, petición que se fijaría en el hundimiento del mundo y la irrupción de lo que únicamente Dios puede hacer”, para añadir que “la última petición del Padre Nuestro sobrepasa a la segunda petición y a la primera, que es la que resume y culmina toda la oración, el <líbranos del mal>, sin que signifique solo el maligno, es una súplica a que nos libre de la muerte, el último y definitivo enemigo”. “Las letanías de los santos explican la postura de la fe cristiana frente a la muerte en esta petición: Ad subitánea morte, libera nos Domine. El que a uno se le arrebate súbitamente, sin poder prepararse, sin estar dispuesto, aparece como el peligro del hombre, del cual quiere ser salvado”.

        Muerte y resurrección, presentes a lo largo de todo el tiempo cuaresmal que se abre con el miércoles de Ceniza, supone la gran novedad de la propuesta de Jesús, en el análisis de Ratzinger: “la resurrección se sitúa en el centro del Credo, ya no es uno de los muchos enunciados de la fe, sino que se identifica con el concepto de Dios. La fe en la resurrección se identifica con el concepto de Dios. Lo nuevo que Él ofrece no consiste tanto en ideas desconocidas sino en la plenitud del poder que caracteriza su misión, poder con el que separa el trigo de la paja”.

       La característica esencial de Cristo es su atemporalidad, Él siempre habla en presente y por eso hace afirmaciones tan sorprendentes como “Antes de que existiera Abraham, yo soy”. Frente a la magnitud del acontecimiento que supone la muerte, solo queda la esperanza de la linealidad de la propuesta Cristo, que es Dios de vivos. Traspasada la frontera de la vida física, del final del tiempo, ya siempre será ahora, en una atemporalidad en la que solo hay presente, eso sí, como dice Ratzinger, los tres días que separaron su propia muerte de Cristo, de la resurrección, quieren indicar que hay un necesario tiempo de espera, antes de la llegada del reino de Dios. La gran advertencia de Ratzinger es: “La postura que escojamos frente a la muerte, determina también nuestra postura frente a la vida”.

 

          

 

La liturgia de la Ceniza

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     «Si el Adviento es, por excelencia, el tiempo que nos invita a esperar en el Dios que viene, la Cuaresma nos renueva en la esperanza en aquel que nos hace pasar de la muerte a la vida. Ambos son tiempos de purificación -lo manifiesta también el color litúrgico que tienen en común-«Año litúrgico  de Joseph Ratzinger, de Pablo Cervera.

       Cada año tiene sus marcas, bien religiosas, bien laborales, bien institucionales. El año Litúrgico tiene dos tiempos importantes, los ya mencionados. El miércoles de Ceniza, que este año ha coincidido con el 1 de marzo, se ha celebrado más profusamente que otros. Había más posibilidades que otros años para ser impregnado con la ceniza ritual. La Iglesia Arciprestal del Sagrado Corazón incorporaba por primera vez en varios años, la misa matinal especial, que hasta ahora venía celebrando en solitario el obispo emérito de Málaga Monseñor Buxarrais. Por la tarde, eso sí, todas la iglesias en uso de la ciudad, celebraron el rito litúrgico que abre y da paso a la Cuaresma. Este año, lo comentaban los asistentes, las iglesias han estado más llenas que en ocasiones anteriores.

      El Vicario Episcopal Roberto Rojo celebró una liturgia matinal  orientada hacia todos los creyentes, y también y en especial hacia los/las melillenses de la Residencia de Mayores. El oficio litúrgico de monseñor Buxarrais atendía a los residentes del Centro Asistencial y a todos los fieles residentes en las inmediaciones. No se puede estar en todos los lugares, pero deben estar abiertos la mayor cantidad de lugares de culto posibles. Lo que debe predicarse es el evangelio, da igual quién lo haga y ante cuantos.

                                    Liturgia de la Ceniza  en el ciclo A

            El año litúrgico del ciclo A, empezó en Adviento. Ahora solo estamos frente al 2º tiempo más importante del año litúrgico. Roberto Rojo celebra una liturgia armoniosa en los tiempos, enérgica y a veces rápida, salvo en la homilía, en la que se detiene más. Explicó la evolución de la liturgia cuaresmal a lo largo de los siglos, porque no siempre se ha prestado la misma atención a todo. «la Cuaresma, dijo el Vicario, es tiempo de ayuno, caridad y oración. Es tiempo de una oración constante, profunda e íntima, tiempo de diálogo con Dios. Es tiempo también de caridad, pero no la de dar dos euros a la salida de la iglesia, sino de la caridad con el prójimo.  Es tiempo de ayuno, pero no el de dejar de comer tal o cual cosa y sustituirla por otra, sino el de privarse de aquello que nos gusta y apetece, pero de un modo ostensible, de pequeños sacrificios, pero que se hagan notar, pero no para que los demás lo sepan, sino para que lo sepa Dios». La reflexión u homilía está siempre relacionada con las lecturas del día, en este caso la del evangelio de Mateo, que aconseja no practicar la justicia, ni la caridad, ni la oración, delante de los hombres, sino solo delante del Padre, que está en lo escondido, en lo secreto.

       Su última exhortación hacía referencia a la necesidad de evitar la dureza de corazón, a la necesidad de transformarse y cambiar de modo constante. La irritabilidad, la falta de tolerancia es una tendencia según se avanza en la edad. Hay que animarse a querer a los demás y a dejarse querer y apreciar por ellos, aunque nos lo pongan difícil, aunque cueste. Concluyó su homilía diciendo que «hay que ser siempre sensible a cumplir la voluntad de Dios, nunca la nuestra», tras la cual impuso la ceniza a todos los presentes, bajo la fórmula ritual de: «Conviértete y cree en el evangelio».

Los raíles de la fe

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                 Reflexiones,  de Joseph Ratzinger a Benedicto XVI

       ¿En qué cree un Papa, le otorga alguna ventaja su posición con respecto a la creencia? Joseph Ratzinger es tan solo un hombre, antes que el Papa Benedicto XVI, o el Vicario de Cristo, título que rechaza, por el de sucesor de Pedro, nada más. Según las condiciones en las que se halle uno inmerso, sostener la fe puede ser una tarea más o menos ardua. Recuerda unas palabras de Romano Guardini, quien en una visita a una parroquia evangélica vecina afirmó: “con la edad, la fe no resulta más fácil, sino más difícil”.

      Su obra teológica es enorme, y consiguió convertir su Introducción al Cristianismo en un éxito de ventas que ha alcanzado 16 ediciones en España, algo impensable en una obra teológica. En su libro de conversaciones con Peter Seewald, único periodista al que se las concede, afirma: “Por otra parte, uno percibe con más fuerza la gravedad de las preguntas, la presión de la impiedad actual, la ausencia de fe, incluso muy dentro de la Iglesia, pero también la grandeza de las palabras de Jesucristo”.

     La exégesis bíblica analiza cada palabra de los evangelios, detecta errores, incongruencias, añadidos posteriores y esto supone un gran peligro, en opinión de Ratzinger, un teólogo muy sutil y potente: “Así sucede que si no conocemos ya a Jesús, la iglesia está acabada. Y el peligro de que determinados tipos de exégesis nos lo destruyan y desgasten sin más de tanto hablar de él es inmenso. Aquí no basta con interpretar espiritualmente el dogma. Hay que implicarse en esa disputa, sin perderse en los detalles, pero sí hasta el punto de hacer ver que el método histórico no nos prohíbe la fe”.

       La Iglesia en opinión de Benedicto XVI “no debe alejarse de los hombres, ni de la caridad cristiana, ni del compromiso social político, pero debe alejarse del poder, del dinero, de las falsas apariencias, del engaño y de autoengaño”. Es un camino ya indicado, marcado teológicamente, que está siguiendo su sucesor, Francisco I, aunque con más energía y de un modo más directo, lo que está levantando críticas y rechazo en los sectores más tradicionalistas, más acomodados.

       Joseph Ratzinger es un teólogo católico, muy profundo, muy riguroso y atento a los detalles. La fe católica se asemeja a los raíles de la vía de un tren clásico, en la que hay que seguir una senda delimitada, pero de la que es fácil salirse o descarrilar. Esto es algo que le pasó a su amigo y compañero Hans Küng, principal responsable de la mala fama de Ratzinger, al que acabó acusando de casi todos los males de la Iglesia. “La teología sin iglesia se convierte en un discurso hecho en nombre propio y entonces deja de tener relevancia”, afirma Ratzinger. La amistad y la colaboración teológica con Küng se resquebrajó: “cuando vi que la teología no era ya una interpretación de la iglesia católica, sino que reflexionaba sobre sí misma. Como teólogo católico, para mí aquello ya no era conciliable con la teología. Desconozco las razones por las que luego me singularizó como adversario”.

     Su otra faceta, la que le hizo universalmente conocido, la de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, discurrió entre 1982 y 2005, o lo que es lo mismo, durante todo el pontificado de Juan Pablo II. Constituyó una etapa demasiado larga, que le costó dos ictus cerebrales y la pérdida de la visión en un ojo. Con todo ese cansancio y desgate físico a cuestas, en 2005, con 78 años, sobrepasada la edad en la que se retira un obispo, fue nombrado como Pontífice Máximo de la Iglesia Católica, en una situación de gran crisis, cuando empezaban a aflorar los escándalos de los casos de pederastia y el caos de los escándalos económicos de las finanzas vaticanas. Ahora se intenta hacer un presupuesto al modo europeo, que centralice el ingreso y el gasto y evite la dispersión y los escándalos.

      El 27 de febrero de 2013 fue el último día de Benedicto XVI como Papa de la Iglesia católica, ahora, entre los muros del convento Matter Eclesiae, quiere dejar como legado: “el sentido de proseguir mi servicio en la oración”.

    Sus reflexiones abarcan todo, hasta el futuro, que vaticina muy distinto: “Es posible que el evangelio desaparezca de algunos continentes, también puede desaparecer en ámbitos en los que tenía gran presencia. Pero nunca puede dejar de ser anunciado y nunca devendrá irrelevante. Europa ya no constituye el centro de la Iglesia universal, aunque conserva su responsabilidad y tareas específicas El cristianismo ya no es sinónimo de cultura moderna, y la forma fundamental cristiana ha dejado de ser determinante. En este sentido, la sociedad occidental, ya no será sin más una sociedad cristiana”.

       ¿Ha decaído la fe de Ratzinger? En absoluto, es más, confiesa no haber sufrido “las noches oscuras”. Para Benedicto XVI el pensamiento debe estar en renovación constante, en la búsqueda de “otro modo de ver las cosas”. Hay que desprenderse de nociones antiguas, porque la fe debe ser dinámica y recomienda: “Sacar agua una y otra vez de las profundidades de las fuentes, que a veces descubrirán sus significados más ocultos”.

 

Sobre la incineración

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Ad resurgendum cum Christo

           La Sacra Romana e Universal Inquisición, vulgarmente Santo Oficio, se extinguió en el siglo XV, como consecuencia de la desaparición de las grandes herejías, bien por propia decadencia o por que fueron ayudadas a extinguirse. La evolución histórica impuso un cambio de nombres e incluso de mentalidades. Hoy ya no es posible afirmar lo que el Papa Urbano II: “el buen cristiano matará a su hermano hereje, con las entrañas abrasadas de amor a la Santa Madre Iglesia”. Esto es un error enorme, aunque previsto ya por Juan en su evangelio: “Llegará la hora en que aquél que os de muerte crea hacerlo en nombre de Dios, pero esto es así porque no han conocido ni al Padre, ni a mí”. Hoy ya no se mata, pero sí se persigue y señala.

             Hay una auténtica rebelión interna y externa contra el Papa Francisco I, desde grupos potentes, por su intento de mirar a la sociedad con los ojos del siglo XXI. Una mujer que ha abortado, un divorciado, una persona o pareja de condición homosexual, no pueden encontrarse la iglesia cerrada, ni ser objeto de condenas, marginaciones o persecuciones legales. Quien recomienda un tratamiento médico a un homosexual o lesbiana, tiene una mentalidad enfermiza. Esto es lo que pretende hacer ver Francisco I, un anciano, a un círculo eclesiástico enraizado en el medievalismo. Esto es lo que pretende, pero no puede, constreñido por los estrechos raíles de la doctrina y de la tradición. Diariamente es ridiculizado en viñetas, vídeos musicales, o escarnecido en artículos demoledores. La antigua inquisición sigue presente.

         El nombre de Santo Oficio también desapareció con la gran reforma de La Curia, iniciada en 1908 por Pío X y continuada a partir de él. El nombre estaba demasiado vinculado al recuerdo de rigores antiguos, excesivos y mal vistos, en propias palabras vaticanas; y fue sustituido por el de Congregación para la Doctrina de la Fe.

          En la actualidad vigila muchas cuestiones, tanto doctrinales, como personales (denuncias por casos de pederastia), y de la vida de las congregaciones religiosas, en sus facetas económicas, morales e individuales. Como las meigas, sigue habiendo herejías y prácticas no conciliables con la creencia y normativa católica romana. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos en nada que, salvo en los aspectos esenciales, la creencia del siglo I no era la  misma que la del  siglo X, y que la religiosidad decimonónica, en la que gran parte de la masa creyente y eclesiástica pretende seguir instalada, no es la misma que la actual, ni ésta será igual a la del siglo XXV.  Chiesa aperta (iglesia abierta), implica que no solo se abran los templos, sino también las mentalidades y el espíritu a situaciones de toda índole.

                           Ad resurgendum cum Christo                 

       La Congregación para la Doctrina de la Fe emitió en el mes de octubre una carta, en la que establecía límites a la práctica cada vez más generalizada de la cremación. “Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo”, dice en su primera línea. La iglesia sigue recomendando la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos, pero también indica que la práctica de la incineración no es contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural. Pone coto eso sí, al aventamiento y reparto de las cenizas del difunto entre familiares, o en lugares que le fueron queridos en vida. Esto ya no se podrá hacer más, salvo que se reniegue abiertamente de la fe.

      En los últimos tiempos me veo obligado a responder constantemente sobre mi presunta conversión, por el mero hecho de escribir sobre La iglesia. A todos les respondo por igual: No puedo convertirme a la religión en la que estoy bautizado.

      Finalizando con el tema de la conservación de los restos mortales, el pasado verano pude ver en la Catedral Primada de España, la sepultura del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, el llamado cardenal rojo y al que se recibía en sus visitas apostólicas con el lema de: “Tarancón al paredón”. A este Papa también se le está calificando, entre lindezas varias, como rojo. Me sigue sorprendiendo que en España, todavía, rojo se siga usando como adjetivo descalificativo.

       En cuanto a la resurrección, además de materia de fe, plantea problemas. Es claro que no volveremos a ver a nuestros seres queridos en la misma forma en que los conocimos. El cuerpo resucitado no se identifica como tal, esto es lo que les ocurrió a los apóstoles, cuando caminaron junto al “Resucitado” y no le conocieron.

      Resulta tremendo el episodio narrado por Juan, cuando Jesucristo ordena abrir la sepultura de Lázaro, fallecido 4 días antes. Otros ejemplos similares narrados podrían referirse a estados comatosos o a reanimaciones. La creencia era y es que se resucitará en el último día, no antes, como pretenden algunas creencias erróneas que incluso celebran la muerte.

     Mientras tanto y habida cuenta de que nadie, en 2000 años, ha vuelto desde el más allá, toca pensar que “la sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados favorece el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, y la veneración de los mártires y santos”. Es esto o la muerte para siempre.

 

La lucha en las alturas

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       La Iglesia católica es la comunidad de los creyentes bautizados, y también es un Estado, con un Jefe a la cabeza, que lleva a cabo una acción política mundial. Tiene esas dos vertientes o aspectos, y desde aquí nos ocupamos del último aspecto. El Estado del Vaticano, con dos milenios de historia a sus espaldas tiene su lugar en la política del mundo, y su propio peso específico en las opiniones públicas que emite.

     Gonzalo Puente Ojea, brillante intelectual y ateo convencido, que fue embajador de España ante la Santa Sede entre 1985 y 1987, falleció el pasado 17 de enero. Pese a su firmeza atea, mantuvo una cordial amistad con el Papa Juan Pablo II, del que él mismo dijo: “Deseo expresar desde estas columnas (diario El País) la forma cordial y humana con que el Pontífice me concedió, ya con un pie en el estribo para su actual viaje, una audiencia privada en Castelgandolfo, de la que guardaré imborrable recuerdo”. En Roma, un ateo no asusta a nadie.

    Como intelectual, que lo era y en gran altura, se pasó su vida detrás de Dios, aunque negándolo, sin embargo, en su libro El Mito de Cristo afirmó: “sobre la acción del visionario conocido como Jesús de Nazaret, me inclino por varias razones por una respuesta positiva sobre su existencia, si se concibe como un simple humano”.  Afirma esto es mucho, porque son muy pocos los datos históricos sobre el propio Jesús recogidos por los evangelistas. Ni siquiera Joseph Ratzinger, en su trilogía sobre la vida del Nazareno aportó otros datos que los ya conocidos sobre la existencia de Jesús. El paso del Jeshua histórico al Cristo de la fe es lo que distingue a los creyentes de los que no lo son. La creencia no necesita evidencias porque no puede haberlas, aunque tampoco hay certezas de signo contrario.

   Los creyentes del siglo I, o los del año 1000 se enfrentaban a situaciones que no son siquiera comparables a las que la gente se vive y ve en el siglo XXI. Esta es la adaptación que pretende el Papa Francisco I para la supervivencia de la Iglesia, despojándola de todo aquello que es clericalismo, pero no evangelio.  El Vaticano no solo está lleno de corrupción, como dice el propio Papa, sino de intereses muy oscuros, asentados allí desde hace décadas y siglos, que solo defienden su propia supervivencia, y no la de La Iglesia ni de la fe.

   El clericalismo es a la iglesia lo que las nomenclaturas a las revoluciones socialistas, y la burguesía al capitalismo. Solo pretenden la supervivencia del sistema para seguir ellos existiendo, o sea, la clase dominante. Dice el Papa Francisco I: “Cuando tengo delante a un clerical me vuelvo anticlerical de golpe. El clericalismo no debería tener nada que ver con el cristianismo”.

   Benedicto XVI, del que se acaba cumplir el 4º aniversario de su renuncia fue el primero que habló de la “suciedad” en el seno de la Iglesia y afirmó: “Como responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, uno tiene conocimiento de tantas y tantas cosas, que se necesita un alma bien templada para soportar todo eso. Siempre se ha sabido que hay suciedad en La Iglesia, pero es mucho la que ha que digerir, porque todos los días llegan escándalos hasta allí”.

     El santo Benedicto XVI, está protegido por el propio Francisco en el monasterio Mater Ecclesiae, dentro de los muros del Vaticano, estas fueron sus palabras en un acto reciente: “La bondad del Santo Padre Francisco se manifiesta en el lugar en donde vivo, y en el que me siento protegido, es por eso por lo que su bondad me llega hasta lo más profundo”.

        A lo largo de todos estos decenios, siglos y milenios, son muchas tradiciones, normas y rituales que se han ido adhiriendo a la piel de La Iglesia, creando un denso y tupido matorral que impide ver la creencia y el sentido original. El clerical ya solo defiende su posición e influencia, bien dentro de la misma iglesia o en sus aledaños. Son muchas las canonjías, beneficios e influencias que se reparten y alimentan a su alrededor. Algunos ya hemos podido probar en nuestras carnes, que clase de lobos merodean sus los alrededores.

      El Papa Francisco I en uno de sus últimos viajes dijo que llevaba dos cosas en el bolsillo, un rosario y un pequeño Vía Crucis de bolsillo: “que representa la historia de un fracaso, humanamente hablando. Porque Jesús fue sufriendo hasta morir en la cruz”. Y añadió: “con estas dos cosas me arreglo como puedo, pero gracias a estas dos cosas no pierdo la esperanza”.

     Ese es el punto exacto, señalado por el Papa, que está escandalizando al catolicismo tradicional y a los clericales, que por primera vez se sienten amenazados. Donde fracasa el humano, empieza la Fe. La lucha en las alturas es a vida o muerte. Con Pablo, Dios ya demostró que a veces no solo necesita de no creyentes, o de ateos, sino de una persona que se dedicaba a perseguir a los cristianos, para salvar su obra.

El Papado y la Orden de Malta

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           El Estado del Vaticano se organiza como una monarquía absoluta, cuyo Jefe de Estado es el Sumo Pontífice o Santo Padre para los creyentes, acólitos, seguidores y el resto del mundo. Esto quiere decir que la verdad evangélica no está reñida con el ejercicio del Poder.

           Freire Matthew Festing, Gran Maestre de la Soberana Orden de Malta, heredera de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, dimitía el pasado 28 de enero tras un breve enfrentamiento o desacuerdo con el romano pontífice Francisco I.

           Sin embargo, esto es solo especulación porque en realidad se sabe muy poco de lo sucedido. El sutil lenguaje de la alta diplomacia de La iglesia tampoco permite averiguar mucho. La orden de Malta agradece a su destituido Gran Maestre “su generosa respuesta a la petición de dimisión formulada por el Papa Francisco y el Cardenal secretario de Estado Pietro Parolin.

           En la carta de la Orden de Malta, el lugarteniente Ludwig Hoffmann sí alude a un periodo clave de “seis semanas”, en el que debieron desatarse fortísimos vendavales que le forzaron a dar marcha atrás en su decisión de destituir al también freire de la Orden Albrecht Boeselager, y “retirar las injustas acusaciones que se hicieron contra él”.

           La clave parece esta en esta escueta frase: “Nunca dejaremos de ser leales al Santo Padre”. O sea, que sí ha habido “desobediencias de hecho o de pensamiento”, y el Papa Francisco, en uso de sus poderes terrenales, ha impuesto la obediencia y exigido la lealtad, pidiendo la renuncia al que en algún momento dudó y destituyó a un hombre leal al Papa, freire Albrecht, que ha sido repuesto en su cargo.

           La exhortación apostólica Amoris Laetitia, de la que escribimos la semana pasada, debe ser aplicada “ad litteram”, al pie de la letra, sin grado de discusión, duda o desavenencia posible. Si el Santo padre, que por definición no puede estar errado, ni ser hereje, como pretenden los grupos de conservadores ultracatólicos; decide que bajo el discernimiento del párroco, o del obispo, o de quien corresponda, los divorciados, y los casados de nuevo, pueden recibir el sacramento de la comunión, no queda más opción que administrárselo. El papa Francisco no quiere dejar a nadie fuera del amparo de La Iglesia. Eso sí, tampoco “Amoris Laetitia” es el festín del pecado, ni “Misericordia et Misera” supone la gran perdonanza, como pretenden hacer ver sus críticos.

         Solo hay una gradualidad en la aplicación de La Ley, que no varía en absoluto. La Iglesia sigue exigiendo obediencia a su magisterio, se sea quien se sea dentro de ella.  Freire Albrecht Boeselager, repuesto en su cargo por la acción directa del Papa, apunta a la cabeza del Cardenal Burke, el firmante de “la Dubia” o duda sobre la exhortación papal, como el causante de la caída del Gran Maestre: “Creo que no podemos prever lo que le sucederá al Cardenal Burke en el futuro y no haremos comentarios sobre ese tema. Sigue siendo una decisión que corresponde al Santo Padre”.

      Raymond Leo Burke es un cardenal estadounidense nacido en 1948, muy afamado por sus altos cargos en la Curia y conocido por sus posiciones ultraconservadoras. Resulta significativo ver como desde América del Norte y del Sur e incluso de Italia, están surgiendo los movimientos más contrarios al papado de Francisco, del que se llega a decir que está confundido por ”il fumo di Satana”, el humo de Satanás.  Las llamas de la destitución se llevarán antes a Leo Burke.

          Hoy por hoy los teólogos católicos alemanes son los más sólidos, y cuyo desarrollo teológico sintoniza más con la interpretación de la doctrina del papado. Juan Pablo II se apoyó en el eminente teólogo alemán Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI, y su sucesor Francisco I se apoya ahora en el cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es él quien ha respondido a la “Dubia” de Burke: “El magisterio del Papa es interpretado sólo por él mismo o a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Papa interpreta a los obispos, no son los obispos los que deben interpretar al Papa, esto constituiría un derrocamiento de la estructura de la Iglesia Católica. A todos ellos que hablan demasiado, les recomiendo estudiar primero la doctrina [de los concilios] sobre el papado y sobre el episcopado”.

           Pregare per me (rezad por mí), dice Franciso I cada vez que tiene ocasión. La situación es crítica.           

Amoris Laetitia y la Dubia de Burke

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                ¿Hay desviación doctrinal en el Papa Francisco?

         La exhortación apostólica Amoris Laetitia (la alegría del amor), le está dando muchos quebraderos de cabeza al Papa Francisco. En tres grupos de Facebook (Adelante La Fe, Tradicionalismo Católico y El Dezinger-Bergoglio) se le califica directamente de “hereje”, y se ridiculizan sus afirmaciones pastorales reduciéndolas a la calificación de “catecismo bergogliano”. El grupo Detzinger-Bergoglio, se dice formado por sacerdotes diocesanos anónimos, ha elaborado un libro de 1780 páginas con los supuestos errores doctrinales del Papa Francisco, al que siempre aluden como Bergoglio. Todo esto nos lleva a afirmar sin duda ni margen de error posible, que los peores enemigos del Papa están dentro de la Iglesia y no fuera. Probablemente son los mismos que llevaron al abatimiento y a la renuncia a Benedicto XVI, a quien Francisco I se refiere como “el santo Benedicto”.

           Adelante la Fe llama una y mil veces hereje a Francisco I, y en uno de los grupos mencionados se preguntaban si alguien había leído la entrevista publicada el domingo 22 de enero en el diario El País con el máximo pontífice de la Iglesia Católica. De aquí surgió una nueva pregunta: ¿Ha sido leída Amoris Laetitia?

       Ahora ya sí se puede responder a la pregunta del título. No hay errores doctrinales en el Papa Francisco, no puede haberlos y mucho menos en un Papa de formación jesuita, una organización que fue concebida como la última línea de defensa de La Iglesia y que tiene un voto especial de obediencia al Papa.

      La carta Amoris Laetitia está por encima del tiempo en el que se escribe: “Ni la sociedad en que vivimos, ni hacia la que caminamos, permite la pervivencia de modelos del pasado”, afirma Francisco, refiriéndose sin duda a grupos dentro de la iglesia que pretenden recuperar el modelo de convivencia cristiana del siglo II o el III; porque la carta está dirigida a los fieles cristianos y es una exhortación para el matrimonio católico, que sin embargo ya no es la única forma de convivencia posible, y menciona también las uniones de personas del mismo sexo.

     “El camino de la Iglesia no puede ser el de condenar para siempre… y el evangelio no es una piedra para lanzarla contra los demás. La enseñanza sobre el matrimonio no puede convertirse en una doctrina fría y sin vida. La indisolubilidad del matrimonio no puede entenderse como un yugo. En algunos casos la nulidad matrimonial es moralmente necesaria”.

     “El tiempo es superior al espacio. No todas las discusiones doctrinales o morales pueden ser resultas con una intervención magistral. Hay que evitar los juicios que no tomen en cuenta la complejidad de las diversas situaciones. Pero incluso para aquellos que se encuentren en situaciones irregulares o complejas, la Iglesia debe tener un papel para ellos. En todas esas situaciones puede haber una unión feliz y fecunda. La misericordia de Dios no le puede ser negada a nadie”.

       Existen matrimonios entre católicos de distintas procedencias y ritos, uniones civiles, parejas de hecho, matrimonios entre personas de distintas religiones. “Las culturas son muy diferentes entre sí, y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”, explica el papa Francisco, que pide a obispos y sacerdotes una gradualidad en la aplicación de la Ley según las circunstancias de las personas y un mayor discernimiento: “Cuando se encuentra una persona responsable y discreta, que no pretende poner sus deseos por encima del bien común de la Iglesia, con un pastor que sabe reconocer la seriedad del asunto que tiene entre manos, se evita el riesgo de que un determinado discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral”. “Ya no se puede decir que toda persona que está en una situación irregular, se encuentras en una situación de pecado mortal”, y añade una frase de Benedicto XVI: “Quién cierra los ojos ante el prójimo, nos convierte en ciegos ante Dios”.

       Contra estas y otras muchas afirmaciones contenidas en la carta papal, ha reaccionado varios cardenales, Burke y otros muchos sacerdotes, que han planteado una “Dubia”, o duda apostólica que ahora debe contestar el Papa. Son aquellos que han endurecido y cerrado su corazón detrás de la doctrina.

Sobre el Palmar de Troya

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            “No andéis divididos, dice Pablo en Corintios, y hablo así porque unos decís yo soy de Pablo, yo de Pedro, yo de Cristo, yo de Apolo”. Unos dicen:  yo soy de este sacerdote, yo de aquel. La realidad es que existe una pléyade de iglesias cristianas, cuyas dos ramas principales son la Católica y la Ortodoxa. El catolicismo o se profesa entero o no se profesa, decía Benedicto XV.

        La realidad es también que no hay único modo de ver algo, y que la gente puede llegar a creer cualquier cosa, por muy desviada, errónea, e incluso herética que sea. Tal es el caso de la denominada iglesia católica, apostólica y palmariana, más conocida como la iglesia del Palmar de Troya, única que tiene proclamada como santo a Franco, a José Antonio, a don Pelayo, y para colmo de lo estrambótico, a Adolfo Hitler.

            En la iglesia arciprestal del Sagrado Corazón, existe una pequeña estantería, en la que hasta ahora se depositaban los boletines antiguos del obispado, los sobres del Domund, y la revista de Manos Unidas, que podían estar en las estanterías durante años. Desde hace dos meses y con el conocimiento y autorización del Vicario, se intenta convertir su uso. De almacén o depósito se intenta elevar a la categoría de punto de intercambio.

        Cualquiera que no sepa qué hacer con viejos libros religiosos, puede depositarlos allí, en espera de que a alguien pueda interesarlo. En esto hay que hacer lo que decía don Quijote: “no hay libro tan malo, que no tenga algo bueno”. Es verdad también que aquellos tiempos no eran los de ahora, en los que existen libros y publicaciones a las que es mejor no echar nunca el ojo encima. Sin embargo, y pese a todo, damos por buena la recomendación cervantina.

   Siempre se puede aprender algo de algún libro antiguo, o incluso desfasado. Siempre puede encontrarse una vieja máxima, un párrafo que active algún depósito escondido de curiosidad, y nos lleve hacia una visión nueva de algo, o que nos haga pensar un poco. El pensamiento debe estar vivo, en permanente necesidad de aprendizaje, en deseo de búsqueda, para que no muera el espíritu. Es más fácil dejarse llevar por la corriente, por la idea simple y errónea. En ese caso, países enteros pueden equivocarse, como en el caso de Estados Unidos y votar al candidato equivocado. Entre los candidatos republicanos había muchos otros que sí merecían la pena, cualquiera antes del que han convertido en presidente del país más poderoso del planeta.

            La reflexión viene a cuento porque en la estantería de la iglesia arciprestal, encontré dos estampas del Palmar de Troya, y una presunta reliquia de la santa faz de Jesucristo. Está claro que fueron depositadas allí por un antiguo devoto desengañado de la iglesia del Palmar, cuya basílica se encuentra situada en una finca de la localidad sevillana de Utrera.

            La iglesia palmariana surgió tras unas apariciones increíbles en 1968, y que imitaban a las de Fátima. Su desarrollo fue muy rápido y recibieron ingentes cantidades de dinero a lo largo de las décadas siguientes, procedentes del catolicismo más ultramontano. Han celebrado concilios, tienen, obispos, convento de religiosas carmelitas, y una basílica que rivaliza en proporciones y torres con la del Vaticano. Además de hereje y excomulgada, la iglesia palmariana ya cuenta con un cisma en su seno, con papa Pedro III y antipapa Alejandro IX. Un lugar que tiene como santo a Franco no es fiable.

            El libre albedrío es la gran característica humana, se puede creer o no. Se puede tener una ideología o carecer de ella. Cuando no se tiene nada, se puede caer en manos de cualquier cosa. La formación y el conocimiento son muy  importantes en cualquier aspecto de la vida, para luego poder discernir.

       Nota:http://laiglesiapalmariana.blogspot.com.es/