San Nicolás, protector de los viajes

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La Iglesia Ortodoxa de Oriente no admite advocaciones distintas para la Virgen María. Solo la representa de una única manera, como María Teótokos (Madre de Dios). Esto quiere decir, que son los santos los encargados de proteger a los marinos y a las personas de viaje. En el Oriente cristiano no existe la Virgen del Carmen, ni ninguna otra virgen. Es San Nicolás el que se encarga de proteger o amparar a las personas que realizan viajes. Antes de salir de Melilla visito la estatua de San Nicolás en el Centro Asistencial de Melilla. Es muy indicado porque parte de ese viaje es por mar. Luego, en todas las ciudades en las que estoy o paso por ellas, suelo buscar sus imágenes, muy habituales en pasadas décadas, y que parecen reflotar ahora. No solo ofrece protección a los viajeros, sino también a muchas otras circunstancias de la vida. Hay que encenderle velas y hacerle ofrendas, pero siempre en lunes.Tres de cada mes.

Tras el misterio de Pablo

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Sería Pablo de Tarso, judío, como Jesús, y oficial del ejército romano, el que universalizaría el mensaje de Cristo, alejándolo de esa inminencia profética, en la que en principio también creyó. El incipiente cristianismo, con Pablo, fue elevado desde una más de las sectas de la religión hebraica, a una religión con rango universal.
Pablo ya no hablará de Alfa y Omega, de principio y final, sino que en una inversión teológica, magnífica conceptualemnte y probablemente de inspiración divina, dirá: la Cruz no es el final, sino el principio. Con Pablo desaparece la ansiedad y la inminencia del retorno del Mesías, «la parusía».
Pablo no conoció a Jesús, no lo vio nunca, es el apóstol tardío Su importancia es tal, que la propia Iglesia de Roma se llama a sí misma la iglesia de Pedro y Pablo. Pedro era la firmeza de la Fe, entendida tal cual fue dictada, pero si variaciones de ningún tipo. Pablo entendió el mensaje y lo amplió hasta los confines del mundo.
Él entiende que en la Cruz está la clave: «La muerte de Jesús no es el final, pues si Jesús no hubiera resucitado, nuestra fe no valdría nada». No puede superarse semejante afirmación. Pablo aportó una visión imperecedera al mensaje de Cristo.
Hay mucho que decir sobre Pablo, y que investigar, e incluso descubrir. Todo está escrito, pero nadie ve, o solo quiere ver aquello que otros le hacen ver.
El fundador del cristianismo es obviamente Jesucristo, Pedro es la primera piedra de su Iglesia, pero el que extendió el mensaje, fue Pablo, el más controvertido de los apóstoles.
Nota: Ahora se cumple un año justo de la fundación de esta capilla, de este lugar en la penumbra.

El yugo y la carga de la vida

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Centro Asistencial, patio de la capilla
En aquel tiempo exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad mi yugo y aprended de mí. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». Mateo 11, 28-20.

           ¿Es soportable el yugo del mundo?. ¿Hay que dejar todo el campo libre para que ellos se adueñen de todo?. ¡Déjalo todo y sígueme!, fue la respuesta de Jesús al rico que le preguntaba qué debía hacer para salvar su alma. Hasta aquí todo es claro, no hay sombras en el mensaje de Cristo. Sin embargo, y si uno se detiene y mira, incluso detenidamente, lo que hay dentro de muchos de los que se proclaman como su Iglesia, la sensación es totalmente distinta. La perplejidad se adueña del ánimo. Se hace difícil continuar y dar un solo paso. Un día le pregunté sobre esto a mi tía Carmen, mujer de Iglesia, y me respondió: «tú haz lo que tengas que hacer y no te fijes en los demás». Esa frase me ha acompañado siempre, y siempre supe que tenía razón en lo que me decía.
         Quienes nos acusan y señalan no son mejores que nosotros, ni nosotros somos peores que ellos. Esta sí es una convicción firme, por mucho que sean ellos los que ostenten la representación de la religiosidad y de la fe. La representan, pero no son los propietarios del mensaje.

La búsqueda de Juan, el evangelista


«Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga (de la iglesia); más aún, llegará incluso una hora, cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho». Juan 16, 1-5

El evangelista Juan es impactante, incluso a veces inquietante. En cualquier caso hechiza. Narra desde muy cerca y a la vez con profundidad. Conoce más de lo que puede expresar, porque estamos limitados por el uso del lenguaje. Es muy difícil de interpretar, pese a contar una edición oficial de la Conferencia Episcopal. Hay cosas que incluso los propios analistas dejan en suspenso, u ofrecen una explicación que no llena, que no satisface, que está lejos de ser una explicación satisfactoria.
Juan, el evangelista, el discípulo amado, tanto que sus representaciones son más parecidas a la de una mujer. De aquí parte el hecho de que se piense, que en realidad fuese una mujer, la Magdalena. Siempre hay una gran mujer cerca de un gran hombre, y un hombre será tanto más grande, cuando más se parezca a una mujer, cuanto más cerca esté del espíritu de las mujeres, de su fina sensibilidad. Jesucristo siempre estuvo rodeado de mujeres, muy próximas a él, tanto o más que cualquiera de sus discípulos, tanto como Juan, fuese quien fuese.
Esta es la capilla de Juan el Bautista, es el lugar de reposo del Alminar. Apenas entra nadie aquí, solo aquellos o aquellas que quiere hacerlo. Esa era la intención desde el principio, y se ha cumplido. Este es un lugar en penumbra, de luces tenues, del titilar de las velas. A veces es muy duro lo que hay fuera. Las pruebas son muy duras, la batalla real y apenas hay tregua o descanso para pasar y detenerse aquí un rato. La vida es así, muy dura con algunos, aunque aporte momentos que valgan por todo. Sin embargo, todo debe ser renovado de modo constante.
Y aprende que el relajamiento, la abundancia y la vanagloria, hacen perder sus frutos al monje. Isaías de Gaza (siglo V dC)

La luz de Juan el Bautista

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Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán, confesaban sus pecados y él los bautizaba. Mateo 3, 4-7.
Juan era solo el anunciador, como él mismo decía. Todos los evangelios (aunque el de Lucas difiere de todos los demás), incluyen en el principio de su narración el testimonio del Bautista, el más enigmático y sólido de los personajes evangélicos. Tanto que su nombre ha oscurecido a la mayoría de los apóstoles.
La relación con su primo es transcendental en toda la historia, hasta el punto en que Jesucristo solo da inicio a su predicación tras ser bautizado, en el Jordán, por Juan, el Bautista. El más explícito de todos es Juan, el evangelista, con testimonios muy cercanos y retazos de conversaciones de las que pudiera haber sido testigo. Esto tampoco quiere decir que el redactor del evangelio de Juan sea el propio evangelista, sino alguien muy cercano al propio Juan.
Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan. Juan 5, 35-37

Iglesia de San Juan Bautista en Almería
Es uno de los lugares que visito con frecuencia en Almería desde que lo descubrí. Tiene varias cosas: es la primera catedral de Almería, el lugar en donde se celebró la primera misa el 26 de diciembre de 1489. Hasta ese momento era la mezquita mayor de la ciudad de Almería, una de las más hermosas del sur de España, según el viajero alemán Jerónimo Munzer. Está dedicado el templo a Juan el Bautista, por propio deseo de la Reina Isabel. Todavía conserva el oratorio o quibla, al que dirigieron sus rezos durante siglos los sarracenos. Es uno de los primeros artículos que escribí y que atravesaron las fronteras melillenses. Aunque nadie me tenga en cuenta que recuerde el pasado musulmán de determinados lugares.
Este día de San Juan, me detendré en este lugar. Todavía quedan muchas cosas por decir y escribir.

La imagen del Cristo de Limpias

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El Cristo de Limpias tuvo mucho empuje entre los siglos XVIII y XX, y luego, como muchas otras cosas, fue corrompido por los franquistas, que usaron su imagen, como apoyo del Bando Nacional en La Guerra Civil española. Usaron esta imagen y otras muchas, haciéndolas objetos de extrañas muecas, que supuestamente realizaron al inicio de la contienda española. No escapó casi ninguna imagen de patrona a esos «supuestos milagros». Por ello,hay que limpiar todo desde el principio, y volver a buscar las historias desde su misma raíz.

El problema de la datación y la autoría

La imagen estuvo siempre en Cádiz, desde su creación. Es una talla de la Escuela Andaluza de imaginería, probablemente del siglo XVIII. En Cádiz era conocido bajo la advocación del Cristo de la Agonía, y es en esa ciudad andaluza en la que realizó uno de sus más grandes prodigios, relacionados con el terremoto de Cádiz de 1756 . La imagen se encontraba en el oratorio particular del conde de San Isidro, Jerónimo Angulo de La Dehesa.Diversas vicisitudes testamentarias, y el regreso del aristócrata a su villa natal de Limpias, en Cantabria, arrancarán para siempre al Cristo de la Agonía de su tierra andaluza.
La talla, de la que destaca el rostro y la torsión del mismo, que lo hizo celebérrimo, pues parece seguir con la mirada según se atraviese el altar desde un extremo al otro, es de autor anónimo. Quien lo encargara o lo comprara, no tuvo la menor intención de dejar constancia de a quién pertencecían las manos que lo tallaron, o quizá, simplemente, se perdiera todo con el paso del tiempo. También, y eso es muy probable, que los autores de entonces, no tenían el mismo concepto de la posteridad y de la fama que en la actualidad, en la que solo se busca eso, y a cualquier precio.
En cuanto al autor, hay varias teorías, llevadas a cabo por comparación con otras similares, existentes en diversas ciudades andaluzas y de esa época. Para asociarlo a Montañés, se apoyan en la imagen sevillana del Cristo de la Expiración. Otros lo atribuyen, sin demasiada convicción a Berruguete, y al taller de Roldán y su hija, La Roldana.
Sin embargo, hay otro nombre, mencionado en el libro de Tomás Echevarría, de 1919, que es el de Pedro de Mena, al que lo vincula el autor del libro, pero sin poder aportar prueba alguna. Otro autor, Federico Santamaría, también en 1919, lo vincula igualmente a Mena, esta vez por la analogía que encuentra con el Santo Cristo de la iglesia de San Andrés en Madríd, cuya autoría sí es de Pedro de Mena, el insigne escultor granadino, afincado en Málaga.
Milagros y prodigios
En cuanto a los «milagros» y «prodígios atribuidos a la imagen, poco se puede decir. Todos los libros datan del primer cuarto del siglo XX y hablan del movimiento de los ojos, y de algunas sanaciones no demasiado investigadas. En algún momento de la década de 1950, se dejó de hablar y escribir sobre él.
Nota: lo más reproducido es el busto, la mayor parte de ellos a lo largo del siglo XX, y de pésima o nula claidad artística. Algunos reproducían la torsión del rostro, hasta límites imposibles, lo que afeaba la imagen.

¿Qué cosa es la cruz?

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La cruz es el destino, aquello que está señalado para cada uno. Si se ven las cosas con perspectiva, y para eso son necesarios los años, se observa de qué manera se van tejiendo sus finos hilos, y cuan delicada es su traza, sin embargo, el tejido que componen es fuerte, no se quiebra con facilidad. Los sarracenos dicen lo hemos comentado en otras ocasiones, que: «todo está determinado por Al-lah».
Es verdad que en la mayor parte de las veces, nosotros hemos tenido capacidad de decisión, pero con todo eso, ni el mismo Jesús el Cristo, puedo evitar aquello que estaba señalado y escrito para él. ¿Pudo Judas no ir al sanedrín y haber evitado su entrega?, posiblemente, pero una fuerza interior le condujo hasta dar cumplimiento a lo que estaba escrito. Pedro podría no haber negado, y tanto y tantos otros podrían no haber hecho lo que hicieron. Sin embargo, una vez hecho ya no cabe la marcha atrás. Una vez que las fuerzas del destino se han puesto en acción, ya nada puede detenerlas.
En el Gólgota o Monte de la Calavera, había otras dos personas junto al más conocido de todos los crucificados de la historia, Dimas y Gestas. El primero a la derecha y el segundo a su izquierda. Dimas se dirige a Cristo y le dice: ¡Señor, acuérdate de mí, cuando estés en el Paraíso!, a lo que éste le responde: «en verdad te digo, que esta noche estarás junto a mí en el Paraíso»; sea éste lugar lo que sea. El mismo Jesucristo, llega a desesperarse, pero al final exclama: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Es una paz instantánea, pero suficiente, porque colma, llena. No hay más opción.
La cruz es un tormento, de los peores. sin embargo, el otro crucificado no acepta su destino, su disposición de ánimo es diferente, y su tono de voz opuesto, interpelando a su afamado compañero de crucifixión de otra manera: si tú eres el Mesías, bájanos de aquí a todos. No recibió respuesta, porque no la hay. No hay manera posible de bajarse de aquello que nos está asignado. En la cruz se puede estar acompañado, pero la cruz no se comparte. Siempre estarán La Verónica o el Cirineo, pero el camino del Gólgota es individual. No hay renuncia posible, no hay modo de detener lo que acontece, solo hay modos distintos de sobrellevarlo.
Sobre cualquier cosa que veamos o que no ocurra, encontraremos cientos de situaciones peores, no es que eso consuele, no es que vaya a evitarnos el dolor o el sufrimiento, pero es así. También, junto a los personajes auxiliadores que hemos mencionado, se suele hallar también al sayón, a aquel que aumenta el padecimiento. ¿Qué más podemos decir?, nada.
Nota: Acompaño esta reflexión con las tres imágenes de crucificados que más sentido tiene en mi vida, el de Mena, el de Limpias y el del Centro Asistencial.

El santuario de Juan El Bautista

luz y efectos de las velas

Luces que arden donde casi nadie puede verlas. Visitantes que entran desde casi cualquier parte del mundo y a los que nunca conoceremos. Se ha conseguido algo importante con este espacio, el de la capilla de Juan el Bautista, y es que esté ajeno al ruido. Aquí se escribe para muy pocas personas, para muy pocos visitantes y aunque por su estructura y contenidos parezca un espacio de Fe, no lo es. Se utilizan imágenes y textos religiosos, porque sirven de guía, de hilo conductor, pero este espacio está muy alejado de lo que suele ser la religiosidad oficial. En otros tiempos, aunque en este también, seríamos catalogados como heréticos o heterodoxos, que viene a ser lo mismo. Casi nunca está sin visitas, y se mantiene en un lento goteo, que se incrementa con las entradas. No he acertado ni consigo darle un ritmo constante o una continuidad. Sin embargo, cuando se escribe, las entradas se dejan notar, aunque casi nadie interviene en ellas. El primer día, en la primera entrada, escribí que sería un lugar distinto, que solo hallaría aquel que estuviese buscando algo distinto, que no sería un reclamo para nada. Se busca, eso sí, algo nuevo. Una reflexión, un espiritualidad distinta, ajena a los códigos doctrinales, sean cuales sean. Todo lo que se escribe, alguien lo acaba leyendo, más tarde o más temprano. En Este lugar no se pretende nada. Solo en un sitio donde detenerse un instante, en donde esperar hasta que la luz o las señales vuelvan a estar claras. Es un lugar al que regresar, para volver a empezar, cuando sea necesario.

El enigma y el signo de Caín

Caín y Abel

¿Porqué Dios Padre no aceptó los frutos que Caín le ofrecía, que había en ellos de malo?, ¿era solo la actitud de uno y otro lo que los diferenciaba?. Es casi imposible asomarse al fondo de este enigma, sin acabar aún más desconcertado. Aún así, el arrepentimiento de Caín tras su crimen fue sincero, y hablando de esta manera a Dios mismo, obtuvo algo que todavía desconcierta más: Mi maldad es tan grande, que no puedo yo esperar perdón. He aquí que tú hoy me arrojas de esta tierra, y yo iré a esconderme de tu presencia, y andaré errante y fugitivo por el mundo; por tanto, cualquiera que me hallare me matará.

La respuesta de Dios no tiene explicación alguna, aunque sí muchas interpretaciones: No será así; antes bien, cualquiera que matare a Caín, recibirá un castigo siete veces mayor. Y puso el Señor en Caín una señal para que ninguno que le encontrara lo matara. ¿Qué Dios es ese, es el Padre/Abba al que se refiere un ay otra vez, Jesús el Cristo?.

Tenemos aquí varias cosas, en principio un crimen y un castigo, y también una diferencia de trato, que provoca los celos entre hermanos. Un padre que se muestra implacable en un principio y que luego protege a Caín con una señal, para que nadie agrave las ya de por sí duras consecuencias de su acto.

Hay también una advertencia, y es la del ensañamiento con «el caído», con el débil, algo de lo que parece complacerse mucho esta sociedad que crearon antes que nosotros. Caín puede ser cualquiera, pero la hipocresía reinante, hace que individuos y personas peores aún que Caín, que ni siquiera toman en cuenta los pecados propios, ni sienten remordimientos, se comporten con mayor virulencia y saña que cualquier sayón o edecán.
Buscar cabezas de turco, o chivos expiatorios es una costumbre demasiado arraigada, sobre todo, cuando los tiempos vienen duros. La gente, en general, se vuelve más implacable con el débil y busca aumentar su sufrimiento.

Un minuto en silencio y reflexión

 

        No tengas por oración más provechosa aquella en que sintieres mayor consuelo; porque no siempre lo agradable es útil, ni siempre nocivo lo amargo; antes en el presente estado de la vida suele aprovechar lo amargo y dañar lo grato.

Ya escribí en otra ocasión, sobre el libro sin nombre y sin autor. De vez en cuando lo abro al azar, leo las dos páginas correspondientes, y busco en ellas un párrafo, un reflexión apropiada, algo con sentido, algo que no haya envejecido con el paso del tiempo. Dos páginas, no más, detenerse un instante y encontrar algo adecuado para ese momento, como lo que acabo de escribir. Tampoco hay que decir nada más, a veces no es necesario. Que cada cual lea lo escrito y cada uno sacará una consecuencia distinta. Debe ser así, porque se comparte el espacio, pero no siempre el tiempo. En un mismo espacio, hay 70 veces 7 historias y momentos distintos, o tantas como personas nos rodean.