Las enigmáticas cartas de Juan

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Sol rasgando las nubes

Hay dos evangelios distintos, el de Marcos, del que hemos hablado un poco, y el de Juan, diferente y sorprendente. Los textos de Juan siempre están llenos de sorpresas y extraños giros. Dentro de una edición completa del Nuevo Testamento, aparecen tres cartas de Juan, el hijo de Zebedeo, que La Iglesia considera como auténticas o admitidas por la tradición. Son textos que hablan de revelaciones, textos intimistas, que hablan de la  luz y de las tinieblas. Como el sol que se abre paso entre las nubes.

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y tocado nuestras manos tocante al Verbo de la vida…Este es el mensaje que hemos oído de El. y os anunciamos: que Dios es luz y en el no hay tiniebla alguna. Si dijéramos que tenemos comunión con El, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Carta 1ª de Juan

La noche oscura

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¿Qué es la noche oscura?. Mi alma está triste hasta la muerte, dijo Jesucristo en Getsemaní. «Me siento perdida. Dios no me quiere. Dios podría no ser Dios. Podría no existir», escribirá Teresa de Calcuta  en una de sus angustias más profundas. Benedicto XVI, el Papa que renunció a la silla de Pedro afirmó: «Las aguas bajaban agitadas y Dios parecía dormido». Son tres expresiones duras de la noche del alma, que manifiestan la angustia del espíritu ante la ausencia de respuestas, ante situaciones clamorosas que así lo demandan. Cuando alguien llega a esa punto, toda certeza interior queda reducida a cenizas. El fuego de la duda arde con igual y uniforme intensidad y no es posible aplacarlo. Solo plasmarlo, conseguir expresarlo mediante palabras o pensamientos, puede mitigar en algo esa angustia tan intensa y dolorosa. Es la zarza que arde y no se consume, el fuego inextinguible que acompaña ya siempre al que ha llegado a ese instante hondo e intenso, en donde el alma se queda sola, y en silencio, frente a la oscuridad más absoluta.  Nadie responde, no se oye ninguna voz, ni exterior, ni interior. La luz no aparece. ¿Cómo se sale de allí?. Quien ha vivido esa experiencia y logra levantarse queda transformado. A veces el peso de certezas  exteriores, impuestas por las ideologías y las religiones, aplastan más que la propia duda. La certeza que ayuda es la de la experiencia. Solo cuando se ha vivido algo se sabe qué hacer después, o como enfrentarse a ello. No hay una única noche oscura, hay muchas, suelen ser constantes. Casi tantas como las veces que uno logra levantarse del fondo. En ocasiones, la noche oscura sirve para despojarse de falsas convicciones, al igual que el alcornoque se deshace de sus capas secas, que son transformadas en corcho, y el corcho es ligero y flota. La noche oscura es solo silencio. Lo que quiere expresar esta entrada. No hay respuestas. No hay nada que decir. Solo aguardar a que la oscuridad se disuelva.

En tiempos inciertos

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             No te extrañes que te diga: Os es preciso nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene y a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. Juan 3, 7-9

No sabemos a dónde nos conducen nuestros pasos. La vida no se detiene. Cualquier acontecimiento que se nos presente, cualquier cosa que hagamos, estará rodeado por la incertidumbre, salvo lo que está en el interior de nosotros. Confiar en los sentimientos y en la voluntad. Cuando la duda se hace presente debemos asirnos a lo que mora en el interior, aferrarnos al espíritu.  Esperar hasta que la tiniebla se disuelva, del mismo modo en que la oscuridad de la noche se desvanece con el Sol, y estar preparados para cuando vuelva a ocultarse. Detenerse frente la luz interior del ser humano, fijar la mirada en la tenue llamarada de la vela. El tiempo no puede adelantarse. A nadie le ha sido dada la facultad de conocer lo que está por delante de él.

        La creación precisa del silencio. del interior y del externo.

Sobre la devoción

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            Introducción a la vida devota (San Francisco de Sales)

Para que sepas en qué consiste la verdadera virtud de la devoción, porque no existiendo mas que una verdadera, y siendo muchas las falsas y vanas, si no conocieses cuál es aquella, podrías engañarte y seguir alguna devoción impertinente y supersticiosa.

El que es aficionado al ayuno se tendrá por muy devoto si puede ayunar, aunque su corazón esté lleno de rencor y, si bien no se atreverá, por sobriedad, a mojar su lengua en el vino y ni siquiera en el agua, no vacilará en sumergirla en la sangre del prójimo por la maledicencia y la calumnia. Otro creerá que es devoto porque reza una gran cantidad de oraciones todos los días, aunque después se desate su lengua en palabras insolentes, arrogantes e injuriosas contra sus familiares y vecinos. Otro sacará con presteza la limosna de su bolsa para darla a los pobres, pero no sabrá sacar dulzura de su corazón para perdonar a sus enemigos.. Otro perdonará a sus enemigos, pero no pagará sus deudas, si no le obliga a ello, a viva fuerza, la justicia. Todos estos son tenidos por devotos, y no obstante, no lo son en manera alguna.

Viejos libros religiosos

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Durante un tiempo, no demasiado largo, coleccioné algunos libros religiosos antiguos, aunque no demasiado. Me resultan más atractivos que los modernos. Tienen cierto aire de misterio y nostalgia, y proceden de un mundo ya perdido. La realidad humana se ha transformado tanto, y el conocimiento científico se ha desplegado tanto, que ha dejado poco espacio a lo inexplicable, al propio misterio.

La religión nunca podrá explicar todo y la ciencia no explica lo que nos interesa. Sigue existiendo un espacio, cada vez más estrecho, en el que se refugian las creencias, la fe. Es un territorio estrecho, pero en el que caben muchas cosas todavía. Es imposible sustraerse a la ola del conocimiento científico y a sus explicaciones. Hay decenas de problemas éticos, médicos, morales, que ya no pueden resolver o explicar las creencias religiosas. Hay situaciones personales a las que no podrán llegar nunca las aseveraciones científicas.

De ese libro, titulado: La imitación del Sagrado Corazón de Jesús, sin fecha ni firma y al que no parece faltarle hoja alguna. Me resulta atractivo el estilo narrativo de algunas partes, aunque muchas de sus recomendaciones están obsoletas.

Hablan de un tiempo en el que Dios y el Diablo, estaban presentes en casi cualquier campo de la vida. Aunque no sea muy riguroso decirlo, hoy, el relativismo, ha acabado casi con cualquiera de los dos, incluso dentro de los propios creyentes.

El libro no lleva fecha ni firma alguna, porque entonces no importaba dejar nombre alguno a la posteridad. Hoy somos esclavos de eso.

Una muestra de la narración: Razón por la cual a nada tira tanto el demonio como a impedir la pureza de corazón. Tolera este enemigo en cierta manera que nos demos con sosiego a las virtudes y aun a la perfección, con tal de que descuidemos esa pureza de alma. Sabe que por aquí nos enredaremos en mil ilusiones y nunca llegaremos a tener sólidas virtudes, y mucho menos la perfección verdadera.

Mujeres junto a Jesús

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Aparición ante María Magdalena

Jesús, el Cristo resucitó, pero eso no se supo de inmediato. Jesús siempre se rodeó de mujeres, pero en algún momento del siglo I, alguien decidió apartarlas del embrión de La Iglesia de Pedro y de Pablo. Desde que presto atención a esta cosas, siempre me ha llamado la atención el momento estelar del Domingo de Resurrección, con el encuentro en las calles de las procesiones de La Virgen María y Cristo resucitado. Según los textos evangélicos, el encuentro de Madre e hijo se producirá bastante después.

Tras la muerte en la cruz, el desconcierto entre los apóstoles fue total. En realidad desaparecieron de la vista de todo el mundo. Está claro que no esperaban un desenlace así. Venciendo al miedo, María Magdalena es la primera que se acerca al sepulcro y lo ve vacío, pero no se atreve a entrar. María se pasa horas junto al sepulcro, llorando por el desastre ocurrido. Nada se nos dice de los dos días en los que el cadaver fue velado en cuerpo presente. José de Arimatea recibe el permiso de Poncio Pilatos, para llevarse el cadaver y velarlo en un lugar seguro. Lo enterraron a la usanza judía, en un nicho de piedra escavado en la pared.

María Magdalena llora desconsolamente el domingo. La tumba está vacía, alguien se le acerca y ella lo toma por el hortelano: Mujer, ¿por qué lloras?. ¡Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto, si tú lo sabes, dímelo!. Él la llama por su nombre, ¡ María !, y ella le reconoce. Es la Magdalena la que anuncia a los discipulos, que seguían escondidos, la noticia de la resurrección.

Luego las apartaron de todo, a las mujeres

    

La Hora Santa

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La Hora Santa rememora el momento más amargo de «la pasión» de Jesús, el Cristo. Se celebra en las iglesias entre las 9 de la tarde y la media noche. Se organiza, en una de las capillas de los templos, o en un lateral, en un lugar distinto de rezo del habitual, que es frente al altar. Se prepara un sagrario distinto, se renueva las sagradas formas, se cubren las imágenes con una tela de color rojo y todo se ilumina con velas encendidas, o cirios pascuales. En ese tiempo, quien quiera, se acerca hasta allí y está la hora completa, un rato o incluso más tiempo. Nadie dirige el rezo, aunque la hora santa se divide en cuatro cuartos.

La Hora Santa se origina mediante una revelación del propio Cristo a Sta. Margarita María de Alacoque (1647-1690), quien le refirió que: «velase durante una hora todas las noches del Jueves al Viernes santos, y que postrada en devota oración, le acompañase en la agonía de Getsemaní a fin de desagraviarle en algún modo, de la amargura que sintió por el desamparo de los Apóstoles».

Es la hora del desamparo, de las que hay decenas a lo largo de casi cualquier vida. La hora en la que aceptar cualquier revés del destino, por muy amargo que éste sea. Siempre habrá gente sufriendo, siempre hay instantes y momentos felices. La vida es a veces cáliz amargo y también jugoso néctar. No nos libraremos de lo primero si el destino nos lo tiene decretado y por eso hay que intentar aprovechar lo segundo, o también, combinar y sobrellevar las dos cosas, porque a veces también suelen mezclarse y alternarse.

Nota: http://www.corazones.org/santos/margarita_maria_alacoque.htm

El Vía Crucis

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                   Δρόμος του Σταυρού (camino de la cruz)

Me gusta escribir en griego, porque es el idioma original de los evangelios, que también es una palabra griega. El Vía Crucis es el recorrido seguido por Jesús, el Cristo, en su camino hacia la cruz, situado en la parte más alta de la colina denominada como Gólgota, o de la calavera. Era el lugar en el que los romanos ajusticiaban a los reos condenados a la crucifixión. El Vía Crucis religioso consta de 14 estaciones, que rememoran los episodios más representativos del camino del calvario, y que fueron narrados e identificados por los evangelistas. Por extensión y fuera del ámbito religioso, el Vía Crucis, o el calvario, se entiende por toda situación personal o colectiva de sufrimiento. Hay un vía crucis por el que atraviesa, en esto momento, gran parte de la sociedad española y de otros países europeos, como Grecia o Portugal.

Hay calvarios que sufre continentes completos, como África. Es una experiencia más extendida de lo que se cree. La vida cotidiana esconde muchas tragedias, muchos sufrimientos de familias y de personas, que jamás saldrán a la luz, porque la gente se las arregla como puede para ir sorteando todas dificultades que la vida les va planteando.

En muchos lugares y pueblos de España, existen Vía Crucis físicos situados en las afueras de las localidades, en colinas y caminos de tierra, que son marcados por grandes cruces de piedra. Todos los años, al menos una vez, se recorren esos caminos mientras se realizan los preceptivos rezos. Hay cosas que solo pueden ser entendidas desde el punto de vista religioso, pero también hay cosas, que para ser entendidas en su plenitud, precisan ser vistas desde fuera. Ambas pueden ser experiencias de igual intensidad espiritual, aunque por lo general, la persona religiosa rechace o niegue la experiencia de la que no lo es, y el no creyente no pueda entender el sentimiento del creyente, aunque por lo general, el grupo más tolerante sea el segundo de los que he mencionado. No hablo ni de extremistas religiosos ni de ateos militantes. Los grupos religiosos y de otro tipo,  suelen tender a ser excluyentes y yo prefiero o intento, hablar para todos.

En el Vía Crucis, hay elementos importantes que señalar, y es que el sufrimiento personal, el que simboliza la cruz que se porta, es una experiencia individual, que difícilmente puede ser expresada o compartida. Jesús, el Cristo cae tres veces, y se levanta en todas, aunque cada vez más mermado de fuerzas. Es por eso importante la presencia de Simón el Cirineo, que le ayuda a portar la cruz (V) y la de Verónica, la mujer que seca el sudor y la sangre de su rostro (VI). En cada momento, por muy amargos que sean, puede existir siempre alguien que ayude a paliar todo ese sufrimiento.

En los tiempos de crisis en los que vivimos, es muy importante la acción de la gente que dedican parte de su tiempo a ayudar y socorrer a otras personas, y muchos de esos grupos, no pertenecen a grupo religioso alguno. Las personas se ayudan entre ellas, en gran parte por medio de la familia. Es muy importante no hacer exclusivo de un determinado grupo, este tipo de acciones solidarias.

Entre el silencio y la penumbra

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       «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviásteis mensajeros a Juan y el ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre. Si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisísteis gozar un instante de su luz».  Juan 5, 31-47

           Una vida se construye tras muchos años y circunstancias. Lo que da testimonio de nosotros son las obras, no lo que digamos. Aun así nunca habra unanimidad sobre nuestras acciones, por ello es mejor no preocuparse demasiado sobre lo que digan acerca de nosotros. La verdad suele resplanceder con el tiempo, aunque este sea largo. Los fariseos, los sanedrines, los sacerdotes de Jerusalén, acusaban con mucha dureza a Jesús, el Cristo, y le llenaban de insidias y juzgaban sus actos con extrema dureza. Ocurre exactamente igual en la vida cotidiana. Es muy dificil sustraerse a eso, o no ser objetos de juicios apresurados. En todo momento hay que hacer aquello que consideremos necesario, sin preocuparnos de cómo vaya a ser interpretado, o si será entendido. Tampoco nosotros debemos preocuparnos del que está a nuestro lado, o de por qué hace las cosas. Hay personas que no se enfrenten a dilema alguno a lo largo de toda una vida, y nada se les puede reprochar por ello. Hay otros que deben someterse a pruebas casi en cada circunstancia.

            Es muy dificil liberarse de estas ataduras, porque hay una fina línea que separa el hacer aquello que se cree necesario, sin buscar daño o perjuicio para nadie (solo porque debe hacerse) y las acciones de quienes hacen todo sin que les importe lo que ocurra a su alrededor. Al final, todos creen actuar de modo correcto. Lo que está escrito es solo lo que está escrito. De nada sirve saberse todas las leyes, ya sean divinas o humanas, si luego las acciones personales no concuerdan con nada de aquello que está escrito.

            Escribas, fariseos, sanedrines, publicanos, ricos, malvados, ladrones, todos en conjunto, creen hacer lo correcto en todo momento, y esto supone un gran problema. La gente empieza a no creer en nada, porque no ve acuerdo entre aquello que se dice y proclama, y las acciones posteriores. «Haced lo que ellos dicen, pero no hagais lo que ellos hacen», decía Cristo de los fariseos.

            ¿Quién es quién para juzgar nadie, como distinguir unos grupos de otros?. Se ha marchado un Papa, Benedicto XVI, envuelto en dudas profundas…»El Señor nos ha dado muchos días de sol y ligera brisa, días en los que la pesca fue abundante, pero también momentos en los que las aguas estuvieron muy agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia y el Señor parecía dormir».

           Teresa de Calcuta también se hundió en la oscuridad: «Yo llamo, me aferro, quiero, pero nadie responde, nadie a quien agarrarme, no, nadie. Sola, ¿dónde está mi fe? Incluso en lo más profundo, no hay nada, excepto vacío y oscuridad, mi Dios, qué desgarrador es este insospechado dolor, no tengo fe..Tantas preguntas sin responder viven dentro de mí con miedo a destaparlas por la blasfemia. Si hay Dios, por favor, perdóname».

          ¿Dónde está la luz, cómo encontrarla, cómo ver en la oscuridad?. ¿Quién responde en medio del silencio?.

      Nota: ttp://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/b69e2406ddc3e280043cfbbb8e314fb8

El pastor y las ovejas

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                               ¿Quién es el pastor, quiénes las ovejas?, ¿cómo distinguir al lobo?

               < Os lo aseguro: quien no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un salteador. Pero quien entra  por la puerta, es pastor de las ovejas. A este le abre el portero y las ovejas escuchan su voz; llama a las ovejas propias por su nombre y las saca fuera….El asalariado, el que no es pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye – y el lobo las arrebata y las dispersa…..Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco. A estas es preciso que yo también las guíe, y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor>. Juan 10, 1-16

Extraña parábola, inserta en el evangelio de Juan. Mateo y Lucas beben de la fuente de Marcos, pero Juan es distinto a todos. Es más explicito en unas cosas y más enigmático en otras. Hay una tradición común, pero cada evangelio pretendió cosas distintas. Esta del Buen Pastor es  extraña y también ofrece cierta sensación de amparo y de amplitud. Es curioso que la cita evangélica haga alusión a la necesidad de amparar,  tanto a las ovejas del propio rebaño, como a otras que no lo son. Esto contrasta con la actitud generalizada, que vemos cada vez más difundida, de amparar solo a los del propio grupo, a los correligionarios, y ofrecer solo frío y desamparo a los que no aceptan, no ya el dogma de la Fe, sino la verdad específica del grupo que se ofrece como único camino de salvación.

El buen pastor, se ocupa de todas y de todos, sin exigir previamente una comunión con las normas del grupo. Hablo de la Iglesia Católica porque es la que está presente en la sociedad e historia de España, y en la casi totalidad de Europa. Vuelvo a escribir que sin tocar ninguno de los dogmas, no hay porqué hacerlo, se  puede ser mucho más tolerante con respecto muchos cuestiones y grupos humanos, que se están quedando fuera de la comprensión de La Iglesia, porque está amparándose en grupos muy dogmáticos, muy cerrados y ultramontanos, que hacen justo lo contrario de lo que indica la parábola del buen pastor. Estos grupos, cierran la puerta del redil a las ovejas que ellos no consideran de su rebaño.

Yo he visto, en Melilla, negar la comunión a un divorciado, a un hombre  por estar  casado con una mujer de otra confesión, no permitir casarse a una pareja porque ya convivían juntos. Son situaciones absolutamente absurdas e incomprensibles. Hay mucha intolerancia, mucha falta de verdadera Fe y una ausencia casi absoluta de caridad cristiana. Las iglesias podrían estar llenas, pero no solo de fanáticos. Podría ser de gran ayuda en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Hay mucha Fe de escaparate, Fe externa, de virtudes públicas y de pecados ocultos. Todavía no entiendo como La Iglesia no ha disuelto la Orden de los Legionarios de Cristo, fundada por el abominable y pederasta Marcial Maciel.

Hay demasiadas cosas adosadas al nombre de Cristo, el Buen Pastor, que no deberían estar ni siquiera bajo sus pies.