¡ Soy yo, no temáis !

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           Llegada la tarde. Él estaba allí solo. Mientras tanto La barca se hallaba ya muchos estadios lejos de tierra, azotada por las olas, porque era contrario el viento. A la cuarte vela de la noche fue a ellos caminando sobre el mar. Al verle los discípulos caminar sobre el mar , se turbaron y dijeron: ¡Es un fantasma!. Y de miedo se pusieron a gritar. Mas enseguida les habló Jesús, y les dijo: ¡Ánimo!. ¡Soy yo!. ¡No temáis!. Mateo 14, 23-27

            No es el discípulo más que el maestro, ni el siervo más que su señor. Bástele al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al señor de la casa llamaron Beelzebúl, ¡cuánto más a sus domésticos!. No los temáis, porque nada hay oculto que no haya de revelarse; ni escondido que no haya de saberse. Lo que os digo en la oscuridad, publicadlo sobre los terrados. Y no temáis a los que pueden matar el cuerpo y que no pueden matar el alma; sino temed al que puede matar perder el alma en el fuego del infierno. ¿No venden dos pajarillos por un as?. Sin embargo ni uno solo de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre. Mateo 10, 24-29

            Hasta que no han llegado estos tiempos implacables, de tiranía, no había entendido en toda su magnitud el alcance de este anatema que hace alusión a aquellos que «matan el alma». Se puede seguir vivo y ya no importar nada, y eso es peor que estar muerto, porque la muerte es la paz. Después de ella ya no hay sufrimiento. Sin embargo, vivir y ser insensible al dolor y el sufrimiento social que nos rodea (y que nos ocultan), es estar muerto en vida, pero peor aún es que ni siquiera surja el reproche o la rebeldía frente a aquellos que están causando esta situación. Peor todavía es que aquellos que son la causa de estos tiempos desgraciados, y de tanta amargura y de tanto dolor social, ni siquiera se sientan afectados, o responsables de lo que están haciendo. No modifican sus comportamientos, no esconden sus actitudes. Es una situación intolerable.

La necesidad de la contemplación

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           Hay extraños libros ya olvidados, como uno que tengo del Padre Claret, editado en 1882, que relata o aconseja los diversos modos y caminos para evitar el desasosiego que produce el mundo y el contacto cotidiano con la realidad. Entre sus ya desfasadas máximas y consejos, pues pertenecen a un tipo sociedad muy lejana y diferente, siempre se pueden encontrar algunas frases o párrafos, que sí puede servirnos, por ser intemporales o que puede ser descontextualizadas.

            Por ningún caso debes emplear todo el tiempo  en discursos del entendimiento, lo principal debe ser ejercitar fervorosos actos de la voluntad, ya de propósitos firmísimos de mudar de vida, y emprender una contraria a las engañosas máximas del mundo. El firme propósito para practicarse cada día, es siempre diferente….. pero si experimentares algún modo que te sirviera más que otro, debes hacerlo no solo al día siguiente, sino todo el mes, si así lo juzgares conveniente. Si algún día no tuvieses tiempo para la meditación, por lo menos lee dos o tres veces los puntos de aquel día.

                   Ese capítulo del libro agrupa un total de 31 reflexiones, una para cada día del mes, impracticables ya en su mayoría, porque aquel mundo no existe ya, igual que el nuestro no existirá pasado el mismo periodo de tiempo. Así pues, se trataría de detener el tiempo o obligarnos a detener todo y comtemplar, no pensar nada. Se trata de buscar el lugar, que puede ser un templo o cualquier otro sitio, ya sea uno recóndito o un lugar espacioso en la naturaleza, aunque esto último no siempre es posible. Huir del ruido, detener el ritmo acelerado de la vida, buscar el silencio, aunque sea por un instante, se hace cada vez más necesario. Si no se dispone de ese espacio, hay que crearlo, en nuestro propio entorno familiar. Un pequeño rincón en donde sentirse amparado y a salvo de la contingencia que nos asalta a cada instante.

La imagen perdida de Cristo

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          Siempre estuvo ahí, escondida pero a la vista de todos. Se había perdido el rastro de su historia y de su leyenda. Durante un tiempo difícil de precisar recibió miles de oraciones y de súplicas. No sabemos cuántas atendió, o quiénes encontraron consuelo frente a su siempre silenciosa presencia. No es fácil fotografiarlo, pues está dentro de una urna de cristal y lo reflejos provocan extraños efectos. Cuando las cosas son objeto de una atención desmedida, acaban transformándose en algo distinto y casi siempre, mentira. Lo más oculto, lo que permanece en silencio, suelo ser lo más veraz, y reciben la atención más sincera. Haca casi 100 años la historia «milagrosa» de esta imagen dio la vuelta al mundo, pero entonces nadie podía verla, porque los medios de comunicación de la época no solían publicar fotografías. Se conoció la historia, pero la imagen siguió permaneciendo en secreto, ajena a todo lo que creía en torno a ella.

        ¿Buscan algo de nosotros estas imágenes, por qué llaman nuestra atención, que hace que fijemos nuestros ojos en ella?. Las historias se pierden entre el espacio vacío de los templos y la verdad se cubre de polvo. Queda apenas un pequeño resto de atención sobre ellos, en ocasiones muy contadas y apenas sobreviven con la atención de una escasa parte de la población. Lo que vemos, principalmente en Semana Santa, es muy llamativo, pero con un recorrido muy corto. Nos queda apenas un rastro del hechizo ante lo inexplicable. Los templos han dejado de ser el centro de la vida para la mayor parte de las personas. El año es largo y el vació lo llena todo. Ya no hay calor, se han prohibido hasta las velas de cera.

        Cuando apenas ha pasado un año del descubrimiento de la historia perdida del Cristo de la cana o Cristo milagroso de Melilla, todavía pienso en la extraña manera en que todo se compuso ante mis ojos, para poder recomponer esta leyenda olvidada, en una fría pero soleada mañana del mes de febrero. No he dejado de volver allí, pero había estado a punto de volver al estante del olvido.

La paz del espíritu

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            En medio del temporal, del marasmo y de la tormenta, surge un claro. Las aguas se aquietan y el vendaval cesa. Entonces la señal se oye clara y la luz se hace nítida. En ese breve lapso de tiempo podemos volver a gobernar la nave y pasar andando entre las aguas abiertas.

           «Si quieres resistir provechosamente a las tentaciones del diablo y frustrar sus malvados planes del infierno, permanezca en paz tu espíritu. Como el enemigo sabe que mientras el alma se conservare en paz, vale poco contra ella, se empeña en perturbarla en mil maneras. Cuando algo de esto te aconteciere, no te turbes ni pierdas el sosiego. Mientras permanezcas en paz, todo estará seguro, pues si empiezas a turbarte, todo empezará a peligrar, pues el enemigo se contenta solo con obtener la perturbación que desea. Porque no espera el poder derribarte de la primera acometida, sino poco a poco turbar primero tu corazón, cansarte luego, desequilibrarte después , y a la postre perderte.

              Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre las turbulencias y a permanecer tranquilo ante el estrépito del mundo. Con todo, siempre queda en tu poder el conservar la paz, pues dispones del libre albedrío. Ni la malicia del infierno, ni la perversidad de las personas, ni contrariedad alguna vale para perturbar tu corazón, si tú te empeñas en lo contrario». *

   Nota: * Imitación del Corazón de Jesús,

Lo que debe ser hecho

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          No me elegisteis  vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros. Y os he designado para que deis fruto abundante y duradero. Juan 15, 16

          Siempre el mismo sitio, siempre el mismo lugar, pero esta vez había una sensación diferente. Con la penumbra, la señal fue más clara. Lo que debe ser hecho ya no puede demorarse más. Empieza a no haber más tiempo. Las piedras esperan, las personas no. Quienes estuvieron aquí en el pasado hoy ya no están, y quienes estamos hoy podemos no estar en el futuro. Así cambia la vida ante nuestros ojos. Siempre es la misma obra, siempre con distintos actores. De todo lo que ha ocurrido aquí, a lo largo de casi un siglo, apenas queda constancia. Hemos dado vida y luz a una parte de esa historia. Hay algo que debemos hacer y que ya no puede demorarse. Esto es importante y debe ser hecho ya. La lámpara está encendida y nos está esperando.

             «Pero si con el corazón sosegado e impertérrito vas obediente a donde El Espíritu te condujere y sigues la dirección contra tu propio sentido, pasarás ileso por las tentaciones. Encontrarás a menudo que son aquellos mismos que te estaban obligados por el agradecimiento, amistad u oficio, los que te serán infieles e incluso adversarios. Pero aun en el exterior ocurrirán muchas cosas que te conmoverán y agitarán tu espíritu, si no estuvieses en la paz bien afianzado.

             Los santos más versados e instruidos en los caminos ocultos de la vida espiritual nos enseñan que el demonio, espíritu malo y torcido, acostumbra a tentar más, a aquellas personas que se ejercitan en la adquisición de las virtudes, o a quienes deben llevar a cabo alguna labor por el mandato del Espíritu.

Cuando arrecia el temporal

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            Senderos hacia la belleza. José Alegre, abad de Poblet (Ed. PPC)

       Sustráete de las ocupaciones al menos algún tiempo. Cualquier cosa menos permitirles que te arrastren y te lleven a donde no quieres. ¿Quieres saber a dónde?. A la dureza del corazón. Y no me preguntes qué es dureza de corazón. Corazón duro es aquel que no se espanta de sí mismo, porque ni lo advierte. Ningún corazón duro llegó jamás a salvarse, a no ser que Dios, en su misericordia, lo convierta en un corazón de carne. ¿Cuándo es duro el corazón?.  Cuando no se rompe por la compunción, ni e conmueve con la oración. No cede ante las amenazas y se encrespa con los golpes. Es ingrato a los bienes que recibe, desconfiado de los consejos, cruel en sus juicios, cínico en lo indecoroso, impávido ante los peligros, inhumano con los hombres, temerario para lo divino. Todo lo echa a la espalda, nada le importa el presente. No teme al futuro. Del pasado solo recuerda las injurias que le hicieron. Es de corazón duro el que ni teme a Dios ni respeta al hombre.

        Hasta este extremo pueden llevarte estas malditas ocupaciones,si, tal como empezaste, siguen absorbiéndote por entero sin reservarte nada para ti mismo*.

         Nota: *Meditaciones de San Bernardo al Papa Eugenio III

Suma Teológica

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          Todo lo que no se pueda compartir, escribir o dar testimonio de ello está destinado a perderse, sin embargo, no todo puede ser dicho o escrito. Desde hace años, un amigo me está proveyendo de muy interesantes libros sobre teología. No digo el nombre, porque en este mundo la envidia es un alimento para muchas almas. Hay cosas que no pueden ser compartidas. En los pasillos de La Iglesia, reinan sombras que devoran cualquier luz, y en ellos el chisme y el rumor suelen ser constantes. No hay nada más receloso que «un capillita» ni aguas más oscuras que las de los que medran en los aledaños de La IglesiaSi se quiere sobrevivir y proponer algo nuevo, que realmente sirva e ilumine, no se debe entrar nunca en esos pasillos, porque solo se conoce la puerta de entrada. De una de mis mejores frases, publicada en un artículo escrito, se ha apropiado alguien y ha obtenido con ella grandes elogios y parabienes.

          Esos libros me sirven para dar con ideas nuevas y a veces proporcionan interesantes reflexiones. No creo en la teología doctrinal o académica, por eso exploro en otros libros, que pueden considerarse claramente contrarios, como el del teólogo ateo, para descubrir la verdad de las cosas, sobre todo porque ayudan a identificar las mentiras, con las que nos han inundado durante siglos. Estos libros ofrecen un análisis muy detallado del texto evangélico y neotestamentario, realizado desde los escritos originales y enseñan a distinguir el trigo de la cizaña. Se trata de Alfredo Fierro y su «Después de Cristo». Si se lee con atención, hay que partir de cero. Queda en pie muy poco. También he leído el «Jesús de Nazaret» de Joseph Ratzinger, que pese a ser un muy buen texto, no consigue disipar las sombras de los principales exégetas críticos con la doctrina y la interpretación oficial. Son ya aguas muy profundas y oscuras, en donde lo que resplandece es muy poco.

           Hay siempre que estar atento a la llegada del cuervo para que no se coma el grano. La magnitud del engaño sobrecoge, sobre todo cuando se accede a estos análisis rigurosos, sin otra pretensión que la de mostrar aquello que es cierto.

            Entre la luz y la tiniebla debemos escoger nosotros solos, sin que medie la posibilidad de ayuda alguna.

La capilla de Juan el Bautista

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                        Dos años y 10.000 visitas

        Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros pocos. Por eso, pedidle al dueño de la mies que mande obreros a recogerla, Andad y ved que os envío como a corderos en medios de lobos. No llevéis bolsas, ni monedero, ni sandalias, y no os detengáis a saludar a nadie en el camino. Cuando entréis en una casa, saludad primero diciendo: Paz a esta casa Si en ella hay gente de paz, vuestro deseo de paz se cumplirá; si no, no se cumplirá. Lucas 10, 1-5

        Hace dos años que cree esta lugar de reposo, meditación y paz. Aquí no ha entrado la guerra, aunque hubo algunos intentos que fueron cercenados desde el primer instante. Dos años y 10.000 visitas, una cifra realmente grande para un blog de este tipo. Aquí no hay religión oficial, ni doctrinas ni dogmas de tipo alguno. Hay lo que cada una/o quiere encontrar en él, pero para encontrar algo, primero debe tenerlo dentro de sí. Quien busque y venga en paz, la encontrará. Quien busque luz, primero debe albergarla dentro de sí, y la hallará, y verá nuestra llama siempre encendida. Este lugar se mantiene en penumbra, porque así la pequeña lámpara que lo ilumina, hace apreciar mejor los detalles, pero aquí no hay sombras.

      La mies es mucha, y los trabajadores muy pocos. Fuera esperan el frío y los lobos. Muchas veces los representantes oficiales de la Fe están llenos de sombras y por eso mucha gente anda confundida. Hay demasiados señuelos y luces muy llamativas tras las que no hay nada. Hay muchos que están seguros de sí mismos, porque jamás se han enfrentado a nada que los ponga en cuestión. Algunos sí hemos mirado muy de cerca al diablo, y hemos visto su obra, el mal. Cuando eso ocurre, desaparece toda convicción.

        Necesitamos la luz y la señal constantemente, al igual que todos los días necesitamos que el Sol vuelva a salir. La única manera de continuar es esa. La mayor parte de las veces, caminamos sobre las espinas de la duda, buscando la luz con las manos. Si se mantienen encendidas, siempre se encuentran.

Hasta el último instante

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        Los escribas del partido de los fariseos, al verle comiendo con los pecadores y los publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué como y bebe con los pecadores y publicanos?. Como lo oyera Jesús, les dijo: No tienen necesidad de médico los sanos; no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores. Marcos 2, 16-17

       Si hay algún lugar en donde se percibe con mayor crudeza el paso del tiempo es en esta capilla, porque esa irregularidad en las publicaciones muestra claramente el inexorable paso de los días. Entre una entrada y la siguiente pueden haber pasado dos meses o casi dos semanas, sin embargo, ese lapso de tiempo solo es percibido desde fuera y no desde dentro. Esta es la esencia de la relatividad. La medida del tiempo no es la misma desde dentro que desde fuera o la misma velocidad, que se percibe como más lenta, cuando más lejos se esté del objeto en movimiento. En la vela apenas ya hay nada que la mantenga encendida, pero ahí sigue.

     ¿Hasta cuando arde la llama?. Hasta el mismo final, hasta el último instante. Observar ese momento es algo hechizante, porque en ese estado final nada puede predecirse sobre su posible duración. Ya no hay casi aceite, cera o parafina, sin embargo la llama arde, ilumina y sigue dando calor. Eso sí, basta un leve movimiento para que se apague en ese mismo instante. Lo que se ve, puede ser descrito pero no debe alterarse. Estaremos aquí hasta el instante final, sea cuando sea.

        Son bastantes los que nos preguntas por qué hacemos esto, o hasta cuando estaremos aquí y son preguntas que en algún momento también nos hacemos. Lo preguntan tanto aquellos que nos apoyan, aunque sea en el silencio, como quienes quieren nuestro final. Ni un grupo, ni otro, ni nosotros mismos, esparábamos estar aquí a estas alturas, a una fecha tan lejana desde el inicio. No tenemos una respuesta. Lo más cercano se sintetiza en la cita que precede a esta explicación. Habrá otras, pero no la hemos encontrado.

El evangelio de Juan y el agua

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             El evangelio de Juan es especialmente hermoso y teológico. Es el evangelio de la luz y también del agua. Es el más tardío de todos los escritos, mediados del siglo II y sin embargo, contra toda lógica, aporta los detalles más precisos. Esto solo tiene dos lecturas, una es que utilizó fuentes desconocidas (cosa improbable), o es realmente un testimonio literario. Eso sí, como literatura religiosa es casi de la mejor posible.

               En cualquier caso, lo que nos interesa narrar aquí es el diálogo entre la mujer samaritana y el propio Cristo, que le pide agua a una mujer de Samaria: «Dame de beber». La mujer samaritana le respondió: ¿Cómo tú siendo judio, me pides de beber a mí, que soy samaritana?. El diálogo posterior, narrado en el inicio del capítulo 4 es sorprendente por su precisión y hondura.  La mujer le dice: ¡Señor, si tu no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar tú el agua viva?. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del que bebió él, sus hijos y su ganado?.

          Jesús responde: Todo el que bebe agua de ésta volverá a tener sed; en cambio, el que haya bebido el agua que yo voy a darle, nunca más tendrá sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un manantial de agua que salta dando vida definitiva.

         ¿Que ocurre pues?. Que importa encontrar el manantial, beber y también y sobre todo, tener donde guardar el agua, que es el espíritu.¿Por qué?. Porque vendrán tiempos duros, tiempos de sequía y el espíritu debe tener de donde poder abastecerse. El agua del embalse no estará siempre rebosante, a veces incluso se llegará a ver el fondo