Dolores del Barrio del Real

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           Dolores del Real, que quiso ser Servitas

     Han pasado ya muchos años, desde que dedicara unas navidades, y muchos meses de trabajo,  a la búsqueda virgen de Los Dolores del Real, desde que desapareciera en 1978, de la parroquia de San Agustín. Las casualidades se armaron solas en el año 2007, porque las cosas solo aparecen cuando quieren ser encontradas, y ante quienes quieren que las encuentre. En caso contrario, permanecen escondidas durante siglos. En los primeros años de la década de 1940, se fundó la Semana Santa de Melilla, hasta entonces reducida exclusivamente a las procesiones en Melilla La Vieja. Las parroquias se llenaron de imágenes y pasos procesionales, pagados por familias adineradas o por las pequeñas aportaciones de las gentes humildes, más importantes estas últimas que las primeras.

       Don vírgenes llegaron a las calles de Melilla, La Soledad de la Parroquia arciprestal del Sagrado Corazón, y la Dolorosa del Barrio del Real. En aquellos primeros años del nacional-catolicismo, imperaba el austero estilo de Los Servitas, cofradía o advocación fundada en el siglo XIII por San Felipe Benicio, y otros varones conocidos como los siete santos fundadores de Servitas o Siervos de María: Bonfilio, Bartolomé, Juan, Benedicto; Gerardino, Ricovero y Alejo. El culto prende muy rápido y se arraiga en diversas ciudades, siendo las principales, o más conocidas, las de Sevilla y Málaga. No solo es un tipo de culto, sino también un estilo. Las santos fundadores Servitas se conmemoran el día 17 de febrero.

                                  Dolores del Real y Servitas

            Las dos vírgenes melillenses, Soledad y Dolores del Real, imitaban el estilo y el tipo de culto de los Servitas, aunque la imagen de la Soledad se asemejaba más a una dolorosa moderna, con un gesto más dulcificado y menos expresivo. Cuando vi por primera y única vez a la desaparecida virgen melillense en la localidad almeriense de Barlerma, me sorprendió el retorcimiento de su figura y su demudado rostro, no parecía una imagen fácil de mirar. Fue una conmoción en el mundo religioso de Melilla, porque nadie había vuelto a verla, y nadie sabía en dónde se encontraba. Es una de esas muchos sucesos que se escondieron deliberadamente en el olvido. Los padres Paúles vendieron las imágenes, en una decisión inexplicable e injustificable, causando un dolor inmenso en la feligresía del Barrio del Real. Todo esto lo escribí y publiqué en el año 2007.

             Tuvieron que transcurrir siete años mas (siete es el número de Servitas), 2007 fue el año de localización de la virgen; para que en 2014 contemplara por primera vez a la Virgen de Servitas en su parroquia malagueña. Me sorprendió igualmente la intensidad y el retorcimiento de su gesto, pero no relacioné entonces esa similitud, entre las vírgenes de Málaga y de Melilla. Hace uno o dos meses, repasando los inmensos archivos fotográficos del Alminar, volví a ver las fotos de la antigua virgen del Real, y entonces ya sí relacioné el gesto de la antigua virgen melillense,  con la imagen de Servitas malacitana.

               La antigua imagen melillense se encuentra desde finales de la década de 1970 en Barlerma, Almería, en la parroquia de La Concepción. Cuando localicé la imagen en el año 2007, no se separó de nosotros en ningún momento, una mujer del pueblo, extrañada y recelosa de que mostráramos interés en esa virgen. Dijimos que éramos de Melilla, pero que nuestro único interés era verla y fotografiarla, pues su paradero era desconocido.

Iconos frente a imágenes

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               El icono (εικον), significa tanto imagen como retrato. El origen es pues el mismo. Se trata de una representación religiosa de la divinidad o de los santos/as. Sin embargo, con el paso del tiempo, y la separación entre la Iglesia oriental y la occidental, ya no son la misma cosa. Una imagen tiene volumen y el icono no, pues se trata de una representación plana. En una imagen de la Iglesia de occidente vemos la representación del artista y su concepto de la divinidad, mientras que en el icono se siguen unos estrictos cánones, que apenas conceden libertad alguna al autor. El autor del icono tiene tan poco margen, que en la mayoría de los casos ni siquiera se toma el trabajo de dejar escrito su nombre. Sin embargo, la potencia transmisora del icono es enorme, casi tanto o más que la de las imágenes.

       El icono representa la imagen de la divinidad, tan próxima como sea posible su elaboración a las manos humanas, pero mostrando la divinidad, o la santidad tal cual es, inalterable a lo largo de los siglos, de modo que puede reconocerse una figura, sin necesidad de escribir su nombre. La representación permanece inalterable. María, la madre de Dios, es Teótokos o Panagia (toda santa). Jesucristo es siempre Pantocrátor (Todopoderoso). Nada puede salirse de estos cánones. A Dios Padre nunca se le representa.           Los iconos no utilizan modelos humanos, porque entonces no estarían representando la divinidad, sino una representación basada en un modelo corruptible y marchitable, como es el de cualquier ser humano. Los iconos de los santos se realizan basándose en las personas que les conocieron o dieron testimonio de ellos, por eso no varían con el paso del tiempo. Las representaciones de Cristo Pantocrátor y de María Panagia, se realizan siguiendo los modelos, esto es la leyenda, de dos iconos realizados por San Lucas, el santo rostro o «Mandylion», y el de la «Panagia». Ambos iconos desaparecieron. En el asalto de los cristianos latinos a Constantinipla en 1204, caso del primero, y en la caída de la ciudad en 1453 en poder del Imperio Turco. Sin embargo, la tradición se ha mantenido y la fisonomía ha podido evolucionar muy poco con respecto a los originales, pues siempre se realizan siguiendo patrones muy estrictos.

         En el lado contrario, el de la imaginería religiosa occidental, la libertad del artista es tal, que tiene casi siempre tiene que poner título a su imagen, para poder reconocerlas. Las modelos que sirvieron a mucho de los grandes cuadros, salvo las idealizaciones, eran mujeres o hombres conocidos por los artistas, y en algunos casos, eran mujeres mundanas. Algo así es inconcebible en el Oriente ortodoxo.

          Para ver y apreciar estas diferencias, nada mejor que mostrarlas. Tres de las imágenes corresponde a iconos orientales, es una Marría Panagia serbia, y las otras dos corresponde a dos santas, Galina y Claudia en formatos rusos. La imagen occidental que se contrapone con éstas, es la de la virgen Macarena de Sevilla.

Meditaciones de Santa Águeda

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          «Águeda, buena de nombre y buena por sus hecho.s Águeda, cuyo nombre indica de antemano la bondad de sus obras maravillosas, y cuyas obras corresponde a la bondad de su nombre; Águeda, cuyo solo nombre es estímulo para que todos acudamos a ella como trasunto de la bondad de Dios». Metodio de Sicilia *.

           Águeda, la joven siciliana martirizada en 251, es la primera gran maltratada de la historia. Es o fue conocida como protectora de la mujeres, en los tiempos en los que el universo conocido era cristiano, pero fue una víctima del maltrato, antes que otra cosa. Hoy en día, tal cual están las cosas, es mejor no recrear ni mencionar los detalles morbosos de su tortura, ampliamente difundidos en otras épocas por la Iglesia. Ya no son tiempos de protectoras ni de patrones, pero su nombre debería ser invocado como ejemplo,  contra esa lacra que asola al universo femenino. Esa lacra impuesta por la sociedad patriarcal, y que se renueva de modo continuo. El planeta de las mujeres es totalmente distinto del masculino. Las mujeres están sometidas en todas las sociedades, y solo en unas decenas de países tiene unos derechos equivalentes a los de los hombres, pero no tienen un situación real de igualdad, ni siquiera en estos países.

                     El último instante de los lunes de san Nicolás

        Los momentos en una vida tienen unas secuencias extrañas o difíciles de entender. Desde hace algunas semanas disfruto de ese último instante antes del cierre de la capilla del Centro Asistencial. No lo había hecho antes. No hay luz, toda está en penumbra, ya no hay feligreses. Las oraciones de las fieles, casi siempre mujeres, ya se han disipado o permanecen entre las imágenes. Entre las tenues luces se aprecian con mayor profundidad algunos pequeños detalles, en los que no solemos fijarnos con la luz del día. Las luces de la velas, que parecían a punto de apagarse, brillan con nitidez en la noche. Todo está en orden, hasta el silencio, que cubre con su manto cualquier angustia o inquietud. A veces el silencio es también una respuesta, otras es solo silencio, que también es necesario.

     Quien quiera que siga mirando aquí, seguirá viendo encendidas las luces. Las fuerzas no son ilimitadas. Las últimas estarán dedicadas siempre a este lugar. Aunque no lo parezca, es el que sostiene todo. Nuestro objetivo es seguir intentando una frecuencia más corta entre las entradas, o al menos que no haya una semana sin escribir aquí algo nuevo.

       Tener un mismo lugar como un punto de referencia es importante. Es algo que nos obliga a dedicarle parte de nuestra atención, y también proporciona cierta orientación. Cuando se pierde el rumbo se regresa allí y se vuelve a empezar, las veces que sea necesario. Siempre es lo mismo y siempre es diferente. Febrero es un mes muy femenino. Hay muchas mujeres como titulares en el santoral. Es otro asunto sobre el que meditar.

Nota: *Santoral, José Sanz Vila

El tiempo largo

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          El tiempo será largo, el venidero, el que nos espera. La vida suele ser larga y el futuro no se adelanta por más impaciencia que mostremos. Ningún suceso ocurrirá antes de su tiempo y cualquier acontecimiento cobra sentido muchos años después. El sentido de una vida se ve en su parte  final, si es que lo tiene; e incluso a veces, muchas vidas se explican porque son las que abren paso a otras. Nuestra permanencia aquí no tiene más sentido que el que nosotros pretendamos darle, y también por el que otros busquen en aquello que escribimos. Hay días que apenas llegan hasta aquí una o dos personas, e incluso en algunos y escasos días, en los últimos tres años, no se contabilizó ninguna visitas. Son los días vacíos, aunque son más llamativos aquellos en los que solo hay una o dos visitas.

        Para entender todo esto hay que remontarse al año 2006, antes de que existiera todo, y mi encuentro casual con un melillense, Pepe Vacca, que me abrió las puertas y el conocimiento del mundo religioso de Melilla. Hasta entonces nada de eso había llamado mi atención. Un año después, y todavía inmersos en la labor de descubrir y relatar historias apenas divulgadas y a punto de perderse para siempre, moría de forma repentina. Me quedé completamente solo, metido en un mundo desconocido, muy poco habituado a la luz externa y sin saber qué dirección tomar. Algunos acontecimientos posteriores, como la marcha repentina de las Hijas de La Caridad en 2011 y mi encuentro con Monseñor Buxarrais ese mismo año,  me orientaron de forma definitiva, pero durante bastante tiempo tuve que desbrozar y separar la cizaña del trigo guiado solo por la intuición. El año pasado volví a poner al conocimiento público la historia olvidada del Cristo milagroso de La Caña, imagen del calendario del presente año. Fue una de las historias más intensas que narré, junto con la de «La leyenda del Cristo de Mena», en cuyos antecedentes me situó Pepe Ruiz Vacca. Todo cobra su sentido tras largas años de búsquedas, de éxitos, de errores, de olvidar las historias y de encontrarlas cuando menos se esperan.

          Lo que un día existió, permanecerá ahí siempre, dormido, aunque haya sido olvidado. En algún momento, alguien lo encontrará, o será guiado hasta su encuentro. Mientras tanto hay que seguir, haciendo muchas otras cosas. Pronto este largo tiempo se cerrará con una obra y un testimonio, que será a la vez todo, y también algo distinto. Se cerrará un tiempo y se abrirá otro. Mientras tanto, la luz permanecerá ahí iluminando.

Cuando llega la noche

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         Hace ya unas horas en las que el último visitante dejó aquí sus plegarias. Todo está ya oscuro y el párroco se dispone a apagar las últimas luces. Ya no huele a cera y el aire está frío. Todavía no está cumplido el primer mes del invierno. La oscuridad de la noche es profunda. Las tenues luces de las velas eléctricas provocan extraños efectos. En la penumbra una pequeña luz parece transformarlo todo, aunque no hay nitidez en las imágenes. Algunas, como la titular de la capilla parece desaparecer por efecto de la cámara. Los santos meditarán las plegarias recibidas. Años de rezos, generaciones completas, hermanas de la caridad, feligreses, párrocos han pasado por aquí durante décadas y no parece quedar nada. Solo quedará aquello que recojamos mediante nuestro testimonio. Daremos cuenta de lo que hemos visto y oído. Todo existirá mientras estemos aquí para ver y dar cuenta de las cosas. Las luces permanecerán encendidas mientras mantengamos nuestra labor de vigilancia. Da igual que nadie entre a verlas, o que sean cinco o varios cientos los que entren y ofrezcan sus plegarias. Lo importante es que quien entre, las encuentre encendidas. La labor es muy difícil, precisa de constancia y de perseverancia, porque la mayor parte de las veces, la ayuda casi no existe. Quien un día estuvo, ya no está. Algunas veces se encuentra a alguien inesperado en este instante final. Otras no. Entramos y salimos en soledad. Se entra a cumplir con una labor, pero a veces, se ven hechos diferentes, instantes que merecen la pena y que transforman nuestra visión de la vida. Hay que seguir yendo, hasta que todo se acabe, porque todo tendrá un fin. Todo está aquí y a la vez nada.

El santo cura de Ars

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                Ars, historia de una pequeña localidad francesa

         Francia es republicana, laica y también  católica. Defensora de las libertades y también tradicionalista. A Francia se la conoció en el pasado  como la hija primogénita de La Iglesia y también como la predilecta. Ha habido Papas franceses y también el propio Papado tuvo su sede en Francia, en Aviñón. Francia siempre fue poderosa, esplendorosa y rica. La Revolución Francesa separó para siempre a La iglesia del Estado, y eso fue un gran logro. También hubo excesos y fue el mismísimo Napoleón el encargado de contenerlos, aunque en su propio beneficio, pues fue proclamando Emperador por un Papa. Luego invadiría los Estados Pontificios, pero es que Napoleón lo invadió todo.

              Vida y leyenda de Juan María Bautista Vianney

            Las apariciones más célebres de La Virgen se darán en Francia, en Lourdes y en Pleno centro de París a Catalina Labouré. En España, por contra no existe ningún santuario mariano de apariciones. Tampoco hemos tenido ningún Papa y son datos que dan que pensar. Francia es muy culta, origen de La Enciclopedia. Por tanto, no estaríamos hablando únicamente de fenómenos producidos en sociedades de cultura popular.

              Juan María Vianney fue una persona de humilde origen social. Labrador e hijo de labradores de la región de Lyon, en concreto de Dardilly. Fue desertor del ejército napoleónico (1809) y se libró de invadir España junto con las tropas francesas. A los veinte años empezó el aprendizaje de la lectura y escritura del francés, pues él hablaba un dialecto regional. Se ordenará sacerdote y será destinado a la localidad de Ars sur Formans, situada al norte de Lyon. Su formación teológica es escasa. Se trata fundamentalmente de una persona intuitiva y muy austera, que desatará todo un fenómeno religioso en la región. Hay muchísimo escrito acerca de su vida, incluso existe alguna recopilación de sus sermones, que elaboraba recopilando diversas citas y lecturas, tras arduas noches de trabajo.

            Lo que le dará la fama será sus célebres confesiones, a las que acabaría dedicando hasta 17 horas diarias. Fue muy apoyado por familias nobles de Ars, que impulsaron y costearon todas las ampliaciones y reformas de la pequeña parroquia original de Ars, localidad de apenas unas centenas de habitantes en aquella época.

     La localidad de Ars es un centro de peregrinación y visita del catolicismo mundial. Incluso el Papa Juan Pablo II llegó hasta allí en 1986. La vida del humilde sacerdote de Ars es un ejemplo, primero de dedicación a aquello que había escogido como misión, el sacerdocio, el servicio a los demás. También de aquel que quiere escapar de algo en lo que se ha convertido y que desborda sus previsiones personales. En muchas ocasiones pidió su retiro al obispo de su diócesis, y no le fue concedido. Murió el 4 de agosto de 1859, al final de la jornada de más de 17 horas de confesión.

 Nota:http://arsnet.org/index_esp.php

Dolores de San Pedro

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           La imagen de la Virgen de Los Dolores de la iglesia de San Pedro de Almería, esta vinculada a Melilla por el esplendoroso manto que porta en Semana Santa, y que procede de la ciudad norteafricana, de la desaparecida virgen de Los Dolores de San Agustín de Real. Dolores y Soledad son dos nombre sonoros y espléndidos, pero un día decidimos quedarnos con el primero, con Dolores. En cada ciudad debemos buscar un lugar que nos proporcione algo de sosiego y cobijo. En la iglesia de San Pedro de la capital almeriense se encuentra esta imagen de la Virgen de Los Dolores, y que durante todo el año está recogida en una pequeña capilla, custodiada por 4 bellos ángeles custodios. Son figuras muy sencillas y también hemos escrito aquí de ellos en otra ocasión. Se trata de seguir encontrando algo distinto, en los mismos lugares que vemos a lo largo del año, ya sea con mayor o menor frecuencia. La constancia es también una herramienta que produce algunos frutos con el paso del tiempo.

        Para este final de año hemos buscado un lugar distinto. Unas figuras sencillas. Un pequeño lugar oculto a la vista de casi todos. Imágenes desprovistas de adornos innecesarios. Unos sencillos ángeles en actitud de reposo y calma, que transmiten sensación de sosiego y tranquilidad de espíritu. Los vientos volverán a agitarse y las aguas a embravecerse, y ambos azotarán la tierra, pero ahora y en este momento estamos en calma. La misma que deseamos a todos los que entran aquí. Todo parece dormido, hasta el dolor que representan estas figuras. No hay vida sin dolor, y es el haberlo sufrido a veces, lo que nos lleva a valorar más los instantes de felicidad y los momentos dulces de la vida.

        A veces se camina en paz, pero hay dolores que permanecen adormecidos, que están junto a nosotros, hasta que algo los despierta. La vida es así y también es eso. Es la herida del costado, la que nos recuerda lo que hemos sufrido, y que también nos indica que nos hemos  hecho merecedores de momentos dichosos. A la vez nos recuerda que en cualquier momento puede regresar el dolor, de otra forma o de la misma. Siempre debemos combinar ambas cosas, no fiarlo todo a la felicidad, que también puede ser engañosa, ni tampoco recrearnos en el dolor pasado. Tenemos que saber combinar ambas cosas y estar preparados para todo.

Los números de 2014

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 5.300 veces en 2014. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

San Miguel de París

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          Resulta muy llamativa la gran fuente y plaza dedicada a San Miguel en la ciudad de París, en la puerta del Barrio latino, al que se llega por el puente del mismo nombre. San Miguel es el arcángel de que venció al diablo y por ello se le considera el protector contra sus asechanzas. Es una realidad que luz y sombra conviven casi rozándose y que a una le sucede la otra. Dios en el origen del mundo, separó las tinieblas de la luz. La realidad del mal y del bien están constantemente frente a nosotros, aunque a veces no las veamos. A San Miguel no se le puede mirar a los ojos, y siempre se le representa con una espada en la mano. En muchos pueblos y ciudades españolas tiene dedicadas iglesias, calles e incluso en algunas es el santo protector de la ciudad o villa.

          Suelen ser dedicaciones antiguas, medievales, pues resulta curioso ver como ahora ya nadie cree en el diablo, sobre todo entre personas creyentes, que mantienen su Fe en Dios. A esta confusión ha contribuido mucho la propia Iglesia, que ha modificado a lo largo de los siglos, y sobre todo en los últimos tiempos, sus posiciones tanto sobre el diablo como acerca de la existencia del infierno, pese a que claramente el rabí Jesús expulsaba demonios, y esa fue una de sus constantes actividades a lo largo del relato evangélico. Hoy nadie cree obrar mal en ningún caso, ni hacer mal, ni daño y ese es el motivo por el que el diablo ya sobra en nuestra vida, pero nada más lejos de la realidad. No se puede cometer un error mayor.

      Para mayor deshonra de los nombres, ocurre que bajo el amparo del nombre del arcángel San Miguel, se escondía una secta pederasta*. Son demasiados los crímenes y delitos que se cometen bajo nombres santo, y bajo el supuesto amparo de la cruz. Ya hemos escrito en otras ocasiones, que ni La Iglesia, ni otras religiones, tienen ya armas eficaces para enfrentarse a la sombra que cubre el mundo.

            Es muy difícil la lucha contra aquel que está siempre al acecho. Hay maneras de protegerse contra el mal, una es evitando sus senderos, algo complicado a veces, porque la apariencia de muchas cosas es engañosa. Existen algunos amuletos básicos, las estampas del propio San Miguel y la Cruz de San Benito. Quizá sea muy poca la luz que podamos ofrecer ante tanta tiniebla.

Nota: (1) http://www.abadiadesilos.es/medalla.htm

*http://www.periodistadigital.com/religion/diocesis/2014/12/22/el-obispado-de-tui-vigo-suprime-orden-y-mandato-por-el-grave-escandalo-religion-iglesia-miguel-rosendo-quinteiro-fiuza.shtml

La luz del Bautista

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       Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo Él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: ‘Rectificad el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías».
Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo, ni Elías, ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando. Juan 1, 6-8; 19-28

        Siempre hay alguien que anuncia, esto es indispensable para dar un testimonio válido. No vale tampoco que nosotros hablemos de aquello que hacemos. Las acciones que llevamos a cabo sí dan testimonio nuestro, pero no debemos ser nosotros los que las publicitemos. A menudo se necesita mucho tiempo para que algo se vea con claridad. Solo es a lo largo de los años como las cosas cobran su sentido. Es algo que repetimos muchas veces. La perspectiva siempre es necesaria y aún así, nunca estaremos libres de malas interpretaciones, ni de otras asechanzas. El ruido del día no debe importarnos, ni lo que hoy piensen de lo que hacemos. Las murmuraciones son como las hojas secas que caen en el suelo, y a las que el viento del tiempo acaba barriendo y haciendo desaparecer. Al final resplandecerá el sentido de nuestras acciones, y aquello que buscábamos realmente y que nos hizo movernos en esa dirección se mostrará con claridad. Deberemos volver al mismo lugar las veces que sean necesarias, y empezar de nuevo una y otra vez. Así distinguiremos los aciertos de los errores, y podremos separar la cizaña del trigo. Quedará lo bueno y desaparecerá lo malo. Lo importante es estar y seguir aquí. Aun cuando nadie comente nada, aun cuando parezca que estamos en soledad, siempre habrá quien entre y lea, se sienta acompañado y nos acompañe también, en algún modo.

       Nunca saldrá bien todo, pocas veces las cosas irán tal y como habíamos previsto. Nos veremos obligados a cambiar de planes una y otra vez y nuestras convicciones cambiarán o se verán alteradas constante Por eso buscamos ese instante de brillo, buscamos la lámpara de Juan que ardía y brillaba en la oscuridad. Hay que hacerlo de modo continuo, incansablemente. Incluso cuando no haya nadie y aun cuando La Verónica ya no esté con nosotros, debemos mantenernos y seguir encendiendo la lámpara.

    «Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado»Juan 5, 33-36