Volviendo a la casa del Padre

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          ¿Has cometido un pecado?. Entonces entra en la iglesia y arrepiéntete de el. Porque aquí no está el juez sino el médico: aquí no se nos investiga sino que se nos perdonan los pecados. San Juan Crisóstomo

                 Pasada la lucha, el alma entra en un estado de paz y gozo inefables, decía el monje Evagrio Póntico, pero ¿cuándo sucede eso, cuánto dura ese estado de calma?. Es una estrecha puerta la que comunica un estado con otro. Volvemos a un templo, a un lugar de descanso y lo que antes tenía sentido, ahora nos parece completamente desposeído de el. Las cosas que veíamos antes ya no están, o quizá nunca estuvieron como las recordamos.

           La casa del Padre es una expresión utilizada para referirse tanto a la muerte, como a la vuelta al templo, al lugar en donde nos espera siempre la paz y el silencio, tras un largo tiempo de ausencia. El padre o la madre siempre esperan la llegada del hijo/a. También puede referirse a ese tiempo feliz, ausente de malicia y en donde reinaba la inocencia, en el que nuestros padres resolvían cualquier problema que aconteciese en nuestra vida. Pasado ese tiempo, casi siempre dichoso, debemos caminar en la vida resolviendo nuestros propios problemas. No hay mejor refugio, ni más seguro, que en los brazos de un padre o de una madre.

           En los últimos días, un amigo, regresó a la casa del Padre, a la morada definitiva. Durante un momento caminé en soledad y silencio, por el mismo lugar que él luego debía atravesar, en su postrero viaje. En esa calma, en ese silencio completo, y durante un fugaz instante, quedé desposeído de cualquier problema, angustia o duda. En ese momento, mi espíritu estuvo en la casa del Padre. Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación. Valió la pena gozar de ese instante.

La estrecha puerta que separa del mundo

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               Es un estrecha puerta la que separa este pequeño lugar dle ruido del mundo. No hemos dejado de atraversarla desde hace siete años. Vez tras vez, sin faltar casi nunca. No solo son los lugares, sino tambien las personas que habitan en ellos, los que los cuidan y mantienen, y todos aquellos que han pasado por esos mismo bancos y han mirado a esas mismas imágenes. Todo aparenta estar vacio, pero sin embargo esta lleno de sensaciones que no pueden verse, pero sí percibirse.

             Sabemos lo que hacemos nosotros (mantener las luces), pero no lo que hacen los demás; cuidar las plantas, mantener los adornos, encender las lámparas. Es ese trabajo conjunto y anónimo lo que mantiene este lugar de paz, al que hemos acudido a pleno Sol, en días de lluvia, a medio día y por la noche. Hemos transitado por la nave vacía, hemos visto acudir gente y cambiar los grupos humanos.

             Desde que nos descubrieron su existencia no hemos dejado de acudir allí. Muchos no saben si quiera de su existencia, otros no verán nada de los que describimos y nunca les dirá nada este lugar, que siempre es el mismo y siempre es diferente. Minetras podamos, no dejaremos de atravesar esta puerta.

Origen y diferencias del rosario

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      El origen del rosario se pierde en los tiempos. En Grecia es muy popular el llamado Kombolói (κομπολόι), que es un conjunto de cuentas, entre 17 y 21 y no tiene significado religioso. Es muy parecido al Tasbih o masbaha, o rosario musulmán o sarraceno. En ambos casos no tienen símbolos religiosos, y el origen parece proceder de La India. Tanto griegos como musulmanes llegaron hasta el interior de Asia, y allí pudieron adoptar este objeto, que es en sí relajante y favorece la concentración, bien al orar o para otra acción memorística.  Tener algo entre la manos y pasar las cuentas con los dedos relaja y desconecta del entorno y favorece la relajación. Los musulmanes no pueden usar símbolos religiosos, por lo que adornan su «tasbih» con una pequeña borla en el extremo. En la Iglesia Ortodoxa de Oriente no utilizan al «crucificado» como símbolo, ni representan a los santos de otra manera que no sea mediante iconos. Estas diferencias y peculiaridades, nos deja solos, a los cristianos de tradición romana, frente a una muy particular visión y representación del rosario.

                           Rosarios y cruces gemelas

        Un buen rosario debe tener peso, y sonar de una manera especial cuando se tiene en la mano. El efecto relajante y de desconexión sobre la mente es igual al de los dos tipos anteriores. El rosario romano lleva incorporada la cruz (no existe el uno sin la otra), y la medalla a la que está dedicado el rosario. Tengo una amplia colección de ellos, y no hay nada mas relajante que estar un rato observándolos, clasificándolos, anotando diferencias y similitudes entre ellos. He cogido muchos rosarios sin cruces, y cruces sin rosarios, y a lo largo del tiempo he creado composiciones, que una vez unidas, forman un conjunto ya inseparable. El material de los rosarios y el tipo de cruz, nos informan de las épocas de las que proceden (vidrio, semillas, plata, azabache, nácar, amatistas, coral). Cuanto mejor es el material más pesan.

           Los rosarios antiguos son muy delicados, ya que los alambres que los unen son muy finos. Algunos empiezan a deshacerse nada más tocarlos. A lo largo del tiempo hemos ido recogiendo rosarios y algunos se han emparejados. Hemos encontrado rosarios exáctamente iguales, con bastantes años de diferencia. Son los «rosarios gemelos». también hay cruces gemelas, del mismo tipo de material y diseño, que aparecen unidas a rosarios completamente distintos. Todos parecen ensamblarse de una manera peculiar y se hace imposible separar cruces y cuentas.

           En La Capilla preferimos los vidriados de colores, cuyo par gemelo ha sido encontrado recientemente, y los de creces pesadas y potentes. Algunos parecen transmitir una gran cantidad de energía positiva, fruto de las oraciones de muchos años. El rezo del rosario parece iniciarse en el Occidente latino a partir del año 800, aunque en principio se rezaba son la recitación de Los Salmos. Luego iría evolucionando hasta la forma actual. Su devoción litúrgica se instituonalizó tras la batalla de Lepanto en 1571.

El origen de las imágenes religiosas

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              La imagen del Cristo de La Caña en Melilla

      En un principio no existían ni las imágnes ni los símbolos. El cristianismo surge desde sus orígenes hebreos y la prohibición de representar a Dios era total. Tampoco había santoso snatas. Existían tan solo padres de La Iglesia, en la que las mujeres fueron sutilmente apartadas, pese al importante lugar que algunas desempeñaron funto a Jesús el Cristo. En las catacumbas, en las primeras iglesias de pìedra, probablemente se hicieron pinturas murales, o dibujos esquemáticos y simbólicos, como el del pez, que constituirían las iniciaales representaciones del cristianismo.

        Las pimeras imágenes serían pues los iconos y surgirían, según el consenso de los eruditos, en el siglo IV. Sería los fieles los que elaborarían esas imágenes iconográficas, basadas en las descripciones, tanto del propio Jesucristo, como la de sus apostoles, evangelistas y los primeros Padres de La Iglesia. La Iglesia primitiva, tras grnades controversias, acabarían aceptando esta forma de culto no prevista. Ese mundo primigenio de Fe se dividió en iconoclastas e iconódulos. La evolucón de las misma sería diferente. En la Iglesia Ortodoxa cristiana la tradición sigue fijada en los murales y en los iconos, que se representan en forma bidimensional. El volumen y la libertad creadora de los artistas es cosa de la Iglesia católica de occidente. La Cruz como tal aparecería en un tiempo impreciso, y nunca bajo el reinando de Constantino y la falsa leyenda de «in hoc signo vinces» (con este signo vencerás).

        Lo que si queda claro es que la imagen, en la forma que sea, o el signo, es el modo de comunicar la persona y su espíritu, con la idea de una divinidad protectora y creadora, de sentimientos, de Fe, de espiritualidad. Se mira hacia la imagen para conectar hacia algo que se siente fuera, y también como un modo de conectar con una sensibilidad interior, que no todos/as logran descubrir, o que simplemente no les importa. Una misma imagen no dice a todo el mundo lo mismo, y hay muchos a los que no les dice nada, salvo la propia expresión artística. El mundo de la imagen religiiosa es el de menor tamaño, dentro del aspecto religioso humano. La mayor parte de los que tiene alguna creencia, la llevan a cabo sin representación alguna.

                    La imagen del Cristo de La Caña

      En febrero de 2014 redescubrí, de modo causal, y con la colaboración de algunos amigos, la historia olvidada de esta imagen, que llevo fotografiando varios años, a través del cristal que la proteje, luchando contra los reflejos dle cristal. Sin embargo, en la última visita, descubrí un pequeño pestillo ocualto, que abre la puerta de la ornacina. Me quedé sorprendido por la sencillez de la solución y así pude encontrame ante ella sin trabas o nada que impidiese su contemplación. Resulta muy atractiva y de factura muy cuidada. Es sencilla pero muy delicada en su hechura. La he visto y fotografiado muchas veces, y siempre parece mostrarse de un modo distinto.

     Es el momento, el lugar y la ocasión de reencontrarse con todo, de reiniciar el camino, d evolver a empezar desde el principio, porque estaba perdido y me encontraste.

Escuchar en el silencio

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             Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne o la sangre, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos, que están por las regiones aéreas. Por esto, tomad la armadura de dios, para que podáis resistir el día malo y permaneced firmes cuando todo se cumpla. San Pablo, Efesios 6, 11-13.

               Revêtez-vous de toutes les armes de Dieu, afin de pouvoir tenir ferme contre les ruses du diable. Car nous n’avons pas à lutter contre la chair et le sang, mais contre les dominations, contre les autorités, contre les princes de ce monde de ténèbres, contre les esprits méchants dans les lieux célestes. C’est pourquoi, prenez toutes les armes de Dieu, afin de pouvoir résister dans le mauvais jour, et tenir ferme après avoir tout surmonté. San Pablo, Efesios 6, 11-13.

               Hay un cierto tipo de mal contra el que no es posible luchar. Es demasiado potente para nuestras fuerzas. Está siempre presente, rodeándonos y que se activa y se acrecienta cuando intentamos detenerlo, o retrasarlo en su avance. No suele ser visible o manifestarse, pero acecha siempre. Existe una ley física que dice que cuando ponemos en marcha una fuerza, surge otra en sentido opuesto. Para vencerla hay que realizar una fuerza aún mayor.

               No siempre se puede estar fuera, no siempre podemos estar dentro. Casi nunca se está a salvo, no siempre se está en descanso. Las señales vuleven a percibirse, están ahí siempre. Nos avisan y conducen en la dirección correcta, la que en un principio habíamos decidido seguir. No siempre las hacemos caso, no siempre estamos atentos. En ocasiones hay demasiado ruido y todas nos pasan desapercibidas. Todo tiene que estar en calma para escucharlas. Nuestros sentidos deben estar cerrados al mundo, y solo atentos para percibir su leve soplo. La llamada  espíritu es siempre muy delicada. El morado de la Semana Santa ha dado paso al blanco. No debemos concentrarnos solo en el dolor, no debemos vivir siempre en la fiesta. Unas etapas deben dejar paso a otras. El tiempo no se detiene.

Soledad en las calles

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      He contemplado decenas de veces esta procesión en Almería. Nunca la he visto tan desasistida  de espectadores, de feligreses. Soledad y Dolores rivalizan o van acompañadas. Esta imagen de la Soledad pertenece a la parroquia de Santiago, un templo reconstruido en la década de 1940. Es una procesión muy sobria. No lleva acompañamiento musical, ni palio, solo un sencillo trono de plata, cubierto de grandes velones. La imagen de la Soledad de Santiago no busca efecto adicional alguno, salvo la devoción, el rezo del rosario y el embriagante y dulce aroma del incienso. Aún  así. era demasiada la sensación estar frente a un trono desasistido. Puede ser que en grandes capitales, de población populosa, se de la sensación de un masivo seguimiento. La impresión que yace bajo esa apariencia es que el porcentaje de personas que vive o lleva a cabo estas conmemoraciones es reducido, en número estable en el mejor de los casos, o con tendencia a reducirse, aunque lentamente. ¿Estamos frente a un mundo que agoniza, pervivirán estas imágenes en el futuro, podrán ampararnos frente a toda la incertidumbre que nos espera?. Es imposible decirlo, aunque alguna intuición si podemos tener. Todo pervivirá, en un modo u otro, mientra esa sea nuestra intención, voluntad y dediquemos parte de nuestro esfuerzo a ello, incluso cuando aquello que contemplemos, invite a cesar en nuestro esfuerzo. Es verdad que los ejemplos que se contemplan, y que rodean esto mundo de las imágenes, no invitan precisamente a la creencia, sino a todo lo contrario. Compórtate como si tuvieses fe, y tendrás fe. El viento parece siempre soplar en contra, y las pendientes parecen solo ascender.

        Cuando la desorientación es grande, cuando no se encuentra la luz, pese a estar en medio del día, es conveniente regresar a un punto fijo anterior, e iniciar el camino de nuevo.

La crucifixión según los evangelios

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               Enrique Delgado  

        Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Estas palabras del Credo, son las únicas históricamente ciertas, y aquellas de las que podemos dar cuenta. Con la muerte acaba el testimonio histórico del Rabí Jesús y con la resurrección, imposible de probar, se inicia la historia del Cristo de la Fe, del Cristo de Pablo. Hay que tener un cuidado extremo con las traducciones evangélicas, porque puede situarnos en niveles diferentes, tanto de testimonio histórico, como de creencia. Es muy importante la situación cronológica de los textos, porque unos nos llevan hasta otros, como una escalera, y como tal puede bajarse o subirse. Yo siempre busco las traducciones realizadas sobre el texto griego, el idioma original evangélico, porque los matices son muy importantes, si  nuestra pretensión es asomarnos al borde mismo de la posible verdad, ya sea histórica o de la Fe.

                              La cronología de los textos

            Las cartas auténticas de Pablo, que no son todas, y Los Hechos de los Apóstoles, escritos por Lucas, discípulo de Pablo, son los escritos más antiguos o los primeros en ser puestos por escrito, hacia la sexta década del siglo I. Los Evangelios se mantenían en la tradición oral, o en algún texto escrito desconocido hasta la fecha, y que los eruditos denominan como «Quelle», la fuente, dadas las similitudes entre los evangelios de Marcos y el de Mateo. El evangelista Lucas redactaría el suyo a la vista de los otros dos, y teniendo en cuenta la doctrina fijada ya por las cartas de Pablo, que había impuesto su teología sobre el resto de las comunidades cristianas. El evangelio de Juan es el último o más moderno, distinto a todos, y escrito hacia la  mitad del siglo primero.

                                        La muerte en la cruz

             Todo esto es demasiado extenso y profundo, por eso solo vamos a centrarnos en el instante mismo de la muerte, en qué sucede en ese momento y en cómo lo narran los evangelistas, que tampoco parecen ser los autores directos del texto  final escrito. Son sus evangelios pero fueron fijados con posterioridad. Ese sería el salto de la tradición oral, con decenas de textos escritos, a la plasmación de un texto único y definitivo.

          Mateo 27, 44-52: Otro tanto también los ladrones que habían con él habían sido crucificados le ultrajaban. Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y hacia la hora nona clamó Jesús: «Dios mío (Eloí), Dios mío», ¿por qué me desamparaste?. Algunos de los que allí estaban, al oírlo decía: A Elías llama éste. Y al punto, corriendo uno de ellos y tomando una esponja y empapándola en vinagre e introduciendo en ella una caña, le daba de beber. Mas los demás decían: Deja, veamos si viene Elías a salvarle. Mas Jesús, habiendo clamado con gran voz, exhaló el espíritu. Y he aquí que el velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo, y la tierra tembló y las peñas se hendieron.

         Marcos 15, 32-39: También, los que habían sido crucificados junto a él le ultrajaban. Y llegada la hora sexta, se produjeron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y a la hora nona clamó Jesús: Dios mío (Eloí), Dios mío, por qué me desamparaste. Y algunos de los presentes, al oírlo decían: Mira, a Elías llama. Corriendo uno y empapando en vinagre una esponja, sujetándola a una caña, le daba de beber diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a descolgarle. Mas Jesús, lanzando una gran voz, expiró. Y el velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo. Y viendo el centurión, que allí estaba frente a Él, que de tal manera había expirado, dijo: verdaderamente este hombre era hijo de Dios.

         Nota: Mateo y Marcos redactan un texto muy similar, salvo en la presencia del centurión romano, en la parte final del texto de Marcos, que parece más próximo, más cercano  en su redacción. En ninguno de los dos se distingue entre el ladrón bueno y el malo. Ambos ultrajaban a «Jesús crucificado». Frente al dolor ajeno, siempre hay quién muestra una actitud hiriente, que a veces llega a lacerar más que el dolor propio.

         Lucas 23, 42-48: Y el otro decía a Jesús: acuérdate de mí cuando vinieres en la gloria de tu realeza. Díjole: en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso. Y era ya como la hora sexta, y se produjeron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona, habiendo faltado el Sol; y se rasgó por medio el velo del santuario. Y clamando con voz poderosa, Jesús dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto expiró. Viendo el centurión lo acaecido, glorificó a Dios diciendo: realmente este hombre era justo. Y todas las turbas allí reunidas para este espectáculo, considerando las cosas que habían acaecido, se volvían golpeando los pechos.

       Nota: Lucas, el discípulo de Pablo, compone un texto diferente. Aquí no se relata el acontecimiento histórico de la muerte de Jesús, sino que se refiere directamente al Cristo de la Fe. El buen ladrón (que solo se menciona en este evangelio), se dirige a Cristo y no al Jesús crucificado. La distancia conceptual con respecto a los relatos de Mateo y Marcos (ambos históricos),  es enorme. En Marcos hay cercanía descriptiva, y en Lucas solo teología y literatura.

            Juan 19, 26-30: Jesús, viendo a la Madre, y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dice al discípulo: he ahí tu Madre. Después de esto, sabiendo Jesús que ta todas las cosas estaban cumplidas, para que se cumpliese la Escritura, dice: Tengo sed.  Había allí una vasija de vinagre; tomando pues, una esponja empapada en el vinagre y clavándola en una caña de hisopo, se la acercaban a la boca. Cuando, pues, hubo tomado el vinagre, Jesús dijo:. Consumado está. E inclinado la cabeza entregó el espíritu.

            Nota: Juan, el testigo al pie de la Cruz, solo está interesado en marcar su posición. No da detalles sobre la oscuridad del día, que parecía acompañar a la tragedia del crucificado. No hay diálogo con el Padre, ni ladrones acompañando en el tormento. No hay centurión, ni relato histórico. A quien redactase este evangelio, solo le interesaba resaltar que allí estaba Juan y que fue designado como el discípulo amado, algo que a la postre no tendría consecuencia alguna.

      PD: Para este artículo se ha utilizado una edición de la BAC (Biblioteca de Autores cristianos) de 1962, en traducción directa del griego de José María Bover y Félix Puzo.

Dolores, es su nombre

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Dolores

              Desde la hora sexta (mediodía) hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona (media tarde).   … Y he aquí que el velo del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, y las rocas se hendieron. Mateo 27, 38 y 51

        Dolores es su nombre. Seco, corto, potente, como esa clase de dolor que desgarra en un instante, como esa ráfaga de aire helado que penetra en la carne y ya no sale. Dolores, como en  esa madrugada en la que ya no se espera nada, en la que el Sol no calienta y el frío hiere el rostro y el alma. Ese dolor no se advierte, llega, se queda y rasga de parte a parte. La vida se divide en dos en un momento, como un toque de clarín o de trompeta en medio de la noche.

          Un lejano suceso ocurrido, históricamente muy oscuro, hace más de 2000 años sigue representando el dolor máximo, presente a lo largo de la vida humana y de su historia. Hay un culto a ese dolor, hay una tradición de imágenes de «las dolorosas», pero no debemos recrearnos en él, ni hacer de eso una imagen fija. Una madre que pierde a su hijo, una hija que pierde a su padre, una vida que se rompe en un instante aciago, una vida entera sometida a ese dolor sordo que acompaña constantemente, que a veces se manifiesta como algo presente y que otras parece haber desaparecido, pero que permanece como la herida en el costado. Hay que seguir viviendo, aunque a veces cueste respirar y el dolor parezca insoportable.

              Los latinos tenían un verbo; carpo,-psi, -ptum; que se traduce por «separar arrancando». No hay otro más expresivo y apropiado. Ésta es esa clase de dolor, que puede manifestarse de varias maneras, no solo con la muerte. No siempre está ella detrás, no siempre está ella presente. Esa es la cortina del templo que se rasga, la noche que se abalanza en pleno día, el instante que divide una vida en pasado y presente, con el corte preciso de un hacha.

                Dolores, no es preciso decir mas.

La estampa de Monseñor Buxarrais

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         ¿Qué ocurrirá con las cosas cuando nosotros ya no estemos para cuidar de ellas?, ¿qué fue de quienes lo hicieron antes que nosotros?. Cuesta mucho tiempo y dedicación recuperar la memoria de los edificios, de las personas. Supone un cierto sacrificio, pero que también reporta algunas satisfacciones. Nos encontramos con personas que nos aportan cosas, descubrimos historias que no conocíamos. La mayor parte de todo lo que ha sucedido ha desaparecido para siempre, de ahí esa obligación de dar testimonio, de fijar una mínima parte de esas pequeñas aportaciones que las personas sencillas ha hecho a su ciudad, o a su entorno. Tiene un lado amargo, y es que vemos tanto la trasformación de los lugares, como la desaparición de las personas que conocimos en ellos. Después de tantos años acudiendo a un mismo lugar, se siguen descubriendo cosas nuevas, pero también se deja de ver a muchas personas que conocimos entre sus muros. Dentro de esa nave, habitualmente vacía, están también esparcidos nuestros recuerdos y vivencias.

                    La historia de una estampa de San Nicolás

          Desde el año 2006, no siempre, sobre la pila bautismal en la que ya no se bautiza nadie, se encuentran revistas y estampas que allí depositan tanto los propios feligreses, como el capellán del Centro Asistencial, el padre Ramón Buxarrais. A menudo aparecía un pequeño díptico de San Nicolás, con una breve historia del santo, una oraciones y también unas recomendaciones, que algunas personas plastificaban o volvían a reproducir de nuevo. Esto es lo normal, pues en las iglesias, a veces, se dejan libros o revistas ya leídas, para el aprovechamiento de otras personas. También se reparten otras estampas, como las del célebre San Judas.

          El hecho no tiene mayor trascendencia, pero en un libro encontrado hace dos meses y que no conocía, cuyo autor es también monseñor Buxarrais, se detalla la historia de esa estampa, que resulta ser de su autoría. La historia la relata en un libro editado en 1995, titulado Las palabras de Ramón Buxarrais, de la editorial PPC.

         Según cuenta, él miraba con cierto recelo esa «extraña» y continuada peregrinación de personas hasta la estatua de San Nicolás. Así pues, un día le preguntó a una mujer sobre el porqué de esa devoción, a lo que la mujer, con esa fina y penetrante intuición femenina le espetó: ¿es que vd. no cree, verdad?. Monseñor Buxarrais quedó tan desarmado, que decidió, a modo de expiación, imprimir mil dípticos con la fotografía del santo, su historia, y una pequeña oración, además de solicitar la correspondiente licencia eclesiástica, que figura en la parte final.

          La imagen de San Nicolás, tiene en la actualidad los dedos rotos. Hace ya algunos años, encontré una vieja fotografía, con la estatua del santo, imagino que recién llegada a Melilla, y que ahora puedo compartir, tras habar completado la historia, o cerrado el círculo. Lo que deba permanecer lo hará, independientemente de nuestro esfuerzo, y lo que tenga que desaparecer, desaparecerá, aunque pretendamos evitarlo. También he podido constatar el regreso de las velas de cera bajo la estatua del santo, pese a haber sido suprimidas hace cinco años, tras las reformas en la capilla. Hasta finales de 2011,  las hermanas de La Caridad retiraban las velas consumidas, pero al marcharse del Centro Asistencial, se recomendó no ponerlas,  porque nadie se encargaba de hacer ese trabajo.

El lugar en donde habitan los ángeles

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                 Inmediatamente el Espíritu lo empujó al desierto. Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; estaba entre las fieras y los ángeles le prestaban servicio. Marcos 1, 12-13

Los ángeles han desaparecido de las iglesias. He entrado en muchas y he podido ver muchas imágenes, demasiado repetitivas, de demasiados santos y vírgenes. Hay una inflación de representación de la virgen, en mil y una advocaciones, pero pocas, y muy escasas de ángeles, cuyas existencia, al igual que la de los demonios es una verdad de la fe. Sin embargo los ángeles están ahí, pero son mucho más silenciosos y muestran una presencia más tenue, que la de los demonios. Es más fácil recordar haber estado en presencia del mal, que frente a su contrario, o sea, el bien. Son mucho más visibles aquellas personas a las que dominan el espíritu del mal, y obran con él, que identificar a aquellos que solo pretenden ayudar, y esparcir la luz y el bien. Quizá sea porque estos últimos precisen de esconderse mas, porque serían objeto de burlas o de rechazo. Por alguna razón que desconocemos,seguir al mal resulta más atractivo y más fácil. Oponerse, hacer el bien,  siempre acarrea consecuencia y lleva aparejado un considerable esfuerzo. Para lo segundo hace falta voluntad y para lo primero no.

         Hay una iglesia de Melilla a la que llevaba tiempo sin entrar, la de San Francisco Javier o antigua capilla de la Cruz Roja. Está muy bien iluminada y llena de ángeles con enorme bolas de luz en las manos. Es un lugar conocido y frecuentado por una comunidad rigorista cristiana. Sin embargo, las iglesias no pertenecen a nadie y se pueden buscar horas y momentos en los que estar solos, o con una presencia escasa. Si se saben buscar esos instantes, si se les persigue, acaban encontrándose. Es difícil sentir el soplo del paso de un ángel, o el inaudible batir de sus alas. El zarpazo del mal no deja ningún lugar a la duda. Se siente de modo directo e instantáneo.

           Quedemos todos en compañía y bajo la protección de los ángeles, habiten donde habiten.