San Expedito, el santo de los asuntos urgentes

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        Vivimos en un mundo dominado por la prisa y por la inmediatez, Nadie quiere esperar. Todos deseamos las cosas al instante, sin embargo, cualquier cosa lleva su tiempo. Las redes sociales han impuesto la norma de lo inmediato. No es posible luchar contra eso. Nadie compone un mosaico en un instante, y eso es la vida, un mosaico. El día que estuve en la iglesia almeriense de Santiago, en la que se venera una imagen de San Expedito, ni siquiera tuve tiempo de hacerle una fotografía. Iba dominado por la prisa, pero cualquier santo requiere algo de atención. Aun así, recogí una edición de una novena con las normas de peticiones al santo, acompañada de una estampa. Al día siguiente tuve que hacer un viaje relámpago.

       Es verdad también que un minuto puede salvar una vida, eso lo saben los trabajadores de los servicios de urgencias médicas, y que los tiempos de demora son muy dañinos en los asuntos de salud. Una vida puede cambiar por completo en un instante imprevisto. Necesitamos protección y amparo en muchas situaciones, de las que quizá, se encargue San Expedito, que aún así es un santo muy olvidado. Pocos/as buscan su auxilio o intermediación. En medio de la prisa mundana, yo me encontré con él. Pese a todo, el santo rápido, exige o demanda una atención durante al menos nueve días, lo que se llama novena. Si se puede esperar, vale la pena concederle una oportunidad, aunque parezca una contradicción.

      ¿Quién era San Expedito?. No se sabe nada de él, salvo que parece haber sido un soldado armenio encuadrado en el ejército de Roma. Quizá se convirtió al cristianismo y fue ejecutado, probablemente en «un juicio rápido». No conozco o no he visto imágenes de San Expedito en las iglesias de Melilla, pero prometo buscarlas sin prisa, caso de existir alguna. Se le representa vestido de soldado romano, por eso se le confunde con San Pancracio. Quizá tuviesen alguna relación desconocida.

Viernes de Jesús de Medinaceli

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              Hay rutas no escritas y que son difíciles de identificar, porque las personas que las siguen no suelen decirlas, por temor a que un día desaparezcan. De hecho, escribir sobre ellas, aunque sea casi de soslayo, o en lugares recónditos como éste, supone ponerlas en riesgo. En Melilla hay una pequeña imagen de Jesús de Medinacelli, traída por soldados de Madrid hacia 1960, en la parroquia del Sagrado Corazón, que es objeto de constante veneración, tanta, que su pie derecho se encuentra completamente desgastado. Tardé en fijarme en ello, pero esta vez no fui advertido por nadie. Llegué yo solo al secreto, si es que puede decirse así. El caso es que este pequeño ángulo o capilla de la iglesia arciprestal melillense, tiene un grado de penumbra que suficiente como para albergar devociones que no quieren llamar la atención.

            Las visitas a Jesús de Medinaceli, redentor de cautivos, deben hacerse los viernes, que pueden ser seguidos o no. No hay una frecuencia exacta o mínima. Algunos dicen que deben depositarse tres monedas, pero no he visto nada que sostenga ese tipo de ofrenda, aunque de hecho se hace. Cada uno/a reza lo que quiere, aunque sí he encontrado, en viejas estampas, ciertas oraciones específicas, una de ellas muy conocida.

               Se debe visitar la imagen los viernes, especialmente los de marzo, y sobre todo el primero. Se deben pedir ayudas y favores, pero nunca en modo en que perjudiquen a nadie. Su primer nombre fue el de Jesús de la sentencia. La nobleza española se apropió de la imagen y ésta trocó el nombre por el de la casa ducal de Medinaceli. Al final, la devoción volvió al pueblo y es la que lo mantiene.

       Nota: http://www.archimadrid.es/jesusmedinaceli/imagen-cristo.html

Los tres lunes de San Nicolás

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                    Cada mes tiene cuatro lunes y a San Nicolás se deben ir al menos tres de ellos. Hay que llegar andando desde un determinado punto, pues debe considerarse como una peregrinación.  No importa la hora ni el momento, con tal de que se haga con regularidad. Los templos que albergan alguna estatua de este santo oriental, deberían permanecer abiertos los lunes durante más tiempo del normal, para favorecer esta devoción popular. También hay que decir que La Iglesia lo retiró del catálogo de santos, aunque se mantiene su nombre en el santoral. Las imágenes de San Nicolás fueron retiradas de modo discreto y su campo de actuación fue siendo asumido por otros componentes del santoral, de los que hay menos dudas de su existencia histórica.

              San Nicolás, patrono de Grecia y Rusia era considerado protector  de futuras madres, de mujeres desamparadas, de niños, de marineros (en el Mediterráneo oriental), de caminantes y peregrinos, de personas en dificultades económicas, de víctimas de robos y de errores judiciales.

               Durante algún tiempo recopilé viejos librillos de novenas, de oraciones y estampas de San Nicolás, en donde se explican el tipo de oraciones que deben realizarse, y las diferencias en cada uno de los tres lunes. De todos los que pudieron llegar a existir en España, destacan el de San Nicolás de la parroquia homónima en Madrid, calle Atocha nº 58, y el de la parroquia de la Santísima Trinidad en Segovia. He encontrado imágenes del santo en diversos lugares de España, pero con indicios claros de olvido total de las peregrinaciones y de las visitas de los lunes, aun cuando algunas personas siguen acudiendo ante su imagen, en las pocas horas en la que las iglesias permanecen abiertas, y eso si es que alguna lo hace.

             Es un viejo mundo que se resiste a desaparecer. Todavía queda algo, pero cuesta cierto esfuerzo mantenerlo en pie. El sentido de la peregrinación es la desconexión sobre las vicisitudes  de la vida cotidiana. Durante ese breve lapso de tiempo no se piensa en otra cosa y cada uno/a se encuentra a solas con su alma, consigo mismo/a. A veces la alteración y el ruido del mundo provoca una interferencia demasiado fuerte, y el esfuerzo de ese lunes cae en saco roto. Ese el motivo por el que se concede un lunes de descanso.

              A menudo, lo más que se saca es ese pequeño instante de retiro, que aísla del mundo y que nos permite encarar los problemas que nos atribulan de otro modo. Muchas veces esto rompe la situación de bloqueo y encontramos solución a ese problema. Esa es la intervención del santo, o de la imagen, que puede ser esta, otra cualquiera o todas las que se visitan en esa pequeña ruta.

El culto de las imágenes

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          ¿Qué lleva a una persona a situarse delante de una imagen y rezar y solicitar determinado favor o ayuda?. ¿Estamos ante el final de la religiosidad tal y como la conocemos?. El mundo espiritual seguirá existiendo, las religiones también, peor todo evolucionará en un sentido distinto al que conocemos. Centenas de imágenes yacen ya olvidadas en los templos, sin culto alguno, en iglesias que ni siquiera se abren, salvo unos pocos minutos al día. Lo que vemos, como por ejemplo en los cultos y procesiones de Semana Santa, parece ya solo el final de un reflejo de un tipo de religiosidad próximo a extinguirse. Hubo un tiempo en que cada iglesia tenía sus santos e imágenes populares, de las que se editaban decenas de estampas, novenas y oraciones. Cada santa o santo tenía su función, sus atribuciones y se solicitaba su ayuda e intervención para cosas y situaciones determinadas. Todavía vemos a gente frente a esas imágenes, pero en realidad son un porcentaje mínimo con respecto al resto de la sociedad. Los templos están vacíos o cerrados la mayor parte del tiempo. Las procesiones de Semana Santa atraen gente, pero los participantes son una parte pequeña del conjunto de la sociedad. Estamos viviendo en presente, algo que ya pertenece al pasado. Las imágenes han dejado de ser parte de la vida de las personas desde hace tiempo. Proyectamos en ellas parte de nuestro espíritu, son aquello que queremos que sean, nos transmiten algo de lo que en un día fueron, pero nunca nos darán respuesta alguna, aunque parezcan consolarnos, aunque a veces nos parezca sentir que lo hacen.

     La inquietante afirmación que plantea el filósofo francés Marcel Gauchet y que trae a colación el catedrático  Fernando R. de la Flor, en su libro De Cristo; es: la trayectoria de lo religioso, estaría en nuestro mundo ya acabada en lo esencial.

       Hay grandes religiones que no utilizan imagen alguna, e incluso en gran parte de Europa del Norte y Central , del mundo anglosajón e incluso de la Iglesia Ortodoxa, las iglesias y templos aparecen vacíos de imágenes.

         Cuesta mucho mantener encendidas las lámparas de aceite y las velas de cera. La luz de la vela puede irradiar calor y luz, pero su acción es limitada. Hay que mantenerse muy cerca, estar muy pendiente de sus llamas, porque cualquier soplo, cualquier corriente de aire, puede apagarlas todas y dejarnos a oscuras.

San Juan de Dios

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        San Juan de Dios, Joao Cidade Duarte, nacido en la ciudad portuguesa de Montemor o Novo en el año de 1495, soldado de fortuna al servicio del ejército del emperador español Carlos I, en donde llegará hasta la ciudad africana de Ceuta, de la que volverá, tras abandonar el servicio en el ejército, hasta el Peñón de Gibraltar, en donde se dedicará a la venta de estampas y libros. En 1538 se establece en la ciudad de Granada, de la que ya no saldrá, salvo por una peregrinación temporal a la ciudad de Guadalupe en Cáceres; y en donde conocerá a otro santo, también Juan, el de Avila, recientemente nombrado doctor de La Iglesia.

        San Juan de Dios completó una vida llena de prodigios, muy bien relatados por Ramón Pérez de Ayala. En la ciudad de Granada fundó varios hospitales, pero después de una durísima conversión y penitencia, que le llevó a ser considerado como loco. Tras su estancia en el manicomio comenzará la fundación de hospitales para desamparados. Uno de sus discípulos fue Antón Martín, quién fundó en Madrid el hospital de Ntra. Sra. del Amor de Dios, perteneciente a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

        Joao Cidade, San Juan de Dios, murió el 8 de marzo de 1550, el mismo día de su nacimiento, pero 55 años después. La primera vez que leí algo relacionado con San Juan de Dios fue con este pequeño libro y colección de Alianza Editorial, llamada Cien porque eran cien títulos y costaban 100 pesetas cada uno. En días pasados, en una librería de libros de segunda  mano en Melilla encontré esta vieja estampa de San Juan de Dios, fechada en 1985. Era la señal esperada para escribir sobre él, y encontrada unos días antes de su conmemoración.

Tiempo de Cuaresma y de Ceniza

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       Buscar un tiempo en el que reflexionar, parar y detenerse ante todo. Hacer meditación y renovación interior, pero sin que nadie la vea. Todo lo contrario de su origen y significado, porque en épocas pasadas La Iglesia obligaba a la penitencia pública. El terrible y formidable poder temporal de La Iglesia nació así. La amenaza de las llamas del fuego eterno, ese mismo que lo convierte todo en ceniza, acechaba tanto en esta vida, como en la otra. Porque sí hay un fuego que no se extingue, un fuego que devora pero no quema, un fuego que envuelve y arde de modo constante, sin consumir aquello que le sirve de alimento.

    La duda, la falta de respuestas, la ausencia de señales, el dolor  por el daño causado, crean la noche oscura, de la que se adueña la angustia de la incertidumbre. Todo ese material conforma el combustible de un fuego, que al igual que el legendario «fuego griego», no se apaga ni siquiera con el agua. Hay mucho mal y convivimos con él a diário y no hay respuestas frente a nada y la angustia crece y se multiplica. Hay nuevos problemas y nuevas situaciones, pero no existen nuevas respuestas y las viejas máximas no sirven. Estamos en medio de un mundo que cambia, en donde el mal no da la cara, pero donde tampoco se le reconoce y es difícil protegerse y proteger a quienes nos rodean.

     Hay entradas sobre las que luego resulta difícil escribir después, esto es, sobrepasarlas. Ha pasado un mes desde el hallazgo o reencuentro con el milagroso Cristo de La Caña, y han sucedido tantas cosas, que está resultando un esfuerzo superior a lo esperado el continuar con estos espacios abiertos. El peso de la cruz nos hace caer y luego resulta muy difícil volver a levantarse. Hay quien opta por la rendición y así queda en calma frente a la angustia. Lo milagroso es vivir frente a ella dándole cara día a día, sin saber que es lo que puede esperar al día siguiente, o qué puede deparar el futuro.

      Toda nuestra estabilidad depende de un hilo o cuelga de un alambre. Un pequeño cambio en la salud, un acontecimiento familiar que trastoca nuestros planes, o un cambio laboral, en medio de un país arruinado y en crísis, puede convertir la necesidad de conseguir el dinero para el sustento familiar en una agonía insoportable.

         En medio de todo eso, hay que buscar un rincón escondido y reencontrarse con la luz, en medio de un mundo que se hunde. Nos ofrecen una imagen falsa de todo.

El altar del Cristo de La Caña

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           De repente, sin saber cómo, te alcanza la niebla, e incluso la noche y la desorientación es absoluta. No hay nada a mano, ni cerillas ni nada de lo que valerse para iluminar. Hay que andar a tientas, intentando que las pupilas se acostumbre a la tiniebla e intentar orientarse con cualquier referencia. Han pasado dos semanas desde que rescatáramos la historia perdida del milagroso Cristo de La Caña y parece que el silencio de tantos años se ha cobrado su precio con la desorientación absoluta de quien lo diera a conocer. ¿Deben ser desvelados todos los misterios?. Por la puerta abierta se escapó la oscuridad y el silencio retenidos por tan largo tiempo y extendieron su manto, envolviendo por un tiempo  a todos los que levantaron el velo del misterio.

           Ha sido un tiempo difícil. Después de dos semanas volvía al mismo lugar, pero ya viéndolo todo de otra manera. Lo observado a modificado al observador. Ya nada será igual después de ese 9 de febrero de 2014. Cuando todo el silencio se quiebre y toda la oscuridad se desvanezca, esta imagen volverá a brillar con la luz tanto tiempo apagada.

Iconoclastas frente a iconódulos

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                            La cuestión de las imágenes

             Todos los años, cuando llega la Semana Santa y veo una imagen detrás de otra, ricamente adornadas, a veces excesivamente, surge en mí la misma reflexión. ¿A quíen se le tiene la devoción, a Dios y a la Virgen o a sus representaciónes?. Que nadie piense que la respuesta es fácil, pues esta cuestión llevó a una guerra abierta entre la Iglesia de Roma y la de Bizancio, que supuso a la larga, la ruptura absoluta entre las dos ramas principales de la Iglesia cristiana. Existe otra iglesia , muy santa también, defensora de la misma Fe en Jesucristo y que suele ser conocida como iglesia ortodoxa.

              Aunque no muchos lo conozcan, existe un patriarca, tan antiguo como el Papa de Roma y con la misma categoría ecuménica, que es el Patriarca de Constantinopla, con el título de “primero entre iguales”. La prevalencia del Papa de romano, su doctrina de la infalibilidad pontificia, son en realidad,  casi una herejía doctrinal, inaceptable para el resto de las iglesias cristianas, a saber:   El Patriarca de Antioquía,  el Patriarca de Jerusalén,  el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, el Patriarca católico de Georgia,  el Patriarca de Serbia, el de Rumania, el de Bulgaria, el arzobispo de Chipre, de Atenas y de toda Grecia; el metropolitano de Polonia, el metropolitano de Praga y de toda Bohemia, y el arzobispo de Nueva York y de Norteamérica.

       En toda la iglesia cristiana ortodoxa de Oriente no existe una sola imagen en volumen de Jusucristo, de la Virgen o de ninguno de sus santos. La Virgen no ostenta título alguno, salvo el de María Teótokos (madre de Dios). Es más, el 90 % del santoral romano no es ni siquiera aceptado por ninguna de las iglesias de Oriente. Desde que viajé a Grecia en 1998 y ví las iglesias ortodoxas, llenas de iconos y de velas, tuve la sensación íntima de que si alguien está más cerca de la herejía y casi de la idolatría, es la iglesia de Roma. La lucha entre iconódulos (partidarios de las imágenes) y los iconoclastas (defensensores de su eliminación), tuvo su abanderado más célebre en el emperador Bizantino León III , el Isaurio, en el siglo VIII. Dicen también que Constantinopla cayó abatida por sus inmumerables pecados, que siempre pesan más que las virtudes, y que también fueron muchas.

         El mandato del Padre fue claro: “No haréis imagen alguna ni la adoraréis”. Y Jesucristo dijo: “No he venido a abolir la Ley del Padre, si no a hacerla cumplir”. La cuestión no es fácil y sigue abierta.  Aparte de la cuestión de las imágenes, existen otras diferencias doctrinales importantes. En las iglesias de Oriente no se acepta el dogma de la Inmaculada Concepción, ni la Asunción de la Virgen. Solo conmemoran “la dormición” de La Virgen. Muchas de las basílicas de Oriente llevan ese título, el de “la dormición”. Si fuese preguntando sobre que postura adoptar con respecto a las imágenes, no tendría une respuesta fácil. en algunos casos pienso que existe una verdadera creencia, en otros en pura idolatría y Fe de escaparate. Sobre qué hay detrás de ellas o sobre qué representan realmente, nada definitivo puede afirmarse.

             También reconozco la belleza de las imágenes y de la hermosa estética de muchas procesiones, e indudablemente, existe una manifestación de Fe real en ellas, pero también hay mucho de representación teatral. Solo quiero decir que nunca hay una única visión,  y que Roma no es toda la cristiandad, ni su visión es única y excluyente. Nada debe imponerse, quién quiera creer, es libre de hacerlo, y quién no, también.

           El Cristo del Perdón y de la Fe del Barrio del Real de Melilla lo fue todo para el barrio durante décadas, hasta que diversas vicisitudes provocaron la extinción del culto procesional en el más populoso de los barrios melillenses. Hoy muchos casi ni recuerdan su antiguo nombre.

       Nota: León III, el gran iconoclasta. http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_III_%28emperador%29

Tres imágenes de Cristo en Melilla

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           En la iglesia de La Purísima Concepción hay tres representaciones de Cristo que prevalecen sobre todas las demás. La historia de una ciudad de frontera impone unos condicionantes muy específicos, tanto sobre sus gentes como sobre sus imágenes. En Melilla no hay grandes imágenes religiosas, porque a parte de la guarnición que custodiaba la ciudad, solo existían presidiarios y una pequeña población civil. Con tan exiguos componentes sociales, la Fe de la ciudad se asentó sobre la sobriedad y el aislamiento. No existía el contacto con movimiento artístico alguno, ni posibilidad de influir sobre ellos o la de ser influidos. La tropas del desembarco de 1497 llegaron con la imagen de un crucificado, llamado de La Vera Cruz, de la que se desconoce autor y tiempo. Solo los rasgos arcaicos y el hieratismo de la figura hablan sobre la antigüedad de la talla, que parece anterior al Renacimiento y sus normas.

           La segunda imagen interesante es la del agonizante Cristo de Socorro, de pequeño tamaño, hecho sobre un tronco de madera de una sola pieza, por un capitán que cumplía destierro en el presidio de Melilla. La figura es muy expresiva y está tallada sobre un tronco destinado a ser leña para los hornos de Intendencia.                                                                     La última imagen es la del Cristo de La Caña, que ha cobrado importancia esta semana, al redescubrirse una pasada historia milagrosa casi centenaria, que yacía sepultada en el olvido.

         Durante cuatro siglos, estas imágenes lo fueron todo en la vida cotidiana de los melillenses, recibiendo cientos o tal vez miles de oraciones y súplicas. Hoy están casi en silencio, apenas visitadas por las pocas personas que suben a la ciudad vieja y entran en la iglesia. Muchos o casi todos los que las miran y contemplan, desconocen todo acerca de su pasado y de lo que un día significaron. La pregunta es: ¿conservan algo de lo que un día fueron?, ¿las hacen distintas esos siglos y esos miles de oraciones que recibieron y que quizá atendieron, incluso aunque hoy estén ya en silencio?.

   Nota: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2014/02/09/las-lagrimas-milagrosas-del-cristo-de-la-cana-iglesia-religion-melilla-historia-casi-olvidada-lloraba-arte-imagen-oculta-sacristia-retirada-culto-decadas-ecce.shtml

Lágrimas en el arte

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Virgen Dolorosa, Pedro de Mena

          Una Dolorosa de Pedro de Mena en Alcalá de Henares

         Un artículo felizmente rescatado, de Ramón Gómez de La Serna, con el afortunado título de «Las lágrimas en el arte», me da la oportunidad de hablar del busto de una virgen dolorosa, del escultor imaginero granadino Pedro de Mena, que se encuentra en el Museo Catedralicio de Alcalá de Henares y que visité hace cinco años. En el artículo publicado en la revista La Esfera, el 08/12/1923, analiza la presencia de las lágrimas en el arte y dedica un especial párrafo al escultor Pedro de Mena. Desconocemos si llego a ver la talla del Cristo desaparecido en Málaga en 1931, pero sin lugar a dudas, vio el busto existente en Alcalá, que es uno de los que ilustran el articulo, dedicado sobre todo, a las vírgenes dolorosas o lacrimosas.

             El texto es el siguiente: Pedro de Mena fue el que llegó a una mayor elocuencia con las lágrimas y supo nublar los ojos con la tormenta lacrimosa, la nube espesa y trasparente, cuantiosa como una catarata y, sin embargo, diminuta, reducida, como se pueden reducir las cataratas del Niágara en los ojos que las contemplan.

              Parece que Pedro de Mena destiló sus lágrimas por esos intrincados aparatos de cristal inmaterial de tuberías capilares, que se destilan y alquitaran las aguas que han de servir para preparar los cloridios más suaves, porque a veces también las lágrimas son lo único que consuela el ardor de un gran dolor. ¡Oh, si no se pudiese romper a llorar!.

             Esas lágrimas de Pedro de Mena están buscadas en el río de más puras linfas y en ese regato en el que se liman y repujan las aguas limpiándose, puliéndose, afilándose sobre los cantos rodados. Como en las conchas del oro, verdaderas conchas irisadas en las que el oro, es como el sedimento perlero y en las que el pintor moja un pincel, en las conchas de las lágrimas, más caras que las del oro, es en las que el pintor impregna su fino pincel con gran cuidado.

              Pedro de Mena quebró la luz en el dolor más cuantioso, en la amargura más aciaga, y son lágrimas que tiene como un reflector dentro y que se desparraman en la imaginación de quien las contempla, como si fueran charcos en el cielo, charcos suspendidos en la luz de la visión.

        El artículo es todo un tratado sobre las lágrimas religiosas en el arte, y habla sobre todo,  de ellas en las vírgenes, y de otros artistas imagineros. Rescato este párrafo, porque habla de una talla que pude contemplar y fotografiar y que me sorprendió, porque es la parte más desconocida del autor granadino, aunque afincado en Málaga, Pedro de Mena.