El día de San Nicolás

Etiquetas

, ,

    El día 6 de diciembre sigue estando en el calendario el nombre de San Nicolás, un obispo nacido en lo que hoy es Turquía en el siglo III. Si vida está llena de prodigios, tantos y tales, que un decreto del Papa Pablo VI, lo bajó del libro de los santos. Esto quiere decir que su vida está encuadrada dentro de lo legendario, así como sus milagros. Pese a todo, sigue siendo un santo popular y objeto de devoción en las iglesias que aún permanecen abiertas los lunes, o en aquellas en las que no se han retirado las imágenes. Claro que esto sucede en el Occidente Católico, porque en el Oriente Ortodoxo en objeto de culto y veneración. Es el santo patrono de Rusia y de Grecia. La Iglesia de Roma ya no celebra su onomástica. Intentó en el pasado sustituir su culto ofreciendo el de San Nicolás de Tolentino, pero sin éxito alguno.

         En Melilla, cada lunes, acuden unas 100 personas a la capilla del Centro Asistencial. Yo tengo recogido y documentado el culto en los últimos siete años. Antes de la última reforma se podían poner y encender velas de cera, algo que ya no es posible. Desde hace un año, la imagen de San Nicolás es iluminada, día y noche, con unas velas de luces led. Hay otras 6 velas que iluminan el resto de las imágenes y que permanecen siempre encendidas. Es un foco permanente de iluminación a lo largo de toda la semana, cuando la iglesia está cerrada. las buenas intenciones y las plegarias permanecen allí, junto a las imágenes y las velas que se mantienen encendidas.

La luz de los santos y de las imágenes

Etiquetas

, , ,

    Los templos de Melilla, salvo uno, son relativamente nuevos, ninguno llega al siglo. Solo la Iglesia de Melilla la Vieja rebasa los 300 años. En la península, como se llama a España desde aquí, hay templos que casi alcanzas los mil años de antigüedad. Son testigos silenciosos de todo lo que acontece y de todo lo que ha sucedido. No nos dirán nada, salvo que nosotros queramos descubrirlo y pongamos nuestra atención sobre las imágenes mudas, pero que nos observan con atención. Paseo con cierta frecuencia por las capillas vacías, antes las imágenes colocadas sobre los altares. Algunas tienen velas colocadas bajo ellas y parecen agradecerlo, sentirse reconfortadas. Otras ya no reciben atención alguna y otras tienen junto a ellas los lampararios eléctricos, que no dan calor alguno. La vela de cera, llega hasta su final, es constante,  se consume y arde hasta el último momento, guardando el testimonio de la plegaria de quién la puso en ese lugar. Por eso a veces me pregunto sobre qué sucede en los templos cuanto todo se cierra, cuando ya no queda nada ni nadie que vigile el recinto. ¿Cómo arden las velas que todavía permanecen encendidas, qué juegos de luces y de sombras producen?.

     Las santas y los santos son en definitiva personas que ya vivieron sus vidas. Nadie reemplazarnos en nuestra vida, nosotros no podemos vivir la de ellos. Sin embargo, nos iluminan y ayudan con su ejemplo, con sus libros o frases. Precisan de nuestras luces y atención para ser recordados, para que su recuerdo no se extinga. Las imágenes de alguna manera ayudan, aunque solo sea porque nos obligan a detenernos un instante, a pensar, a escuchar a nuestra conciencia y a reflexionar. Al estar solos en un templo, sin distracción posible, olvidamos el ruido del mundo, pensamos con claridad, sin distorsión posible y deshacemos un rizo vital, o nos encontramos con el estado de ánimo adecuado para afrontar un reto. No puede ocurrir lo que dice el refrán: «Pasado el tranco, olvidado el santo».

       Una rutina, una labor constante, aunque  sea pequeña ayuda. La tarea de iluminar a los santos ayuda, los santos/as ayudan, como me dijo el capellán, pero también obligan y exigen. Aportan luz en la noche, aunque de esa luz seamos nosotros los que se encargan  de mantenerla encendida.

Estad atentos y velad

Etiquetas

 

         Estad atentos, vigilad, porque no sabéis cuándo será el momento. Es como un hombre que al marcharse lejos, dejó su casa y dio atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y encargó también al portero que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo volverá el señor de la casa, si por la tarde, a la media noche, o al canto del gallo o de madrugada; no sea que llegando de repente, os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo. ¡Velad!. Marcos 13, 33-37

             Encima de la misma luz, lo más pegado a ella que se pueda, sintiendo su calor y su protección. No nos podemos separar mucho de ella porque lejos no se ve nada y el frío llega rápido. Todo esto que arde e ilumina en abundancia, puede apagarse en cualquier momento, con cualquier descuido. No es hora de pensar mas. Lo que tenga que llegar, llegará, es lo que nos dicen, es de aquello . Hay que estar atentos, vigilando y velando. No es fácil. Hay que ser muy constante, perseverar. No desfallecer, aun cuando no se reciban respuesta o parezca que caminamos en soledad.

En tiempo de Adviento

Etiquetas

, ,

  Adviento  significa advenimiento, venida o llegada. Es el tiempo anterior a la Navidad. Durante los próximos días a partir del día 30 de noviembre, los templos lucen el color morado. El Adviento  marca el inicio del año litúrgico católico. Los misales, muy usados en décadas pasadas inician sus páginas con el tiempo de Adviento.  Es tiempo de renovación, de nuevos propósitos y de esperanza. En algún momento hay que poner freno al mundo y sus exigencias, y dedicarse al espíritu, a la renovación interna. Es algo complicado, porque el tipo de vida y de sociedad que nos han impuesto, en el que estamos inmersos, agota nuestras energías y fuerzas.

                Quizá sea hora de parar y de detenerse, de esperar a lo que está por venir, que llegará de todos modos, pero nos encontrará preparados o no. La coronas de Adviento,  el color morado, las velas permanentemente encendidas. El próximo domingo comienza este tiempo de reflexión y de contemplación. Intentaremos escuchar solo el viento del espíritu, el crepitar de las velas, el silencio de las oraciones, la llamada de nuestra conciencia y a nuestros pensamientos más callados, esos que permanecen esperando para ser oídos a que el ruido del mundo cese. Es hora de detenerse y descansar en el silencio, el color y el calor de este tiempo, que sigue siendo frío y confuso.

                    Lo que esté destinado para nosotros, que nos encuentre preparados y dispuestos.

Desde lo profundo

Etiquetas

, ,

        No me gustan especialemente los salmos, pues tienen un tono de religiosidad  belicosa, a veces son algo plañideros y tienen incluso un tono de cierto soberbia. Dicen que los redactó el futuro Rey David entre otros,  y en las últimas décadas están cobrando cierta importancia religiosa. Es verdad que hay algunos versos buenos, pero resulta difícil conectar con ellos en su totalidad, son el reflejo de una religiosidad antigua, aunque los analistas cristianos los han conectado a los evangelios.

  Los salmos son oraciones religiosas para ser cantadas. Hay uno concreto (129/130),  escrito en una situación de desesperación profunda, que son esas en la que se necesita una respuesta o una explicación inmediata, o incluso algo de amparo. Se supone también, que son oraciones directas dirigidas a Dios Padre, al que se debe rezar sin imágenes. Sin embargo no hay lugares específicos en los templos para dirigirse a Él, aunque se supone que el propio recinto es eso.

                  Salmo 130 (129)

  Desde lo más profundo clamo a ti, Yhavé (Señor). ¿Estén atentos tus oídos al grito de mi súplica!. Si guardas memoria de las súplicas, oh Señor, ¿quién podrá resistir?. Más el perdón se encuentra junto a tío, por eso eres temido. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra.

        Las traducciones lo hacen variar mucho, en algunas se sustituye la palabra temido, por la de respetado. Aún así, dicen que es efectivo, utilizado en las situaciones similares a las mencionadas. También se invoca ante situaciones trascendentes o frente a grandes tribulaciones. En cualquier caso, que sea siempre la voluntad de Dios Padre, y no la nuestra.

 Nota: http://los-salmos.uptodown.com/descargar

El fuego de la Fe

Etiquetas

, , ,

Un río de oraciones

     Siempre me ha creado un gran interés el fenómeno de la Fe. ¿Qué cosa es, cómo surge, cómo se alimenta, por qué se apaga?. Un día leí, no me acuerdo en dónde, una máxima, se supone que de ayuda, que decía: compórtate como su tuvieses Fe y tendrás Fe. Desde que leí, hace muchos años, el libro de San Manuel Bueno Mártir de Miguel de Unamuno, supe siempre que ese sería mi papel.

     Hace tiempo inicié una colección de rosario usados, repletos de oraciones y de plegarias, de los  que la gente se iba deshaciendo, imagino que al fallecer sus familiares. Los rosarios nuevos están vacíos, pero estos no. So un objeto de Fe, un rastro importante de ella. Quizá la energía que un día recibieron y acumularon, siga emitiendo algún tipo de fuerza que sirva de orientación y que proteja de la energía negativa (que también se reparte por todos lados), creando un lugar en el que esa influencia positiva se extienda y otorgue paz y templanza.

     ¿Qué cosa es la Fe?. Poco puede decirse, porque cuanto más se defina más nos alejamos de lo que realmente sea. Hay que utilizar un metáfora, y la más aproximada es la del fuego. El fuego no se mezcla con nada, pero se alimenta de todo lo que le rodea. El fuego es muy voraz y necesita del oxígeno para existir. El fuego llega o se crea y puede surgir en cualquier momento y lugar. Por contra, del mismo modo en que llega se apaga, sin que sepamos como y no hay manera de reavivarlo.

       El fuego de la Fe necesita de atención constante, de cuidados continuos. El fuego y la Fe necesitan de su entorno, pero eso mismo que le da vida puede apagarla  en cualquier momento. Se puede ver y creer, se puede creer sin ver, pero también se puede ver y dejar de creer, aunque lo más común es esperar a ver para creer.

       Quizá toda esta montaña de rosarios, todo ese río de oraciones que se realizaron sobre ellos, sigan teniendo pegada en sus cuentas, la Fe que un día albergaron.

La hora última de San Nicolás

Etiquetas

, ,

              Una visita a San Nicolás en la hora última, en el mes de noviembre, cuando los días son más cortos y la capilla queda en penumbra. Este es el último instante del lunes, día en que la capilla del Centro Asistencial permanece abierta desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la tarde. Antaño, cuando estaban las monjas tenía la capilla abierta una hora más. Todos los lunes, desde hace décadas, en monseñor Buxarrais el que se encarga de abrir y de cerrar sus puertas. En los periodos en los que él está ausente, es una interna la encargada de hacerlo, pero ya todos son muy mayores y rebasan los ochenta años. Yo he dado cuenta y he sido testigo de muchas cosas aquí sucedidas en los últimos siete años, y he divulgado y dado a conocer historias que de otro modo estarían perdidas, como otras tantas, entre sus silenciosos muros. Quizá se acerquen a cinco centenas las instantáneas que tengo recogidas, pero nunca había estado en este lugar, en esta hora última.

             Las imágenes están a punto de quedar en silencio, en soledad, sin nadie que las vea o les haga plegarias. Una vez en semana, los lunes, más de un centenar de personas, entre mujeres, hombres, más adultos y ancianos que jóvenes, pasan frente a ellas y rezan sus oraciones y realizan sus peticiones. Todo ha cambiado en estos siete años. Ha cambiado la gente y ha cambiado el tiempo social. Las monjas ya no están, y la capilla sufrió una reforma que la cambió de aspecto. Ya no hay velas de cera debajo de las imágenes. Las velas proporcionaban un ambiente más cálido y una luz más acogedora. Todo era diferente hace años, todo es hoy distinto. Quizá esta pequeña isla esté próxima a desaparecer. Lo que hayamos escrito, ya no se perderá. Incluso de esta hora última hemos dejado constancia. Era un instante que también quería vivir y luego mostrar. Ese instante en el que solo reina el silencio del templo vacío, la soledad de las imágenes que meditan sobre las plegarias recibidas.

           Ser fiel en lo poco y en lo pequeño, decía hoy la frase de la semana. El capellán encargado de esta capilla me decía hace no mucho: «los santos te agradecerán esta labor que haces de mantener encendidas las velas».

¡ Soy yo, no temáis !

Etiquetas

, ,

 

           Llegada la tarde. Él estaba allí solo. Mientras tanto La barca se hallaba ya muchos estadios lejos de tierra, azotada por las olas, porque era contrario el viento. A la cuarte vela de la noche fue a ellos caminando sobre el mar. Al verle los discípulos caminar sobre el mar , se turbaron y dijeron: ¡Es un fantasma!. Y de miedo se pusieron a gritar. Mas enseguida les habló Jesús, y les dijo: ¡Ánimo!. ¡Soy yo!. ¡No temáis!. Mateo 14, 23-27

            No es el discípulo más que el maestro, ni el siervo más que su señor. Bástele al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al señor de la casa llamaron Beelzebúl, ¡cuánto más a sus domésticos!. No los temáis, porque nada hay oculto que no haya de revelarse; ni escondido que no haya de saberse. Lo que os digo en la oscuridad, publicadlo sobre los terrados. Y no temáis a los que pueden matar el cuerpo y que no pueden matar el alma; sino temed al que puede matar perder el alma en el fuego del infierno. ¿No venden dos pajarillos por un as?. Sin embargo ni uno solo de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre. Mateo 10, 24-29

            Hasta que no han llegado estos tiempos implacables, de tiranía, no había entendido en toda su magnitud el alcance de este anatema que hace alusión a aquellos que «matan el alma». Se puede seguir vivo y ya no importar nada, y eso es peor que estar muerto, porque la muerte es la paz. Después de ella ya no hay sufrimiento. Sin embargo, vivir y ser insensible al dolor y el sufrimiento social que nos rodea (y que nos ocultan), es estar muerto en vida, pero peor aún es que ni siquiera surja el reproche o la rebeldía frente a aquellos que están causando esta situación. Peor todavía es que aquellos que son la causa de estos tiempos desgraciados, y de tanta amargura y de tanto dolor social, ni siquiera se sientan afectados, o responsables de lo que están haciendo. No modifican sus comportamientos, no esconden sus actitudes. Es una situación intolerable.

La necesidad de la contemplación

Etiquetas

, ,

           Hay extraños libros ya olvidados, como uno que tengo del Padre Claret, editado en 1882, que relata o aconseja los diversos modos y caminos para evitar el desasosiego que produce el mundo y el contacto cotidiano con la realidad. Entre sus ya desfasadas máximas y consejos, pues pertenecen a un tipo sociedad muy lejana y diferente, siempre se pueden encontrar algunas frases o párrafos, que sí puede servirnos, por ser intemporales o que puede ser descontextualizadas.

            Por ningún caso debes emplear todo el tiempo  en discursos del entendimiento, lo principal debe ser ejercitar fervorosos actos de la voluntad, ya de propósitos firmísimos de mudar de vida, y emprender una contraria a las engañosas máximas del mundo. El firme propósito para practicarse cada día, es siempre diferente….. pero si experimentares algún modo que te sirviera más que otro, debes hacerlo no solo al día siguiente, sino todo el mes, si así lo juzgares conveniente. Si algún día no tuvieses tiempo para la meditación, por lo menos lee dos o tres veces los puntos de aquel día.

                   Ese capítulo del libro agrupa un total de 31 reflexiones, una para cada día del mes, impracticables ya en su mayoría, porque aquel mundo no existe ya, igual que el nuestro no existirá pasado el mismo periodo de tiempo. Así pues, se trataría de detener el tiempo o obligarnos a detener todo y comtemplar, no pensar nada. Se trata de buscar el lugar, que puede ser un templo o cualquier otro sitio, ya sea uno recóndito o un lugar espacioso en la naturaleza, aunque esto último no siempre es posible. Huir del ruido, detener el ritmo acelerado de la vida, buscar el silencio, aunque sea por un instante, se hace cada vez más necesario. Si no se dispone de ese espacio, hay que crearlo, en nuestro propio entorno familiar. Un pequeño rincón en donde sentirse amparado y a salvo de la contingencia que nos asalta a cada instante.

La imagen perdida de Cristo

Etiquetas

, ,

 

          Siempre estuvo ahí, escondida pero a la vista de todos. Se había perdido el rastro de su historia y de su leyenda. Durante un tiempo difícil de precisar recibió miles de oraciones y de súplicas. No sabemos cuántas atendió, o quiénes encontraron consuelo frente a su siempre silenciosa presencia. No es fácil fotografiarlo, pues está dentro de una urna de cristal y lo reflejos provocan extraños efectos. Cuando las cosas son objeto de una atención desmedida, acaban transformándose en algo distinto y casi siempre, mentira. Lo más oculto, lo que permanece en silencio, suelo ser lo más veraz, y reciben la atención más sincera. Haca casi 100 años la historia «milagrosa» de esta imagen dio la vuelta al mundo, pero entonces nadie podía verla, porque los medios de comunicación de la época no solían publicar fotografías. Se conoció la historia, pero la imagen siguió permaneciendo en secreto, ajena a todo lo que creía en torno a ella.

        ¿Buscan algo de nosotros estas imágenes, por qué llaman nuestra atención, que hace que fijemos nuestros ojos en ella?. Las historias se pierden entre el espacio vacío de los templos y la verdad se cubre de polvo. Queda apenas un pequeño resto de atención sobre ellos, en ocasiones muy contadas y apenas sobreviven con la atención de una escasa parte de la población. Lo que vemos, principalmente en Semana Santa, es muy llamativo, pero con un recorrido muy corto. Nos queda apenas un rastro del hechizo ante lo inexplicable. Los templos han dejado de ser el centro de la vida para la mayor parte de las personas. El año es largo y el vació lo llena todo. Ya no hay calor, se han prohibido hasta las velas de cera.

        Cuando apenas ha pasado un año del descubrimiento de la historia perdida del Cristo de la cana o Cristo milagroso de Melilla, todavía pienso en la extraña manera en que todo se compuso ante mis ojos, para poder recomponer esta leyenda olvidada, en una fría pero soleada mañana del mes de febrero. No he dejado de volver allí, pero había estado a punto de volver al estante del olvido.